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Autor: jorge

Buenaventura recupera un espacio para el deporte y la vida

Buenaventura recupera un espacio para el deporte y la vida

Mayo 20-2026

Por PANAL MEDIOS Red de Medios Alternativos y Comunitarios

La tarde cae lentamente sobre Buenaventura. El aire húmedo del Pacífico atraviesa las calles del barrio El Ruiz mientras un grupo de niños corre detrás de un balón en una cancha que, hasta hace poco, permanecía deteriorada y silenciosa. Las graderías recién cubiertas resguardan ahora a madres, abuelos y vecinos que observan el partido improvisado como si asistieran a la recuperación de algo más profundo que un escenario deportivo: la posibilidad de volver a encontrarse como comunidad.

En un territorio marcado durante décadas por el conflicto armado, la pobreza y el abandono institucional, la entrega del mejoramiento del escenario deportivo del “Barrio El Ruiz” se convirtió en una jornada cargada de simbolismo. No fue únicamente la inauguración de una obra pública; fue también una escena de reapropiación del espacio colectivo y de reconstrucción de la confianza comunitaria.

La intervención fue realizada por el Fondo de Programas Especiales para la Paz de la Presidencia de la República, con acompañamiento técnico y social de Findeter, como parte de las apuestas del gobierno del presidente Gustavo Petro por consolidar procesos de paz territorial en las regiones más golpeadas por la violencia.

En “El Ruiz”, los habitantes recuerdan que durante años la cancha permaneció en condiciones precarias. Las lluvias inundaban el lugar, la iluminación era insuficiente y el deterioro alejaba progresivamente a la comunidad. Sin embargo, la memoria del barrio sigue vinculada a ese espacio: allí crecieron generaciones enteras entre campeonatos barriales, encuentros culturales y celebraciones populares.

Por eso, cuando comenzaron las obras, muchos vecinos siguieron de cerca cada avance. La inversión, superior a los 699 millones de pesos, permitió la construcción de una cubierta para las graderías, instalación del sistema de evacuación de aguas lluvias, nuevas luminarias y cerramiento de la cancha con malla de protección.

Esta intervención no solo dignifica el territorio, sino que fortalece la convivencia ciudadana y el sentido de pertenencia, transformando un espacio físico en un motor de esperanza institucional y cohesión comunitaria”, expresó José Luis Rendón, supervisor técnico de Fondo Paz, durante el acto de entrega.

Pero más allá de las declaraciones oficiales, la transformación se percibe en las pequeñas escenas cotidianas. Un grupo de adolescentes organiza ya los próximos torneos; varias madres comentan la tranquilidad de contar nuevamente con un espacio seguro para sus hijos; los líderes comunitarios hablan de impulsar actividades culturales y jornadas juveniles alrededor de la cancha renovada.

Con esta obra no solo entregamos una cancha, entregamos oportunidades. Hoy niños, jóvenes y familias cuentan con un espacio seguro para encontrarse, compartir y construir un mejor futuro”, señaló Carlos Alberto Saad Llinás, presidente de Findeter.

Cerca de 500 habitantes serán beneficiados directamente con este proyecto. Sin embargo, en Buenaventura las cifras rara vez alcanzan a explicar la dimensión humana de estos procesos. Aquí, donde muchas comunidades han resistido entre el miedo, la exclusión y las heridas sociales, recuperar un escenario deportivo significa abrir un lugar para la convivencia y para la esperanza.

Mientras avanza la noche y las luminarias recién instaladas iluminan el barrio, la cancha vuelve a llenarse de voces y movimiento. El balón rueda una vez más sobre el cemento nuevo y, por un instante, el sonido del juego parece imponerse sobre los ecos de la violencia que durante años acompañaron a la ciudad puerto.

En “El Ruiz”, la comunidad sabe que una cancha no resuelve todos los problemas de Buenaventura. Pero también entiende que la paz empieza muchas veces en escenarios sencillos: una gradería llena, un partido entre vecinos, un niño jugando sin miedo y un barrio que vuelve a reconocerse en lo colectivo.

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Paloma Valencia revive a Pinochet con sus bonos escolares

Opinión

Paloma Valencia revive a Pinochet con sus bonos escolares

Mayo 10 – 2026

Michael Saportas Peláez 
Periodista

La senadora y candidata presidencial uribista, Paloma Valencia, ha intentado a toda costa lanzar un salvavidas a los colegios privados y para lograrlo ha propuesto replicar el mismo sistema de bonos escolares que acabó con la educación pública en Chile en los 80s.

Desde el Congreso y en su plan de gobierno, Valencia ha impulsado su proyecto neoliberal de bonos escolares con el que busca ponerle una lápida a la educación pública, ya de por sí empobrecida, para llenar las arcas de los colegios privados. Insiste en replicar este modelo, implementado por primera vez en Chile durante la dictadura, con consecuencias nefastas para ese país.

El documento oficial del proyecto de ley sobre bonos escolares propuesto por Paloma Valencia consta de más de cuarenta páginas dedicadas a enaltecer el sistema educativo chileno que, según ella, le debe su éxito a los vouchers de Pinochet. Aunque en varios apartados advierte sobre los errores cometidos en el caso de Chile, falta claridad sobre su plan para evitarnos a los estudiantes colombianos el mismo camino de exclusión y marginalidad.

Durante el régimen de Pinochet se diseñó un modelo educativo privatizador en el que colegios públicos y privados competían en condiciones desiguales para recibir recursos del Estado. Tras más de treinta años de vigencia de este modelo, tuvieron que tomarse medidas urgentes y en 2015, con la Ley de Inclusión Escolar impulsada en el gobierno de Michelle Bachelet, sufrió varias modificaciones.

Así surgió la Ley de Inclusión Escolar, que reemplazó el sistema de vouchers, y fue implementada bajo cuatro ejes fundamentales: fin al lucro, fin al financiamiento compartido, fin a la selección, y eliminación de barreras de ingreso a los estudiantes. Una de las consecuencias del antiguo modelo de bonos escolares en Chile fue precisamente el lucro de los dueños de los colegios privados, quienes se quedaban con los recursos sobrantes suministrados por el Estado. También establecía un sistema de financiación compartida entre el Estado y las familias a colegios privados que acabó por ampliar las brechas de exclusión, pues muchos estudiantes no alcanzaban a pagar las cuotas mensuales. En Colombia tuvimos el programa Ser Pilo Paga, un modelo parecido a menor escala implementado en universidades privadas con errores similares que conllevaron a su descontinuación en 2018.

Valencia ha insistido ante el Congreso que “a uno no le debe importar de quién es el edificio”. La verdad es que sí nos tiene que importar de quién es el edificio porque hablamos de poner recursos públicos en manos de privados. La candidata uribista ignora dicho episodio fundamental de la historia de la educación chilena, el cual explica por qué decidieron modificar este absurdo modelo que ni siquiera fue escogido en democracia.

Los méritos del sistema educativo chileno de los últimos treinta años no tienen nada que ver con los vouchers que defiende Valencia. Son más bien el resultado de los esfuerzos de los distintos gobiernos por invertir en educación tras el fin de la dictadura. Tanto es así que desde 1990 Chile viene aumentando el PIB destinado a este sector. Según el último informe Education at a Glance 2024 de la OCDE, Chile invierte el 5,9% de su presupuesto público en educación, posicionándose entre los países latinoamericanos que más priorizan este rubro.

En la década de los 90s los gobiernos posdictadura pusieron en marcha el Programa de Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación, MECE, cuyo propósito fue modernizar el sistema educativo a partir de la financiación de proyectos pedagógicos para estudiantes y profesores, buscando atender las necesidades más urgentes de los colegios públicos en materia de enseñanza, material didáctico, y equipamiento tecnológico. Uno de los objetivos del MECE fue la creación de equipos multidisciplinarios, involucrando a todos los actores de la comunidad educativa en los procesos de mejoramiento.

