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Autor: jorge

Segunda independencia

Opinión

Segunda independencia: decolonizar y descolonizar el pensamiento para construir un modelo de desarrollo en Colombia

Julio 10 – 2024

Por Édgar Rodríguez Cruz 

Este texto fue publicado en Quira Medios y es parte de la Alianza de Medios Alternativos

La decolonización del pensamiento en Colombia es una condición para construir un modelo de desarrollo propio que promueva el respeto por la vida y la naturaleza, la Paz como identidad nacional, cohesión social y participación ciudadana, descolonizando la estructura social.

“Decolonizar el pensamiento” es una acción crítica de desconstrucción de ideas y teorías que perpetúan la dependencia filosófico-intelectual del colonialismo, mientras la “Descolonización” se enfoca en realizar cambios políticos, económicos y culturales para transformar o eliminar las relaciones estructurales que perpetúan la dependencia impuesta desde la colonia. Ambos enfoques son complementarios y esenciales para la creación de sociedades verdaderamente independientes.

Así, la decolonización posibilita el proceso de descolonización, condición necesaria para afrontar las transformaciones justas e incluyentes que posibiliten construir modelos propios, acordes a la realidad local e historia, de otra manera, parafraseando a Antonio García Nossa, las nuevas generaciones continuarán atadas al atraso y la dependencia.

Colombia ha sido fragmentada por siglos de colonialismo y neocolonialismo perpetuando desigualdades y exclusiones. Decolonizar el pensamiento implica reconocer y valorar las diversas identidades culturales y sociales en aras de fortalecer la cohesión social en el país. Citando a Anibal Quijano, “La colonialidad del poder ha instaurado una jerarquía social que excluye y discrimina a los grupos indígenas y afrodescendientes, perpetuando una estructura social desigual“. Por su parte Myriam Jimeno sostiene que “la descolonización del pensamiento fomenta el respeto y la apreciación de la diversidad cultural, lo cual es esencial para construir una sociedad cohesionada“. Este proceso de reconocimiento y valorización cultural fortalece el tejido posibilitando que todas las voces, visiones y cosmovisiones participen en el diálogo nacional.

Para esto, la independencia intelectual es esencial para generar conocimiento autónomo que responda a las necesidades y realidades colombianas. Walter Mignolo sostiene que “El colonialismo epistemológico ha impuesto una visión eurocéntrica del conocimiento, desvalorizando los saberes ancestrales y locales“. Decolonizar el pensamiento es, por tanto, un paso necesario para liberarse de la dependencia e injerencia intelectual del eurocentrismo y fomentar una producción de pensamiento propio, genuino y relevante que responda a los retos y exigencias particulares del contexto biocultural colombiano.

Otro elemento fundamental para construir un modelo de desarrollo propio en Colombia es la participación social. La decolonización empodera a las comunidades haciéndolas protagonistas de su destino y del desarrollo del país. En este aspecto la educación asume un rol determinante, citando a Paulo FreireLa educación liberadora, basada en el diálogo y la participación, es esencial para que las personas se conviertan en sujetos activos de su propio desarrollo“. 

La visión de desarrollo eurocéntrica, tanto del capitalismo como del comunismo, prioriza el crecimiento económico sobre la sostenibilidad ambiental. Decolonizar el pensamiento permite a Colombia reconectar con las cosmovisiones ancestrales que ven a la naturaleza como un ente vivo y sagrado. Según Arturo Escobar, “las cosmovisiones indígenas y afrodescendientes proponen una relación armónica con la naturaleza, donde el bienestar humano no puede separarse del bienestar del entorno natural“. Esta perspectiva es fundamental para afrontar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, promoviendo prácticas de desarrollo que respeten y protejan la vida y la naturaleza.

Las sociedades originarias y afrodescendientes en Colombia han desarrollado formas de vida que priorizan el bienestar colectivo sobre el individualismo. Catherine Walsh al respecto afirma que “Es fundamental reestructurar los currículos escolares para incluir el conocimiento y las epistemologías de los pueblos originarios, promoviendo así un desarrollo centrado en el bienestar comunitario“. Incorporar estos valores en el modelo de desarrollo colombiano puede fomentar una mayor cohesión social y un sentido de comunidad más fuerte. Esto posibilita la reconstrucción de un modelo de sociedad que reivindique la diversidad cultural del país. 

La actual crisis del capitalismo ha expuesto las fallas de un sistema económico que perpetúa la desigualdad y la explotación, a su vez el agotamiento histórico del comunismo como alternativa al desarrollo, pone de manifiesto la necesidad de un modelo propio. Escobar plantea que “La decolonización del pensamiento ofrece una alternativa al modelo capitalista, promoviendo formas de vida y desarrollo más sostenibles y justas“. Por otra parte, las deficiencias del comunismo en términos de libertades individuales, eficiencia económica, adaptabilidad y equilibrio con la naturaleza, colocan entre dicho su viabilidad sistémica. 

Estamos en un momento de grandes retos y oportunidades, no solo para dar solución a las reivindicaciones históricas, sino para construir una alternativa propia al dualismo eurocéntrista capitalismo – comunismo que priorice el respeto por la vida y la naturaleza, el bienestar humano, la cohesión y la equidad social, para esto la decolonización y la descolonización del pensamiento son elementales para que Colombia pueda asumir con responsabilidad histórica y generacional una segunda independencia que le permita encaminar la sociedad hacia un futuro más justo, equitativo y sostenible.

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Referencias:

  • Dussel, E. (1996). “Filosofía de la Liberación”. Cuarta edición corregido. Editorial Nueva América. Bogotá
  • Escobar, A. (2014). “Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia”. Ediciones UNAULA. Medellín.
  • Freire, P. (2005). “Pedagogía del oprimido”. Siglo XXI editores. Quincuagesimoquinta edición, nuevo formato. México
  • García Nossa. A. (1978). “La estructura del atraso en América Latina”. El Ateneo Editorial. Tercera edición. Buenos Aires.
  • Jimeno, M. (1990). “La Antropología en Colombia” En: Revista Colombiana de Antropología, Vol. XXVIII, Bogotá.
  • Mignolo, W. D. (2010). Desobediencia epistémica. Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Buenos Aires: Ediciones del Signo.
  • Quijano, A. (2000). “Colonialidad del poder y clasificación social”.
  • Walsh, C. (2010). “Pedagogías decoloniales: Prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re)vivir”. Tomo I. Serie Pensamiento Decolonial. 1era. edición: Ediciones Abya-Yala. 2013

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El derecho a la paz en las ciudades

Opinión

El derecho a la paz en las ciudades

Julio 3 – 2024

Por Diego Herrera Duque
Coordinador Área de Paz Corporación Viva la Ciudadanía

Este texto fue elaborado por Viva la Ciudadanía y hace parte de una alianza entre medios Alternativos

Las ciudades tienen derecho a la paz. Esta afirmación parte de dos premisas. La primera, es que históricamente las perspectivas de tratamiento del conflicto para la búsqueda de la paz en Colombia han estado situadas alrededor de la dimensión agraria o rural del conflicto armado, dejando por fuera las ciudades. La segunda, es que las políticas de abordaje del conflicto y de las violencias urbanas, se han concentrado fundamentalmente en enfoques securitarios y tratamientos punitivos, impidiendo que la ruta en la construcción de paz territorial urbana sea una alternativa a esas visiones tradicionales, que además no han logrado los resultados en materia de disminuir la capacidad criminal de las estructuras ilegales, por el contrario éstas se han expandido militar, social y políticamente, se han especializado en su organización y redes de articulación, y se han diversificado en su portafolio de economías criminales. La mejor política de seguridad será construir la paz urbana en los territorios con políticas basadas en un enfoque de derechos humanos.

La instalación hace un año, de la mesa de diálogo socio jurídico en la Cárcel La Paz de Itagüí, entre la delegación del gobierno de Gustavo Petro y de los voceros de las estructuras criminales de alto impacto de Medellín y el Área Metropolitana, impulsada en el marco de la política de Paz Total, abre nuevos desafíos en un escenario inédito de oportunidad política, para superar los ciclos de violencia urbana que ha vivido la región metropolitana en los últimos 40 años, y avanzar en creativas y ambiciosas propuestas para la construcción de la paz territorial urbana en esta ciudad región, así como en los espacios dialógicos que vienen caminando en Buenaventura y Quibdó.

Ello significa cambios en las miradas y las formas de tratamiento del conflicto violento en las urbes en la búsqueda de la paz. En esta dirección, es fundamental comprender que la realización del derecho humano a la paz, como un derecho de solidaridad, consagrado en el artículo 22 de la Constitución política de Colombia, busca una movilización activa de la sociedad civil, y hacerlo exigible al Estado en las ciudades.

Por ello, se hace esencial reconocer que, para materializar la paz urbana, se necesita la realización del Estado Social de Derecho con políticas integrales e inclusivas en comunas y corregimientos de las ciudades, y en particular, que se armonicen los instrumentos de paz que hoy tiene el gobierno central (por ejem. Barrios de Paz, Jóvenes en Paz, Servicio Social para la paz, etc) en su plan de desarrollo en coordinación y concurrencia con los gobiernos locales y sus planes territoriales.

En este sentido, se recomienda que las llamadas regiones paz que están previstas en la ley 2272 de 2022, incluyan de manera concreta “las regiones paz urbanas”, con una institucionalidad específica, o lo que ya muchos vienen planteando como la necesidad de una Consejería para la paz urbana. Esto no significa fragmentar la institucionalidad de la paz, sino más bien darle un lugar dentro de los lineamientos, políticas y recursos necesarios para asumir la ejecución de una agenda de paz en las ciudades, en la que concurren acuerdos de los espacios dialógicos instalados y las agendas ciudadanas que se vienen impulsando de manera autónoma desde la sociedad civil. En este punto, es preciso hacer la distinción, que una cosa es la agenda resultante de los diálogos socio jurídicos entre delegaciones del gobierno y voceros de grupos criminales, y otra es la agenda resultante del movimiento ciudadano por la paz urbana. Son diferentes pero interdependientes y complementarias.

Así mismo, en el marco de una propuesta política de acuerdo nacional, es imperativo un acuerdo específico por garantizar el derecho a la vida en las comunidades y pobladores de territorios urbanos que han sufrido los múltiples repertorios de violencia y padecido el control social y territorial de las estructuras criminales, sin una respuesta efectiva del Estado local y nacional en los últimos 40 años. Al respecto, un elemento central para cualquier acuerdo entre el gobierno y los grupos criminales será la discusión pública sobre los derechos de las víctimas urbanas a la verdad, la justicia y la reparación y las garantías de no repetición. Un debate crucial al desarrollo del espacio dialógico de la Cárcel La Paz, es la necesidad de un marco jurídico para las estructuras criminales. En este aspecto, será primordial explorar las posibilidades de la justicia restaurativa, cuya prioridad deberá ser la reparación del daño a las víctimas de la violencia urbana por parte de los grupos criminales con participación activa de las comunidades afectadas en las soluciones a desarrollar en esta alternativa de justicia en un campo de transicionalidad.

De otro lado, materializar el derecho humano a la paz en las ciudades, implica una sociedad civil organizada y movilizada para la paz urbana. Dicho de otra manera, ir en la dirección de constituir el sujeto encarnado en un movimiento ciudadano por la defensa y edificación de la paz urbana con agenda propia que interpela y aporta a los espacios de diálogo socio jurídico y permite acuerdos autónomos con los gobernantes para políticas e intervenciones integrales en los territorios.

Este camino de participación ciudadana tiene varios factores coligados. Uno, deberá sistematizar y reconocer las experiencias, prácticas, memorias, aprendizajes e iniciativas ciudadanas por la paz que la ciudad ha avanzado en las últimas décadas. Dos, el impulso de distintos repertorios de acción colectiva en función del objetivo de lograr la paz en las ciudades, con un enfoque diferencial, territorial, de género y de diálogo intergeneracional. Tres, ser un puente, un espacio autónomo de sociedad civil que articule la participación plural y efectiva de diversos sectores sociales, en el que se sientan reconocidos y con capacidad de incidir en la agenda pública. Cuarto, ir construyendo una agenda ciudadana para la paz urbana que posibilite acuerdos con el Estado e incidente en los diálogos entre gobierno y estructuras criminales. Quinto, que aporte a una cultura de paz favorable al proceso de paz urbana, construyendo y comunicando unas narrativas, imaginarios y sentidos políticos orientados a la consecución de la paz.

Finalmente, cumplido un año de la instalación de la mesa de dialogo socio jurídico en la Cárcel La Paz de Itagüí, también es posible decir que un año ha cumplido el Espacio Autónomo de la Sociedad Civil para la Paz Urbana en Medellín y el Área Metropolitana, con una confluencia de más de 50  organizaciones e iniciativas que vienen trabajando en espacios plenarios, asamblearios, de audiencia y relacionamiento para rodear la mesa dialógica, tener iniciativa política en la agenda pública local y nacional, construir confianza e interacciones con distintos actores políticos y sectores sociales, y exigirle a las partes sentadas en la mesa de dialogo de la Cárcel de La Paz, en momentos de incertidumbre, hechos y desarrollos en la búsqueda de la paz y avanzar sin dilaciones, en materializar el derecho a la paz que reivindicamos para las ciudades de Colombia.

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Caso Sandra Viviana Cuéllar: el fracaso de la justicia colombiana

Nuevo episodio podcast

Junio 28 – 2024

Por Jorge Luis Galeano

De Sandra Viviana Cuéllar Gallego no se supo más desde el lunes 17 de febrero de ese año (2011) día cuando fue desaparecida forzadamente. De eso es el episodio de hoy: de lo que la justicia colombiana no ha hecho para encontrarla y de la decisión de llevar el caso a instancias internacionales.

Bienvenidas y bienvenidos 

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Memorias de La Bichota

Reportajes

Memorias de La Bichota


Junio 26 -2024

Crónica en los manglares colombianos, trinchera contra el cambio climático

Por G. Jaramillo Rojas desde Nueva Venecia, Buenavista y Bocas de Cataca

Este texto fue publicado en www.desdeabajo.info  y hace parte de una alianza entre medios Alternativos

En el Caribe colombiano, tres pueblos palafíticos ubicados en medio de la Ciénaga Grande de Santa Marta se apoyan en la identidad ecológica de los manglares para hacer frente al cambio climático. Una historia de múltiples resistencias.

«Solo si fuera una película, creería que todo esto es real»
Werner Herzog

Llegamos a La Bendición de Dios el mediodía de un martes. Treinta y cinco grados de temperatura. Dos horas antes habíamos partido de Pueblo Viejo, una humilde población de pescadores que posee una fortuna tan pero tan grande que tiene mucho de desgracia: hacia el norte, costa de agua salada, hacia el sur, ribera de agua dulce. Las olas del mar Caribe permanecen divorciadas artificialmente de la corriente de la Ciénaga Grande de Santa Marta. En medio, una carretera, un cementerio de manglar y cientos de casitas sostenidas por latas y palos.

Íbamos con la ilusión de encontrar un paraíso y el calor era más bien la antesala de un infierno. Sorteamos zonas de pesca de róbalo, camarón y jaiba. Las lisas, pequeños peces plateados con ínfulas de vuelo, nos escoltan todo el trayecto con sus fugaces y enceguecedores brillos. Las poblaciones de Tasajeras y Palmira son el último esbozo de tierra firme. La eterna romería consiste en la venta de los frutos que regalan el mar y la ciénaga. Productos frescos que en nada ya están en los mercados de Santa Marta, Barranquilla, Riohacha y Cartagena con su valor inicial multiplicado por diez.

Ya en el primer quilómetro de navegación se pueden ver los primeros palafitos. Casas sostenidas con estacas que flotan sobre el agua como los pensamientos lo hacen en la mente. La fortuna de tener las dos aguas tan cerca se convirtió en desgracia cuando en 1956 fueron separadas por la construcción de la vía Ciénaga-Barranquilla. Un corredor vial de 64 quilómetros que rompió abruptamente con la armonía del ecosistema del manglar, unos arbolitos etéreos que forman insumergibles y estirados bosques que saben crecer exclusivamente en áreas inundadas de agua dulce con presencia de mareas.

RUIDO PHOTO, PAU COLL

Más que ingresar a una ciénaga lo que atravesamos fue un enorme paisaje de sacrificio humano: los cuerpos sudorosos de incontables pescadores brillaban castigados por el sol. ¿Y si pensamos que esta agua moderadamente salada se debe más a la transpiración de sus anfibios habitantes que a su proximidad con el mar? Mi mente empezaba a jugar en favor de fantasías deshaciéndose de las pesadeces de la razón.

Colombia se adhirió a la Convención Ramsar el 18 de junio de 1998. El primer «humedal de importancia internacional» que inscribió allí fue el sistema delta estuarino del río Magdalena, más conocido como Ciénaga Grande de Santa Marta. Para que un humedal sea considerado de importancia internacional debe ostentar gran variedad de especies vegetales y animales, poseer comunidades ecológicas representativas, raras o únicas, y, esencialmente, albergar una extensa diversidad biogeográfica. Hoy hay 12 sitios Ramsar, solo el 3 por ciento de todas las áreas de humedales que tiene el país. El 52,6 por ciento de este 3 por ciento es la ciénaga que navegamos.

Nuestro hospedaje se llama La Bendición de Dios. Es una casa de madera, sostenida por gruesos palos de manglar rojo y pintada de azul y blanco. Estamos 37 quilómetros adentro de la ciénaga, en Nueva Venecia, el centro neurálgico de la cultura palafítica del Caribe colombiano. Mi teléfono registra una sensación térmica que sobrepasa los 40 grados. La ciénaga despide el delgado vapor de una sopa caliente, los pescadores regresan de faenar ceñidos a una frugalidad semejante a la que despliegan las carrozas fúnebres y un estrepitoso vallenato de Diomedes Díaz que airea «menos mal que yo he sido un hombre valiente/ que aunque sangre no me duelen las heridas/ porque tengo mi experiencia conseguida/ mantendré siempre levantada la frente» anega aún más la monotonía del lugar. El almuerzo consiste en trozos de carne asada con patacones, arroz blanco y ensalada de cebolla y tomate. En Nueva Venecia hay cerca de 3 mil personas y las 3 mil personas viven, de una u otra manera, de la pesca.

Si nos disgustamos, me dice Pau, cada uno se va a una punta del bote. Me hace gracia esa acotación, pero me parece injusta porque, de suceder un enojo entre los dos, alguno debería irse para la punta de atrás, donde está Luis, nuestro capitán, morocho de enorme sonrisa blanca que, aunque casi no habla, seguramente al percibir la incomodidad de sus tripulantes preguntará por algo así como si el teléfono es iPhone, si el reloj es resistente al agua o por qué nos complicamos tanto armando tabacos si en la tienda ya los venden hechos. En cambio, el otro sí podría irse lejos del sonido del motor y conectarse de forma solitaria con el panorama lagunar y, así, olvidarse de todo mientras su rostro choca con la sutileza de un viento que arrastra chispitas de agua ambiguas, a veces dulces, a veces saladas.

Si el disgusto llegara a pasar, que se vaya Pau para adelante a sacar sus fotos. Yo me voy a responder el interrogatorio del capitán. De hecho, adelantándome a esa posibilidad, ya le había curioseado a Luis, a propósito de su comida preferida: camarón en cualquier presentación. Coincidimos, si bien esa no es mi comida preferida, sí que me gusta mucho.

—¿Y allá en tu tierra sí comes harto camarón? –pregunta Luis.

—No, ya quisiera. En Bogotá 1 quilogramo de camarón sale hasta 15 veces más caro que acá.

—Acá tampoco es que comamos tanto camarón.

—¿Y eso por qué, si es lo que abunda?

—Eso es pa’ fuera, pa’ vendé, pal’ que paga.

***

Juanca es nuestro guía. Pescador y actor de 45 años, nacido y criado en Nueva Venecia. Hizo un par de escenas en la película colombiana Los viajes del viento. De aquellos días recuerda la buena atención y el lujo cinematográfico. Juanca habla pausadamente y su tono de voz es sumamente bajo, en un contexto en el que cualquier forastero puede imaginar que va a quedar sordo en cualquier momento. La facilidad con la que los locales sobrepasan los niveles normales de audición no solo es sorprendente, sino apabullante. En sus efímeros días de actor, Juanca conoció a Jesús. Desde entonces son buenos amigos. Jesús vive en un palafito completamente blanco que sabe llamar la atención en Nueva Venecia, donde la gran mayoría de los palafitos lucen colores provocadores, tipo amarillo pollito, verde aguamarina, azul celeste y rosa Barbie.

El palafito que habita Jesús está situado en la mitad del pueblo que, a su vez, está ubicado en un lugar muy cercano al ombligo de los 3.812 quilómetros cuadrados que tiene la ciénaga. De esta dimensión, una tercera parte forma espejos de agua adheridos a un veintenar de lagunas interconectadas entre sí por una vasta red de humedales y caños (cursos de agua cuya profundidad cambia en función de las mareas). Jesús Suárez, de 55 años, nos recibe en su sala, una tarde de luz cerúlea y tranquilo oleaje. Hombre menudo de mirada fija y palabra elegante, vive solo y trabaja en Invemar (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis) como una especie de científico y arqueólogo local en temas de cosmogonía anfibia y valoración y aprovechamiento de recursos hídricos. Desde 2008 tiene su propio blog, donde comparte pensamientos, cuentos, crónicas y poemas alrededor de la cultura palafítica: Cienagamachete.

—Acá lo que hay es una comunidad que vive de, por y para el agua. Una comunidad sostenida por palos de mangle, botes y atarrayas. Una comunidad de hombres y mujeres que son la mezcla de lo afro, lo indígena y lo blanco. Una comunidad dulce y salada. Venir a Nueva Venecia, a Buenavista y a Bocas de Cataca, este último al borde de la disipación, es enterarse de que los territorios no solo se refieren a la tierra, sino que también son agua, porque los ríos, las lagunas y los mares son sujetos de derecho, territorios que, en lugar de tener tierra, tienen agua.

—¿Qué peligros tiene la ciénaga?

—Todos los imaginables. Los manglares están muriendo y con esto el desequilibrio cada vez es mayor. La construcción de la carretera lo cambió todo. Para construirla, sacrificaron 20 mil hectáreas de manglar, casi la mitad del existente, y, desde entonces, este número sigue escalando. Antes esta era una bahía abierta. Hoy estamos encerrados y luchamos contra la sedimentación de este hábitat patrocinado por el delta del río Magdalena.

—¿Qué hace puntualmente el manglar?

—Es un filtro natural. Los manglares limpian el agua, básicamente, de la contaminación, de los metales pesados que arrastran los ríos, por la minería, por ejemplo. También protegen la ciénaga de la erosión costera, son un refugio de peces, un espacio de reproducción y prolongación de las especies.

—¿Hay una palabra que defina el manglar?

—Adaptación. Creo que funciona perfectamente. Los manglares, al tener la capacidad de existir entre el agua salada y el agua dulce, al resistir fuertes calores y vientos o temperaturas más moderadas, son maestros de la adaptación, muy parecidos a nosotros, los anfibios, como nos bautizó el sociólogo Orlando Fals Borda, que por generaciones nos hemos adaptado a vivir sobre el agua. Difícilmente podríamos ajustarnos con plenitud a la vida en tierra firme, un fenómeno directamente impensable para el manglar, que en tierra muere.

Al día siguiente de nuestro encuentro con Jesús hicimos una pequeña gran expedición con el objetivo de poder entender mejor aquello del delta del río Magdalena. Salimos de Nueva Venecia sobre las dos de la tarde, con una marea libertina en dirección al Caño Aguas Negras. Luis cantaba empalagosos vallenatos mientras Juanca sorteaba la lotería de troncos con los que nuestra embarcación se topaba. El agua mutaba de una forma progresiva del verde y azul oscuro al marrón, es decir, de una suerte de tonalidades oceánicas a la gama parda que ostentan la gran mayoría de los afluentes.

Lentamente abandonamos la rudeza de las olas para entrar en aguas apacibles y bajas sobre las cuales flotaban guijos de flora nativa. A nuestro alrededor un sinfín de plantas se movían dignas de medallas olímpicas en nado. El paisaje de mangle disminuía y se hacía cada vez más esquelético, hasta que desapareció por completo. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua salada, chao. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua dulce, chao. Navegábamos entre adioses. El mangle es un árbol que sobrevive gracias a la mesura perfecta entre las dos aguas. El mangle es un árbol que tiene dos vidas. Una como algodón flotador que absorbe lo que le llega y lo higieniza hasta más no poder y otra como efigie de la catástrofe de la contaminación y el calentamiento global.

En ambas orillas del Caño Aguas Negras, osarios de mangle: tristes figuras arbóreas completamente secas con barbas que cuelgan como delicadas telarañas a punto de quebrarse. Hectáreas enteras de esqueletos carcomidos por el bosque seco. En la ciénaga, la aparición de bosque seco es una suerte de sentencia de muerte. Es la sedimentación, la tierra firme en difusos cascajos de expiración amarilla y café con intrascendentes brochazos de verde. Lodo por todos lados. Muchas, muchísimas iguanas, tiesas y fisgonas. Lentamente fueron revelándose campos de palma y arroz y grandes extensiones de tierra ganadera. Los terratenientes son los dueños de todo esto, incluida el agua que usan sin regla para sacar adelante sus negocios, afirma Juanca.

El Caño Aguas Negras es apenas un ligero apéndice de la ciénaga que se va secando, retraídamente, hasta volverse campo del Magdalena, el río más importante de Colombia. Después de cuatro horas de navegación y de haber visto el enorme caudal del río, las palabras de Jesús retumban en la cabeza de la tripulación. La ciénaga es un corredor ecológico que comunica el río Magdalena con la Sierra Nevada de Santa Marta, un afluente que trae consigo absolutamente todos los desperdicios de medio país. Ya en la desembocadura del Caño Aguas Negras se puede divisar, a lo lejos, el mar, que oficia como el gran testigo al cual, también, va a parar todo el desastre.

El viaje de vuelta estuvo presidido por el silencio. De vez en cuando, Luis silbaba alguna tersa melodía que tenía el poder de recordarnos que, en medio de la desolación, la ciénaga estaba viva y, al adentrarnos en ella, nos recibía como propios. Pájaros volaban sin rumbo, con el sol bien bajo, expandiendo sus alas. El final de la tarde rociaba los montes, antes inundados, con pesadez y humedad. Descubrimos la obstinación de algunos pescadores que no agarraron nada durante el día y continuaban aferrados a sus mallas. Estaban ahí, levitando sobre el agua, estáticos, cubiertos como momias para resguardarse de los ejércitos de mosquitos. Solo se les veía el cansancio y, arriba, el cielo crepitaba de tensiones. «Esta noche llueve», dice Juanca. La ciénaga invita a dos cosas: a contemplarla y a trabajarla. Nueva Venecia se anida en sus pequeñas luces nocturnas.

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***

—Somos un pueblo de pescadores –dice Chichi, 37 años, piel azabache y brazos macizos.

—¿Cómo alguien decidió vivir en la mitad de una ciénaga? 

—Buscando trabajo y comida los antiguos llegaron hasta acá y echaron raíces. 

—¿Te imaginas viviendo en tierra firme?

—No, mi tierra es esta. En medio de tantas cosas uno vive tranquilo. 

—¿Cómo es una jornada tuya?

—Desde las cuatro o cinco de la mañana hasta las dos o tres de la tarde. A veces sale bien, a veces no tan bien. La realidad es que el pescado escasea. Pero bueno, el sólo hecho de estar vivos ya es pa’ agradecerle a Dios. 

Si no hay explicaciones formales, sí que hay leyendas para suplantarlas. Los pescadores, como los agricultores, buscan las mejores zonas para trabajar. Así, se dice que hace más de dos siglos algunos pescadores descubrieron la frondosa ciénaga y, por supuesto, sus selectos frutos. 

Como la ciénaga estaba tan lejos como para ir a faenar y volver a los pueblos costeros, esos algunos empezaron a pensar en la posibilidad de pasar noches en las islitas de mangle. Pero los mangles escondían animales peligrosos como caimanes y serpientes. Tachado. 

Después, esos mismos algunos, al lado de los mangles, construyeron sobre troncos pequeños espacios al nivel del agua para descansar y amarrar sus botes. Pero los mangles son pletóricos en mosquitos. Tachado. 

Entonces, un alguien se fue hasta el centro de la ciénaga porque las aguas allí eran calmosas y bajas, no había animales peligrosos y los mosquitos no llegaban. Visto bueno. 

Este alguien enterró allí cuatro palos de mangle y, sobre los palos más palos que, bien amarrados, le permitieron conseguir un suelo y un techo. Sobre la audaz arquitectura su cuerpo descansó. 

Las faenas duraban días, semanas, hasta que la mujer de ese alguien fue picada por el bicho de la duda y cuando su esposo volvió a tierra firme le exigió ir con él para ver por qué se demoraba tanto. El alguien accedió y la señora empezó a quedarse con él el tiempo de trabajo para cocinarle y ayudarle y después se trajo a los hijos y la arquitectura se fue agrandando y optimizando. 

Así fue que familias enteras de pescadores empezaron a pasar más tiempo sobre el agua que en tierra firme: se quedaron a vivir. Tenían comida, resguardo, trabajo, serenidad y, lo más importante: botes para desplazarse. 

Adaptación, dijo Jesús Suárez.

***

Efectivamente, la noche que volvimos de la expedición al río Magdalena, llueve a cántaros. La niebla se apropia de cada palafito. Es una bruma, típica de páramo, pero en el medio de la ciénaga. En mi habitación de 5 metros cuadrados me dejo soplar por los ecos de la tormenta. Se va la luz. La actividad eléctrica se siente como el rugir de un volcán. No sé si lo sueño o es verdad. Sueño que me salen alas y que me voy volando hasta las nieves perpetuas de la Sierra Nevada. Al despertar lamento que nadie vaya a saber lo que significó mi viaje.

Salimos antes del amanecer. Una brisa indeciblemente dócil. Sobre la calle acuática de nuestro palafito una túnica vegetal. Los pájaros aún duermen. Cuando pasamos por debajo del puentecito de la escuela el motor suena hueco. Juanca, Luis, Pau y yo cuidamos cada movimiento como si fuéramos animales que tantean alternativas para no despertar la bestia. Las huellas del silencio son muy profundas. Juanca dice que la tormenta trajo las aguas del río. El agua es parda y empuja troncos. Los perros, afónicos, siguen la estela de nuestro bote. Una mujer vieja, envuelta por el humo de un fogón nos suministra arepas para el camino. Un hombre bebe café y nos franquea con su mirada yerma. Pienso en si ya habrá pronunciado la primera palabra del día. La noche sigue larga y nos sumergimos en sus sobras de oscuridad. Corren vahos entre nosotros hasta que una rendija se abre en el cielo. Es un rojo profundo el que nace. Es el inicio del que será un sol sangriento, como de batalla. 

Armando Retamos y Ávila tiene sesenta y siete años, pero parece de noventa. Va con su hijo, Darío José Retamos, de veintiséis. Ambos llevan desgastadas gorras de los New York Yankees. Son las 6:30 de la mañana y en su bote de madera, llamado Tenampa, además de dos hachas y algunos cuchillos, llevan un recipiente con el arroz y las arepas de yuca suficientes para hacer cara a la jornada laboral. Los brazos de Armando son firmes. Sus jadeos débiles, vidriados. La vieja embarcación llega al manglar El olivo. Estaciona en un microscópico trecho de esa línea verde que conforma el horizonte de la ciénaga. Armando le aprendió a su padre el oficio de cortar madera. Cuando está frente al mangle lo troza con la fuerza de un bisonte. Cuando descansa, reposa como una montaña. Darío escucha la historia de su padre mientras corta y el sudor le funciona como repelente natural para lidiar con los mosquitos. 

La madera es el sustento de la familia. El envejecimiento una amenaza. Ellos cortan y reman tres, cuatro, cinco viajes diarios entre el palafito y el mangle para descargar la materia prima. La esposa de Armando, madre de Darío, es la encargada de venderla en el pueblo para dar vida a las cocinas locales. El Tenampa cada vez tiene que ir más lejos para conseguir buena madera. No se corta el mangle vivo, se corta el mangle que va cayendo, entre otras cosas porque así es más combustible. Padre e hijo saben que la intranquilidad de la naturaleza es el ser humano y por eso no atentan contra ella. Del mangle El olivo van a El rincón de Solano. 

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Los ojos de Armando están recubiertos por un fino velo blanco. En 1999 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia lo acusaron de ser colaborador de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. Pasó un año de zozobra y resistencia, hasta la madrugada del 22 de noviembre del 2000, cuando los mismos hombres que lo habían imputado por algo sin sentido, ingresaron a Nueva Venecia y asesinaron a 37 personas. Armando se desplazó con toda su familia a la comunidad ribereña de Palmira. No duró ni seis meses. La tierra firme lo expulsó. Decidió regresar y se quedó entregado a la suerte.

—Un hombre es varias cosas: su memoria, su tierra y su trabajo –dice Armando, con los pies sumergidos entre el lodo del mangle y su hacha entre las manos.

—Darío ¿cuál es tu sueño?

—Mi sueño es la vida.

Dani Cervantes tiene 42 años y, desde que tiene uso de razón, trabaja la madera. Su padre le transmitió el oficio de astillero y es quien repara y construye los botes de Nueva Venecia y Buenavista. En el patio de su casa, montículo de tierra forjado a punta de desechos comprimidos, tiene su taller. Allí, media docena de largos botes en reparación, una caja llena de herramientas y cuatro perritas macilentas.

—La madera se corta cuando hay luna llena. Si no se hace así no sirve: se pudre, se quiebra. Ahora el material que más se usa por economía y duración es la fibra. Son pocas las personas que quieren hacer botes de madera. Yo uso mangle porque es fuerte.

—¿A quién le transmites tu oficio?

—Tengo un hijo chiquito, pero no creo que se vaya a interesar por esto. La verdad no hay mucho futuro.

—¿A qué te gustaría que se dedicara tu hijo?

—A lo que él quiera, pero acá sólo está la posibilidad de la pesca. Aunque me gustaría que fuera futbolista, mi sueño frustrado.

Cinco de la mañana. Luis, Juanca y Chichi pasan a buscarnos a La bendición de Dios para ir a pescar. El lugar estaba puntualizado en el mapa que lleva Juanca en su cerebro: ciénaga Alfandoque. Pau y yo no entendemos nada. Son laberintos de caños y humedales y lagunas los que transitamos. Luis es una brújula andante. Nos movemos entre enérgicos y exuberantes manglares, con el silencio del alba apenas entrecortado por el canto diverso de las aves lindantes. El sol no se decide a salir y las aguas templadas de la ciénaga alargan el poema sensitivo de estar navegando entre nubes.

Mangles rojos, blancos y amarillos. Los va señalando Juanca. Este es el más fuerte de los tres, este es el campeón de la filtración, este es el más delicado, este el más inflamable. Los manglares son arboledas que crecen en todas direcciones y se reconocen porque sus raíces están a la vista, disipadas entre el agua y el cielo. Son como las barbas de un viejo gigante y bondadoso que exhibe su experiencia a partir de naturaleza flotante y vaporosa.

Juanca tira una atarraya. Solo alevinos. Uno a uno dice sus nombres. Una treintena de frutos que no pasan de la primera infancia. Todos vuelven al agua. Estamos en el corazón de la ciénaga Alfandoque. El motor se apaga. El nivel del agua no supera los 30 centímetros. En algún momento Pau le había preguntado a Juanca por el cambio climático. ¿Si esto no es el cambio climático entonces qué es? Pregunta, mirando a Pau. Luis apoya sus remos entre el agua que rápidamente se convierte en barro. Chichi forcejea con el fango. Tenemos que salir de la Alfandoque a menos de que el objetivo sea pescar congojas. A lo lejos se ven los botes de los pescadores estáticos. No los de más paciencia, sino los que persiguen la cantidad.

Cuando era niño la profundidad de esta ciénaga era de cinco o seis metros, comenta Juanca. Nadar acá era muy rico, le responde Chichi. La ciénaga agoniza. Nos recluimos en uno de los arroyos que custodia el manglar. La luz primera del día aumenta la temperatura de forma calamitosa y, con esta, surgen de la espesura arduos trazados de basura: recipientes y espumas de plástico, envolturas de alimentos, pedazos de chancletas, botellas de vidrio, bombillos, toallas higiénicas y hasta un televisor marca Sanyo de 20 pulgadas. El agua clara de la ciénaga disiente con sus múltiples orillas echadas a perder. Juanca y Chichi callan. Luis nos aleja del hundimiento anímico y nos lleva a la ciénaga del Tigre.

Otro tipo de pesca consiste en encerrar una parte de la ciénaga con holgadas redes y, después de zapatear el bote y golpear con fuerza el agua, ver qué se amontona. Después de una hora de implementación del artesanal plan y ya con el sol haciendo la suya sobre nuestras espaldas, empezamos a recoger las redes. Tres bagres de libra y cinco cangrejos. Luis pidió los pescados para su almuerzo y los cangrejos fueron devueltos a la profundidad del agua no sin antes ser advertidos de que no podíamos irnos sin probar el arroz de jaiba, una delicia local que tiene como principal materia prima las blandas y blancas entrañas de esos cangrejos que dejamos escapar.

Sol, esa es la sorpresa que guarda la ciénaga para todos los días. Los bosques de mangle son un refugio perfecto, pero los mosquitos no dejan que uno medio se asome. La naturaleza sabe salvaguardar su virginidad. Pau imparte una clase de geografía a Juanca. Le enseña a manejar Google Maps. Juanca alucina al ver en la pantalla de su dispositivo cómo el punto azul que somos se zarandea entre la ciénaga Pajaral. Luis y Chichi se fascinan con la idea de que en la lejana tierra de Pau ya es la tarde. Los tres albergan un único pensamiento omnipresente: hacer lo posible por quedarse acá.

Vamos a ver a Ángela Donado. Es la madre de Luis. Tiene 42 años y cuatro hijos. Pero también tiene otros diez a lo largo y ancho del pueblo. Es la madre comunitaria de Nueva Venecia. Todos los días, desde hace 26 años, recibe un grupo de niños en su palafito. Allí los alimenta con lo que le entrega semanalmente el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y también les enseña cosas esenciales para la vida como los colores, los números, las vocales, los animales, los tipos de pesca. Los padres dejan a sus hijos allí a las 8 de la mañana y vuelven por ellos a las 4 de la tarde. La seño, le dicen en la comunidad, y se conmueve al contar que, de vez en cuando, pasan a visitarla adultos que en algún momento fueron sus hijitos adoptivos.

Ángela teme que los niños se le caigan al agua, no tanto porque se ahoguen, finalmente ya forma parte del gen local el reflejo del nado, sino porque ha venido descubriendo una lenta, pero alarmante degradación del agua de la ciénaga que, al contacto con la suave piel de sus niños, genera sarpullidos, brotes y hasta llagas. Como si de una paradoja se tratara, otra de sus preocupaciones también tiene que ver con el agua: rodeada de agua, lo que menos tiene es agua. Diariamente le llega al muellecito de su casa un tesoro que consiste en un tanque con 50 litros potables que debe tazar inteligentemente para garantizar la dieta de sus niños.

El funesto 22 de noviembre del 2000, Ángela vio cómo asesinaron a su marido en la sala de su casa. Antes del amanecer, un grupo de paramilitares tumbó la puerta del palafito y se dirigió hasta la habitación matrimonial en busca de Ever Julio Rodríguez. Él se negó a irse con ellos y les dejó claro que si lo iban a matar debían hacerlo ahí. Recibió un balazo en la frente, ante la tribulación de su esposa e hijas que no podían echarse a correr. Con el cuerpo de su esposo desparramado e intentando que sus hijas salieran lo más pronto posible de ese abismo, clausuró la puerta de su casa, se lanzó al agua hasta dar con el bote de su hermana, regresó por sus hijas y se fue.

Se desplazó a Sitionuevo, la municipalidad de la cual Nueva Venecia es un corregimiento. Como Ángela, el 90 por ciento del pueblo abandonó sus palafitos, para regresar paulatinamente en el transcurso de los siguientes diez años. Ángela fue una de las primeras retornadas. No se acomodó en tierra firme. Volvió, limpió su casa, se paró firme con sus hijas y con los niños que le llegaban y emergió de esa fosa que le cavaron en su corazón.

No salimos nunca después de las seis de la mañana. Intentamos esquivar el mediodía. Nadie quiere convertirse en un chicharrón ambulante. Vamos a Bocas de Cataca, hora y media de navegación. Este pueblo fue el palafito más próspero y grande de la ciénaga. Eso a finales del siglo pasado, hasta que la guerra hirió. Antonio Guerrero, de 81 años y su esposa, Evangelina Moreno de 62, recuerdan el 11 de febrero de 2000. Once personas asesinadas. Lo cuentan todo, con sus voces quebradizas, en la sala de su casa que está tutelada por los retratos de dos familiares de Evangelina y un amigo cercano que pagaron con su vida el haber nacido ahí.

Se refieren al momento de la masacre como «la mala hora». Evangelina recuerda que el pueblo se desocupó. Sólo quedaron ella y Antonio. Los perros aullaron por semanas y meses reclamando a sus dueños, hasta que fueron muriendo, no de hambre, sino de pena moral. Eso fue muy feo, sella Evangelina.

El televisor de 14’ pulgadas de la vieja casa que en algún momento supo mantenerse estable sobre el agua, transmite el Giro de Italia. La carrera va llegando a la ciudad de Torino. Antonio pregunta si conocemos por allá. Negamos. Por acá ya podría pasar una carrera de esas, bromea, con el hecho de que estamos sobre tierra firme. Algunas casas alrededor tienen ganado. El que fluye pegado a las puertas de las viviendas es un bracito del río Aracataca, que baja de la sierra, frío y pródigo, pero que a esta altura ya es una historia que Antonio prefiere no recordar. Luis se baña en el río. Antonio lo mira. La soledad llena su pecho. La tristeza sus ojos.

RUIDO PHOTO, PAU COLL

***

En Bocas de Cataca viven aproximadamente 20 familias cuyos integrantes más jóvenes han ido perdiendo la idiosincrasia anfibia: piensan en comprar motos y van al agua solo cuando es rotundamente necesario. Cuando, por ejemplo, hay hambre y en tierra no se consigue nada porque no hay dinero. Dora Garizábalo tiene ocho hijos y todos se han ido. Vive con su hermano Rafael y su esposo, Candelario. A sus 65 años, Dora ha desarrollado un carácter luchador. Tiene muy claro que los trances que vive su pueblo se deben a muchos factores y que tanto la pobreza adyacente como la crisis ambiental tienen nombre propio.

—En cinco años, si no antes, Bocas de Cataca será monte. Acá detrás tenemos a los terratenientes apropiándose de la tierra después de cada inundación. De metro en metro han ido acaparando el terreno que supuestamente está protegido por ser reserva. Hacen lo que les da la gana y nadie les dice nada. El agua de los ríos la desvían para sus fincas y acá lo que nos llega es basura o agua contaminada por los químicos esos que usan para sembrar. Ya ni pescado baja y la parte de la ciénaga que nos toca se está sedimentando. La ganadería es un problema gigantesco, ¿pero uno cómo le dice al vecino que no tenga sus vaquitas si eso ya es una cuestión de supervivencia? Es la ganadería de ellos la que nos amenaza. Salir a pescar acá es exponerse al hambre. Nosotros queremos volver a ser un palafito, pero sin agua eso no será posible ni en los sueños. Hace 30 años éramos casi 300 familias y ahora, mire, casi un pueblo fantasma. La única forma de hacernos respetar es a la brava, pero aquí nadie quiere exponerse y mucho menos cuando tenemos el antecedente ese de la masacre, el miedo es una cosa jodida. Acá necesitamos al gobierno, porque si no nos morimos ahogados, nos morimos de sed o directamente intoxicados y si abrimos la boca, nos morimos asesinados. El pueblo está sedimentado en un 70 por ciento. Lo que antes era agua y vida hoy es barro, tierra infecunda. Es verdad, vamos a desaparecer: ¿uno por qué va a negar la luz del día? –dice Dora, sentada en el pórtico de tierra negra que funciona de entrada a su humilde casa que, al igual que la de Antonio y Evangelina, hace no mucho tiempo fue palafito.

Bocas de Cataca se muerde los nervios ante la inminencia de su extinción. Los pómulos de sus últimos manglares están negros y ya nunca más podrán desplegarse con la espontaneidad de una sonrisa. Dora es una madre que protege a su hijo, no porque su hijo lo requiera, sino para olvidarse ella misma de que ambos un día no estarán. Su hijo es su pueblo: Bocas de Cataca existe porque resiste, grita, mientras nos vamos alejando.

Las raíces de los manglares, largos zancos entrelazados entre sí, no solo son sitios de refugio, reproducción y alimentación para muchas plantas y animales (peces, moluscos, crustáceos, reptiles, aves y mamíferos), sino que también brindan importantes beneficios ecológicos para las comunidades humanas que conviven con él, ya que son un aliado importante en la lucha contra el cambio climático: poseen la capacidad de secuestrar los gases de CO2 de la atmósfera hasta cinco veces más que los bosques regulares. Este CO2 lo almacenan en forma de carbono en sus hojas, troncos, raíces y suelo.

En Buenavista, pueblo palafito de aproximadamente 800 habitantes, ubicado a 30 minutos de regata de Nueva Venecia, hay un vivero de manglar. Javier de la Cruz, de 57 años, Dinson Cordonó, de 45, y Luis Obeso, de 52, son los anfitriones. Trabajan para Parques Nacionales Naturales y están gestionando este jardín de manglar desde el 2000. Aseguran que, entre 2021 y 2022, han sembrado 40 mil plántulas de mangle en las zonas más críticas de la ciénaga.

—Cuando se destruye un manglar, se liberan enormes cantidades de CO2 a la atmósfera y, así, se aceleran procesos como el calentamiento global. Los manglares no solo representan una barrera natural y dinámica que hace frente a fuertes tormentas, huracanes y oleajes, sino que también combaten positivamente la erosión y la inundación en áreas costeras, y, ante el aumento del nivel del mar, brindan protección por su capacidad de acumular sedimentos e incrementar los niveles del suelo marino. Los manglares son la armonía de la ciénaga, los reguladores y los coladores naturales de las aguas dulces y las aguas saladas, sin ellos estamos expuestos a todo –dice Javier, con sus manos hundidas entre una de las tinas de mangles.

—¿Qué es todo, Javier?

—Todo es la desaparición.

***

A través de los bosques de manglar, Juanca puede ver más allá. Los árboles se mecen unos contra otros, las garzas vuelan contra la luz, sin avanzar ni un poquito. Luis direcciona el bote con la sabiduría del instinto y atrás van quedando Nueva Venecia y Buenavista, meciéndose sobre sus grandes espigas de mangle. Una turba de cuadros fantásticos me abre los ojos: una zanja llena de agua repleta de largos pastos recostados es atravesada por un chigüiro. La silueta de la Sierra Nevada de Santa Marta brota del mar y me empotra en sus picos más altos. Un grupo de flamencos rosados forman una V y vuelan por encima de nosotros para una foto que Pau no saca. El agua es tan cristalina que me asombra que no sea de hielo. De cualquier forma, seguro en su fondo habrá algún zapato. La Bichota, así se llama el bote que suplantó nuestras piernas por estos días, nos deja en tierra firme.