Actualmente Chile cuenta con un sistema jurídico y de vigilancia robusto bajo la supervisión del Ministerio de Educación, el Sistema de Información de Estudiantes, SIGUE, que cumple funciones similares al Adres del sector salud en Colombia, y los Servicios Locales de Educación Pública, SLEP, sistema creado para garantizar que los recursos previstos para cada municipio sean destinados exclusivamente a la educación.

El sistema educativo colombiano carece de herramientas para proteger sus propios recursos. Ahora mismo no se sabe a dónde fueron a parar más de COP $540,000 millones transferidos por el Estado a Colfuturo para la financiación de becas de posgrado en el exterior, de acuerdo con la denuncia presentada por el Ministerio de Ciencias ante los entes de control.

Paloma Valencia y la bancada del Centro Democrático llegaron al delirio de acudir a a la tesis pinochetista para rescatar a la élite dueña de los colegios privados más prestigiosos del país, actualmente en crisis por falta de estudiantes. Como siempre, observan la historia desde el lado más conveniente. Su máxima líder busca a quién engañar con su disfraz de centro, ya desteñido a pocos días de las elecciones presidenciales.

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Siloé y la vigilia de los ausentes

Reportajes

A 5 años del Estallido Social: Siloé y la vigilia de los ausentes


Mayo 3 – 2026

Cinco años después del inicio del Estallido Social en Colombia, organizaciones sociales de Cali como El Tribunal Popular de Siloé, Memoria Viva Colombia y otras a nivel nacional lograron la creación de un Comité encargado de esclarecer la verdad sobre la represión estatal sufrida en marco de las protestas. La labor de esta instancia termina en julio de 2026, fecha en la que se espera la entrega de su informe. 

Por Jorge Luis Galeano 

El ruido llega antes que cualquier otra cosa. En la glorieta de la parte baja de la Comuna 20, el tráfico de un sábado a las cuatro de la tarde no da tregua. Los carros pasan, siguen, no miran. En el centro, sobre el pasto verde, un grupo de unas diez personas conversa, ríe, se cuenta cosas al oído. El viento mueve las pancartas que acaban de colgar. Sobre uno de los bordes que da a la calle, un monumento pequeño pero visible sostiene las fotos y los nombres de varios jóvenes. Ninguno de ellos llegó a los treinta años. Todos murieron aquí, en este mismo lugar en 2021.

Por eso este trozo redondo de asfalto y pasto que distribuye el flujo vehicular hacia los barrios de la ladera de Cali o hacia el sur de la ciudad, es también un lienzo sobre el cual se ha pintado la resistencia popular colombiana. Históricamente la Comuna 20, construida sobre antiguas minas de carbón y forjada por el esfuerzo de migrantes y desplazados, ha sido el corazón de una Cali que se niega a ser solo la sucursal del cielo para unos pocos. Antes de 2021, la glorieta era una referencia para los habitantes de los once barrios de la comuna, pero hoy es un altar de memoria que ha transformado su función social de manera irreversible.

Y parte de ese altar se materializa en un monumento que se alza como un contrapeso al olvido institucional. No es un monumento oficial, no fue inaugurado con cintas tricolores ni discursos de gobernantes; es una construcción colectiva de las familias que buscan justicia. Sara Vásquez, socióloga e integrante del Tribunal Popular en Siloé, instancia creada por la sociedad civil para encontrar respuestas de lo sucedido en las protestas, está ahí cada primer sábado de mes como parte de la lucha para evitar el olvido. Ella está ahí, como las familias de las víctimas, como un gesto de perseverancia. Han pasado 5 años, pero su presencia en ese punto de la ciudad aún genera resistencia. Ella dice “también hay que luchar contra la impunidad social”, esa que insinúa que los jóvenes merecían ser asesinados. Por eso el trabajo del Tribunal y las otras organizaciones surgidas en marco del paro como Memoria Viva Colombia -MEVICO- es clave para que nombres como Kevin, Michael, Daniel o Harold no pasen a la historia como meras víctimas, sino sean el punto de partida para la no repetición y la efectiva acción judicial. Una acción judicial, dice Sara, veloz para condenar manifestantes, pero desesperantemente lenta para investigar a la Fuerza Pública.

Don Abelardo Aranda no es un hombre de gestos histriónicos. Su forma de estar en la glorieta es de una sobriedad que impone respeto. Se mantiene de pie con los brazos cruzados o ajustando con sus manos alguna de las cintas que sujetan las fotos que se bambolean al viento y guardan los testimonios gráficos del paro y la lucha posterior. A cinco años del asesinato de su hijo Michael Andrés, ha desarrollado una especie de firmeza que parece haber endurecido su carácter tras años de golpear las puertas de una justicia que permanece cerrada. El peso que carga no es solo el del duelo, sino el saber que su hijo se convirtió en un símbolo de la violencia estatal en Cali.

La firmeza de su carácter no se debilita cuando menciona a Michael. Habla con fuerza y dice “Soy el padre de un joven asesinado” pero es consciente de que esa pena no es sólo suya, sino colectiva “porque este dolor mío es el dolor de las otras 15 familias que también perdieron a sus hijos”. Según el Tribunal Popular, 159 personas fueron víctimas de distintas violencias en la Comuna 20 durante el Estallido Social y 16 de ellas fueron asesinadas.

Don Abelardo resalta la importancia de la constancia: estar presente cada primer sábado de mes no es una elección, es un deber. Es como si dijera que al no ir, al no poner las fotos, a los muchachos los matan dos veces: una con la bala y otra con el olvido. Estar ahí es, también, un acto de vigilancia sobre el proceso judicial. Durante años ha denunciado que la investigación por la muerte de su hijo no avanza en la Fiscalía. En los primeros once meses después del asesinato, no hubo ni una sola audiencia, ni un llamado de las autoridades; solo el vacío. Esa inacción es la que lo ha llevado a unirse a otros padres y madres para exigir que el Estado reconozca su responsabilidad. Su búsqueda, como la de las otras personas, es por saber quién dio la orden de disparar contra la juventud de Siloé.

Que el dolor no es individual es algo que don Abelardo y las demás familias tienen muy claro. Saben que la lucha es colectiva y ellas y ellos lo repiten constantemente, pero no como un lema para campañas publicitarias, sino porque la han materializado en las organizaciones que han surgido desde 2021. La adopción del Tribunal Popular (figura internacionalmente conocida) fue sólo el comienzo y en la Glorieta se ve claramente: pancartas con los nombres de algunas de las colectividades que han fortalecido la tarea de buscar justicia y garantizar que no haya olvido. Aparece, por ejemplo, una con las palabras Memoria Viva Colombia -MEVICO- que agrupa familias de toda Colombia y que nació de otra tragedia: el asesinato de Nicolás Guerrero el 2 de mayo de 2021 en el sector conocido como el Paso del Comercio. Tristemente una de las víctimas de Siloé fue asesinada un día después mientras estaba en una velatón, precisamente, por la muerte de Nicolás. Su nombre era Kevin Agudelo.

Estas historias que parecen encontrar un lugar que las junta en la Glorieta de Siloé no podían quedar sueltas, luchando por separado. Nació, entonces, la Verdad y la Justicia en Acción que agrupa a 45 colectivos de todo el país cuya fuerza combinada sigue en la ardua labor de documentar los casos de violencia en marco del paro. Ya han producido varios informes en los que se muestra que hubo un patrón de represión que se repitió en Bogotá con Dilan Cruz, en Pereira con Lucas Villa, en Cali con Kevin, Harold, Michael, Nicolás y otros 61 jóvenes que, según el trabajo de estas organizaciones, fueron asesinados en la ciudad.