Abrazo de la tripulación y selfi de despedida.

En breve descubro que caminar me resulta doloroso.

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Crónica de una juventud perdida

Crónica de una juventud perdida

Junio 21 de 2024

Por Jorge Luis Galeano

Las violencias contra la población afrodescendiente afectan de manera especial a la población joven que escapa de sus territorios en zonas rurales para encontrar ciudades tan o más violentas que los lugares de donde salieron de manera forzada.

De eso y más habla el informe Crónicas de una juventud perdida, elaborado por el Proceso de Comunidades Negras -PCN- y en este episodio conversamos sobre dicho documento

Para obtener el informe completo puede visitar www.vigiaafro.org y descargarlo directamente.

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Bioculturalidad en Colombia

Opinión

Bioculturalidad en Colombia

Por Édgar Rodríguez Cruz
Director de Quira Medios

Este texto fue publicado en Quira-Medios.com y hace parte de una alianza entre medios Alternativos que inauguramos con esta publicación

Junio 16  2024

La bioculturalidad se refiere a la interrelación entre la biodiversidad y las culturas humanas que coexisten y se influencian mutuamente. En Colombia, un país megadiverso tanto en términos biológicos como culturales, la bioculturalidad adquiere una relevancia especial. Esta confluencia no solo define la identidad del país, sino que también representa una vía crítica para la conservación de su patrimonio natural y cultural.

Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, albergando aproximadamente el 10% de la biodiversidad global en su territorio. Este hecho, sumado a la presencia de más de 80 grupos étnicos y más de 60 lenguas indígenas, sitúa a Colombia como un referente mundial en términos de bioculturalidad. Según el Instituto Humboldt, “la riqueza biocultural de Colombia es única debido a la combinación de sus diversas culturas y la gran variedad de ecosistemas que se encuentran en su territorio”.

Las culturas ancestrales y afrocolombianas han desarrollado una vasta gama de conocimientos y prácticas que están íntimamente ligadas a la biodiversidad local. Estas prácticas no solo aseguran la subsistencia de estas comunidades, sino que también contribuyen a la conservación de los ecosistemas. Por ejemplo, los pueblos indígenas de la Amazonía colombiana practican la agricultura itinerante y la gestión sostenible de recursos naturales, lo cual protege la biodiversidad del área.

El reconocimiento de la bioculturalidad es esencial para el diseño de estrategias de conservación que sean efectivas y equitativas. Según los investigadores Narciso Barrera-Bassols y Víctor Toledo “las estrategias de conservación que integran el conocimiento y las prácticas locales son más sostenibles y tienen mayores posibilidades de éxito a largo plazo”. En este sentido, los planes de conservación en Colombia han comenzado a incorporar el saber ancestral y las prácticas tradicionales como parte integral de sus enfoques.

Un ejemplo notable de esta integración es el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, el cual es reconocido tanto por su biodiversidad como por su importancia cultural. En 2018, fue declarado Patrimonio Mixto de la Humanidad por la UNESCO debido a su valor ecológico y cultural. Este reconocimiento subraya la necesidad de preservar no solo los ecosistemas, sino también las culturas que los han mantenido durante siglos.

A pesar de los avances en el reconocimiento de la bioculturalidad, Colombia enfrenta numerosos desafíos. La deforestación, el cambio climático y la expansión de actividades extractivas amenazan tanto la biodiversidad como las culturas locales. Las comunidades indígenas y afrodescendientes a menudo se encuentran en la primera línea de estos impactos, lo que pone en riesgo su modo de vida y sus conocimientos tradicionales.

No obstante, estos desafíos también presentan oportunidades para fortalecer la bioculturalidad. El auge del ecoturismo y del turismo cultural, por ejemplo, ofrece una vía para que las comunidades locales compartan sus conocimientos y prácticas mientras generan ingresos. Además, iniciativas como la creación de territorios indígenas autónomos han demostrado ser efectivas en la protección de la biodiversidad y la promoción de la autodeterminación cultural.

Así, la bioculturalidad en Colombia representa una riqueza invaluable que debe ser preservada y promovida. La interconexión entre la diversidad biológica y cultural no solo define la identidad del país, sino que también ofrece soluciones sostenibles para los desafíos ambientales y sociales contemporáneos. Integrar el conocimiento y las prácticas tradicionales en las estrategias de conservación es crucial para asegurar un futuro en el que tanto la naturaleza como las culturas locales puedan prosperar.

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¿Cómo regresar al mar? Comunidad Wounaan desplazada en Cali

Reportajes

¿Cómo regresar al mar? Comunidad Wounaan desplazada en Cali


Junio 10 – 2024

Por Laura Cruz

No es que estén muertos, es que nadie los ve. Están en las aceras o en las afueras de las iglesias como monumentos a los ancestros que hace cinco siglos poblaron el Río San Juan en el Chocó o Valle del río Cauca. Son de carne, hueso y tierra, recorren la ciudad como las piedras que movemos a paso indiferente, ciego.  Muchas veces con un niño a las espaldas, se posan en la quietud del que no puede decir porque desconoce una lengua. No los vemos porque dan miedo, porque son la carne, el hueso y la tierra de la guerra que no acabó.

Jose Mambuche es Wounaan, habla despacio. Busca las palabras en español, una lengua desconocida y ajena para él. Hace más de 500 años los colonos españoles hicieron tabla rasa de los pueblo indígenas, entre otras cosas, les quitaron su lengua y como la historia parece repetirse en sus horrores, hace cinco años los paramilitares hicieron lo mismo, desplazaron al pueblo de José a la urbe y sus palabras se quedaron atrás. Tambo: la lengua y el territorio son lo mismo, como si el Español, al igual que el cemento, mandara en la urbe. 

Mambuche tiene como lengua nativa la Woun Meu, quizás por eso o porque los recuerdos son más miedo que otra cosa, habla despacio casi sin mirar la cámara y comienza a contarme una historia a pedazos, con la dificultad de poner el dolor en orden. 

“Nosotros somos de la comunidad de Balsalito, del Chocó. Uno se sienta a pensar y allá teníamos todo. Cultivamos papachina, plátano, banano. Los peces estaban en el mar, los niños vivían contentos. No teníamos problemas, aquí en la ciudad se sufre de hambre.” 

El resguardo indígena Unión Balsalito, o lo que queda, está ubicado frente a la cabecera municipal de Docordó en límites entre los departamentos de Valle y Chocó.  Todas las casas son de dos metros de altura para evitar que el Río San Juan las inunde. 

Unión Balsalito fue fundada hace 50  años por cinco familias indígenas  Wounaan, nombre que tomaron de su Dios  Wuandan. Esa etnia vive del corte de madera, la agricultura y la pesca; se dedican a la siembra de banano, plátano, yuca, maíz, tomate y pepino para el consumo diario, así como la pesca de Gualajo, Ñato y Eliza.

Según un informe del 2023 de la Secretaría de Bienestar Social del Distrito, Cali es la ciudad que más recibió  desplazados por el conflicto armado, ya que atendieron a 6 mil 405 personas que fueron obligadas a abandonar sus territorios. La mayoría de estas familias proviene de Cauca, Nariño, Buenaventura y Chocó, zonas donde se ha agudizado el conflicto y es continuo el abandono estatal.

“Nosotros estábamos trabajando cuando ellos llegaron a nuestro territorio, estabamos sembrando y llegaron  para forzarnos a nosotros a salir rápidamente”. José Mambuche que  salió de su territorio cuando tenía 18 años. Tan solo llevó la ropa que tenía puesta. Su primera parada fue en Buenaventura pero allí también llegaron ellos, como se refiere a los paramilitares. 

“Lo más difícil fue haber dejado nuestra tierra porque perdimos todo. Perdimos nuestro cultivo, perdimos nuestros animales, ellos los cojieron. Extraño mucho bañar en el río”. Lo que más le preocupa a José es la salud de los niños y cómo seguir viviendo de acuerdo a sus creencias ancestrales, ya que los niños al estar en contacto con otras etnias, comienzan a hablar español y cambian, los adultos tratan de conservar sus costumbres y explicarles su cultura.

Luchando por la reubicación definitiva

Emigrantes en su tierra

La primera vez que ví a Jaime Negría Cuero me dijo: “grabemos adentro”. Estábamos en Talanga, un barrio de Cali al lado del Jarillón del Río, construido de guadua y de tablas,  al igual que la casa donde se estaban quedando diez familias Wounaan, conformadas por 60 personas, la mayoría niños.  

Esa noche Jaime había permanecido de pie hasta el amanecer porque la casa donde se estaban quedando, era un préstamos de una vecina y ya no había espacio en donde acostarse. Ellos siguen migrando en la ciudad, como si fueran extranjeros en el territorio. 

Esta migración inició en el año 2018, cuando estaban en el Río San Juan del Chocó y los paramilitares armados los amenazaron y tuvieron que desplazarse hasta Buenaventura para proteger a sus familias; sin embargo, en el 2022 llegó el mismo grupo al Puerto e hirió a un joven indígena que sobrevivió. Por esa razón decidieron desplazarse a Cali, donde la Alcaldía les gestionó un albergue temporal en Samaritanos de la Calle aunque sólo por un mes y medio; después lograron encontrar un lote en Jamundí, pero allí también había grupos armados “Y nos fuimos allá y cuando llegamos eso fue, mejor dicho nos llevaron fue dónde está el lobo con las bocas abiertas”. Para poder comprar una librita de sal y una libra de azúcar, nos gastábamos varios días”,  relata Jaime. 

En una reunión del Cabildo decidieron devolverse a Cali y estuvieron en Siloé unos meses, pero de allí los terminaron sacando y se trasladaron al Jarillón, el último sitio del que los echaron. Hoy se encuentran en un albergue de la arquidiócesis de Cali a la espera de que  organizaciones como la Unidad de Víctimas, la Personería, La SAE,  la Unidad de Restitución de Víctimas y la Alcaldía de Cali, puedan trabajar en conjunto para que por fin tengan la solución concreta de un lugar donde asentarse.

Por la Defensa de los Derechos Humanos 

Taller Abierto es una organización que está presente, especialmente en el Sur Occidente colombiano, en procesos de acompañamiento a comunidades indígenas, afros, campesinas, urbanas y realiza procesos de formación a mujeres y a jóvenes.  Desde hace dos años esta organización acompaña a la comunidad Wounaan en asistencia humanitaria,  alimentación y necesidades básicas; también apoyan en la gestión de trámites relacionados con Unidad de Víctimas y en temas de formación. 

Gustavo Adolfo Calle Quintero, quien trabaja en Taller Abierto, señaló que si bien se logró un acuerdo con la Subsecretaría de Etnias de Cali, la Personería Municipal, el Ministerio del Interior para que la comunidad tuviera un resguardo, es necesario que se trabaje en la reubicación permanente de estas familias indígenas. 

Las comunidades indígenas, en especial la comunidades Wounaan, han sido víctimas de múltiples violencias, desde no incluirles de los planes de desarrollo que implementa la ciudad de Cali, aún  sabiendo que una comunidad que está en unas condiciones muy difíciles y de hecho “está en vía de extinción”, afirma Gustavo.

“Ha faltado apoyo también en temas alimentarios, sobre todo con los niños y las niñas, el acceso a la salud es muy precario, hay niños y niñas en situación de desnutrición” Así mismo, Calle señala que no tienen acceso a la educación y que en caso de tenerlo no hay un criterio  de enfoque diferencial. Sumado a esto no se les incluye en actividades culturales y eso los pone en una situación de exclusión muy fuerte. 

Gustavo hace un llamado: primero para que el albergue que lograron en los últimos días se garantice y que a la par, los entes correspondientes sigan trabajando para lograr una reubicación definitiva; segundo, para que se reconozca a la población indigena como víctima del desplazamiento forzado y sea incorporada al restablecimiento de derechos como víctimas del Conflicto Armado, pero también como sujetos de especial protección y,  tercero, para que este restablecimiento de derechos tenga el enfoque diferencial y que no les traten como comunidades urbanas, para que en el caso de una reubicación tengan unas condiciones similares de donde vienen y si no, por lo menos, tengan la oportunidad desarrollarse en condiciones dignas en los lugares que se les asignen.

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Desaparición forzada: la búsqueda interminable

Reportajes

Desaparición forzada: la búsqueda interminable


Junio 3 – 2024

Por Jorge Luis Galeano

Su camiseta dice “Buscar es luchar contra el olvido” y con la misma contundencia de esa frase, le exigió a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y a todas las instituciones presentes, agilizar el proceso de búsqueda de su hermano, cuyo cuerpo está en el estero San Antonio de Buenaventura. 

Juranny Asprilla ha intentado rescatar los restos de Alex Mauricio Asprilla desde el 2007, cuando fue desaparecido y luego asesinado por negarse a ser parte de los grupos armados ilegales que operan en el Puerto. Ella dice que, primero la búsqueda y luego el rescate del cuerpo, han sido procesos solitarios y llenos de revictimización “No fue sino hasta que yo decidí ir personalmente al estero a buscar a mi hermano que se dieron cuenta que sí se podía porque me habían dicho que era imposible”. 

En octubre de 2020,  varias organizaciones defensoras de derechos humanos le solicitaron a la Jurisdicción Especial para la Paz-JEP- adoptar medidas cautelares sobre el estero para  garantizar que no se intervenga de ninguna manera. Dichas medidas se tomaron en el 2021 y se mantienen hasta el momento. Por eso, la exigencia de Yuranny es que no se dilate más la búsqueda para cerrar ese ciclo de incertidumbre y dolor. 

Las palabras de Juranny se escucharon en el VII Encuentro de Familiares de personas desaparecidas en el Valle del Cauca con el que se cerró la Semana del Detenido-Desaparecido en Colombia. Al evento asistieron varias de las dependencias encargadas de la investigación, búsqueda y asesoría en temas de la Desaparición Forzada en marco del conflicto armado y se oyeron las exigencias de las familias que desean encontrar a sus seres queridos. Segundo Emilio Angulo Quiñonez, por ejemplo, pidió apoyo para encontrar a su hijo Leider Eugenio Angulo, desaparecido en 2016 cuando viajaba de Cali al departamento de Nariño 

Además de no saber de su hijo desde hace ocho años, a Segundo le preocupa que la investigación no avance “Hay rumores de que lo mataron. A mí me sacaron muestras de sangre, pero no han encontrado ningún cuerpo para saber si está vivo o muerto” dice  mientras muestra los documentos que llevó al evento en un intento por recibir respuestas contundentes.  Este hombre de 67 años no pudo seguir buscando a su hijo en donde desapareció, Barbacoas en Nariño, por el temor que le genera la fuerte presencia de actores armados 

“Yo sólo quiero recuperar los restos de mi muchacho y que el Estado me responda. Que me dé un trabajo o una pensión para yo poder sobrevivir porque no tengo nada” terminar Segundo. 

La maraña institucional

Al evento asistieron la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas -UBPD-, el Comité Internacional de la Cruz Roja, la ONU, la Unidad de Víctimas, la Secretaría de Paz y Convivencia de la Gobernación del Valle, la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP-, Medicina Legal, la Personería de Cali y la Defensoría del Pueblo y es justamente en esta maraña institucional en la que las personas víctimas tienen que moverse para denunciar, recibir orientación y realizar la búsqueda de un ser querido desaparecido. 

Y lo que en principio puede ser una fortaleza, también se convierte en una debilidad. Elizabeth Belalcázar Mejía de la Corporación para el Desarrollo Regional -CDR- dice que una de las grandes peticiones de las personas es que haya un mayor y mejor trabajo interinstitucional  porque ante el hecho, se sienten desamparadas y hasta revictimizadas “Lo primero que le dicen a una persona que va a denunciar una desaparición es que tiene que esperar 72 horas y eso no es verdad”. Añade Elizabeth que no hay una orientación adecuada que le permita seguir el proceso establecido por la ley “No les dicen, por ejemplo, que deben ir a Medicina Legal a tomarse una prueba de ADN y eso se añade a la angustia por su ser querido: la falta de coherencia institucional”. 

Por lo anterior, es clave la labor de las organizaciones de la sociedad civil como CDR o MOVICE o la Fundación Guagua, entre otras, pues apoyan a los familiares de víctimas de desaparición forzada de distintas maneras. Algunas están en capacidad de dar apoyo legal, otras dan orientación psicosocial y otras, como CDR impulsan el acompañamiento y la visibilización de los casos en diferentes espacios. 

“Nosotros como Corporación, cada año en mayo, agosto y diciembre hacemos un evento público llamado La Carpa de la Memoria en el que exponemos los nombres y fotografías de las personas desaparecidas y sus familiares le narran a los transeúntes lo que significa tener un ser querido desaparecido porque nadie se lo imagina”.

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Llano Verde: dolor y resiliencia al Oriente parte 4

Reportajes

Llano Verde: dolor y resiliencia al Oriente Parte 4


Portada tomada de ilustración elaborada por la ilustradora MAPA para la Fundación NOMADESC

Mayo 20 – 2024

Por Laura Cruz  

Empezamos este reportaje nombrando a los cinco muchachos que fueron asesinados en agosto de 2020 y que formaban parte de la comunidad del barrio Llano Verde: Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas.

Hoy recordamos a las víctimas y tratamos de entender qué es Llano Verde, sus dinámicas sociales, sus luchas, las violencias, su cultura, esto a través de cuatro mujeres; una madre que recuerda y reivindica el dolor, una joven líder que repite el nombre de sus amigos muertos para que así sea por un segundo vuelvan a vivir en la palabra, una mujer negra del después de ser desplazada se hizo abogada, y una docente que humaniza la academia. 

“Con la oscuridad llega el miedo otra vez”

Encontrarse con los ojos de Ruby es como ver el ocaso desaparecer en el horizonte, son de una luz triste. Ruby Cortes Castro hace muchísimas cosas: trabaja por la comunidad, para la familia e intenta no olvidar y a la vez hacerlo. “A mi me gusta mucho trabajar con los adultos mayores. Dialogar con los jóvenes que están en una situación de consumo, profundizar en el porqué lo hacen, cuál es la necesidad que tienen. También me gusta trabajar con niños.” 

Quizás por esa razón llegó a trabajar a Afrodes,  después de que uno de sus hijos le contó de la fundación. Allí lleva varios años acompañando procesos, al lado de su comadre Erlendy. Una de las principales labores de Ruby es el diálogo con los jóvenes. “Fuera de eso, estamos al pendiente de que día a día esto mejore”. 

Antes de vivir en Llano Verde, Ruby vivía en Sardi ( un asentamiento en el barrio Charco azul, al oriente de la ciudad) y antes en Mojica y antes en Tumaco, Nariño. “Yo tenía 14 años cuando llegué a Cali. Nos vinimos porque los dueños de lo ajeno nos quitaron de nuestro territorio, nos despojaron de nuestras casas. Al principio  vivía  con mi abuelita”. 

En Charco Azul vivió diez años, para ese tiempo ya había sido madre. Al principio vivía en casas alquiladas, pero después logró tener un lugar. Sin embargo, la ola invernal obligó a que las familias del sector fueran ubicadas en un proyecto que llevó como nombre Plan Jarillón. 

El día que llegó al barrio todo fue felicidad, la casa era muy diferente a la de su ranchito de Sardi. “Cuando llegamos, me acuerdo tanto, que la primera noche yo no dormí esperando que lloviera  para ver si caían goteras,¡ay Dios mío!, me dije, quiero ver si cae agua por el techo o alguna gotera para ir corriendo a  colocar la ollita. Fue una emoción muy grande, le agradecí mucho a Dios por darme esta vivienda, a pesar de que no estuviera en las condiciones adecuadas. Yo ya tenía a mis siete hijos así que la felicidad fue muy grande”. 

Sin embargo, con la alegría también vinieron los problemas. Cuenta Ruby.   

“Yo voy con esa alegría, meto la llave, se abre la puerta y veo por dentro.  No, esa no es mi casa, se equivocaron” Me devuelvo y le digo al señor: Yo tengo un hijo que es discapacitado y a mí me dijeron que nos iban a entregar las viviendas adecuadas para las personas discapacitadas

  • Esa es su vivienda, esta es su casa  ¿Usted es Ruby Cortes Castro? A usted le pertenece esta llave”.  
  • Yo digo “No, es que no es.” Pero él insiste 
  • “Esa es su casa señora, no hay más, lo toma o lo deja,  así de sencillo.

 Esta fue la respuesta que le dio un funcionario de la Alcaldía a Ruby cuando le entregaron su casa cuando reclamó.

“¿Qué podía hacer? si mi rancho en Sardi ya me lo habían tumbado. Porque donde no me lo hubiesen tumbado yo me devuelvo, yo me devuelvo pero ¿Qué podía hacer?”. 

Debían subirlo todos los días, lo cual era un desgaste físico para toda la familia, pero además, descubrieron que el barrio tenía otros problemas.  

Cuando entregaron Llano Verde  no había Centro de Desarrollo Infantil (CDI) ni  colegios. Hoy uno de los principales problemas es que muchas de las casas no tienen energía y el único punto para tener luz son los Ganes y si no hay Ganes, no hay luz.  

Sumado a esto, Llano Verde lleva diez años sin transporte público por lo que a sus habitantes les toca caminar veinticinco minutos para llegar a la  Avenida Simón Bolívar, que es la última vía grande del oriente de Cali y da acceso al sistema de transporte integrado Mío. Frente al parque principal del barrio estacionan uno o dos jeepetos —como se les dice a los camperos—, que transportan gente hacia otros barrios del oriente, pero nunca hacia otros sectores de la ciudad. Por eso, muchos de sus habitantes dicen estar confinados, aislados socialmente y desconectados con el resto de la urbe.

“Tuve siete hijos y ahora sólo seis”

“Todos los días me pregunto: ¿qué pasó?, ¿por qué?” Después de tres años y cinco meses, Ruby se sigue preguntando con obstinación “¿Quién le arrebató al menor de sus hijos? ese 11 de agosto del 2020, el día de  la masacre que hoy recordamos como “los cinco de Llano Verde”. Las víctimas fueron : Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas.

El hijo de Ruby se llamaba Jair Andres Cortés, llevaba el nombre de su padre. Era el menor, le gustaba el fútbol, tenía 14 años y seis hermanos. Estaba en séptimo grado. Tenía prohibido ir al cañaduzal. 

“A veces yo veía que llegaba con los pies sucios, quemados. Yo lo regañaba y le llamaba la atención. Me decía: ´no má, eso fue hasta ahí no más que fuimos a comer la caña.´ Y yo: no, no, no y no. Pero a ellos les gustaba aquí, aquí en la puntica”, dice Ruby. 

Según testimonios que recoge el libro Construcción de Paz en Llano Verde,  ese día los jóvenes caminaron mucho más en el cañaduzal, porque habían cortado las cañas. Ese día eran las siete  y los pelados no llegaban.  Fueron al CAI y les dijeron la frase ya hecha de la mayoría de policías, “hay que esperar 72 horas”.

Los padres de los jóvenes, entre ellos Ruby, no esperaron. ¿Cómo esperar si eran unos niños que no se quedaban por fuera de la casa nunca?. “Todo estaba oscuro, no teníamos linternas (uno que otros llevábamos celular), entonces con esa oscuridad y así nos fuimos, a ciegas prácticamente a buscar a nuestros hijos, hasta que llegamos a una casa blanca”. 

En esa casa, dice Ruby, los atendieron de forma displicente y en medio de un coro estridente de perros que ladraban. “Mi hijo mayor de alguna manera sintió a su hermano y se fue al interior del cañaduzal”. Mientras se adentraba en la oscuridad  del lugar, vieron que venían dos motocicletas de Policía que fueron hasta la casa blanca y se devolvieron, les contaron el caso y su respuesta fue que esperaran ahí.  Nadie esperó nada, todo el mundo salió detrás de ellos sin importar la oscuridad ni los perros.  

Luego, todos empezaron a gritar: “Jair, Alvaro, Josmar, Luis, Leider”  pero no hubo ninguna respuesta hasta que alguien dijo “amá.”

“Nosotros respondimos: ¡por aquí están, qué alegría, aquí están, por aquí están!, ¡ay, Dios mío!, ¡Ya nos íbamos a meter a ese cañaduzal, cuando empezamos a escuchar llantos, los llantos, los llantos. ¿qué pasó?, me preguntaba a mí misma.” 

Lo siguiente con lo que se encontraron las familias de los jóvenes, fue que en el lugar estaba la Policía  junto con dos personas que cargaban un machete, que aún no se sabe quiénes eran.

“Envolvimos a nuestros hijos. Estaban ahí degollados… Yo volteé a Jaircito, que estaba en el suelo, muerto, y lo primero que hice fue alzar la pantaloneta para ver si tenía sus partes íntimas. A los niños les habían quitado las camisas, todos estaban sin camisas, el único que tenía la camisa puesta era Jaircito. Jaircito… él andaba de blanco ese día.  A los niños los habían golpeado, los maltrataron mucho” asegura Ruby.  

Muchas de las familias de los jóvenes que fueron al cañaduzal, aún después de cuatro años no pueden dormir con las luces apagadas, porque apenas se apagan vuelve el miedo. Aunque no se ha repetido una masacre como la del año 2020, a los jóvenes de Llano Verde los siguen asesinando.  

“En este momento no sabemos qué hacer porque  día a día  están reclutando nuestros jóvenes, nuestras chicas están metidas en la prostitución debido a que no tienen apoyo económico,  oportunidades de capacitarse. No vamos a tapar el sol con un dedo, hay otros jóvenes que no quieren nada de esto, pero hay muchos que quieren salir, quieren avanzar.” 

“Sigo acá por él”

Con la oscuridad llega el miedo otra vez. Es un miedo que se siente en cada rincón de Llano Verde, un miedo que se ha arraigado en el alma de quienes han perdido a sus seres queridos. Ruby lo sabe demasiado bien. Sus ojos, como el ocaso desvaneciéndose en el horizonte, reflejan esa triste luz que acompaña al recuerdo de los cinco pelados: Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas. Cada nombre pronunciado es un eco de vida y de dolor, una súplica silenciosa para que el mundo no olvide la tragedia que envolvió a esta comunidad.

“No podemos dormir con las luces apagadas”

En este torbellino de emociones y recuerdos, Ruby se aferra a la esperanza. A pesar del miedo, sigue adelante, trabajando incansablemente por su comunidad, por sus hijos y por el legado de aquellos que ya no están. Su historia es un testimonio de resiliencia y lucha, una luz de esperanza en medio de la oscuridad. Aunque las sombras del pasado persisten, Ruby se niega a rendirse, llevando consigo la memoria de los que se fueron y la determinación de construir un futuro mejor para aquellos que aún quedan.

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Llano Verde. Dolor y Resiliencia al Oriente Parte 3

Reportajes

Llano Verde: dolor y resiliencia al Oriente
Parte 3


Portada tomada de ilustración elaborada por la ilustradora MAPA para la Fundación NOMADESC

Mayo 13 – 2024

Por Laura Cruz  

Empezamos este reportaje nombrando a los cinco muchachos que fueron asesinados en agosto de 2020 y que formaban parte de la comunidad del barrio Llano Verde: Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas.

Hoy recordamos a las víctimas y tratamos de entender qué es Llano Verde, sus dinámicas sociales, sus luchas, las violencias, su cultura, esto a través de cuatro mujeres; una madre que recuerda y reivindica el dolor, una joven líder que repite el nombre de sus amigos muertos para que así sea por un segundo vuelvan a vivir en la palabra, una mujer negra del después de ser desplazada se hizo abogada, y una docente que humaniza la academia. 

“Sólo me faltaba la canoa”

Jimmy, Eloy, Lágrimas, Víctor y Vicky vuelven a vivir de alguna manera cuando Alejandrina pronuncia sus nombres. Ellos son sólo una parte de los niños y jóvenes que han sido asesinados desde que se fundó el barrio. A Alejandrina seguro se le escapan algunos de los nombres de los amigos que ha visto morir por una guerra que hoy trata de comprender y cambiar por medio del semillero Afrodes.

Alejandrina Falquez Sinisterra llegó a Llano Verde en el 2014. Se vino con sus hermanas porque su madre, al ver que la violencia se agudizaba año tras año, prefirió que sus hijas estuvieran seguras. Alejandrina proviene del municipio de Satinga u Olaya Herrera, como también es conocido. Es un territorio del Pacífico nariñense a 16 horas de Cali, 14 de ellas en barco y 2 en carro

Diez años después de que la familia de Alejandrina fuera obligada a migrar a Cali, persisten los desplazamientos por cuenta de enfrentamientos entre guerrilleros de las disidencias de la Segunda Marquetalia y las de ‘Iván Mordisco’. Más de 1.500 personas fueron obligadas a desplazarse el 10 de enero de este 2024.   

A pesar de tener que dejar su territorio, la primera vez que vio a Llano Verde le dio buena impresión. “Todo se parece. La organización, todo estaba divino. Fue muy acogedor. Hay muchas prácticas parecidas a las de nuestros territorios. Siempre está el tema de compartir, el respeto hacia el adulto mayor, todo. Entonces como que no fue muy alejado de lo que yo vivía en mi territorio ¡Sólo me faltaba el río y la canoa!” Se ríeSin embargo esa sensación de belleza y organización del barrio cambió cuando Alejandrina vio que la muerte, que tan presente estaba en Satinga, la había seguido también a Cali. 

Se vino la violencia

El cambio más abrupto fue cuando mataron a Vicky”. Vicky era una niña de 10 años y murió en medio de un enfrentamiento entre la policía y los grupos armados. Fue una bala perdida. “Estábamos celebrando el día de los niños cuando inició la balacera. Los niños empezaron a correr a sus hogares buscando un refugio. Vicky llegó a la casa de ella y se devolvió porque la puerta  estaba cerrada y de ahí, en ese correr y buscar ese resguardo, recibió el impacto. Pensamos que se había desmayado, que se había chocado, pero cuando la fuimos a ver tenía el impacto acá (se señala…), y lamentablemente Vicky murió”. 

Jimmy, Eloy, lágrimas, Víctor, entre otras víctimas, han sido asesinadas en Llano Verde, la mayoría amigos y conocidos de Alejandrina. Otros jóvenes han tenido que desplazarse del barrio o de Cali porque corrían peligro de ser asesinados.  El primero, el intraurbano, es una afectación muy común que viven las familias a causa de la violencia.

Continúan los asesinatos

La joven concuerda con la mayor parte de la comunidad en que lo más fuerte que ha pasado es la masacre de los cinco de Llano Verde, sin embargo, dice que en el cañaduzal han encontrado muchachos desmembrados.   

“Está el chico de la iguana. Está Cristian. Para nosotros es muy triste, porque es nuestra población, es nuestra etnia, el futuro. Los chicos no tienen oportunidad de vida. Hay, digamos, un racismo, una discriminación muy grande frente a nuestra juventud y eso conlleva a la falta de oportunidades, a que nosotros o nuestros jóvenes tengan que buscar oportunidad laboral y de vida desde otras prácticas, digamos, no muy adecuadas y eso lleva a que, en el peor de los casos, pierdan la vida” dice Alejandrina.  

Alejandrina es consciente de las problemáticas de su barrio, pero también sabe que un cambio es posible si de manera colectiva se construye. Quizás esa es una de las razones por las que estudia Trabajo Social en la Universidad Antonio José Camacho y es coordinadora del Semillero AFRODES que nació en el 2017, después de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC. Nació como una iniciativa de los jóvenes afrocolombianos en el suroccidente colombiano para articularse en torno a varias líneas de trabajo: fortalecimiento de la identidad ancestral, formación en derechos humanos, perspectiva de género, y prevención del consumo de sustancias psicoactivas. 

En la actualidad, el semillero está integrado por jóvenes víctimas del conflicto armado de las comunas 14, 15 y 21, provenientes del Pacífico colombiano: Buenaventura, Tumaco, Satinga y El Charco. Sus edades oscilan entre 14 y 28 años, y sus familias fueron reubicadas en la Urbanización Casas de Llano Verde en el año 2013 en el marco de la implementación del Programa Nacional de Vivienda Gratuita. El proceso de formación de la agremiación se ha llevado a cabo entre 2017 y 2020.

Según información suministrada por el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social (DPS,2014), para el 2014 en Llano Verde se reubicaron 2416 jóvenes entre 14 y 28 años (1259 mujeres y 1157 hombres). A la fecha el 44,3 % se encontraba estudiando en educación media, 36,3 % cursaba secundaria y un 6,1 % primaria. Apenas un 8 % contaba con un nivel de formación técnica y tan solo el 1,2 % había alcanzado el nivel de formación de educación superior. Mientras el 66 % se encontraba estudiando, el porcentaje restante se ocupaba en otras actividades así: tareas del hogar (14,2 %), otras actividades (3,1 %), buscaban trabajo (14,8 %); o contaban con una incapacidad permanente para trabajar (1,4 %).

Uno de los principales objetivos del semillero es realizar dinámicas que les permitan   conservar la cultura que tenían en sus tierras y que se ha ido perdiendo a causa del desplazamiento, ya que muchas de las nuevas generaciones no han nacido en el territorio, no recuerdan o bloquearon los recuerdos a causa de la violencia, lo que ha causado una desconexión total de sus raíces. Lo que ha provocado, por ejemplo, que muchas de las jóvenes del barrio sienten vergüenza por su cabello. “Tenemos las niñas, que muchas dicen que les da pena o no quieren tener el cabello que tienen, que quieren un pelo lacio. Esto es producto del desarraigo al que nos lleva la cultura occidental”.  

A raíz de esta situación, desde el semillero buscan el fortalecimiento de la cultura propia y la incidencia en las políticas públicas que ayuden a tener herramientas para proteger a los jóvenes. También han buscado que los adolescentes ocupen su tiempo en actividades que les permitan aprender un oficio y sirva de puente para, de alguna forma, reconectar, un ejemplo es un taller de estampados que tiene un enfoque en la afro-educación. 

Según Meneses la afro-educación debe pensar en cómo plantear soluciones a múltiples discriminaciones en los espacios educativos y revisar también que los efectos de la ideología del racismo complejizan las problemáticas sociales que han desencadenado los sistemas patriarcales y capitalistas sobre las mujeres afrodescendientes. Dadas las implicaciones del cuidado del otro en el hogar, se diseñaron talleres paralelos, a su vez, con los menores, para que las asistentes pudieran participar en todas las sesiones. De esta forma, se incorporaron al diseño del curso las necesidades planteadas por las mujeres afrocolombianas de AFRODES.

El semillero también ha logrado articulación con la academia, a través de diferentes universidades como la Javeriana, Unicatólica, Univalle, a donde los integrantes del grupo han participado en las escuelas de políticas públicas y, a través de lo aprendido, se han ido empoderando y tratando de construir una nueva vida.    

El semillero, además, tiene una escuela de formación ancestral que tiene como objetivo retomar las prácticas culturales  y  recuperar todas sus costumbres. El trabajo que realizan en este espacio no solamente llega a los jóvenes de Llano Verde, sino también a las comunas 13, 14, 15 y 21 que son las localidades donde hay más población afro y en condiciones de mayor vulnerabilidad en la ciudad de Cali.

La respuesta de AFRODES a la violencia

Para Alejandrina seguirá siendo de vital importancia, primero, guardar la memoria de quienes han sido asesinados, seguir nombrándolos. Segundo, rescatar sus costumbres porque al practicarlas es como si tuvieran consigo un poco del territorio; tercero, buscar oportunidades para los jóvenes del territorio porque todos tienen múltiples capacidades. Por último, “hay que buscar articulaciones para poder llevar más impacto y lograr, de una u otra forma, cuidar la vida de nuestros muchachos que se ha ido perdiendo”.

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Llano Verde: dolor y resiliencia Parte 2

Reportajes

Llano Verde: dolor y resiliencia al Oriente Parte 2


Portada tomada de ilustración elaborada por la ilustradora MAPA para la Fundación NOMADESC

Mayo 6 – 2024 

Por Laura Cruz  

Empezamos este reportaje nombrando a los cinco jóvenes que fueron asesinados en Cali, el 11 de agosto de 2020 y que formaban parte de la comunidad de Llano Verde: Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas.

Recordamos a las víctimas y tratamos de entender qué es el barrio Llano Verde, sus dinámicas sociales, sus luchas, las violencias y su cultura a través de cuatro mujeres: una madre que recuerda y reivindica el dolor, una joven líder que repite el nombre de sus amigos muertos para que, así sea por un segundo, vuelvan a vivir en la palabra; una mujer negra de  Buenaventura  que se hizo abogada y una docente que humaniza la academia.  

“La importancia de no decir víctima si no sobreviviente”

Está sentada en una silla de plástico. Al fondo la cocina y un letrero que dice Afrodes. Hay muñecas negras, timbales, materiales para trabajar. En la sala de esta casa  hay más movimiento, más vida, de la que logro percibir este lunes festivo. 

“Yo creo que la mitad de mi vida se perdió”, me responde Erlendy cuando le pregunto. ¿Qué cree que ha perdido con el desplazamiento? Estamos en la que antes era su casa, en la que dejó de ser una nómada en el mismísimo oriente de la ciudad y descansar de tanto trasteo. En esa casa en la que le hicieron un atentado, hoy recibe a los jóvenes del barrio que forman parte de un proyecto denominado Afrodes.  

Tiene casi 50 años, dos hijos, ojos negros y transparentes como los ríos de su corregimento. Le ha hecho duelo a 14 familiares que la violencia le arrebató.  Llegó a Cali con 300 mil pesos. Su mejor amigo fue Bernardo Cuero Bravo y a Cuero Bravo lo asesinaron el 7 de junio de 2017.  Se tituló de abogada en la Universidad Católica. Es líder social, nombre meritorio y escrito a pulso con la labor que realiza en su comunidad. 

Erlendy nació en un lugar que está atravesado  por agua. Es un pequeño paraíso que hasta hace unas décadas  estaba lejos  de la violencia. El corregimiento 8 está ubicado a 45 minutos de Buenaventura, lo atraviesan varios ríos cristalinos como Sabaleta, San Marcos y Agua Clara. “De ese corregimiento sale el mejor chontaduro de Buenaventura”, mientras ríe. Erlendy Cuero Bravo nació allí en 1975. En una época en la que  no había violencia o ella no la recuerda, pienso, pero luego reflexiono: la violencia no se olvida. 

Su  familia siempre se dedicó al comercio del chontaduro. Esa fruta es una de las que más se exporta en el Valle del Cauca y ocupa un 70% de la producción agrícola en Buenaventura, según el Plan de Desarrollo Distrital (2020-2023)  Es, también,  el sustento de muchas familias que viven de la informalidad, casi un 63 % de la población bonaverense. La madre de Erlendy murió en un viaje en el que intentaba abrir más espacios de venta.  

Después de esa muerte, la vida de la niña y su familia cambió. Primero dejaron sus ríos, su ruralidad y se fueron a vivir al barrio Rafael Uribe Uribe de la comuna 12 en Buenaventura y en el que actualmente, según informes de la Policía, hacen presencia distintos grupos armados como los Chotas y Espartanos. La vida en el barrio Uribe Uribe comenzaba a tomar forma ya que estaban construyendo la casa que sería su hogar, sin embargo, en 1987, el padre de Erlendy fue asesinado de ocho tiros

“Desde la muerte de mi padre ocurrieron asesinatos sistemáticos en mi familia. El último fue el 1 de enero del 2024. Cuando desapareció un primo y pusieron a su madre a buscar el cuerpo. Mi familia ha perdido más de 14 personas, todas asesinadas de forma violenta en Buenaventura”. Erlendy, además de afrontar estas violencias y la orfandad, sobrevivió viajando entre Cali y Buenaventura: una nómada atrapada en el Valle.

“Después de la muerte de mi papá me sacaron de Buenaventura, pero yo no me amañaba, entonces me devolví. Yo parecía una cosa loca”. A los 18 decidió quedarse en Buenaventura, terminando de construir lo que sus padres dejaron. En ese tiempo logró algo de estabilidad y, además, tuvo dos hijos, la parejita. Para este tiempo los victimarios ya habían mudado de nombre:  ya no eran los paramilitares sino el frente 30 de las Farc, que lideraba, en ese entonces, alias Mincho.  

Mincho me mandó una carta diciendo que tengo que entregar mi propiedad a otra persona” y como Erlendy, que siempre ha sido picada a loca como le dice su hijo, le respondió “hijo de puta”, y que no, que eso era de su familia. Entonces, Mincho dio la orden de que le desbarataran la casa y en el año 2000 debió salir de Buenaventura, esta vez, con sus dos hijos. Luego fue muy difícil reparar las tierras porque las comunidades afros, en su mayoría, no tienen titulación, porque ellos mismos marcan los linderos de propiedades de este territorio. 

En pleno cambio de siglo, cuando la humanidad tenía la esperanza de un futuro mejor, Erlendy llegó desplazada “con una mano adelante y otra atrás” a  Puertas del Sol, un barrio de Cali. 

Como Erlendy, miles de familias desplazadas siguen llegando desde los departamentos de Nariño y Cauca. Según el registro Único de Víctimas (RUV), esta ha sido la realidad de 8 millones de personas que han sufrido de desplazamiento forzado interno desde hace más de un siglo y que supera a la población de Bogotá. 

Erlendy llegó donde un familiar que le dejó poner las cosas en un rincón de la sala y de allí en adelante recorrió el oriente a pie. Con los únicos 300 mil pesos que traía le alcanzó para pagar el primer mes de alquiler, después le cortaron los servicios. “No teníamos qué comer, y empezó mi suplicio de vida, complejo. Yo intentaba conseguir trabajo y nada”. 

Aunque en Puertas del Sol parecía que no había salida en términos laborales,  esto la empujó a dejar a su hija bajo el cuidado de la abuela, la solidaridad de la gente negra y mestiza son el otro lado de la historia. Su arrendataria, por ejemplo, le fiaba el alquiler y además le llevaba comida. “Ella es mamá Mirian, una señora que para mí ha significado mucho. Yo le debía el arriendo y ella salía y me buscaba comida también. Bien conchuda”, sonríe Erlendy mientras me cuenta que ella llegaba con bolsitas de arroz y con plátano. 

Esta fue sólo una parte de la lucha. Erlendy montó una miscelánea:“esa vaina se cayó porque era más lo que me comía que lo que vendía”. Trabajó en máquina plana y se iba a jornadas de aseo con Visión Mundial, ya que cambiaban trabajo por comida. Pero ese era sólo un frente de batalla, la de la madre, pero estaba el otro, la de activista; así que los fines de semana iba a reuniones, se capacitaba y aprendió el enfoque étnico y que los negros tenían sus propias luchas y  reivindicaciones.  

La llegada al barrio 

Al principio le afectó esa estigmatización por lo que muchas veces era reacia a hablar con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal, pero con el tiempo y con el trabajo, comenzaron a conversar y crear tejido entre los habitantes de diferentes sectores.  

Uno de los primeros logros de Erlendy fue participar en varias comisiones con el Gobierno Local, fue el no ser  representados por un tercero y así poder incidir en la formulación de políticas públicas para la comunidad afro desplazada en la ciudad. El segundo fue conocer  Afrodes.   

Encuentro con Afrodes, reencuentro con las raíces

“En un viaje a Bogotá, en un evento al que van varias organizaciones, lo primero que hice fue identificarme con Afrodes. Y yo me digo: “qué chévere porque ellos hablan del sentir que yo tengo´. Me hicieron comprender lo que ha ocasionado el conflicto colombiano. Que el desplazamiento no es sólo mudarse, sino de quitarnos también la conexión con el territorio. Es dejarnos esa frustración de no encontrarnos con nuestro río, de no encontrarnos con esos rituales propios que utilizamos cuando alguien muere, de esas formas de solidaridad, del compartir”.  

Erlendy se vinculó con Afrodes en el 2012, trabajando como coordinadora en un programa de salud mental, donde quienes hacían las intervenciones tenían un modelo de atención de África y Pakistán, distintas a las tradiciones culturales de las comunidades negras de la ciudad. Allí Erlendy puso sus conocimientos para que la atención estuviera enfocada en las particularidades de las poblaciones de esos territorios. 

Elegida como vicepresidenta de AFRODES, Erlendy comenzó a ganar la confianza y ya con las bases se dijo; qué voy hacer. Tuvo que escoger entre psicología y derecho, pero un día en una conferencia, se encontró a Mary Grueso, quien le dijo “Mija, psicóloga no, váyase para derecho que a usted le gusta pelear y allí por lo menos va a tener herramientas que le ayuden a hacer el proceso en la formalidad y no quedarse solamente en las acciones de hecho”.

La única opción es delinquir

Cansa caminar hacia la utopía 

Cuando asesinaron a Bernardo Cuero Bravo, una pérdida que la acerca demasiado al dolor. Bernardo era Fiscal de Afrodes y un hermano para Erlendy. Se sentaban a hablar como niños y su plan a futuro era poner un buffet de abogados que se llamara Cuero y Cuero. Cuando ella iba a Bogotá y estaba atravesando por una situación de inseguridad crítica, Bernardo se alojaba en el mismo hotel, en una habitación delante de ella y a Erlendy le daba el cuarto de atrás, como una forma de protegerla. “Él decía, antes que me la toquen a ella primero me tienen que matar a mí”.  

“Le propinaron siete tiros y dije, ¡Dios qué hago! Eran las ganas de retirarme de este proceso, de salir corriendo del país; era decir ya no puedo más, pero sabía que él y yo teníamos una promesa que cumplir y dije que esto tiene que seguir, entonces primero era terminar de estudiar y pensé:  si muero , esto simplemente queda allí”.

La violencia que no para

Un camino de relevos generacionales

Hasta que Erlendy lo dijo de la manera más clara: “yo hoy tengo un compromiso con el proceso: no lo dejaré mientras esté viva. Si me muero las fuerzas que yo tengo serán para ustedes y esto es a veces duro, pero necesitamos dejar enseñanzas antes de irnos”. Así nace el semillero Afrodes.  

Mientras converso con Erlendy, nos encontramos en las que era antes su casa y hoy es la sede de Afrodes.  Allí se reúnen algunos jóvenes del barrio para capacitarse, para aprender sobre derechos, sobre cómo exigirlos y también se reencuentran con sus historias de supervivencia que es al tiempo la historia negra. Entre los jóvenes que van se encuentra Alejandrina Falquez Sinisterra.  

“Tener a Alejandrina coordinando el semillero para mi es un descanso. Dice mientras la mira con una luz de orgullo. Ella es como una versión mía, ella también es fuerte”. Ella creó semillitas y ahora esparce el legado de Afrodes entre los niños de la comunidad. Alejandrina sale un momento para comprar todos los ingredientes con los que preparará un tapado típico del Pacifico, el pescado y todo lo demás lo encuentran en el barrio, porque Llano Verde es un pacifico pequeñito. 