Por ello, la cita en la glorieta el primer sábado de cada mes no es sólo ocupar ese espacio y llenarlo de pancarta y fotos, sino una reapropiación del territorio porque no se trata simplemente de recordar el pasado, sino de demostrar que las familias siguen unidas, que el miedo que intentaron sembrar con la Operación Zapateiro no logró desarticular el tejido social.

De hecho, ese tejido logró que hubiera una sentencia, la del Tribunal Popular que, aunque no es vinculante al Estado, fue el primer gran triunfo al recuperar información y material probatorio que las autoridades habían ignorado sistemáticamente. Fue su trabajo el que abrió la puerta para que hoy, en mayo de 2026, exista un Comité de Expertos con mandato estatal para investigar los hechos.

El Comité nació de la presión de las organizaciones sociales que por años han exigido al Gobierno la creación de una Comisión de la Verdad para esclarecer los hechos de violencia. En noviembre de 2025, parte de esa exigencia se hizo realidad a través del Decreto 1190 del Ministerio del Interior, que dio vida a dicho Comité que tiene como función establecer qué pasó entre 2019 y 2021 en marco del Paro Nacional. La existencia de esa instancia es un triunfo con dos caras: por un lado, la posibilidad de que se sepa la verdad, pero por el otro, de que el proceso no prospere como se espera por el corto tiempo que tiene: su vida legal termina en julio de 2026 y aunque habría la posibilidad de una prórroga, la coyuntura electoral actual, haría ello inviable. Sara Vásquez no niega esta dificultad “lastimosamente es un decreto que está muy limitado porque busca que en menos de 6 meses se haga una investigación tan extensa”.   

Esa preocupación es compartida por Leyder Perdomo Ramírez, una de las tres personas que integran el Comité. “Sí, es una preocupación legítima, pero la hemos ido solventando con la ayuda de organizaciones como El Tribunal Popular y otras a nivel nacional” lo que confirma que la idea de lo colectivo está presente también en esta instancia tan importante: generar un informe que dé cuenta de lo sucedido entre 2019 y 2021 en marco del paro. Esa verdad, al publicarse, no será definitiva. Leyder dice que será un punto de partida para seguir trabajando y alimentando constantemente. No será, tampoco, vinculante. No servirá para condenar a nadie o acelerar procesos judiciales, pero será el resultado del trabajo de todas las organizaciones que se contrapone a la ausencia institucional, a su lentitud y, muchas veces, a su indolencia.

Este Comité, además, tiene entre sus obligaciones crear espacios de escucha con las víctimas. Ya han hecho dos encuentros y planean hacer otros 8 durante mayo, uno de ellos en Cali. Leyder se refiere a ellos como “espacios de desagravio” porque es donde las víctimas son escuchadas, tenidas en cuenta y sus aportes son definitivos para la creación del informe final.

Leyder resalta la independencia de esta instancia “más allá del Decreto que lo creó y la financiación, nuestra labor no está comprometida ideológicamente, pues estamos detrás de los hechos sin sesgos políticos” para centrarse en los estándares internacionales de derechos humanos. Su función es el esclarecimiento histórico y la recomendación institucional.

La búsqueda de justicia también está en La Glorieta

El tráfico es cada vez más intenso. Se acerca la hora pico y los conductores se impacientan. Hacen sonar sus pitos con dureza, esperando que el movimiento se agilice. Ese fondo sonoro contrasta con lo que sigue sucediendo en la glorieta: fotos y pancartas que se bambolean con el viento, personas conversando calmadamente, riendo y otras escribiendo letreros con mensajes claros: 58 meses de impunidad. Todo ello se combina para darle vida un grito colectivo, uno que se ahoga con los pitos y ruido de la ciudad. Un grito profundo que exige justicia y al que cada vez se unen más y más personas cansadas de la indiferencia y la sordera institucional.

Las pancartas se descuelgan, pero los rostros de los jóvenes asesinados permanecen ahí porque contra la impunidad no se lucha sólo el primer sábado de cada mes.

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Llueve sobre Babel: espejo de lo incómodo

Reseñas literarias

Llueve sobre Babel: espejo de lo incómodo

Abril 25 – 2026

Por Periódico Mira Lee Cultural

Este reseña fue publicada por Mira Lee Periódico Cultural que nos ha permitido compartirla con ustedes

Antes de dar nuestra reseña sobre la peli queremos detallar 3 cosas importantes sobre la película.

La primera es como sin tantos recursos técnicos (pues sin tanto cgi o algo sobre desarrollo de tecnología en la película) el desarrollo del guión y de la creatividad de la directora fueron clave. La construcción del relato no fue un ejercicio de caligrafía mansa, sino un forcejeo constante contra el silencio de una ciudad que se fragmenta. El guión se gestó en el centro de un torbellino donde la palabra no busca adornar, sino morder la realidad; se trató de capturar el eco de las voces que se pierden entre el cemento y la desidia, transformando el caos cotidiano en una estructura sólida de tensión y significado.

Cada línea fue depurada con la obsesión de quien sabe que la verdad solo aparece cuando se despoja al lenguaje de sus máscaras habituales. La creatividad, por su parte, emergió como un acto de resistencia frente a los moldes predecibles del cine convencional. No hubo espacio para la complacencia visual, sino para una estética del desgarro que obligó a reinventar la forma de mirar el conflicto.

Fue un proceso de alquimia urbana donde el desencanto se convirtió en potencia narrativa, logrando que el guión no solo contara una historia, sino que funcionara como un espejo incómodo, devolviendo una imagen cruda y vibrante de un mundo que se deshace bajo su propio peso. La creatividad de la historia misma, más el desarrollo del guión y desarrollo de personajes fue muy importante, fue una forma única de desarrollar la historia de cada uno de los personajes.

La estética retrofutirista también logro un equilibrio junto con la historia tanto de los personajes como del guión. El vestuario es un complemento potente sobre la estética retrofutirista también y personajes como María (la lagartija) fueron también dignos de mostrar con la estética. Por último los personajes y sus historias se fueron desarrollando de forma orgánica a la historia.

Lo dejamos así para que si te gustan las historias bien contadas, con un guión atrapante (como dicen alguna de las reseñas), una estética única y desarrollo de personajes sin igual…. Vayan a verla que está en la cinemateca la tertulia, Unicentro y Chipichape.

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Acoso sexual en los “miedos” de comunicación parte II

PODCAST

Abril 16 – 2026

Por Laura Cruz y Diana Carolina Díaz
Especial para Hechoencali.com

Segunda parte del episodio en el que abordamos el acoso sexual en los medios de comunicación. Las periodistas Laura Cruz y Diana Carolina Diaz siguen la conversación con Fabiola Calvo Ocampo y Leydi Dinas que esta vez se concentra en la necesidad de los protocolos que deben existir para hacerle frente a estos casos, pero no se refieren sólo a un documento que explique una ruta a seguir, sino también, la necesidad de un cambio estructural en el comportamiento de quienes integran las empresas mediáticas.

Bienvenidas y bienvenidos 

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¿Quién se está quedando con el agua de Siloé?

Opinión

¿Quién se está quedando con el agua de Siloé?

Abril 14 – 2026

Por Michael Saportas Peláez
Periodista

La situación de desabastecimiento de agua en las comunas 18 y 20 de Siloé al suroccidente de Cali ha dejado al descubierto la negligencia e incapacidad técnica de la administración municipal para garantizar el servicio en las zonas de ladera de la ciudad.

El pasado 27 de marzo habitantes de los barrios de ladera de las comunas 18 y 20 de Siloé bloquearon la glorieta, un punto neurálgico del sector, como protesta por la falta de agua. Llevan años padeciendo esta problemática sin una solución a la vista. La misma situación ha ocurrido antes en otros barrios de las laderas del norte como Terrón Colorado y Altos de Menga; sus pobladores se acostumbraron a llenar baldes y a vivir en la incertidumbre de los cortes del suministro que pueden durar hasta meses. Ninguna administración ha tomado cartas. Calman a la gente enviándoles carro tanques y se conforman con los informes de los expertos de Emcali en los que, si pudieran, escribirían cien veces que es imposible garantizar el servicio para estos barrios como se hace con el resto de la ciudad. 