Le preguntó a Erlendy ¿qué es lo más difícil de la situación que vive Llano Verde? 

Lo más grave es que si la gente negra no se organiza, no lucha por sus derechos, estarían retrocediendo de nuevo a la esclavitud. 

“Hoy las formas de esclavizarnos son otras, como meter drogas a estos sectores, enloquecernos, y es el extermino de matarse unos a otros. Mátense que ustedes no son gente. ¿Cómo es posible que entre nosotros siga pasando esto?, con tanto de lo que hemos vivido como pueblo negro, todo el daño que hemos padecido en este país, y que hoy sea casi un plan de nosotros mismos, un tema de canibalismo, acabarnos.”

La pregunta es; ¿a quién le sirve que entre nosotros nos asesinemos?  ¿En beneficio de quién es esta violencia? 

Llega Alejandrina y Erlendy se pone de pie para recibirle los paquetes. Alejandrina se sienta en el lugar que dejó Erlendy y esta le dice: “…hágale mija, ahora sigue usted”, aunque se refiere a la entrevista, yo siento que le está delegando la palabra, le está pasando la posta, la bandera de la lucha, siento que lo que veo  es mucho más grande y que de repente, la historia de los pueblos marginados se escribe así, de manera simple, en el día a día de sus gentes.

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Persépolis de Marjane Satrapi

Reseñas literarias

Persépolis de Marjane Satrapi

Mayo 5 – 2024

Por María Josefa Avilés Ch

Marjane Satrapi es una historietista, guionista, dibujante y directora franco iraní.

Nació el 22 de noviembre de 1969 en  una familia acomodada y progresista que vio cómo su país sufría la revolución iraní. Tras esta difícil situación política en el gobierno, se trasladó a Austria a los 14 años de edad para estudiar en el Liceo Francés de su capital. En Viena, su cultura y principios chocaron con la manera local, pero al mismo tiempo se dio cuenta que tenía que vivir su vida a su modo y tras varios años,  Marjane Satrapi regresó a Irán para hacer un master en comunicación visual en la Universidad de Teherán.

Pero las reglas de su país comenzaron a no ser las mismas de una mujer que había sido educada con libertad, por eso en 1996 tomó la decisión de irse nuevamente de su país y trasladarse a Francia. A partir de 1997 se dedicó a la ilustración de libros para niños y fue cuando tomó la decisión de publicar Persépolis, una novela gráfica que cuenta su historia.

En ella, se relata la Revolución Islámica iraní desde los ojos de una niña que ve los cambios de su país y  cuenta en primera persona su historia y a través de ella se descubre al Irán de la época. Es creada en formato  comic en blanco y negro en donde sus dibujos son sencillos y su lenguaje es cotidiano y hace que sea toda una obra de arte, lo que permite conocer cómo fueron los cambios culturales y reliogosos a raiz de la revolución.

A lo largo del libro se puede ver la evolución de Marjane Satrapi y de la mano de ella conocemos el conflicto entre Irán e Irak con la revolución islámica

Para mí es un libro que todos deberíamos leer ya que es una obra autobiográfica y es un comic que nos habla de una realidad y al mismo tiempo vivimos el crecimiento intelectual de la autora y claro esta es una obra con un gran valor histórico y al tiempo es muy conmovedora.

Este maravilloso comic fue llevado al cine en una versión dirigida por Vincent Paramaud  y la misma a Marjane Satrapi.  Esta adaptación fue nominada y ganadora de varios premios.

Si indagamos un poco más en la vida de la autora podemos ver que estudió artes decorativas aunque su vocación era ser grafista.

En parís conoció a Cristopher Blair que le ayudó a  entrar en contacto con L Association donde creó Persépolis en la que, como ya dije,  muestra su visión de la sociedad iraní.

Tenemos que recordar que la autora ha escrito varios comics todos retratando su infancia y la de sus parientes.  Persépolis es una de las novelas gráficas francesas más conocidas además no es una novela gráfica del montón ya que es un relato autobiográfico que llega a  lo más profundo de cada lector.

Creo que como buenos amantes de la lectura este comic es una de las novelas gráficas que debemos tener en nuestras estanterías ya que nos ofrece  una maravillosa historia de vida.

Otros de sus libros son

  • Persépolis 2
  • Bordados
  • Persépolis 3
  • Persépolis cuatro
  • Pollo con ciruelas
  • Suspiro

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Llano Verde: Dolor y resiliencia al Oriente

Reportajes

Llano Verde: Dolor y resiliencia al Oriente


Portada tomada de ilustración elaborada por la ilustradora MAPA para la Fundación NOMADESC

Abril 29 – 2024

Por Laura Cruz  

Empezamos este reportaje nombrando a los cinco jóvenes  que fueron asesinados en Cali, el 11 de agosto de 2020 y que formaban parte de la comunidad de Llano Verde: Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas.

Recordamos a las víctimas y tratamos de entender qué es el barrio Llano Verde, sus dinámicas sociales, sus luchas, las violencias y su cultura a través de cuatro mujeres: una madre que recuerda y reivindica el dolor, una joven líder que repite el nombre de sus amigos muertos para que, así sea por un segundo, vuelvan a vivir en la palabra; una mujer negra de un Buenaventura  que se hizo abogada y una docente que humaniza la academia.  

En el 2013, durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, se creó un proyecto de vivienda de interés prioritario. El ministerio de Vivienda realizó 284 proyectos, en Colombia, entre ellos La Urbanización Casas de Llano Verde en Cali, es el proyecto más grande a nivel suroccidental con más de 4700 viviendas entregadas a aproximadamente 2500 personas reubicadas, en su mayoría, población víctima del desplazamiento forzado, afrocolombiana, también reincorporada, excombatientes y población en extrema pobreza y reasentada por ola invernal.  

Este programa surgió a través de la reformulación, en el año 2013,  de la ley 1537 del 2012, en la cual se dictan normas para promover el desarrollo urbano y rural. Para la docente  Stephany Mercedes Vargas Rojas, Magíster en Políticas Públicas de la Universidad del Valle, esa modificación se hizo en gran parte para reactivar el sector de construcción del país, generar empleo y mostrar unos indicadores de crecimiento económico.

“Por lo general hay unos intereses económicos muy importantes cuando los gobiernos deciden que quieren impulsar la construcción de vivienda a nivel nacional. En ese momento, el objetivo fundamental, como lo explican las gacetas, era reactivar la economía, disminuir la pobreza y bancarizar a la población que resultara beneficiaria de estas viviendas, es decir; insertarlas en el sistema financiero. En este proceso incluyeron de forma mínima a quienes iban a habitar estas viviendas” explica la profesora Vargas.

A partir de la ley de víctimas 1448 se prioriza a las víctimas de desplazamiento forzado como principales beneficiarios de estas viviendas, adquiriendo algunos aspectos hacia la reparación. Pero nuevamente no se invita a las víctimas a participar en el diseño de dicho programa. Sumado a esto el proyecto de Ley 1537 pasó muy rápido en el Congreso, sin tener en cuenta las condiciones de los beneficiarios. Aproximadamente cinco  billones de pesos costó una primera fase de este programa de vivienda y se construyó rápidamente en todo el territorio nacional estos 284 proyectos de vivienda de interés prioritario.  

Según Vargas, aunque el programa benefició a un gran número de familias, no tuvo en cuenta la Ley 1482 del 2012, por la cual debe seguirse un protocolo de reubicación y retorno con las víctimas de conflictos armados. Uno de los momentos claves de la reparación es cuando se le dice a la víctima si quiere retornar al  lugar del desplazamiento o ser reubicada en proyectos de vivienda que ofrezca el Estado. Proyectos que deben seguir unos principios claves de seguridad, voluntariedad y dignidad. 

Llano Verde: la reubicación defectuosa

Hasta que se construyó el barrio, el sector era considerado zona rural de Cali. Ahora hace parte de la zona urbana -en la  comuna 15- y está ubicado en el costado suroriental de la ciudad. El Oriente es un lugar de resiliencia, de rebusque, el territorio negro, de indígenas, campesinos, de comunidades empobrecidas: la ciudad de los desplazados.

Aunque inicialmente el programa fue ejecutado por el Ministerio de Vivienda para las familias víctimas del conflicto armado, Cali tenía la necesidad de reubicar  a las que estaban en el Jarillón del Río Cauca porque corrían riesgo debido a la ola invernal. En ese momento el alcalde Rodrigo Guerrero Velasco, compró unas viviendas a la Constructora Bolívar para asignarlas a la población que se iba a reasentar, es decir, a  los posibles damnificados por el invierno.  

La construcción de Llano Verde es una muestra de marcada homogeneización y de la ausencia de una consideración sobre las necesidades de quienes habitan la ciudad. Las casas, de no más de 48 metros cuadrados, tienen una sala-comedor, cocina, patio y dos habitaciones para familias que llegan a estar compuestas hasta por 12 personas. Tanto las casas como las calles no tenían mayores diferencias en su construcción, mientras que la composición de sus habitantes era diversa. 

Según la docente Stephany Vargas, la segregación que se hace en el momento de la construcción del barrio es muy visible porque las personas se distribuyen por manzanas según su procedencia, por ejemplo, una manzana se le asignó a la población desplazada, otra a quienes estaban siendo reubicados y venían del Jarillón del río para salvaguardarse de la ola invernal y las otras manzana se entregaron a excombatientes y a comunidades de otras culturas.  

Estas particularidades ponen en evidencia la lógica de proyectos de este estilo que buscan brindar vivienda a bajo costo para las constructoras, sin tener en cuenta las condiciones de la necesidades de las  familias que van a habitar y demostrando el nulo interés por la construcción de comunidades y tejido social.

“No hubo un proceso de integración comunitaria entre las personas que llegaron a vivir al barrio y personas que vivían en barrios vecinos, sumado a esto, en el barrio juntaron a ex combatientes, indígenas, víctimas  y población en pobreza extrema. Entonces tenemos un cóctel para muchas problemáticas que emergen después de la reubicación”, dice Stephany Vargas. 

Sumado a esto, aunque muchas instituciones han llegado a Llano Verde, su intervención ha sido atomizada. Con nuevos gobiernos llegan nuevos cambios y sin tener en cuenta el avance en proyectos de otras administraciones, se anula la continuidad de los logros. Además, como  las instituciones trabajan por poblaciones, es decir o los negros o los indigenas, esto genera que cada grupo poblacional compita por la atenciòn de las instituciones. Dicha competencia desemboca en conflictos comunitarios y fricción entre los liderazgos. Todo esto sin contar con que a veces las instituciones sólo buscan llenar los listados de asistencia de las jornadas que hacen de servicios.

Llano Verde: reubicación sin integración comunitaria

Un círculo infinito de exclusión

La historia de Cali está marcada por la palabra esclavitud y por el concepto altos hacendados, expresiones que muestran contrastes brutales de violencia y desigualdad, no muy distintos a lo que vivimos ahora, quizás, con otros nombres. Hay que recordar que en la Sultana del Valle hubo asentamiento de esclavistas propietarios de importantes haciendas que, mediante la esclavización, tenían en sus manos el comercio, la ganadería, lo más grave la vida de los negros y su libertad. 

Según los historiadores  Urrea y Candelo, investigadores de las dinámicas  sociopolíticas de los afrodescendientes en el Pacíficopara mediados del siglo XVIII, estos hacendados esclavistas empezaron, poco a poco, a perder su poder gracias a los procesos cimarroneros, de resistencia comunitaria y a partir de la Ley 21 de mayo de 1851, que dio paso a la abolición de la esclavitud en Colombia. 

Cali, por las transformaciones sociales emergentes, empezó un proceso de urbanización y modernización entre el siglo XIX y XX que, sumado a la demanda de producción agrícola, la prosperidad naciente de campesinos negros, el crecimiento de los cultivos de caña para las décadas del 50 y 60 posicionaron a la ciudad como la más importante en el suroccidente del país. También por su dinamismo económico, reflejado en su tamaño poblacional, Cali se convirtió en uno de los principales destinos para los migrantes de todo el país.

La amplia diversidad étnica y raizal, es la mayor riqueza del territorio y también el núcleo de los contrastes más profundos. Es como si esos factores positivos que se esperan de la pluralidad, se convirtieran en una especie de espada de Damocles o taladraran en la dirección opuesta: la de las diferencias sociales y geográficas, esas que se corresponden con las dinámicas y características de asentamientos populares ubicados en las antípodas de la ladera de la ciudad, en la parte alta del distrito de Aguablanca y en la parte plana, contrastando con la Cali industrial, comercial y residencial. 

Estos asentamientos populares están poblados por una amalgama de gente pobre, racializada y excluida, revelando así una ciudad que en su cara muestra los dientes que se clavan profundo en las inequidades que viven sus habitantes repartidos entre la Cali planificada y la Cali empobrecida.

Este costado oriental de la ciudad es el territorio que va a recibir de manera permanente a la población migrante, a la desplazada, a la gente negra, que ve en la ciudad una posibilidad de mejorar sus condiciones ante los embates del capitalismo y de la guerra. En términos concretos, la población afrocolombiana de Santiago de Cali se encuentra concentrada en el oriente de la ciudad. Se convierte en una pintura realista de la pobreza, la estigmatización y el olvido. Un lugar que nadie quiere ver y que se pone en el cuarto de atrás, que en este caso es el Oriente. 

En ese sentido, se recoge el comentario de Barbary en su estudio Gente negra en Colombia, dinámicas sociopolíticas en Cali y el Pacifico, destacando que “la región de Cali tiene la primera concentración urbana afrocolombiana en el país, ya sea como región (Cali-área metropolitana con el sur del Valle) o como ciudad entre las 13 áreas metropolitanas. Por ello, no es arbitrario que hoy en día Cali sea vista como la “capital del Pacífico”.

Intervención estatal intermitente

Para la investigadora Stephany Vargas, es muy preocupante lo que pasa con las comunidades  afrocolombianas, inclusive después del proceso de paz,  ya que aunque los acuerdos se firmaron en el 2016, la diáspora continúa como si la historia fuera cíclica.  Hay que recordar que en la colonización, las comunidades afrocolombianas fueron excluidas de participar en el desarrollo del país y las ciudades, luego con el conflicto armado son despojados forzosamente de sus territorios y sus comunidades, obligadas a llegar a la periferia de las ciudades.

Vargas señala que esto  parte de un proceso, de acuerdo a autores que trabajan estudios afrodiaspóricos, que se debe ver desde el análisis de relaciones de poder, donde ciertos autores coinciden en afirmar que, para las élites resulta conveniente mantener a estas comunidades al margen del Estado y las ciudades, esto para servir a algunos propósitos económicos, para ser controlados, explotados y expropiados continuamennto en su origen y la creencia de que el servicio docente y académico, puede contribuir de alguna manera a Colombia. 

Quizás por esta razón llegó a Llano Verde a trabajar con la comunidad. Después de  cinco años allí, decidió quedarse para trabajar en una investigación junto a la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes), a las universidades Javeriana, Católica y del Valle. La idea era encontrar cómo beneficiar a los jóvenes y participar en organizaciones sociales de base. 

En el año 2021, Vargas juntó a otras investigadores inició el proyecto La construcción de la paz desde abajo y la justicia transicional: una aproximación a los procesos sociales agenciados por jóvenes de AFRODES para la reivindicación de los derechos de las víctimas del conflicto armado en la Urbanización Casas de Llano Verde, comuna 15 de la ciudad de Cali (nombre corto: Paz en Llano Verde).

Como resultado del proyecto, en el libro La construcción de la paz en Llano Verde (Reflexiones situadas sobre la Justicia Transicional, la Educación y las Políticas  Públicas en el  Distrito de Aguablanca)  ofrece un análisis de las prácticas sociales de construcción de paz que dan contenido al modo en que los jóvenes del semillero AFRODES aportan a la realización de la justicia transicional en su territorio. Se trata de una aproximación sucesiva y en proceso que busca articular miradas prácticas y teóricas provenientes del trabajo social, la comunicología, la ciencia política y la administración de empresas, disciplinas y campos de conocimiento que posibilitan una comprensión ampliada de los dramas sociales del tiempo presente.

Los capítulos que componen el libro son el resultado del encuentro con el semillero de jóvenes AFRODES Cali. Este está integrado por jóvenes víctimas del conflicto armado de las comunas 14, 15 y 21 del distrito de Aguablanca, provenientes del Pacífico colombiano, especialmente de los municipios de Buenaventura, Tumaco, Satinga y  El Charco, entre otros. Sus edades oscilan entre los 14 y 28 años y sus familias fueron reubicadas en la Urbanización Casas de Llano Verde en el  2013, en el marco de la implementación del Programa Nacional de Vivienda Gratuita. 

“Después de la masacre de los cinco jóvenes, la docente se unió a Afrodes  convocada por Erlendy Cuero Bravo, Coordinadora de la Asociación, para formular un proyecto de investigación que permitiera visibilizar las realidades de los jóvenes en Llano Verde, y al mismo tiempo, visibilizar las acciones de ellos para trabajar de allí nace en el proyecto Paz en Llano Verde y posteriormente el libro, que es una construcción colectiva entre el Semillero Afrodes, actores de la comunidad y la academia. 

Uno de los hallazgos que deja el libro es que  aunque el acuerdo de paz está pensado para sus comunidades y la población víctima del conflicto armado, el mismo no incluye de manera específica  a los jóvenes. Entonces se  encontraron con  esa visión de paz, que no incluía a los jóvenes, que han sido víctimas,  por lo que es necesario que se reformule la política de víctimas, además de políticas públicas, que deberían incluir  a los muchachos que la guerra ha dejado sin recuerdos y sin raíces, que tratan de vivir en un barrio con múltiples problemas sociales que están saliendo gracias a fundaciones como Afrodes y las comunidad que sigue resistiendo.  

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Por lo menos sus nombres ¡Hasta Encontrarlos!

Opinión

Por lo menos sus nombres ¡Hasta Encontrarlos!

Abril 19 – 2023

Por Pablo Cala
Defensor de Derechos Humanos
Fundación Hasta Encontrarlos

En la rendición de cuentas de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas – UBPD, del 02 de febrero de 2023 en Villavicencio, se presentó a los familiares y a toda la sociedad la cifra consolidada del registro de personas desaparecidas forzadamente y en el contexto del conflicto armado, con la impresionante cifra de 104.602 personas víctimas de este crimen, la cifra varió días después a 104.537. Desde el mismo día empezó a rondar la pregunta de ¿Quiénes son? Por lo Menos Sus Nombres deberían ser de conocimiento público, como una manera de dignificar sus vidas, reconocer por los familiares si entre ellos están sus seres queridos, de poder contribuir con nueva información en su búsqueda sabiendo quiénes son, de que no queden en el olvido y sea una contribución a la verdad y justicia, desde la memoria.

Seguramente que ninguno de nosotros desearía terminar siendo solo una cifra, todos queremos que se nos recuerde, Por lo Menos el Nombre. El derecho al Nombre está vinculado al derecho a la Identidad y es un derecho humano que comprende derechos correlacionados: desde el nombre propio se puede conocer la propia historia filial, se garantiza el reconocimiento de la personalidad jurídica y la nacionalidad. Como todos los derechos humanos, el derecho a la identidad se emana de la dignidad inherente al ser humano, razón por la cual le pertenece a todas las personas sin discriminación, y el Estado está obligado a garantizarlo, esté la persona viva o muerta, mucho más si se encuentra en la condición de desaparecida, donde la incertidumbre de su suerte y paradero hace que Nombrarla se convierta en la primera acción de búsqueda.

El derecho al Nombre e Identidad, se vincula con el derecho a su reconocimiento, a que seamos nombrados, por ello se convierte en una exigencia sustantiva conocer Por lo Menos Sus Nombres, al hablar de 104.537 personas desaparecidas. El Nombre, como derecho inherente a la persona humana, es un signo distintivo que revela la personalidad del sujeto y en tal sentido la Sentencia C-114/17 precisó que el Nombre es (i) un derecho inherente a todas las personas, (ii) un signo distintivo y (iii) una institución de policía que hace posible la identificación y evita la confusión de personalidades. Cuando se nombre a alguien que se conoce, se evoca a la identidad de la persona, su imagen, su comportamiento y en muchos casos su historia de vida, su propia esencia. La Constitución Política, así como el artículo 3º de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos y el artículo 16 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, han establecido el derecho de las personas a que su personalidad jurídica sea reconocida. Ello supone que a todos los seres humanos se les atribuyen elementos que son de su esencia y definen su individualidad. Se trata de atributos de los que se predica su carácter inalienable, irrenunciable, imprescriptible, vitalicio, personal y absoluto.

Por ello, el 21 de febrero fue presentada la solicitud a la directora encargada de la UBPD, Dra. Claudia Isabel Niño Izquierdo, de dar a conocer públicamente del registro de 104 602 personas desaparecidas, por lo menos sus nombres. La solicitud se sustenta en una larga normativa nacional e internacional: desde el artículo 23 de la Constitución Política de Colombia (CPC) y los artículos 13, 14 y subsiguientes de la Ley 1437 de 2011, en concordancia con los artículos 5, 6, 7, 8 y 9 del Código Contencioso Administrativo y la Ley Estatutaria 1712 de 2014, sobre transparencia y derecho al acceso a la información pública nacional, en especial el art. 28, en concordancia con la Ley 1621 de 2013. Así como lo dispuesto en los Artículos 12, 15, 16, 21 y 44 de la CPC y el artículo 14 de la CPC, vinculante con el artículo 3º de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos y el artículo 16 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, en lo concerniente al derecho del reconocimiento al nombre o a la personalidad jurídica, y en concordancia con lo mandatado en el artículo 42 la CPC desarrollado en el Decreto Ley 1260 de 1970, en su Art. 3 y Decreto Ley 1260 de 1979, en sus Art. 52 y 53; y desde el Art. 93 de la CPC con la vinculatoriedad originada en la jurisprudencia de la Corte IDH en desarrollo del derecho a la identidad y al nombre en Caso de las niñas Yean y Bosico Vs. República Dominicana, sentencia del 8 de septiembre de 2005; Caso Masacre de las dos erres vs. Guatemala, sentencia del 24 de noviembre de 2009; Caso Contreras y Otros Vs. El Salvador, sentencia del 31 de agosto de 2011; Caso Gelman Vs. Uruguay, sentencia del 24 de febrero de 2011, para que en los términos de ley se resuelva las peticiones relacionadas con el conocimiento público de los nombres de las 104.602 personas desaparecidas que reportó la UBPD en su rendición de cuentas en Villavicencio, Meta, el 02 de febrero de 2023.

“Por lo Menos Sus Nombres es una exigencia desde la memoria, la de cada persona desaparecida, la de sus familias, sus comunidades y procesos organizativos, de la generación en la que fueron desaparecidos y las nuevas generaciones que deben exigir la erradicación de la desaparición forzada”

En respuesta a esta solicitud se desarrolló una reunión con directivas de la UBPD el 21 de marzo, allí se presentó de manera muy detallada el sistema de información que ha sido utilizado para llegar a esta cifra de 104.537 personas desaparecidas, de las cuales reportan 88.998 personas desaparecidas forzadamente, 12.729 personas secuestradas, 3661 personas reclutadas forzadamente y 3.428 de otros tipos de desaparición. La suma de estas cifras discriminadas es mayor, dado que algunos casos pueden estar cruzados en varias tipologías. Manifestaron varios impedimentos razonables sobre aquella información que no se podría entregar, caso de niños, niñas y adolescentes, de reclutamiento y otras. Al final se presentó el 24 de marzo una insistencia al derecho de petición, solicitando que se entregue Por lo Menos Sus Nombres en los 88.998 registros de personas desaparecidas forzadamente, desde el cruce de la información existente en la Unidad para las Víctimas, el SIRDEC y la propia UBPD, pidiendo a la Registraduría Nacional que coteje estos nombres y documentos de identidad para verificar su existencia y aporten a la memoria de los procesos de búsqueda las fotografías que existen en los registros de cedulación.

Confiamos que la nueva directora, la Dra. Luz Janeth Forero Martínez, sabrá dar una respuesta a estas solicitudes, donde por lo menos sus nombres es la posibilidad de avanzar en los procesos de búsqueda, partiendo de saber a quiénes buscamos. Sería un gran legado que la UBPD entregue a las víctimas y sociedad colombiana, que podría llegar al Centro Nacional de Memoria con la propuesta que todos los 104 537 nombres de personas desaparecidas sean inscritos en las paredes del Museo Nacional de la Memoria.

Por lo Menos Sus Nombres es una exigencia desde la memoria, la de cada persona desaparecida, la de sus familias, sus comunidades y procesos organizativos, de la generación en la que fueron desaparecidos y las nuevas generaciones que deben exigir la erradicación de la desaparición forzada como práctica de eliminar lo diverso, a quien siente y piensa diferente o simplemente como mecanismo de ocultamiento de un crimen, para perpetuar la impunidad.

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Diálogos con el ELN: a examen el modelo económico

Opinión

Diálogos con el ELN: a examen el modelo económico

Marzo 15 – 2023

Por German Ayala Osorio
Analista político 

Al término de un ciclo más de las conversaciones de paz que se adelantan entre el ELN y el Estado colombiano, las delegaciones le presentaron al país la ampliación o la precisión de la agenda de negociación pactada con el gobierno de Santos. Esta se conoce como la Agenda de México. Con una novedad importante: se propone examinar (¿tocar?) “el modelo económico, el régimen político y las doctrinas que impiden la unidad y la reconciliación nacional”.

Sin duda alguna, un cambio sustancial que podría ser el factor que más adelante le servirá a la dirigencia de esa guerrilla, como argumento, para no firmar el armisticio. Parecen olvidar los plenipotenciarios del ELN que fue justamente el mismo régimen el que le impuso a Juan Manuel Santos una línea infranqueable: el modelo económico y el régimen político no se podían tocar durante la negociación política con las Farc-Ep. Y así fue.

Esta agenda de paz tiene dos tonos: uno académico, que, por su redacción y alcances, volverían eternas las discusiones en la mesa de diálogo. Al final, como es propio de la academia, se le entregarían al país sendos ensayos y reflexiones que poco o nada aportarían al objetivo central: ponerle fin a las hostilidades. Y el otro, más político y técnico en el sentido en el que aparecen las políticas públicas como herramientas útiles para transformar las difíciles realidades sociales y económicas que soportan más de 21 millones de colombianos pobres.

Veamos algunos puntos de la agenda. 1. Participación de la sociedad en la construcción de la paz. Este es quizás uno de los puntos más problemáticos. La dirigencia de ese grupo subversivo insiste en mediar en la negociación entre una espectral sociedad civil y el Estado colombiano. En el punto tres, vuelven sobre ese espinoso asunto.

El tono académico aparece justo cuando en estos términos tratan de dar cuenta del objetivo del primer punto. En el documento se lee: “1.1 Un camino para la construcción de una alianza política y social hacia un gran acuerdo nacional. 1.2 En función de identificar las causas de los problemas fundamentales del país, y de proponer iniciativas y procesos que conduzcan a las transformaciones para la paz. 1.3 Un ejercicio democrático de movilización de la sociedad en torno a la planeación, decisión e implementación eficaz de los acuerdos en las regiones y la nación. 1.4 Un ejercicio dinámico y activo, incluyente, pluralista y vinculante que permita construir una visión común de paz que propicie las transformaciones para la nación y las regiones”.

En el tratado de paz de La Habana, se habla de la necesidad de un Pacto político para sacar adelante la implementación de ese acuerdo de paz y lograr las transformaciones que el país demanda. Parecen olvidar los negociadores de ambas partes que Colombia está sobre diagnosticada. Ya hay mediana claridad en torno a cuáles son los problemas estructurales del país, incluido, por supuesto, el factor cultural (el ethos mafioso). ¿Movilizar a la sociedad? ¿Qué sectores y bajo qué premisas? Olvidan que el estallido social dejó ver las enormes fracturas sociales, fruto de un no declarado conflicto interétnico, entre una élite que se cree blanca y que desdice de su proceso de mestizaje y que lidera de tiempo atrás decisiones de política económica e incluso, acciones militares, conducentes a afectar los proyectos colectivos de indígenas, afros y campesinos.

En el punto 2, el tono academicista se mantiene y aparece el talante político. 2. Democracia para la paz. “2.1 Revisar y fomentar la participación y las decisiones de la sociedad en los problemas que la afectan, y que puedan materializarse en instrumentos de política pública eficaces en los territorios urbanos y rurales. 2.2 Examinar, desde una perspectiva democrática, el modelo económico, el régimen político y las doctrinas que impiden la unidad y la reconciliación nacional. 2.3 Evaluar el tratamiento que se le da a los conflictos políticos, sociales y ambientales en función de la construcción de la paz”.

Es en este punto en donde la pita de la paz muy seguramente se enredará. ¿Qué pasará cuando se termine la tarea planteada en el punto 2.2? Es decir, una vez examinados los asuntos del modelo económico, del régimen político y de las doctrinas que impiden la reconciliación nacional, la conclusión los llevará a decir que es urgente hacerle ajustes al modelo económico y al propio régimen político. Y ahí entonces, los voceros del ELN se levantarán de la mesa, para luego volverse a sentar en otra, después de otros “10 mil muertos”.

“…tengo mis reservas frente al real convencimiento de la dirigencia de esa guerrilla. Su estructura confederada y su insistencia en ir haciendo los cambios al tiempo que se negocia, y su papel como mediadores, generan muchas dudas.”

El punto problemático de la participación de la sociedad vuelve, como ya dije, a aparecer en el punto 3. Transformaciones para la paz. Y el tono político- técnico hace pensar en que es posible llegar a un acuerdo de paz con esa guerrilla, a pesar de que en repetidas ocasiones sus voceros dejaron entrever que los tiempos de la paz son distintos y que la guerrilla no tendría ningún afán de firmar un acuerdo de paz. A lo que se sumó su incredulidad frente a los proyectos productivos, a las curules entregadas a las Farc en el Congreso y la siempre problemática dejación de las armas.

El punto 3.1 Propuestas elaboradas por la sociedad y sustentadas en los resultados del punto 2 de esta agenda (Democracia para la Paz). 3.2 Políticas públicas tendientes a superar la pobreza, la exclusión social, la corrupción y la degradación ambiental, en búsqueda de la equidad. 3.3 Planes de desarrollo alternativos integrales en territorios urbanos y rurales, incluyendo los planes de vida y planes de etnodesarrollo, que constituyan opciones económicas, productivas y sustentables en beneficio de las comunidades. 3.4 Políticas, planes y programas que superen el conflicto agrario histórico, relativos al ordenamiento ambiental y territorial dirigidos a la recuperación sostenible y productiva de los territorios urbanos y rurales, la restauración y protección de la Madre Tierra. 3.5 Pactos sociales que consoliden los acuerdos y una pedagogía y comunicación hacia una cultura de paz. 3.6 El plan integral de transformaciones se articulará y armonizará con los planes nacionales de desarrollo.

Superar la pobreza estructural del país no depende exclusivamente del diseño de políticas públicas. Involucra, claro está, el fortalecimiento del aparato productivo que deviene no solo débil, sino que, en materia ambiental, cultural, ecológica y social, deviene insostenible, porque en buena parte depende de las rentas que producen actividades agro-extractivas (minería a gran escala, ganadería extensiva de baja producción y las grandes plantaciones dedicadas a producir agrocombustibles).

Si miran con cuidado el Plan Nacional de Desarrollo que el gobierno de Gustavo Petro presentó al Congreso para su aprobación, se plantea hacer un ordenamiento territorial fundado en el agua. Más bien se trataría de un reordenamiento territorial que implicaría negociar con terratenientes, ganaderos y empresas mineras, sus actividades, lo que debería abrir la puerta para salvar los proyectos de vida colectiva y de producción de alimentos, de indígenas, campesinos y afros.

Esta misma agenda ya la había sometido a una crítica similar. Lo realmente nuevo en esta versión es cuando se dice que se va a examinar el modelo económico, el régimen político y las doctrinas que impiden la reconciliación y la vida democrática en este país. Estamos de acuerdo en que el modelo económico debe sufrir ajustes. Si se mira el manejo macroeconómico del actual gobierno, nos damos cuenta de que Petro está siguiendo la ortodoxia económica en particular a los asuntos de la regla fiscal. Sobre el régimen político hay que decir que, si bien sufrió una derrota electoral, su vigencia y poder siguen intactos, tanto así que al mismo presidente de la República le tocó negociar su gobernabilidad con el más influyente y temido agente del Establecimiento colombiano: el súb judice ciudadano, Álvaro Uribe Vélez.

Ojalá se avance en la negociación con el ELN. Por las comunidades que afecta su operación militar, todo esfuerzo político por parar las hostilidades y el desplazamiento forzado, vale la pena hacerlo. Eso sí, tengo mis reservas frente al real convencimiento de la dirigencia de esa guerrilla. Su estructura confederada y su insistencia en ir haciendo los cambios al tiempo que se negocia, y su papel como mediadores, generan muchas dudas.

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Reforma a la Salud, Estado y ethos mafioso

Opinión

Reforma a la Salud, Estado y ethos mafioso

Febrero 22 – 2023 

Por German Ayala Osorio
Analista político 

En las acaloradas discusiones en torno a la propuesta de reforma a la salud presentada por el gobierno de Gustavo Petro, sobresale un asunto clave: el pánico a que el Estado tenga el monopolio de la prestación de los servicios de salud. Nadie puede desconocer que el Estado colombiano tiene problemas para copar el territorio y hacer presencia institucional, efectiva, legítima y eficiente, en todo el territorio nacional; a lo que se suma que no es un referente de moralidad para sus ciudadanos. Como tampoco se pueden negar los problemas que los usuarios padecieron con el antiguo Seguro Social (ISS), institución y sistema que terminó mal por responsabilidad de médicos que preferían atender sus consultorios privados, que a los usuarios y por la corrupción de políticos inescrupulosos que metieron sus garras en las finanzas del sistema.

Fue de tal magnitud, que hoy sirve de argumento a los opositores de la reforma para asustar a los clientes que han padecido los “paseos de la muerte” y las demoras en la prestación de los servicios médicos de parte de las EPS. Así se haya avanzado en cobertura y calidad, ambos sistemas comparten la corrupción, la desidia y la falta de rigor profesional en toda la cadena de prestación de los servicios de salud.

Ese miedo al Estado, explicable por demás, esconde unas circunstancias culturales y humanas que no se pueden soslayar: ese Estado, paquidérmico, ineficiente, ineficaz y corrupto ha sido operado y es operado aún por seres humanos (técnicos, tecnólogos y profesionales) que llegaron a cargos de dirección y operativos gracias a políticos profesionales y a concursos que debieron fundarse en la evaluación transparente de las hojas de vida. Muchos de esos concursos fueron manipulados por políticos. Entonces, cuando se pretende asustar a la gente diciendo que está muy mal que el Estado tenga el monopolio de la prestación de los servicios de salud, de manera directa se está descalificando a los servidores públicos (incluidos contratistas) que hacen parte del sector salud y de la administración de los billonarios recursos.

No he escuchado a funcionarios públicos de carrera salir a defender los servicios médicos del Estado y la capacidad instalada para asumir los cambios que se proponen en la discutida propuesta de cambio a la ley 100 de 1993 y a las lógicas que logró imponer el ethos mafioso que penetró al sistema de salud y en particular el que guió a varios empresarios a montar EPS, prestar los servicios de intermediación por un tiempo, para luego declararse en quiebra o esperar la intervención de la Superintendencia del sector y por ese camino, no responder por desfalcos y malos manejos de los recursos públicos.

La no defensa del Estado se desprende, como valor moral y ético, de la naturalización del espíritu neoliberal que hizo posible el debilitamiento de las instituciones públicas y su consecuente aborrecimiento por parte de los ciudadanos. Si el Estado es inoperante y corrupto se explica porque hay funcionarios ineptos, incapaces y deshonestos a los que poco o nada les dice el concepto “servidor público”. Muchos de estos, puestos en cargos públicos por políticos inescrupulosos (presidentes, congresistas, concejales, asambleístas, alcaldes y gobernadores) que desdicen de lo público- estatal, pero que desde las entrañas del Estado lo debilitan para sacar réditos económicos y políticos, gracias a las transacciones que logran hacer con ciudadanos (empresarios y miembros de la élite dominante) que buscan capturar a las instituciones estatales para ponerlas a su servicio.

Así, el Estado inoperante es el resultado de políticos profesionales y conciudadanos corruptos e incapaces que, con enorme desidia, lograron consolidar y naturalizar la idea de que todo lo público-estatal no sirve, lo que significa que lo privado es lo único que sirve porque quienes están en ese sector, son honestos y probos, cuando ya el país vio como se quebraron EPS por los manejos irregulares y mafiosos de varios de sus gerentes.

Entonces, el problema no está en el monopolio estatal de la salud. El problema está en que la sociedad colombiana deviene confundida moralmente. El ethos mafioso guía nuestras vidas, herencia de una clase dirigente, política y empresarial cuyos miembros en su mayoría son corruptos, sucios y criminales. Los casos pululan. La negociación de la reforma a la ley 100 de 1993 se dará en función de los intereses privados que tienen varios de los congresistas que discutirán la propuesta de ajuste; y claro, vendrá el lobby de los dueños y accionistas de las EPS que dominan el mercado, porque no están dispuestos a dejar de manejar los billonarios recursos que el Estado les gira por cada paciente atendido en las IPS (hospitales públicos y clínicas privadas).

El demonio de la corrupción y del ethos mafioso que se naturalizó en Colombia entre 2002-2010 está en la sociedad, en cada uno de nosotros. La operación del Estado responde a nuestras prácticas omisivas y corruptas. El Estado es apenas la estructura institucional cuyos cimientos están hechos de avaricia, hambre de poder y de la evidente insolidaridad e indolencia de aquellos que le prestan un mal servicio al público.

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Reforma a la Salud, protestas del Uribismo y la calle como escenario del diálogo

Opinión

Reforma a la Salud, protestas del Uribismo y la calle como escenario de diálogo

Enero 25 – 2023

Por German Ayala Osorio
Analista político 

Solo quienes decidieron dar sentido a sus vidas soportadas en un ya entronizado ethos mafioso, se atreven a desconocer que la corrupción es el mayor problema social y político del país. El principal líder del uribismo, Álvaro Uribe Vélez, jamás se quejó de la corrupción pública y privada. En su mendaz relato, solo atinó a defender ideas vacías como “Estado austero, cohesión social e inversión extranjera”.

Ahora que sus áulicos sienten pasos de animal grande por el interés del gobierno de Gustavo Petro de desenmarañar la red de corrupción que, por largos años, cubrió el manejo de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), al Sistema de Salud y la contratación de la Ruta del Sol (caso Odebrecht), entonces orquestan un Paro Nacional, al tiempo que otros palaciegos (con y sin uniforme militar) intentan ambientar un golpe de Estado, o por lo menos, generar una crisis de legitimidad que provoque y legitime el levantamiento armado.

Aunque es un error del gobierno y de la ministra Carolina Corcho no entregar el proyecto de reforma a la salud a todos los actores involucrados, no es posible defender a capa y espada, como lo hace el uribismo, a las EPS, convertidas en nidos clientelares en las que se instaló el ethos mafioso, esto es, todas las prácticas torcidas para desangrar las finanzas públicas y por ese camino, enriquecer a unos pocos. Es innegable que con la Ley 100 del 93 se aumentó la cobertura, pero también es cierto que se pauperizó el trabajo de los médicos y del resto del personal de salud. Las quejas constantes de los usuarios en contra de las EPS convirtieron el acceso a la salud en un calvario para cientos de ciudadanos que vieron morir a familiares en el paseo de la muerte o por la espera de una cirugía que jamás se autorizó.

El argumento que esgrimen quienes no tienen de qué quejarse del servicio, no puede usarse para ocultar las prácticas corruptas de las EPS al momento de exigirle al Estado el reembolso de los dineros invertidos en los pacientes atendidos.

Y así como se equivoca la jefa de la cartera de salud al evitar la lectura previa del proyecto de reforma, también lo hace el presidente Petro al invitar a que las reformas (laboral, pensional y de la salud) que se avecinan, sean discutidas en la calle. Por más ejercicio de democracia directa que se considere, en las actuales circunstancias y ante el interés de Álvaro Uribe, del Centro Democrático y de sus áulicos de desestabilizar al país, discutir dichos proyectos en la calle podría salir mal. Hay asuntos técnicos cuya complejidad superaría la capacidad de discusión de quienes están dispuestos a defender a dentelladas, si es necesario, el proyecto político que orienta Gustavo Petro.

Las reacciones del uribismo eran previsibles y son comprensibles en la medida en que llevan más de 20 años privatizando el Estado y pauperizando la vida laboral de millones de colombianos. Como agentes defensores del modelo neoliberal, Uribe Vélez, Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, entre otros más, las reformas propuestas por el actual gobierno no les son de buen recibo no solo por las diferencias ideológicas, sino porque detrás hay una lucha burocrática entre lo que se conoce hoy como el petrismo y el rancio uribismo, con una diferencia sustancial: Gustavo Petro cree que es posible que el Estado colombiano opere orientado bajo la filosofía de los viejos Estados de Bienestar europeos; mientras que sus contradictores políticos solo piensan en mantener el carácter corporativo del Estado, lo que supone mantener las condiciones de inequidad, concentración de la riqueza y del poder en pocas manos.

Las marchas convocadas para el 14 de febrero y primero de mayo por ambos bandos, no pueden reducirse a la permanencia en el tiempo de la llamada “polarización” social y política. Por el contrario, son la expresión clara de dos proyectos distintos de asumir el Estado y la vida en sociedad.

Aunque no creo que se dé el golpe de Estado en Colombia, lo que sí es posible que ocurra—si es que ya no está ocurriendo- es que poderosos agentes económicos de la sociedad civil orquesten acciones de parálisis de estratégicas actividades a partir de la aprobación en el legislativo de las reformas a la salud, laboral y pensional que busca el actual gobierno. Podrían intentar repetir lo que sucedió en Chile en 1973 cuando ganó las elecciones Salvador Allende.

Vuelvo e insisto: las elecciones regionales podrán ser un “parte aguas” en la gobernabilidad del gobierno de Gustavo Petro. Si el Pacto Histórico no se hace a las principales alcaldías y gobernaciones y consolida su proyecto político y social en las periferias, la capacidad de maniobra del gobierno se verá dramáticamente reducida. Y en esas condiciones, el uribismo podría dar el zarpazo.

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Alejandra Pizarnik: la última escritora maldita 

Reseñas literarias

Alejandra Pizarnik: la última escritora maldita 

Junio 24 – 2023 

Por María Josefa Avilés Ch.

La obra poética de Alejandra Pizarnik, poetisa argentina, es de la corriente neo surrealista. Flora Alejandra pizarnik fue una poeta, ensayista y traductora argentina, estudió filosofía y letras y pintura en la Universidad de Buenos Aires y junto a Juan Batlles Planas.
En 1960 se instaló en París, donde trabajó como traductora y estudió literatura e historia en la Sorbona.

Hablar sobre la poesía de Pizarnik, una de las últimas escritoras suicidas, es sumergirse en una poesía marcada de nostalgia, inestabilidad y melancolía. Sus poemas son un retrato al dolor, el sufrimiento y la muerte. Su obra muy particular porque sus poemas se convierten en breves espacios de reflexión y la búsqueda de su identidad. Su poesía autobiográfica la han hecho convertirse en una de las últimas poetas malditas. En sus textos demuestra ansiedad y tristeza, algo que padeció toda su vida.

Alejandra Pizarnik volcó su dolor y depresión en sus poemas, la búsqueda de su identidad fue algo constante en su vida ya que era hija de inmigrantes judíos ucranianos. Ellos, sus poemas, se convirtieron en su mayor herramienta y en ellos podemos observar cómo, también, son un culto a la palabra. Pizarnik revela la oscuridad de cada palabra y cada verso “La poesía es el lugar donde todo sucede”

La literatura en la vida de la escritora se nos muestra como un arma de doble filo que, al mismo tiempo, puede curar o producir heridas. Cuando leemos sus poemas podemos sentir el dolor y el sufrimiento, hay que tener en cuenta que la vida de Alejandra Pizarnik no fue nada fácil: tartamudeaba y sufría de asma, lo que le ocasionó problemas de autoestima ya que sus padres también comparaban Alejandra con su hermana Mirian.

En 1958 escribe en su diario:
“He tenido yo una infancia? No, creo que no. No tengo ni un recuerdo bueno de mi niñez… el sólo hecho de recordarlo me cubre de cenizas la sangre, sólo algunas angustias, algunos sucesos lamentables, sobre todo lamentablemente sexuales”

En París conoció a Julio Cortázar con el que haría una gran amistad hasta su muerte y quien le habría pedido a Alejandra que transcribiera su manuscrito rayuela a máquina. Trabajo que ella acepta con gusto, pero el caos de su departamento hizo que perdiera el manuscrito al encontrarlo se lo devolvió a Julio Cortázar para que se lo entregara a alguien más, rumores hablan que el personaje de la maga de rayuela está inspirado en pizarnik eso nunca lo sabremos.

Su estilo poético se desarrolló del simbolismo francés de autores como Arthur Rimbaud y el conde de Lautreamont, pero estaba dentro de la corriente neo surrealista porque manifiesta un espíritu de rebeldía que termina con el auto aniquilamiento. Así son sus poemas: muchas veces carentes de énfasis y ausentes de forma. Su ´poesía es un diario. Tuvo otras influencias como lo fueron Emily Dikinson, Franz Kafka y Lewis Carol entre algunos.

La editorial lumen reunió la totalidad de la obra poética de la escritora. Uno de los temas centrales de su obra es la locura, escribió 7 poemarios en su totalidad los cuales son

• La tierra más ajena 1955
• La ultima inocencia 1956
• Las aventuras perdidas 1958
• El árbol de diana 1962
• Los trabajos y las noches 1965
• La extracción de la piedra de la locura 1968
• El infierno musical 1971

La muerte de su padre en 1967 precipita sus problemas mentales y agudiza su dependencia a diferentes barbitúricos ya recetados. En 1970 comienza alejarse y tener una vida sombría así llega el primer intento de suicidio y así es internada en un centro psiquiátrico. Pero un 25 de septiembre de 1972 muere de una sobredosis intencional de seconal a la edad de 36 años la autobiografía de su escritura la hizo trascender como una poeta maldita.

violencia y la injusticia que se ha extendido por la sociedad en la que vive su experiencia como médico rural en distintas zonas de Egipto, como testigo de la prostitución, de los asesinatos por razones de honor, de los abusos sexuales, además de la ablación, que ella misma sufrió de niña, la impulsaron a dar testimonio de todo este sufrimiento.

Con claridad y precisión detecta y analiza las causas de esta situación y describe el papel histórico de la mujer árabe en la religión y la literatura. Para la autora, el velo, la poligamia y la falta igualdad entre hombres y mujeres ante la ley son incompatibles con el islam y con cualquiera de las otras religiones.