La problemática de suministro de agua en las laderas de Cali se ha agudizado en las últimas décadas a consecuencia del crecimiento de los asentamientos ilegales, la contaminación, la falta de infraestructura y la desigualdad en el acceso al servicio básico. Los barrios de las comunas 18 y 20 de estratos 1 y 2, entre los que se encuentran Alto Nápoles, Los Chorros, Brisas de Mayo, y Alto Polvorines, han sido los más afectados. Este sector es abastecido por la cuenca del río Mélendez, uno de los afluentes más importantes de Cali y hoy gravemente afectado por la contaminación proveniente de los socavones de carbón y la invasión de predios cerca al cauce.

Según han denunciado líderes sociales, la captación irregular de agua en condominios, y sitios como el Club Campestre también estaría afectando el suministro, ya de por sí escaso en la zona baja del río. Hablé con Jair, habitante del barrio Los Chorros de la comuna 18, y esta fue su explicación:

“Para nadie es un secreto que una de las problemáticas del desabastecimiento del río es la desviación del agua hacia zonas de urbanización en la ladera, donde hay grandes casa fincas que podrían estar acaparando más agua; los técnicos que nos han acompañado admiten que una de las consecuencias de la escasez de agua es el bajo caudal; ya no corre la misma cantidad de agua por el tubo principal que años antes” y agregó que “ya veníamos con este problema de años antes, llevábamos muchos años conformándonos con que nos llegara agua solo en la noche y nunca habíamos protestado para que nos llegue también en el día hasta que la quitaron definitivamente y ahí sí nos pusimos las pilas”.

Le pregunté al personero distrital de Cali, Gerardo Mendoza, por las denuncias de la comunidad contra el Club Campestre por supuesta sustracción ilegal de agua en la zona y esto dijo:

“En la medida que hay despilfarro encontramos que no llega el agua a las comunidades que se encuentran en la parte alta de la ladera; hay que establecer unos controles y sancionar a quienes sustraen agua de manera irregular; el tema del Club Campestre se va a hablar con el director de la CVC quien nos invitó a una reunión para descartar la posibilidad de que el Club esté captando agua de forma irregular; aceptaré su invitación y entraré a evaluar con todos los detalles la situación”, señaló.

Busqué una explicación del director general de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Marco Antonio Suárez, pero desde su oficina me dijeron que ese tema no les corresponde, y que los datos sobre la cantidad de captación de agua del Club los debe proporcionar Emcali, no ellos.

El director desconoce que en años anteriores la entidad que hoy lidera ha estado al frente de las medidas para regular la circulación de agua del río Mélendez. Una de las últimas intervenciones se adelantó en 2016 cuando la misma CVC autorizó, mediante la resolución 000292 de ese mismo año, la construcción de obras hidráulicas en el río para optimizar las bocatomas del Club Campestre y la Universidad del Valle. Cabe resaltar que en su momento hubo alertas de la comunidad ante el temor de que se modificara el nivel de captación de agua y la respuesta que recibieron, según se puede leer en un comunicado disponible en la página oficial de la entidad, es que podían estar tranquilos porque eso no iba a suceder, pues las obras tenían otro propósito. Les dejo el enlace: https://cvc.gov.co/carousel/2394-bocatoma-rio-melendez

Al problema de la captación ilegal de agua se suma el de la minería ilegal en las cuencas de los ríos Melendez y Felidia. Hoy los habitantes del corregimiento de La Leonera y del municipio de Felidia exigen ayuda urgente a la Alcaldía y autoridades pues el agua estaría bajando contaminada de mercurio y otros químicos que podrían afectar gravemente al ecosistema y la salud de la población residente.

Desigualdad e intereses oscuros, eso es lo que se está moviendo en esta zona de Cali donde la presencia institucional brilla por su ausencia. A los habitantes de La Leonera, y de las comunas 18 y 20 los va a matar primero la negligencia de la Alcaldía, Emcali y la CVC. No dimensionan la gravedad de los hechos, y el riesgo de que esta crisis escale hasta convertirse en una emergencia ambiental y humanitaria de grandes proporciones. Si eso pasa, lo primero que harán será pasarse la pelota como lo están haciendo ahora con el asunto del Club Campestre.

Mientras tanto la gente seguirá padeciendo mientras se buscan responsables. Mi pregunta es: ¿habrá alguna autoridad que se apropie realmente de esta crisis y acompañe a la comunidad en la búsqueda de soluciones, o esperan simplemente calmar las cosas con el envío de carro tanques?

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Acoso sexual en los “miedos” de comunicación

PODCAST

Imagen de portada elaborada con herramienta de IA

Abril 12 – 2026

Por Laura Cruz y Diana Carolina Diaz Munevar
Especial para Hechoencali.com 

En este episodio titulado “Acoso sexual en los ‘miedos’ de comunicación”, cuatro periodistas nos sentamos a conversar sobre las denuncias que han presentado colegas en medios públicos y privados, poniendo sobre la mesa una realidad que durante años se mantuvo en silencio. Desde la sala de la casa de Fabiola Calvo Ocampo, junto a Leydi Dinas, fuimos tejiendo un diálogo necesario, honesto y sin rodeos. Allí aparecieron frases que retratan lo que han vivido varias generaciones: “cuando una mujer joven denuncia, el denunciado pasa a ser el ofendido” o “todo ahora se lleva a los tribunales”, como si exigir dignidad fuera un exceso.

En este episodio también abordamos casos concretos como el de Lina Marcela Castillo, y sus denuncias contra Hollman Morris, que ha abierto un debate profundo sobre el poder, la revictimización y las garantías reales para las mujeres que denuncian. Porque aquí hay algo claro: la mujer que denuncia muchas veces deja de ser vista como víctima y pasa a ser señalada, cuestionada o incluso amenazada. Y entonces la pregunta es inevitable: ¿qué tan seguros estamos al alzar la voz?

También hablamos de ese límite difuso entre el coqueteo y el acoso, y de una realidad preocupante: aunque la mayoría de quienes estudian periodismo son mujeres, muchas se quedan en el camino, expulsadas por dinámicas de poder que no siempre son visibles, pero sí muy efectivas. Como lo reflexionamos en este primer episodio, el acoso no es un hecho aislado, se sostiene en un sistema patriarcal y también capitalista, y hay algo que no podemos seguir ignorando: los hombres saben cuándo hay consentimiento y cuándo están cruzando una línea. Este es, sobre todo, un espacio para nombrar lo que antes se callaba y seguir abriendo preguntas que incomodan, pero que son urgentes.

Bienvenidas y bienvenidos 

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Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradición que sobrevivió fuera de la escritura

Reseñas literarias

Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradición que sobrevivió fuera de la escritura 

Abril 5 – 2026

Por Mariela Ibarra
Periodista y escritora

Cuando se piensa en literatura o narrativa afrocolombiana del siglo XIX el nombre que se viene a la mente es el de Candelario Obeso, sin embargo, la historia literaria colombiana contó una versión incompleta. 

Mientras que comúnmente cuando se refiere a la literatura decimonónica se habla de romanticismo, costumbrismo y modernismo, una parte de la producción narrativa del país se quedó fuera del papel. No porque no existiera, sino porque no tenía acceso a la imprenta. Te contamos como en el siglo XIX la narrativa afrocolombiana sobrevivió en la oralidad, el territorio y la memoria.

Vale la pena aclarar que la historia literaria colombiana del siglo XIX ha sido tradicionalmente narrada desde un canon criollo, letrado y andino, que privilegió la producción escrita asociada a las élites políticas, terratenientes e intelectuales. En ese marco, las expresiones culturales afrodescendientes han sido interpretadas como marginales, minoritarias o inexistentes dentro del campo literario. Sin embargo, esta percepción responde menos a una ausencia de producción narrativa que a una diferencia en los soportes de transmisión y, puntualmente, el soporte escrito. 

Mientras la literatura nacional se consolidaba a través de la imprenta, las comunidades afrocolombianas desarrollaron sistemas narrativos complejos basados en la oralidad, la música, la danza y el performance.

Contexto histórico y político de inicios del siglo XIX

Posterior a la reconquista española de Nueva Granada, Simón Bolívar se comprometió con la idea de liberar a las personas esclavizadas durante su campaña independentista, en particular como parte de un acuerdo con el presidente haitiano Alexandre Pétion, quien en 1816 le ofreció armas, hombres y recursos a cambio de que aboliera la esclavitud en las nuevas repúblicas que surgieran de la guerra de independencia. 

Bolívar aceptó este pacto y lo reflejó en sus discursos, por ejemplo, en el Congreso de Angostura en 1819 donde abogó por la libertad absoluta de las personas sometidas a esclavitud, y en medidas como el reclutamiento de personas esclavizadas en su ejército con la promesa de libertad y la posterior Ley de Libres de Vientre de 1821, que emancipaba a los hijos de mujeres esclavizadas al cumplir los 18 años.

No obstante, esa promesa no se cumplió de manera generalizada e inmediata, debido a varias razones, principalmente, la necesidad de mantener el apoyo político y económico de las élites esclavistas para sostener la guerra y la joven república, la preferencia por una emancipación gradual más que inmediata, la afectación a la producción agrícola y demás industrias que se sostenían por la mano de obra esclavizada y las profundas limitaciones institucionales para imponer la libertad plena en todas las regiones bajo el control de la naciente república.

En este contexto se adoptaron medidas parciales y la emancipación definitiva solo se consolidó años después, en un proceso legislativo separado de las campañas independentistas.  La abolición total de la esclavitud en el territorio que hoy es Colombia no llegó hasta el 21 de mayo de 1851, décadas después de la muerte de Bolívar.

La abolición, no obstante, no implicó integración social ni igualdad de oportunidades. Las comunidades afrodescendientes quedaron excluidas del acceso generalizado a la educación, de la propiedad de la tierra y de los circuitos culturales formales. Esta exclusión estructural tuvo efectos directos sobre la posibilidad de consolidar una tradición literaria escrita afrodescendiente durante ese siglo, y generó una migración interna que reconfiguró profundamente el mapa demográfico y cultural del país. 

Tras 1851, numerosos grupos afrodescendientes se desplazaron hacia territorios periféricos, como el litoral Pacífico, las riberas del río Magdalena, el Caribe interior y enclaves como San Basilio de Palenque, primer pueblo liberto del continente, donde era posible ejercer mayores grados de autonomía económica y social. 

Estos asentamientos no sólo respondieron a la subsistencia, en un escenario en el que a pesar de abolirse la esclivitud algunos terratenientes continuaron persiguiendo, acosando o secuestrando a los recién liberados; sino también a la necesidad de preservar formas propias de organización comunitaria, prácticas rituales, lengua, lenguajes musicales, herencia gastronómica y sistemas narrativos heredados de la tradición oral. De este modo, la marginación del espacio letrado durante el siglo XIX coincidió con la consolidación de territorios culturales de comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, en las cuales la memoria colectiva, el canto y el relato oral funcionaron como soportes fundamentales de la producción narrativa.

La escritura afrocolombiana: una presencia excepcional

A pesar de estas limitaciones, algunos autores afrodescendientes lograron producir una obra escrita significativa que sobrevivió a lo largo de la historia.

Una de las más conocidas es la de Candelario Obeso (1849–1884), quien con Cantos populares de mi tierra (1877) trasladó al libro impreso la cadencia, el humor, la melancolía y la visión del mundo de los pescadores y trabajadores ribereños afrodescendientes del Caribe colombiano. Su escritura se caracteriza justamente por hacer de esa oralidad presente en la jerga de los bogueros su materia estética. 

Al legitimar giros lingüísticos, ritmos y sensibilidades asociadas a la tradición oral afrodescendiente, Obeso desestabilizó la idea de que la literatura nacional debía escribirse únicamente desde modelos europeos y desde el castellano normativo, justamente por eso se lo considera un autor fundacional del modernismo colombiano. Su obra puede leerse, así, como un punto de encuentro entre oralidad y escritura, y como uno de los primeros gestos conscientes de inscripción literaria de la experiencia afrodescendiente en Colombia.

Un caso distinto, aunque igualmente revelador dentro de la literatura y la política del siglo XIX colombiano es el de Juan José Nieto Gil (1804/1805–1866), figura excepcional cuyo acceso al campo político e intelectual escasamente disponible para la mayoría de afrodescendientes de su época le permitió ocupar cargos relevantes e incluso llegar a la presidencia del país. Nieto Gil fue elegido gobernador de Cartagena y posteriormente presidente del Estado Soberano de Bolívar, y el 25 de enero de 1861 se proclamó en ejercicio del poder ejecutivo de la entonces Confederación Granadina, cargo que desempeñó hasta el 18 de julio de ese año, convirtiéndose en el primer y hasta ahora único presidente afrodescendiente de Colombia. 

Además de su trayectoria política, Nieto Gil fue autor de obras literarias como Ingermina o la hija de Calamar, publicada durante su exilio en Jamaica en 1844. Una de las primeras novelas modernas colombianas de las que se tiene registro. Durante siglos su contribución fue sistemáticamente invisibilizada; su retrato fue blanqueado y marginado de los espacios oficiales de la historia nacional y su identidad afrodescendiente se diluyó en los relatos escolares y en las representaciones iconográficas hasta que, en años recientes, ha sido restaurada y reivindicada como parte de la memoria afrocolombiana.

Así, tanto Obeso como Nieto Gil encarnan trayectorias excepcionales que evidencian, no porque hayan sido las únicas sino precisamente por su rareza en el archivo actual, la magnitud de las barreras estructurales que separaban a la mayoría de las comunidades afrodescendientes de la cultura escrita, y cómo apenas hacia finales del siglo XIX es que estas voces empiezan a abrirse espacio entre el registro escrito y difundido del país.

La oralidad como sistema literario y narrativo

Durante el siglo XIX, la mayor parte de la producción narrativa afrocolombiana no fue escrita, sino vivida, cantada y transmitida de boca en boca. Esta literatura oral funcionó como un sistema de memoria colectiva que preservaba historia, emoción, valores y cosmovisión en contextos comunitarios, familiares o rituales, más allá de los circuitos de escritura formales dominados por élites criollas. En diferentes regiones del país, estas prácticas se convirtieron en vehículos de transmisión de saberes que superan la noción reductiva de “folclor” para constituirse en prácticas culturales centrales de identidad.

Entre estas encontramos los cantos de trabajo, que son fuente estructural de la obra de Candelario Obeso, vinculados a la navegación fluvial, la pesca y la minería, y que formaron parte de la vida cotidiana en territorios como el Pacífico y las riberas del Magdalena. En estos contextos, las canciones no solo marcaban el ritmo de la labor, sino que también narraban historias de esfuerzo, resistencia y pertenencia a un entorno natural y la apropiación del territorio. La música basada en instrumentos como la marimba de chonta, el bombo, cununos y guasá articulan ritmos complejos que son inseparables de los cantos narrativos, y en muchas comunidades estos repertorios combinaban una función lúdica, ritual y memorial.