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Libros escritos por mujeres y que han sido prohibidos o descatalogados

Reseñas literarias

Libros escritos por mujeres y que han sido prohibidos o descatalogados

Febrero 26 – 2023 

Por María Josefa Avilés Ch

Hay libros que tenemos que leer una vez en la vida, ya por que han sido prohibidos o descatalogados. Pero lo más importante es porque han sido escritos por mujeres. Sabemos que algunas de las mejores obras de la literatura universal han sido escritas por mujeres y aquí daremos una mirada algunos de eso libros que he recopilado en una obra, en una pequeña investigación y en que veremos de todo un poco.

La Cara oculta de Eva

La principal feminista árabe y la primera en denunciar en sus libros la mutilación de las mujeres. La cara oculta de Eva es un clásico de la literatura árabe moderna. Denuncia la opresión que sufren las mujeres en el mundo islámico y, con unos nuevos prólogos y epílogos mantiene su vigencia más de veinticinco años después de su publicación.

Nawai El Sadawi relata de manera impactante la violencia y la injusticia que se ha extendido por la sociedad en la que vive su experiencia como médico rural en distintas zonas de Egipto, como testigo de la prostitución, de los asesinatos por razones de honor, de los abusos sexuales, además de la ablación, que ella misma sufrió de niña, la impulsaron a dar testimonio de todo este sufrimiento.

Con claridad y precisión detecta y analiza las causas de esta situación y describe el papel histórico de la mujer árabe en la religión y la literatura. Para la autora, el velo, la poligamia y la falta igualdad entre hombres y mujeres ante la ley son incompatibles con el islam y con cualquiera de las otras religiones.

La Estirpe de Lilith y la parábola del sembrador

Octavia Estela fue una escritora estadounidense de ciencia ficción. Recibió tanto el premio Hugo como el premio Nébula en más de una ocasión. En 1995 se convirtió en la primera escritora de ciencia ficción en recibir el título Genius de la fundación Mac Arthur.

La Estirpe de Lilith título que reúne la trilogía Xenogénesis en un solo volumen, vuelve a revindicar a Octavia E. Butler. 

Lilith Iyapo despierta en una nave espacial Oankali, la raza alienígena que salvó a la humanidad de la extinción después de que la tierra quedara devastada a causa de una guerra nuclear. Estos seres, los Oankali, han mantenido a Lilith y a otros supervivientes dormidos en animación suspendida durante siglos. Ella será la elegida para guiar a los suyos de vuelta a su propio planeta.

La mano izquierda de la oscuridad 

La mano izquierda de la oscuridad es una novela de ciencia ficción publicada en marzo de 1969. La luz es la mano izquierda de la oscuridad y la oscuridad es la mano derecha de la luz. Las dos son una, vida y muerte juntas como amantes en kemmer, como manos manos unidas, como el término y el comienzo. Este es un clásico de ciencia ficción y una obra de fantasía feminista.

El Color Púrpura 

El Color Púrpura es una novela epistolar de 1982 de la autora estadounidense Alice Walker que ganó el premio Pulitzer de ficción 1983. Esta es la historia de dos hermanas norteamericanas de raza negra. Una de ellas, Netti, ejerce como misionera en áfrica y Celia vive en el sur de los Estados Unidos, casada con un hombre al que odia y abrumada por la vergüenza de haber sido violada por quien cree que es su padre. A lo largo de treinta años ambas mantienen el recuerdo y la esperanza de reencontrarse y vuelcan sus sentimientos en unas cartas.

Orlando

Orlando una biografía, es la sexta novela de Virginia Wolf publicada el 11 de octubre de 1928. Se trata de una obra biográfica sobre la vida de su amigo y amante vita, está obra es un antes y un después por lo que significó para el feminismo.

Estos son algunos libros que en su momento fueron prohibidos en ciertas partes y otros fueros descatalogados para luego ser rescatados por nuevas editoriales. Para saber más de las razones por las que las magníficas escritoras como Úrsula Leguin y Octavia Bluter desaparecieron de las librerías, la respuesta es muy fácil: eran mujeres que escribían ciencia ficción, un género que en el momento solo pertenecía a los hombres, pero gracias a Planeta y al Sello Minotauro, tenemos la oportunidad de leer a estas magnificas escritoras

El libro La Cara oculta de Eva fue prohibido en diferentes países de la zona y la escritora perdió su empleo y fue exiliada. 

En cuanto al Color Púrpura, El Cuento de la Criada, Orlando y La Nada fueron prohibidos en ciertos lugares pero que ahora podemos encontrar en las librerías e incluso, adaptados a series de televisión. Pero la pregunta que tenemos que hacernos es ¿por qué prohibir o censurar libros escritos por mujeres? La verdad no tiene ningún misterio: las mujeres hemos sido oprimidas durante mucho tiempo así que ser mujer y ser escritora era algo y sigue siendo muy difícil en un mundo patriarcal en el que tenemos que luchar un espacio en oficios que parecen ser solo para hombres.

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Resultados del Primer Informe del Comité de Seguimiento y Monitoreo de la implementación de las Recomendaciones de la CEV

Reportajes

Resultados del Primer Informe del Comité de Seguimiento y Monitoreo de la implementación de las Recomendaciones de la CEV


Por Lisa Trujillo Laguna*  Me dicen La Negra
Especial para Hechoencali.com 

El Comité de Seguimiento y Monitoreo a la implementación de las recomendaciones del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, entregó su primer informe temático el pasado 26 de julio, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá.

Ha pasado un año desde que el padre Francisco de Roux hizo entrega del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), en cumplimiento del punto 5 del Acuerdo Final de Paz firmado entre el Estado colombiano y las FARC-EP.

A través de 11 textos, producciones audiovisuales, podcast y canciones, la CEV hizo un esfuerzo por presentar las razones, vejámenes, e impactos que tuvo el conflicto armado interno. El equipo convocado por la Comisión realizó más de 2000 entrevistas en territorio, y recogió un sin número de informes e insumos de Organizaciones de la Sociedad Civil, para intentar reconocer y explicar formal e institucionalmente la verdad de lo que pasó durante la guerra en Colombia.

Así pues, la Comisión de la Verdad, como parte del Sistema Integral para la Paz, en un plazo de 5 años, logró entregar 67 recomendaciones con enfoque diferencial, dirigidas a entidades del Estado, pero también a la sociedad civil, pues la construcción de una paz estable y duradera es un compromiso de cada persona que ocupa el territorio nacional.

Una vez entregado el Informe Final en junio de 2022, entró en funcionamiento el Comité de Seguimiento y Monitoreo de las Recomendaciones de la CEV: 

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El Informe Final entregado por la Comisión de la Verdad marcó un hito histórico para Colombia, no porque fuera la primera vez que se exponen las causas del conflicto, pues la radiografía de la violencia en nuestro territorio ha sido contada por artistas, organizaciones defensoras de derechos humanos, víctimas y líderes en un sin número de ocasiones. Lo realmente valioso en este caso, es que las recomendaciones están ligadas en un 58% al Acuerdo de Paz, además son coherentes y están ligadas a la Constitución de 1991 y con algunos Tratados Internacionales ratificados por el Estado, por lo tanto, son de obligatorio cumplimiento. Aunque sólo ha transcurrido un año, el impacto de las Recomendaciones provenientes del Sistema Integral para la Paz, se ha dejado ver en distintos escenarios. De la voz de Julia Eva Cogollo, turbaquera y miembro del CSM escuchamos uno de los avances más significativos.

De allí la importancia de las acciones del Comité de Seguimiento y Monitores (CSM). En su primer año adelantó la sistematización y codificación de las Recomendaciones de la CEV, de la mano con el Centro Internacional para la Justicia Transicional, se formuló una guía de implementación para el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y una propuesta para incorporar las recomendaciones en el Sistema Integrado para el Posconflicto; además se ha propendido por fortalecer el diálogo con las organizaciones de víctimas, sociales y la academia para el análisis de los retos relacionados con el seguimiento, así como el diseño de procesos de participación e incidencia ciudadana.

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Las solicitudes de información realizadas por el CSM, han dejado en evidencia el conocimiento limitado que tienen los entes territoriales sobre las recomendaciones, por eso el Comité hace un llamado para que se fortalezca el diálogo entre el Gobierno Nacional y las administraciones locales, que permitan llevar procesos de educación y comunicación a los funcionarios y líderes, pues en este momento es crucial la implementación de las recomendaciones en los nuevos Planes Territoriales de Desarrollo de municipios y departamentos.

El primer informe temático del Comité de Seguimiento y Monitoreo

Durante la mañana del 26 de julio del 2023, los directores del Sistema Integral de Paz, compuesto por la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), entregó su primer informe temático a Carmen Rivera Sousa, representante de la Mesa Distrital de Víctimas.

El Comité de Seguimiento y Monitoreo tiene una vigencia de 7 años, en los cuales debe insistir en el diálogo con las entidades competentes para la formulación de Políticas Públicas que aseguren el cumplimiento de las Recomendaciones de la CEV en el territorio nacional, esto con el único objetivo de garantizar la No Repetición de los hechos victimizantes del conflicto.

Dicha tarea no ha sido del todo fácil, pues el CSM no cuenta con los recursos técnicos y financieros necesarios para la estrategia de comunicaciones diferenciada para zonas urbanas y rurales, sumado a la persistencia del conflicto armado en algunos territorios.

Sin embargo, y con el reloj apresurando la ejecución de las acciones necesarias, el CSM enfocó sus esfuerzos en desglosar las 67 Recomendaciones de la CEV para articularlas a través del Departamento Nacional de Planeación -DNP- y que fueran integradas al Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2022-2026 “Colombia Potencia Mundial de la Vida”.

En un primer momento el Gobierno de Gustavo Petro propuso en las bases del PND (artículo 8), que fuera el Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), quien especificara los roles, lineamientos y responsabilidades de las entidades competentes para la implementación de las recomendaciones de la CEV. Esto no prosperó en los debates del Congreso de la República.

A pesar de que “las recomendaciones tienen una obligatoriedad jurídica, ética, moral e histórica” (CSM 2023), el Senado de Colombia no aprobó el artículo 8 del PND, y en la conciliación se eliminó del texto final. Esto no quiere decir que la implementación de las recomendaciones quedó por fuera del Plan Nacional de Desarrollo, pues la estructura del proyecto de ley incluía 39 recomendaciones articuladas sus 5 grandes ejes: Derecho Humano a la Alimentación, Ordenamiento del​ territorio alrededor del agua, Seguridad Humana, Economía productiva para la vida y lucha contra el cambio climático y Convergencia regional.

El PND que sancionó la Presidencia de la República, sólo logró incorporar 14 de 39 recomendaciones, es decir solo el 20.89% de la propuesta inicial. El impacto será alrededor de:

Construcción de paz: fomentar la integración del Acuerdo Final de Paz, garantizar la seguridad de los excombatientes, fortalecer el rol del Consejo Nacional de Paz, dar prioridad al diálogo para la confrontación armada. Víctimas: Implementar una reparación integral, establecer una política de memoria y verdad, fomentar la búsqueda de personas desaparecidas.

Democracia: Crear un estatuto de derechos y garantías para organizaciones y movimientos sociales. Hacer ajustes para la igualdad de género, la seguridad y la vida libre de violencia para mujeres y población LGTBI.

Narcotráfico: Transitar hacia una regulación legal con enfoque de DD.HH, salud pública y racionalizar el uso de la acción penal.

Paz territorial: Diseñar e implementar una estrategia de desarrollo territorial sostenible para la equidad y la paz territorial; promover el acceso equitativo y democrático a la tierra, revertir la alta concentración de tierras.

Población LGTBIQ+: Diseñar mecanismos de coordinación interinstitucional para la formulación, definición y monitoreo de rutas, procesos y procedimientos de prevención, atención a casos de violencia contra personas con orientaciones sexuales.

El Comité de Seguimiento y Monitoreo en este primer informe resaltó la voluntad política del Gobierno de Gustavo Petro, y su compromiso con la implementación de las Recomendaciones de la CEV, además expresó su preocupación por los obstáculos impuestos por aquellos senadores que son detractores del Acuerdo de Paz, por tanto de los resultados entregados por la Comisión, pero también hizo un llamado a la sociedad colombiana para que se apropie de las recomendaciones, pues la implementación está en manos y principalmente del Pueblo, quien debe exigir a los gobiernos actuales y venideros el cumplimiento de las acciones dispuestas para que en Colombia se pueda vivir en paz.

La paz es tejido constante a varias manos, una conversación diaria que no tiene fin.

*Lisa Trujillo es Periodista y Comunicadora Popular. Trabaja para la Revista Tribuna Cultural y hace parte del equipo del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda 

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La Sociedad Civil en los diálogos de paz con el ELN

Reportajes

La Sociedad Civil en los diálogos de paz con el ELN


Agosto 4 – 2023

Por Jorge Luis Galeano con apoyo de Juan David Acevedo

“La Paz no es sólo el silenciamiento de los fusiles” repitieron muchas veces para explicar que una organización que lucha por la vivienda digna en Cali y otra que trabaja con Iglesias cristianas en el Oriente de la ciudad, estén buscando aportar en los diálogos entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional -ELN- que pronto iniciará su tercer ciclo de conversaciones.

Estas organizaciones y otras, se reunieron en Cali para poner en discusión temas fundamentales que deberían ser incluídos en este nuevo proceso de paz. La mirada con perspectiva de género, la lucha por el territorio, la vida digna en las ciudades, organizaciones de estudiantes, entre otras, participaron en el encuentro realizado en la Universidad del Valle, con la aspiración de que en la Mesa de Diálogo con el ELN se incluya la atención a los conflictos urbanos que también impiden la consolidación de una paz verdadera.

Durante esa reunión, denominada Juntanza por la Paz, se discutieron varios ejes, pero se priorizaron tres: enfoque de género, diversidades y disidencias sexuales; antimilitarismo y derecho a la ciudad con énfasis al territorio y vivienda. No como únicos temas, sino con los que iniciaría la participación de la sociedad civil en los diálogos, al menos, desde Cali.

Así lo explica Sara Vásquez de la organización Ciudad en Movimiento

“La idea de estos espacios es poder posicionar la visión que tenemos para la construcción de paz alrededor de dichos ejes. Mirar propuestas que permitan fortalecer los mecanismos de participación que se abordarán en el Comité Nacional de Participación y disputas que nutran la agenda de transformaciones propuesta en el Acuerdo de la Mesa de Diálogos” añade Sara Vásquez.

Ella menciona al Comité Nacional de Participación que es una instancia creada en la Mesa de Diálogos ELN-Gobierno y que coordinará, justamente, la forma en la que las inquietudes, propuestas y apuestas ciudadanas se vincularán al proceso de paz. Para hacer parte de este Comité, que ya fue instalado el 3 de agosto en Bogotá, la Juntanza por la Paz fue clave porque alimenta la agenda de las organizaciones sociales y sus razones de lucha.

Una de estas organizaciones que desde Cali, pone en la agenda el tema de la vivienda digna es La Minga Cali y Boris Delgado, uno de sus integrantes, dice que la paz sin justicia social no es una verdadera paz y por eso, incluir asuntos como la tierra y la vivienda digna en las ciudades para la población empobrecida es fundamental en cualquier proceso de reconciliación. “Como organizaciones sociales creemos que la lucha por el derecho a la vivienda digna, a la ciudad, a la soberanía alimentaria es muy importante y por eso estamos acá, apoyando estos diálogos porque creemos en la paz” termina Delgado.

En la Juntanza por la Paz también participó el Gobierno Nacional, a través del delegado Carlos Rosero, al igual que Claudia Rodríguez, delegada de la Gestoría de Paz del ELN quien, entre otras cosas, hizo un llamado para hacer propuestas de transformación a los problemas que tiene Colombia y añadió “Empoderémonos desde este sector de los históricamente excluidos, con esta agenda de transformaciones de vamos a plantear para consolidarnos en una alianza social y política fuerte para concretar un pacto de carácter nacional”.

El Comité Nacional de Participación

La Juntanza por la Paz realizada en Cali se hizo en preparación a lo que fue la instalación del Comité Nacional de Participación, llevada a cabo el 3 de agosto en Bogotá. A este acto asistieron el Gobierno de Colombia, la Delegación de Paz del ELN y representantes de varias organizaciones sociales de todo el país que buscan alimentar la agenda de paz con sus luchas y reivindicaciones. Esta instancia tiene el reto de diseñar la metodología que facilite la participación de la sociedad civil en la Mesa y para ello realizará varios encuentros en todas las regiones del país que buscan recoger, justamente, los temas que son relevantes en cada una de ellas.

Juliana Ramírez, vocera de Ciudadanías para la Paz y delegada para el Comité, dice que “la participación de la sociedad civil va a arropar el proceso del Gobierno con el ELN porque así se logra que las transformaciones ayuden a avanzar hacia la paz y no al contrario”. De igual forma asegura que dicha participación debe ser vinculante y con concreciones territoriales.

El encuentro realizado en Cali se sumó a uno que se había hecho previamente en Medellín y se planean otros y así lo cuenta Juliana Ramírez.

En la instalación, Jimmy Erney Peña del pueblo Totoró del Cauca, dijo que la propuesta de inclusión de las comunidades es muy importante porque “los problemas en sí, están en los territorios porque en el pasado proceso con las Farc, la negociación se hizo entre el Gobierno y los cabecillas. Se necesita llegar a los territorios para desde ahí construir paz”.

El reto es grande porque se pretende abarcar la mayor cantidad de iniciativas y agendas territoriales que logren consolidar una paz integral en toda Colombia y por eso el Comité Nacional de Participación está integrado por 81 organizaciones de 30 sectores que hacen parte de las comunidades étnicas, organizaciones sociales, gremios e instituciones, y es liderado por la Mesa de Diálogos.

Finalmente, el presidente Gustavo Petro se refirió así a la instalación y el trabajo que tendrá por delante el Comité

La instalación de este Comité se suma al inicio del Cese al Fuego Bilateral entre el Gobierno y el ELN que durará 180 días prorrogables y que tendrá vigilancia de instancias nacionales como la Defensoría del Pueblo e internacionales como la ONU.

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Mesa del Estallido: una apuesta para la construcción de paz

Reportajes

Mesa del Estallido: una apuesta para la construcción de paz


Julio 28 – 2023 

Por Laura Cruz

La instalación de la Mesa del Estallido, un aporte para la paz y la justicia social, en la penitenciaría de alta y mediana seguridad de Palmira, fue producto de una lucha que han seguido varios jóvenes, quienes en el 2021 participaron en el Estallido Social. Está Mesa tiene varios objetivos puntuales, uno de los cuales es la dignificación dentro del interior de los centros penitenciarios, pues muchos de los detenidos han tenido que seguir protestando desde las cárceles del país, no sólo por un cambio social, sino para lograr modificar su situación jurídica. 

Privados de la libertad, acusados de diferentes delitos que, muchos dicen no cometieron, lograron reorganizarse en la cárcel y formar una colectiva llamada Jhonatan Sabogal, en honor a su compañero que el 28 de junio del año pasado murió en extrañas circunstancias en un incendio en la cárcel de Tuluá, en un caso que no ha sido aclarado por las autoridades. 

Más de 20 personas hacen parte de esta colectiva, entre ellas, cuatro que hicieron parte de diferentes puntos de resistencia que se conformaron durante el paro como: La Y de Palmira, el Paso del Aguante, Puerto Resistencia, Luna, el Puente de las Mil Luchas en Cali, Juanchito, Andalucía, Bugalagrande al norte del Valle y Buenaventura. 

“Estamos dando respuesta a un clamor de los jóvenes, ellos despertaron la conciencia de nuestro país, en esas profundas desigualdades sociales, el problema del hambre, la ausencia de derechos básicos insatisfechos, como el derecho a la Educación, a la Vivienda, a la Salud.” Danilo Rueda, Alto Comisionado para la Paz

Los integrantes de esta colectiva se han turnado para realizar tres huelgas de hambre, la última fue realizada el 30 de junio y duró once días. Con dicha acción, se quiso presionar la instalación de la Mesa con el Gobierno para discutir la humanización carcelaria, tanto con los prisioneros del estallido social como con otros detenidos interesados en el proceso. Luego de una reunión entre delegados de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, de la Consejería Presidencial para la Juventud y de voceros del Proceso Colectivo, se acordó levantar esta manifestación pacífica, que se había iniciado en la Cárcel y Penitenciaría con Alta y Media Seguridad. ( CPAMS). 

Así, la Mesa de Paz se instaló el 19 de julio con la presencia de la Consejera Presidencial para la Juventud, Gabriela Posso Restrepo, el Padre Javier Giraldo, Laura Guerrero, de Memoria Viva Colombia, un delegado del Ministerio de Justicia, diferentes organizaciones de Derechos Humanos, Carlos Rosero, delegado del Gobierno, Danilo Rueda, Alto Comisionado para la Paz, integrantes del Colectivo de Presos Políticos Jhonatan Sabogal, familiares de los jóvenes detenidos, entre otros. Después de varias horas de reunión entre el Alto Comisionado, Gabriela Posso, dos voceros de la colectiva, entre ellos David Bernal, el Ministerio de Justicia, organizaciones defensoras de Derechos Humanos, entre otras personas, se firmó la primera acta después de instalada la mesa. 

¿Qué se puede decir de estos acuerdos?

Para Alberto Bejarano abogado y defensor de Derechos Humanos, evidentemente la mesa corresponde a una agenda de paz del Alto Comisionado, puesto que se reconoce como derecho fundamental contenido en el artículo 22 en la Constitución, entendiéndola, también, como una obligación del Estado para construir una sociedad que camine hacie la reconciliación.  

Bejarano señala que “En este caso es la Oficina del Alto Comisionado quien tiene facultades para construir esa paz con actores particularmente armados que están perturbando los escenarios pacíficos”, sin embargo, añade que no solamente estos diálogos se circunscriben con actores armados, sino que pueden tener un alcance mayor, y se construyen con diferentes actores de la sociedad, buscando la resolución de conflictos por medios pacíficos en los que se privilegie el diálogo.

El abogado dice, también, que evidentemente con los jóvenes del Estallido hay un conflicto muy profundo que conoce bien el país, pero sobre todo el Valle del Cauca y la ciudad de Cali. Para él, este conflicto se expresa hoy a través del alto número de jóvenes detenidos en las cárceles por razones ligadas a investigaciones de un tratamiento punitivo que se le ha dado a la protesta, por lo que se requiere un escenario de diálogo en el proceso, que no va a resolver situaciones de órdenes jurídicos procesal.

Para Alberto Bejarano, la Mesa que se abrió en Palmira es una mesa de paz que, fundamentalmente, construye una agenda de diálogo con el Gobierno. Sumado a esto le da un alcance político a las iniciativas juveniles que resisten al proceso de judicialización. Cabe aclarar que esas agendas de paz no se circunscriben solamente a los jóvenes que están en prisión, sino que además tiene un alcance mayor.

En cuanto a la agenda de paz que plantea la Mesa de Palmira, el abogado y defensor de derechos humanos señala que: “Estos puntos reflejan evidentemente unas preocupaciones sociales y reflejan una política de paz a partir del reconocimiento de sus actores”. Para él, el punto principal es la libertad, y de allí se desprende la idea de la construcción de una Política Pública, que garantice que los jóvenes y que cualquier actor de la sociedad pueda ejercer derechos como el de asociación o  de expresión en un momento dado sin ser perseguidos penalmente y sin ser objeto de un tratamiento de guerra y sin ser reprimidos violentamente por el Estado.

De otro lado, el abogado muestra su preocupación por la salud mental, no sólo de quienes están detenidos, sino de sus familias, pues han soportado la detención, pero además, el señalamiento por parte de personas influyentes, medios de comunicación y la opinión pública en general. Esto se suma a los asuntos de la seguridad física. Bejarano asegura que se han presentado atentados contra jóvenes que han quedado en libertad. Además, denunica  que en Palmira se presentó un homicidio en el mes de febrero de un joven que fue ultimado en su casa después de ser liberado del pabellón cuatro que es el que alberga las personas que participaron en el Paro Nacional, de ahí la importancia de que en la Mesa se hable de “propuestas y acuerdos  de las condiciones en que se encuentran las personas privadas de la libertad”. 

En cuanto al tercer punto que trata del análisis y construcción de propuestas sobre alternativas sociopolíticas y jurídicas para las personas privadas de la libertad por su participación en la protesta social,  se realizaría en la figura de una ley de amnistía e indulto, que para el abogado no ha sido necesaria, por lo menos en las primeras fases de investigación penal, pero podrían ser muy necesarias a futuro en caso de que se presenten condenas a estos  jóvenes condenados. En condenas que para el defensor pueden resultar arbitrarias e injustas, y que van a requerir un tratamiento político, es decir,  ley de amnistía e indulto.

Para finalizar, Alberto Bejarano se refirió al cuarto punto que es: aportes de la mesa desde la perspectiva de participación a los diferentes procesos de construcción de paz establecidos en la ley 22 del 2022. “Estos jóvenes se reconocen como actores políticos, por esa razón  decidieron participar al Estallido porque tenían opinión política sobre el Estado de la sociedad y el proceso de cambio”. Los jóvenes, asegura el abogado,  están diciendo que sus derechos son vulnerados pero que, aun así, siguen pensando y queriendo construir, por eso quieren que se les tenga en cuenta como interlocutores políticos para hablar del proceso de cambio de la sociedad y desde sus comunidades. Ante este llamado, el Gobierno ha reconocido a los jóvenes como interlocutores políticos para un proceso de cambio y formar un tejido solidario que los acompañe.

Más de la instalación de la Mesa

También hubo acuerdos metodológicos, entre los que se encuentran:

1)  La mesa se reunirá mensualmente en la cárcel con participación de los delegados de las personas privadas de la libertad, el Alto Comisionado para la Paz, la Consejería para la Juventud y un delegado del Ministerio de Justicia

2)  Durante la primera sesión de la misma, se definirá la priorización de la agenda temática y los mecanismos de funcionamiento, los cuales buscarán la ampliación de la participación de las personas privadas de la libertad, sus familiares, organizaciones y acompañantes

3)  La Mesa Técnica acordada el 14 de julio del 2023 continuará funcionando y aportando elementos a la construcción de paz

4)  La oficina del Alto Comisionado y el ministerio de Justicia traerán una propuesta de protocolo para las garantías señaladas 

 5)  Se establece un mecanismo de comunicación para las garantías de seguridad a través de la oficina del alto comisionado  

El Alto Comisionado para la Paz, Danilo Rueda, se refirió a la Mesa señalando que: “Estamos dando respuesta a un clamor de los jóvenes, ellos despertaron la conciencia de nuestro país, en esas profundas desigualdades sociales, el problema del hambre, la ausencia de derechos básicos insatisfechos, como el derecho a la Educación, a la Vivienda, a la Salud. Hoy desde nuestro gobierno estamos respondiendo a este clamor con esta instalación de Mesa de Paz. Los jóvenes son sujetos de derechos y como sujetos de derechos el gobierno los escucha”. Así mismo, dijo que su propósito en esa Mesa de Diálogo es el de construir unos escenarios de fortalecimiento de un estado de derecho con garantías para todos y para todas. “Esperamos que la sociedad vea la importancia de esta Mesa. Nuestro gobierno ha hecho un esfuerzo por la paz, por el diálogo y es un diálogo sin exclusión alguna, y aquí los jóvenes también son sujetos centrales de esta construcción”. 

El funcionario fue enfático en decir que nadie del gobierno estaba asociando a los jóvenes a violencias armadas, ni tampoco están hablando que ellos tengan diálogos con grupos armados, están hablando de que los procesos de construcción de paz con grupos armados, conforme a la Constitución y a la Ley tendrán mecanismos de participación de todas las organizaciones y expresiones de grupos sociales que bien quieran hacerlo, nadie se ve forzado a hacerlo. David Bernal, vocero del Colectivo Jhonatan Sabogal dijo que la apertura de la Mesa es un aporte para la ciudadanía, así mismo, para el tema de paz con justicia social. En cuanto al tema metodológico, Bernal señaló que ellos han puesto en consideración la apertura de la Mesa para que ésta sea ampliada y no haya sólo un diálogo con el colectivo Jhonatan Sabogal, sino también víctimas del Estallido Social. 

Por su parte, el padre Javier Giraldo, quien ha acompañado este proceso, dijo que este es uno de los grupos más grandes privados de la libertad por el Estallido Social que hay en Colombia. Y que es una muestra que el Paro Nacional continúa hasta que se resuelva esta situación. El Padre fue enfático en decir que en Colombia hay más de 300 detenidos por el Paro Nacional. Sumado a esto, un reciente informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, muestra que de las 228 personas judicializadas en el marco de la protesta, 145 personas se encuentran con medida de aseguramiento privativa de la libertad: 113 de manera intramural y 32 en su lugar de residencia. 

En un comunicado público, el ‘Proceso Colectivo Jhonatan Sabogal’ reconoció el compromiso y la voluntad del Gobierno nacional y del Comisionado Rueda con este espacio de diálogo, además señalaron que este es un primer paso para lograr su libertad. Cabe señalar que este año más de 20 jóvenes detenidos han salido en libertad por vencimiento de términos. Abogados de los mismos han dicho que la Fiscalía se ha quedado sin argumentos para mantenerlos encarcelados.

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MEVICO: lucha por la Memoria y en contra del silencio

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MEVICO: lucha por la Memoria y en contra del silencio


Julio 6 – 2023 

Por Laura Cruz y Jorge Luis Galeano

“Estar aquí construyendo tejido social es como si a Nico no lo hubieran asesinado, como si su lucha no hubiera muerto. Creo que eso es lo que me sostiene todos los días”, dice Laura Guerrero, quien lleva en la camiseta, el rostro de Nicolás, su hijo mayor. Así lo ha llevado durante dos años desde que salió al Paso de Comercio a una velatón en memoria de un joven asesinado y, presuntamente, un uniformado del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), le disparó.

Esta vez, la lleva puesta en marco de un evento de memoria en el que, justamente, se recuerda la vida de su hijo y la de Yinson Angulo, otro joven asesinado durante el Paro. Se les recuerda como lo que eran: alegres, creativos y trabajadores y por eso, como parte de las actividades, se pintan sus rostros en una caseta de la Cancha de la Escuela Kokiro, del barrio Floralia al norte de Cali. Se les deja ahí para que no sean olvidados. Sólo han pasado dos años de los hechos y aunque Yinson vivía a una cuadra, muchos de sus vecinos, ya no lo recuerdan. Esa es la lucha de personas como Laura y Gloria, mamá de Yinson: que nunca se olviden sus vidas y lo que pasó.

La Memoria viva

Laura Guerrero ya conocía el dolor por haber perdido a su esposo años atrás, sin embargo, el que le arrebataran a su hijo es, quizás, algo que no tiene nombre, como diría la poeta Piedad Bonnet. Quizás de allí, de las ganas de ponerle nombre, nace Memoria Viva Colombia. Puede ser como un antídoto contra el olvido.

Memoria Viva Colombia -Mevico- apareció tras el encuentro de familiares de jóvenes que fueron asesinados durante el Paro Nacional de 2021 en distintos lugares de Colombia. En Cali fueron 64, según la ONG Temblores. Estas familias se unieron con la intención de “permanecer recordando quiénes eran nuestros hijos, reivindicar sus nombres, sus luchas y sueños, su anhelo de un mejor país” dice Laura.

En estos momentos alrededor de 50 familias conforman Mevico. También hay varias organizaciones que han acompañado el proceso como el Observatorio de Paz, la Arquidiócesis de Cali, la Pastoral Social, el Centro de Paz Urbana, que ha sido un punto de encuentro para familiares y víctimas. Así mismo la ONG Nomadesc, ha trabajado de la mano con Memoria Viva Colombia y caminan con la Galería de la Memoria. Laura relató que la Galería de La Memoria es una muestra fotográfica itinerante que está siendo llevada a diferentes lugares de Colombia “porque la gente sabe que asesinaron 64 jóvenes en Cali, que tenían nombre, número de cédula, una familia detrás de él y eso hace que tengan rostros”.

Memoria Viva Colombia, ha iniciado una labor para conservar la memoria de aquellos que fueron asesinados en el Paro y también ha sido el refugio de varias madres que comenzaron a caminar juntas para exigir justicia, hacer memoria y abrazar al que quedó. Así mismo, para que nazcan nuevos liderazgos. “No podemos desconocer que muchas de las familias son de una condición socio económica muy difícil, que muchos de estos hijos traían el alimento a sus casas, ayudaban a sus madres con sus hermanos menores, entonces realmente creo que siempre va a haber la necesidad, de ayuda de una mano amiga en estos casos”, dice Laura, una de las fundadoras de Memoria Viva Colombia, quien también señaló que una de las madres que perdió a su hijo, padece cáncer y que el sistema de salud la revictimiza, ya que los medicamentos no le son entregados a tiempo.

Memoria Viva Colombia se ha convertido en un hijo más que nació después del mío. Con los otros cofundadores hemos acogido a aquellos lesionados, incluso viéndolos como la esperanza, el futuro lo que no tuvieron nuestros hijos, ellos quedaron en malas condiciones, pero nuestros hijos, no tuvieron ni siquiera la oportunidad, enfatizó Guerrero.

Los jóvenes que fueron lesionados no sólo enfrentan dolencias físicas sino emocionales, este tipo de situaciones hacen que hoy viven una realidad y es que muchos por la gravedad de sus heridas no pudieron volver a trabajar ya que enfrentan dolencias sumamente graves. Los fundadores de Mevico señalaron que: “tenemos lesionados que no pueden tener las tres comidas a veces ni siquiera una diaria, tomando medicamentos y que no pueden comprarlos”.

Desde Memoria Viva Colombia plantearon que no es lo mismo que alguien que trabajaba en logística y ahora esté en una silla de ruedas, son cosas bastantes pesadas de lidiar y eso desde lo psicólogo desde lo mental, desde lo físico que les cuesta mucho incluso ir a una cita médica porque no tienen para un bus y son personas que dos años después siguen lidiando con las consecuencias, tenemos personas con colonoscopia, en estado de discapacidad diferente por sus brazos, por sus piernas, la columna.

Uno de los casos que más ha despertado la indignación de la comunidad es el de Dudan Villegas que es uno de los sobrevivientes que en el 2019, recibió un disparo por parte de la Fuerza Pública que hizo que perdiera la movilidad, pero hoy gracias a la solidaridad de diferentes personas y de organizaciones como Mevico, va a viajar a Cuba para poder acceder a un tratamiento.

Memoria, empoderamiento y reivindicación

El caminar de las madres y familiares que hacen parte de Mevico les ha permitido no sólo exigir justicia, sino también empezar a sanar. “Entre nosotros es casi una especie de acicalamiento, porque el estado hizo presencia sí, pero para asesinar, para desaparecer, para violentar, pero no para reparar”, señaló Laura Guerrero. Cuando en la organización hablan de reparar no hablan sólo en términos económicos sino de reparación emocional y de salud mental, ya que la pérdida de un familiar de manera tan violenta es un proceso complejo, sumado a que las familias tienen que cargar con la revictimización: han llamado a los jóvenes vándalos, delincuentes, guerrilleros queriendo validar desde ese discurso de odio, el “enemigo interno”.

Gloria Estela Rodríguez, madre de Yinson Andrés Angulo, asesinado por el Esmad el 1 de mayo del 2021, quien hace parte de Mevico, resaltó la importancia del evento en el barrio Floralia, en donde, además de la pintatón, hubo una olla comunitaria con la que se construyó tejido social, además de un círculo donde se realizaron ojos de dios (tejidos). También hubo acompañamiento de circo por parte de la Maloca que nació en el Estallido Social.

A él le hubiera gustado que yo hiciera presencia donde se recuerda su nombre, donde se recuerda su memoria y esa es la idea: no dejar morir la memoria y para eso estamos: para seguir siendo la voz de aquellos que fueron callados” dice Gloria, quien también lleva una camiseta con el rostro estampado de su hijo. Ella se duele del olvido “lastimosamente Colombia es un país que no tiene memoria y al no tener memoria cometemos los mismos errores. El objetivo es que no suceda y no haya repetición de una masacre, de algo tan violento y tan fuerte como fue el asesinato de mi hijo y de los hijos de muchas madres más”.

Para Gloria “Memoria Viva Colombia ha sido una manera de empezar a hablar, a conocer a tratar a las otras madres y a saber que no fue solamente mi hijo”. Desde la organización, ella ha podido sanar, empoderarse y viajar. Hace poco fue a un intercambio a Costa Rica, en el cual pudo aprender en diferentes talleres y escuchar diferentes testimonios.

Por la dignidad de la memoria

En cuanto al nuevo gobierno y a los políticos que vienen realizando campañas a nivel territorial, Laura Guerrero fue enfática en afirmar que, en el furor del Estallido Social, muchos políticos utilizaron la bandera de los chicos para las campañas pero que después de ser elegidos no han vuelto a aparecer. Incluso dijo que “caminamos de la mano con Francia Márquez quien es hoy vicepresidenta de Colombia, pero de ella no volvimos a recibir ni una llamada. Quienes hablaban en campaña de los muchachos y las violencias nunca han vuelto a aparecer. Hoy no se refieren a nosotros”.

La cofundadora de Mevico también afirmó que algunos jóvenes que pertenecieron a la Primera Línea se encuentran apoyando a candidatos que están en campaña, por lo que hizo un llamado a evaluar, no sólo el discurso de quienes estuvieron allí afuera, sino quienes realmente han permanecido en ese acompañamiento hasta el día hoy. “Muchos compañeros hoy están montados allá. Sobre la sangre de nuestros hijos ocupan cargos, les permiten unos puestos de trabajo”.

Para finalizar, Laura hizo un llamado a la conciencia al Gobierno del Cambio para que se den las garantías de no repetición. Para que estos hechos lamentables no ocurran en ningún hogar colombiano, que ninguna familia tenga que pasar por este dolor de la pérdida de nuestros hijos y quienes quedaron puedan vivir con dignidad. “No tenemos que vivir de forma constante reclamando la dignidad para nuestras vidas y las de nuestras familias”

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Macrocaso 11: las violencias sexuales y de género en el conflicto armado

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Macrocaso 11: las violencias sexuales y de género en el conflicto armado


Junio 30 – 2023

Por Laura Cruz

Como el macrocaso 11 se conocerá el capítulo de la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP- que se abrirá formalmente y que tiene como objetivo la investigación y juzgamiento de la violencia sexual y de género en el marco del conflicto armado colombiano. Gracias a la tutela presentada por la Procuraduría General de la Nación y por Yolanda Perea Mosquera, una sobreviviente de este delito, en la que pedían la protección de los derechos al debido proceso y al acceso a la justicia en un plazo razonable.

La petición fue concedida por la Subsección Quinta de la Sección de Revisión de la JEP al fallar ordenar a la Sala de Reconocimiento de la JEP que en menos de 30 días decida sobre la priorización del caso que investigará violencia sexual, violencia reproductiva y otros crímenes cometidos por prejuicio, odio o discriminación de género, sexo, identidad y orientación sexual diversas.

De investigaciones por parte de un órgano de control sobre las violencias sexuales contra las mujeres se tienen pocos antecedentes, sin embargo, uno de los más relevantes es el de La Comisión de la Verdad: Mi cuerpo es la verdad (EXPERIENCIAS DE MUJERES Y PERSONAS LGBTIQ+ EN EL CONFLICTO ARMADO). Para elaborar este informe la Comisión recogió 10 mil 864 testimonios de mujeres en los que se hizo patente cómo el conflicto armado las afectó de forma desproporcionada y causó en ellas un impacto diferenciado.

Entre los hallazgos que encontró la Comisión están:

Primero que hubo impactos diferenciados y desproporcionados, como el desplazamiento forzado, aunque es un delito dirigido contra la población civil en general, fueron afectadas gravemente 4.025.910 mujeres (el 50,1 % de las víctimas).

La Comisión mostró que las violencias sexuales fueron una práctica de todos los actores armados, extendida e invisibilizada durante el conflicto. En muchos casos, funcionó como una estrategia de guerra para producir el desplazamiento forzado y controlar determinadas zonas y se agudizaron en el período de mayor degradación de la guerra, entre 1996 y 2007.

“El informe de la Comisión de la Verdad nos da una radiografía de lo que ha pasado con las mujeres en el conflicto armado, y nos muestra la gravedad del problema. También deja claro que las mujeres no solo viven las violencias en sus cuerpos como su primer territorio, sino también en los territorios desde sus comunidades”.

Lida Elena Tascón Bejarano, Directora de la Casa de las Memoria del Conflicto y la Reconciliación señala: “El informe de la Comisión de la Verdad nos da una radiografía de lo que ha pasado con las mujeres en el conflicto armado, y nos muestra la gravedad del problema. También deja claro que las mujeres no solo viven las violencias en sus cuerpos como su primer territorio, sino también en los territorios desde sus comunidades”.

Añade que con la radiografía que hace la Comisión de la Verdad, se hace más que necesario que se abra el macro caso en la JEP “ya que el país aún hoy desconoce las realidades de las violencias sexuales que han sufridos las mujeres y que en la mayoría de los casos no se quedaron en la guerra, sino que aún siguen afectándolas”.

En Colombia, hasta ahora se habían realizado investigaciones sobre violencia sexual en el marco de otros delitos como secuestro, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales. La JEP ya se había pronunciado respecto a la violencia sexual en estos casos que sistematizó señalando que hubo 2 mil 300 víctimas. 900 casos atribuidos a las FARC, 350 casos atribuidos a la Fuerza Pública y 700 casos a grupos paramilitares. Sin embargo, según el Registro Único de Víctimas, más de 30 mil mujeres habrían sido víctimas de violencias sexuales durante el conflicto armado en Colombia.

Para Verónica Moreno, psicóloga de Justicia y Paz, el hecho de que se aborde la violencia sexual en un macrocaso en la JEP es fundamental por dos razones: primero porque, en el caso de las dinámicas del conflicto armado, el cuerpo de las mujeres ha sido instrumentalizado por los grupos armados para tener control sobre las comunidades y población civil que se encuentra en los territorios.

Así mismo señala que “el acceder a una mujer sin su consentimiento y muchas veces por varios hombres, además de las afectaciones en las mujeres, tiene un impacto en las subjetividades de las comunidades, pues simboliza el acceder al Interior de la comunidad, a la vida y a sus miembros”.

A pesar de que las violencias sexuales durante la guerra han sido sistemáticas, han sido invisibilizadas, no sólo por los responsables sino por el mismo Estado. Para Lineth Katherine Coronado Vitolo, psicóloga, magister en DDHH, especialista en psicología jurídica y forense, candidata a especialista en pedagogía para el desarrollo del aprendizaje autónomo, quien es docente y directora del voluntariado en prevención de Violencia y voluntaria de la ONG Fundación Mujer Libre USA, la violencia en Colombia es un fenómeno culturalmente aceptado e invisibilizado y este se incrementa aún más en las poblaciones donde no llega el Estado.

Por esta razón para Coronado es un logro que la justicia colombiana ahonde y aperture macrocasos que se centren en la violencia sexual y den a conocer el fenómeno. Estas acciones en el marco de la guerra son usuales e incluso aceptadas, por lo que la población en general debe conocer sobre los efectos y le otorgue a las víctimas restitución y dignidad.

Coronado fue enfática en señalar que: “Es importante garantizar la no repetición por medio de acciones de visibilización y educación a la población para que estos eventos violentos no se repitan y sean sancionados, no sólo en la norma, sino que también moralmente”.

Para Martha Elena Giraldo Mendoza, activista social, defensora de derechos humanos, eeminista e investigadora en temas del impacto de la guerra y las violencias en la vida de las mujeres, la apertura del macrocaso 11 es una oportunidad para romper la persistencia de obstáculos de acceso a la justicia y la investigación de la violencia sexual en el marco del conflicto armado.

Giraldo puntualizó que: “ Este es un espacio para la superación de la impunidad que existe alrededor de estos crímenes y aquellos asociados a la discriminación por razones de género”. Sumado esto, dice la activista, sirve para incorporar y evidenciar a través de la Justicia Transicional la gravedad de los hechos, implementando metodologías de investigación y juzgamiento de crímenes cometidos contra el cuerpo y la vida de las mujeres y las personas LGTBIQ en el marco del conflicto armado que incluyan el enfoque de género y el enfoque diferencial.

¿Qué debe garantizar la JEP en el macrocaso 11 sobre víctimas de violencia sexual?

María de los Ángeles Ríos Zuluaga, abogada, y coordinadora del área de incidencia de la Red Nacional de Mujeres, que hace parte de La Alianza Cinco, (Colombia Diversa, Sisma Mujer, Humanas Colombia y la Red Nacional de Mujeres), dijo que debe tenerse en cuenta que las violencias sexuales, violencias reproductivas y otras violencias basadas en la sexualidad de las víctimas, son un crímenes que, en el marco del Acuerdo de Paz, no fueron objeto de amnistía o indulto y en ese sentido, es obligatorio para la Justicia Transicional, un adecuado tratamiento conforme a los más altos estándares de los derechos humanos.

Para Zuluaga en el proceso que llevará la JEP, es necesario que:

1. Los parámetros tradicionales del derecho penal con relación a la prueba deben flexibilizarse y concentrarse en el testimonio de la víctima.

2. Que la sanción no puede estar sujeta a que haya un reconocimiento por parte de los responsables, puesto que los grupos al margen de la ley tienen resistencia a reconocer los hechos de violencia.

3. Se debe dar un valor al contexto como prueba, esto quiere decir que las violencias sexuales fueron posibles porque subyacen a un contexto, un sistema de violencias que es permitido contra los cuerpos de las mujeres.

4. La JEP no está sancionando en el vacío. Colombia es un país que tiene experiencias previas, de intentos de sanción a graves violaciones de derechos humanos y en ese sentido es necesario que las tengan en cuenta. Por ejemplo, en el marco de Justicia y Paz, hay varias sentencias en las cuales se reconocen los daños en el marco de la violencia.

Los errores que no puede tener el macrocaso 11 son:

Este macrocaso no puede ser residual, es decir, que se entienda que lo que no va en los demás macrocasos, entonces va al macrocaso once.

1. No se puede revictimizar a las víctimas y la JEP tiene que garantizarles las condiciones económicas, emocionales para el proceso.

2. No puede haber impunidad, se debe sancionar a los responsables, también a los máximos responsables, que esto es muy importante porque hizo parte de políticas de los actores armados.

Entre las conclusiones a las que llega Zuluaga es que la JEP además de llevar un proceso judicial, también debe llevar un proceso dialógico. “Así como el esclarecimiento de la verdad debe tener un énfasis en el cual se tenga en cuenta las necesidades de las víctimas”.

También se debe dar una especial relevancia a las víctimas porque este tipo de violencias no son creídas y muchas veces son cuestionadas porque tienen sobre ellas la vergüenza, el juzgamiento, la revictimización. Por esa razón señala Zuluaga que: “Es necesario que en este proceso de esclarecimiento se adopten unas medidas que permitan saber lo que realmente pasó”.

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