En el Pacífico colombiano, expresiones como los alabaos y arrullos emergieron como formas rituales de acompañamiento en momentos de duelo, celebración y transición social. Los alabaos, cantos tradicionales asociados a velorios y despedidas de difuntos, articulaban relatos emotivos sobre la muerte, el perdón y la reconciliación, operando como mecanismos comunitarios para procesar dolor y memoria compartida. Los arrullos, por su parte, eran entonados principalmente por mujeres como parte del cuidado comunitario de niños y enfermos, que formaban parte de la transmisión de afectos dentro de la familia y la comunidad, integrando elementos católicos e influencias africanas en su estructura narrativa.

En el Caribe colombiano, los bullerengues y los denominados sones de negro constituyeron manifestaciones musicales y narrativas profundamente arraigadas en la experiencia comunitaria afrodescendiente. El bullerengue, tradicionalmente cantado por mujeres en fiestas y celebraciones, articula letras y ritmos que pueden interpretarse como relatos colectivos de vida, trabajo, resistencia y solidaridad, y su estructura vocal y percusiva arrastra siglos de memoria histórica. Los sones de negro, por su parte, son expresiones musicales tradicionales nacidas en la costa Caribe, mezclando influencias africanas con elementos indígenas y europeos.

Además de estas formas musicales, las leyendas, relatos míticos, de espantos y narraciones sobre espíritus, animales y fuerzas de la naturaleza que circularon oralmente en múltiples regiones de Colombia son de origen afrocolombiano.

Igual de representativas son las memorias orales de cimarronaje y resistencia, las historias transmitidas sobre fugas de la esclavitud, la formación de comunidades libres y los actos de rebeldía contra el sistema colonial, constituyeron un eje central de la identidad afrodescendiente y se conservaron a través de generaciones como relatos fundacionales de autonomía y dignidad. 

Los cimarrones, personas esclavizadas que escaparon de las haciendas para organizarse en territorios inaccesibles, desarrollaron formas de vida autónomas que se expresaron tanto en la práctica territorial como en la narración comunitaria: los palenques en la región del Caribe colombiano ejemplifican este proceso histórico de resistencia, donde las lógicas de evasión y autogobierno se convirtieron en material narrativo que se transmitió oralmente durante siglos posteriores a su establecimiento. 

Estudios etnográficos e históricos han documentado cómo la oralidad de comunidades como San Basilio de Palenque no solo conservan la memoria de las fugas y confrontaciones, sino que articula una visión del mundo híbrida y resistente que contiene elementos narrativos africanos, indígenas.

La oralidad que emerge de estos procesos no puede entenderse como un mero residuo del pasado, sino como un sistema narrativo completo que desempeñó, y en muchos casos sigue desempeñando, una función social y epistemológica central: preservar constancias de lucha, trazar genealogías de libertad y ofrecer marcos interpretativos propios para comprender la esclavitud, la huida y la construcción de territorios autónomos. En este sentido, las narrativas de cimarronaje constituyen un archivo vivo, una memoria activa que sostuvo comunidades enteras en un siglo marcado por la exclusión del espacio letrado y por la persistencia de desigualdades raciales profundas. 

Estas expresiones orales, y las no mencionadas en este artículo, funcionaron como archivos culturales colectivos, en los que se preservaban conocimientos históricos, normas éticas y visiones del mundo de raíz africana, reconfiguradas en el contexto americano.

En este sentido, la literatura afrocolombiana del siglo XIX no puede evaluarse exclusivamente desde el criterio de la producción escrita. Su desarrollo estuvo condicionado por un sistema de exclusión racial que limitó el acceso a la educación y a los circuitos editoriales. No obstante, las comunidades afrodescendientes sostuvieron una tradición narrativa robusta a través de la oralidad, que funcionó como mecanismo de preservación cultural y construcción de memoria histórica.

Las obras de autores como Candelario Obeso y Juan José Nieto Gil representan manifestaciones visibles de una tradición más amplia, cuya dimensión principal se encuentra en prácticas orales, musicales y performativas. Reconocer esta producción implica ampliar la noción de la narrativa y la invitación que se les hace desde este artículo es a reconsiderar los marcos desde los cuales se ha construido la historia literaria colombiana.

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El Latido de la Montaña: donde el agua se vuelve pluma

Reportajes

El Latido de la Montaña: donde el agua se vuelve pluma


Abril 1 – 2026 

Texto publicado en Miraleeperiodicocultural que nos ha permitido compartirlo en nuestra web

No hace falta irse al fin del mundo para encontrar el principio de todo. A solo trece kilómetros de los semáforos impacientes y el afán del asfalto caleño, el aire cambia de textura. Se vuelve denso, fresco, casi masticable. Estamos en Villacarmelo, el pulmón verde que custodia a Cali desde las sombras de los Farallones, y aquí, el tiempo no se mide en minutos, sino en el aleteo frenético de un colibrí.

Llegar a Bosque Colibrí es asistir a un milagro de paciencia. Lo que hoy es un santuario de biodiversidad, hace dieciséis años era un lienzo de fe que Paola Andrea Dradá comenzó a trazar con la tenacidad de quien sabe que la tierra es un préstamo de los hijos. No es solo un destino turístico; es un acto de resistencia poética frente a la depredación urbana.

El retorno a lo esencial

Al cruzar el umbral del bosque, el ruido de la ciudad se disuelve en el murmullo constante de la quebrada El Carmen. Es un sonido pedagógico: nos recuerda que cada gota que corre por aquí terminará, tarde o temprano, calmando la sed de la gran urbe allá abajo. Aquí la conservación no es un eslogan, es un estilo de vida que se respira en cada sendero.

El recorrido es una inmersión sensorial. Los visitantes caminan con la mirada elevada, buscando los destellos metálicos de las aves que han regresado a casa gracias a la restauración del ecosistema. En este rincón, la observación de aves deja de ser un hobby para convertirse en una meditación activa. Ver un ejemplar en total libertad, sin jaulas ni artificios, es entender que la verdadera riqueza no se acumula, se contempla.

Bienestar que oxigena el alma

Pero el bosque ofrece algo más que fotos bonitas para el feed de Instagram. Hay una intención profunda de sanación. Los talleres de cuidado emocional y las caminatas conscientes proponen un pacto: tú cuidas la montaña y la montaña te devuelve el eje. Como bien dicen quienes recorren sus trochas, aquí se viene a «oxigenar el alma».

La experiencia es integral

* El Ritual del Café: Un encuentro con el aroma de nuestra tierra.

* La Sabiduría de las Abejas: Entender que sin esos pequeños seres, el ciclo de la vida se detiene.

* Fuego y Estrellas: Fogatas nocturnas donde la palabra vuelve a ser el vínculo principal entre humanos.

Este proyecto, que ha cruzado fronteras hasta llegar a misiones internacionales en Costa Rica, demuestra que el turismo sostenible es la única moneda válida para el siglo XXI.

Al elegir Villacarmelo sobre el centro comercial, el ciudadano se convierte en un aliado de las fuentes hídricas. Es un voto por la vida, por el agua y por la permanencia de nuestra biodiversidad.

Bosque Colibrí es, en esencia, un recordatorio de que somos parte de un tejido invisible. Al final del día, cuando el sol se oculta tras los cerros y el frío de la montaña empieza a bajar, uno comprende que proteger este paraíso no es una opción, sino un deber con nosotros mismos.

Cali tiene un tesoro a la vuelta de la esquina; solo hace falta el coraje de desconectarse para volver a conectar.

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Cuando el desarrollo se vuelve esperanza

Cuando el desarrollo se vuelve esperanza

Marzo -2026

Por PANAL MEDIOS 

En los barrios donde el agua llega con dificultad, en las veredas donde la luz aún es un privilegio intermitente y en las ciudades donde el transporte define el ritmo de la vida cotidiana, hablar de desarrollo no es una abstracción técnica: es hablar de dignidad. Es en ese país profundo, diverso y desigual, donde una noticia como la reciente iniciativa de Findeter cobra un significado que va mucho más allá de los números.

La Banca de Desarrollo Territorial -Findeter- anunció el lanzamiento de la Línea Especial de Crédito del Banco de Desarrollo Alemán -Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW)- Sostenible EMUA (proyectos sostenibles de energía, movilidad urbana, agua y saneamiento básico), una fuente de financiación por 150 millones de dólares que, en apariencia, podría leerse como otro instrumento financiero. Pero en el lenguaje de las comunidades, esto se traduce en algo distinto: posibilidades. Posibilidades de transformar realidades que durante décadas han permanecido en espera.

Esta línea nace con el respaldo del KFW, en el marco del Programa de Desarrollo Económico y Urbano Sostenible. No se trata únicamente de una alianza internacional, sino de un puente entre visiones: la experiencia técnica global y las necesidades urgentes de los territorios colombianos.

Carlos Alberto Saad Llinás, presidente de Findeter, lo expresó con claridad: estos recursos buscan impulsar proyectos que no solo construyan infraestructura, sino que respondan a criterios de sostenibilidad ambiental, mitigación del cambio climático y fortalecimiento del tejido económico. En otras palabras, no se trata solo de hacer obras, sino de hacerlas bien, con sentido y con futuro.

Para muchas comunidades, el desarrollo sostenible no es un concepto académico: es la diferencia entre tener agua limpia o no tenerla, entre respirar aire contaminado o caminar hacia una ciudad más habitable, entre depender de energías costosas o acceder a alternativas renovables.

La nueva línea de crédito apunta precisamente a esos sectores que impactan la vida cotidiana: energías renovables, eficiencia energética, movilidad sostenible y agua potable. Cada uno de estos frentes representa una deuda histórica con amplias regiones del país.

Pensar, por ejemplo, en proyectos de energías renovables en zonas rurales no es solo hablar de paneles solares o tecnología avanzada. Es hablar de escuelas que pueden funcionar sin interrupciones, de centros de salud que pueden atender emergencias, de hogares que dejan atrás la oscuridad. Es, en esencia, hablar de equidad.

En el ámbito urbano, la apuesta por sistemas de transporte sostenible —como flotas de bajas o cero emisiones y sistemas inteligentes de tránsito— abre la puerta a ciudades menos contaminadas, más eficientes y, sobre todo, más humanas. En ciudades donde el tiempo se pierde en trancones interminables, estas transformaciones no son menores: son una forma de devolverle calidad de vida a millones de personas.

Y cuando se habla de agua potable y saneamiento básico, el impacto es aún más profundo. Ampliar la cobertura, mejorar la calidad y promover el uso eficiente del recurso hídrico no solo previene enfermedades, sino que dignifica la vida. En muchos territorios, el acceso al agua sigue siendo una lucha diaria; por eso, cada inversión en este sector es también una inversión en salud y en justicia social.

Uno de los aspectos más significativos de esta iniciativa no está únicamente en el capital disponible, sino en las condiciones que lo acompañan. Para acceder a estos recursos, los proyectos deberán cumplir con rigurosos criterios técnicos, financieros, climáticos y socioambientales definidos por el KFW.

Esto implica que cada iniciativa será evaluada con herramientas especializadas que garantizan su viabilidad y su alineación con estándares internacionales de sostenibilidad. En un país donde muchas obras han quedado inconclusas o mal ejecutadas, este enfoque representa un cambio de paradigma: no basta con invertir, es necesario hacerlo con responsabilidad y visión de largo plazo.

Además, el programa incluye asistencia técnica gratuita. Este componente es crucial para las entidades territoriales y organizaciones que, aunque tienen la voluntad de ejecutar proyectos transformadores, a menudo carecen de capacidades técnicas o administrativas suficientes. La asistencia no solo mejora la calidad de los proyectos, sino que fortalece las instituciones locales, generando un impacto que perdura más allá de una obra específica.

En otras palabras, no se trata solo de financiar proyectos, sino de sembrar conocimiento, de construir capacidades y de empoderar a los territorios para que sean protagonistas de su propio desarrollo.

La Línea KFW Sostenible EMUA está dirigida a una amplia diversidad de actores: entidades territoriales, empresas de servicios públicos, operadores de transporte, empresas públicas, privadas y mixtas, e incluso empresas sociales del Estado.

Detrás de esta diversidad hay una apuesta clara: el desarrollo sostenible no puede depender de un solo actor. Requiere articulación, cooperación y, sobre todo, participación.

Para los medios comunitarios, las organizaciones sociales y las juntas de acción comunal, esta iniciativa abre una ventana que no puede pasar desapercibida. Aunque no todos serán beneficiarios directos, sí pueden convertirse en actores clave en la veeduría, en la promoción de proyectos y en la construcción de propuestas que respondan a las necesidades reales de sus territorios.

Las comunidades conocen mejor que nadie sus problemáticas y sus potencialidades. Por eso, el reto no es solo acceder a estos recursos, sino asegurar que lleguen a donde más se necesitan y que se traduzcan en transformaciones reales.

Colombia enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia: avanzar hacia un modelo de desarrollo que no sacrifique el ambiente, que no profundice las desigualdades y que no deje a nadie atrás. En ese contexto, iniciativas como esta se convierten en piezas clave de un rompecabezas más amplio.

La transición energética, la movilidad limpia, la gestión eficiente del agua y la construcción de ciudades resilientes no son metas aisladas. Son parte de una misma visión: la de un país que reconoce que el desarrollo no puede medirse únicamente en crecimiento económico, sino en bienestar colectivo.

La Línea KFW Sostenible EMUA representa, en ese sentido, una herramienta concreta para avanzar en esa dirección. Pero su verdadero impacto dependerá de cómo se utilice, de quiénes accedan a ella y de la capacidad de las comunidades para apropiarse de estos procesos.

En los territorios, las grandes transformaciones no suelen anunciarse con discursos grandilocuentes. Se construyen poco a poco, con esfuerzo colectivo, con liderazgo comunitario y con decisiones que, aunque parezcan técnicas, tienen profundas implicaciones humanas.

Hoy, esta nueva línea de crédito se presenta como una oportunidad. No una solución mágica, pero sí un camino posible. Un camino que, si se recorre con responsabilidad, participación y enfoque territorial, puede contribuir a cerrar brechas históricas y a construir un país más justo.

Porque al final, el desarrollo sostenible no se trata solo de infraestructura, ni de financiamiento, ni de indicadores. Se trata de algo más simple y más profundo: garantizar que todas las personas, sin importar dónde vivan, puedan habitar un territorio digno, habitable y lleno de futuro.

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Crisis en la frontera Colombia – Ecuador: ¿estrategia de Estados Unidos para intervenir?

Opinión

Crisis en la frontera Colombia-Ecuador: ¿estrategia de EEUU para intervenir?

Marzo 29-2026

Por Michael Saportas Peláez
Periodista 

En la frontera entre Colombia y Ecuador convergen intereses estratégicos, económicos y delictivos perseguidos por múltiples actores, entre los que se destaca la presencia cada vez más visible de agentes estadounidenses.  

Una bomba de fabricación gringa sin estallar lanzada desde Ecuador a territorio colombiano desató una crisis diplomática no vista desde aquella vez en 2008 en que el gobierno de Uribe autorizó transgredir la frontera para asesinar a Raúl Reyes, uno de los máximos cabecillas de las extintas FARC. En esta trama, la realidad supera la ficción y, lo que pareciera una representación simbólica, es el mejor ejemplo de lo sucedido en la frontera desde hace décadas; la disputa entre grupos armados por el control de las rutas del narcotráfico, contrabando, militarización, desplazamiento forzado, abandono estatal y los intereses geoestratégicos de Estados Unidos en la región. 

El gobierno de Donald Trump pretende revivir los tiempos del Plan Colombia. Este proyecto fue consensuado en el Congreso estadounidense en la década de los 2000 con el objetivo de reforzar la presencia militar de ese país en Colombia. Su implementación tuvo un costo de USD 1,300,000, destinados al fortalecimiento de las capacidades logísticas de las fuerzas armadas colombianas y la instalación de bases extranjeras en puntos clave como la frontera con Ecuador. Lejos de acabar con la violencia, esta alianza macabra entre agentes extranjeros, paramilitares y gobierno dejó decenas de muertos y desplazados en esa zona del país donde hoy ha vuelto a intensificarse la guerra. 

El denominado Plan Colombia fue denunciado en su momento por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional ante el riesgo de escalar el conflicto. Una declaración pública de la organización con fecha del 21 de julio del 2000 titulado “La postura de Amnistía Internacional respecto al Plan Colombia” documenta lo siguiente:

 “Amnistía Internacional se opone al programa de ayuda militar para Colombia porque la organización cree que hará escalar el conflicto armado y la crisis de derechos humanos. La organización ha documentado de forma abrumadora la responsabilidad de las organizaciones paramilitares ilegales en violaciones de derechos humanos generalizadas, sistemáticas y sumamente graves. También existen pruebas concluyentes de que los grupos paramilitares continúan operando con el apoyo tácito o activo de las fuerzas armadas colombianas. Existen también pruebas de que personal militar colombiano entrenado por fuerzas especiales estadounidenses ha estado implicado —por acto u omisión— en violaciones graves de los derechos humanos, incluidas masacres de civiles. Según los informes, el equipo militar proporcionado por Estados Unidos a las fuerzas armadas colombianas se ha usado para cometer violaciones de derechos humanos contra los civiles”.

Las advertencias no fueron tenidas en cuenta. Eventualmente sucedió lo que se temía y Estados Unidos terminó usando el Plan como excusa para eliminar todo rastro de oposición a sus políticas imperialistas en la región, en colaboración con el gobierno de Álvaro Uribe, y en complicidad con los grupos paramilitares, disfrazándolo de “lucha contra el narcotráfico” para perseguir a líderes sociales y desplazar a comunidades campesinas enteras de zonas estratégicas y ricas en recursos como la frontera colombo ecuatoriana. 

Así fue como el vecino del norte convirtió las regiones de Nariño y Putumayo en un centro de operaciones a cargo de empresas privadas dedicadas a la extracción de petróleo, comercialización de equipos militares, mantenimiento de aeronaves, labores de inteligencia, y fumigación de cultivos ilícitos. Empresas como Monsanto, cuyo propietario es la multinacional alemana Bayer AG, y DynCorp, contratista estadounidense, hicieron contratos multimillonarios con la venta y aspersión de glifosato, herbicida utilizado para la erradicación de hoja de coca, y altamente cancerígeno, según estudios de la OMS. 

Hoy las dinámicas del conflicto en la frontera colombo-ecuatoriana siguen siendo las mismas, pero con la participación de nuevas bandas criminales de un lado y otro.  Según el portal investigativo Insight Crime, esta es una de las regiones del mundo más importantes para la producción y exportación de droga a nivel mundial, pues ahí se encuentran los campos de hoja de coca más productivos del continente y fácil acceso a las regiones de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, desde donde se despachan lanchas y barcos pesqueros con dirección a América del Norte, Europa y otros lugares. Como hace veinte años el narcotráfico, el contrabando y la minería ilegal siguen siendo el centro de la disputa en esta zona, donde la pobreza y la desigualdad siguen contribuyendo a la guerra. 

Desde Estados Unidos presionan al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, para que permita la presencia de bases extranjeras en su país, llevándolo incluso a perjudicar las relaciones diplomáticas con Colombia. Lo de la bomba no ha sido para nada una casualidad y deja en evidencia la necesidad del gobierno estadounidense de recuperar su influencia geopolítica y sus intereses económicos en esta parte del mapa con la vieja excusa de la “lucha antidrogas”, que ya le sirvió para intervenir en Venezuela. 

Los ecuatorianos ya firmaron el No en el plebiscito del año pasado sobre la instalación de bases militares estadounidenses en su territorio. Sin embargo, su Presidente se esfuerza en cometer el mismo error que nos costó a los colombianos tantos muertos inocentes a principios del siglo. Tampoco le importa debilitar las relaciones diplomáticas con Colombia, uno de sus principales socios comerciales y sin el cual podría afectar seriamente la economía en su país. Entonces, ¿Para quién gobierna?

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Defender la vida siendo mujer: riesgos de las ambientalistas en Colombia

Reportajes

Defender la vida siendo mujer: riesgos de las ambientalistas en Colombia


Marzo 28 – 2026 

Por Andrés Gómez

Texto publicado en El Turbión, organización tecnoactivista, que nos ha permitido su divulgación en nuestra web. 

Las mujeres en Colombia componen en gran parte los procesos de transformación socioambiental. De acuerdo con una encuesta hecha por la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) en junio de 2024, las mujeres representaban más del 42% del total de personas que se identifican como defensores en asuntos ambientales, pero poco se sabe de los riesgos diferenciados que enfrentan al cuidar la vida del planeta.

Un ejemplo reciente de falta de claridad es el informe público presentado en 2025 por la Fiscalía General de la Nación donde aclara que entre 2016 y 2024 registró 1.372 homicidios de personas defensoras de derechos humanos, pero no discrimina quienes fueron asesinados por sus labores como ambientalista. Marlén Arévalo, líder ambiental y de derechos humanos, y representante a la Mesa Nacional de Garantías, habla de la incidencia que hasta ahora se ha logrado pero insiste en la falta de diferenciación:

La labor que hemos hecho en la mesa de garantías con mi compañera que es la delegada de mujeres, ha sido una cosa bien bien interesante, y en la política pública pues logramos por lo menos que se colocara la palabra defensor ambiental, porque no estaba, porque nos meten a todos en el mismo canasto.

La Fiscalía también reporta que desde el año 2016 al 2024, fueron asesinadas 14 mujeres por ser mujeres y ejercer liderazgo social: tres de los casos se encuentran inactivos, 4 en indagación, 4 en juicio y 3 más en ejecución de penas. Y en el caso de la desaparición forzada, la Fiscalía informa que del año 2016 al 2024 tiene registros de 40 casos en indagación, 14 en etapa de investigación, 6 en juicio y 4 en ejecución de penas, pero no ofrece información discriminada de quienes son mujeres.

La Fiscalía, institución que investiga delitos y ejerce la acción penal pública en Colombia, no reporta información diferenciada sobre liderazgos ambientalistas y menos la diferencia entre hombres y mujeres asesinadas o desaparecidas por su labor ambiental, tampoco respondió el derecho de petición que le envió el periódico preguntando sobre este tema.

Es necesario saber los riegos diferenciados que asumen las personas que cuidan la vida del planeta, debido a la presión de multinacionales extractivistas legales e ilegales, y que los ecosistemas están, cada vez, bajo más presión, y quienes lideran procesos socioambientales que resisten a la voracidad de la minería y los monocultivos extensivos, se han convertido en sus enemigos, especialmente en Sur América y el Caribe, ambientalistas como Marlén Arévalo, comentan sobre ésto:

Tuve la posibilidad en junio del año pasado de participar en la parte final de la construcción de la política pública [para defensores y defensoras de derechos humanos] porque llevaban más o menos construyéndola desde el 2022-2023. … Cuando yo llego allí y empiezo a hablar del tema ambiental, mira que curiosamente desde la institucionalidad todo el tiempo me callaban y me decían:‘No, es que eso se va a ver más adelante’; ‘No, mira, es que eso no se trabajará acá’. Inclusive compañeros defensores de derechos humanos lo que dijeron es que: ‘¡defensor es defensor, y ya!’. Y yo decía: ¿cómo así que defensor es defensor y ya? Si es el país en donde más asesina defensores ambientales por cuenta de la industria extractiva.

Marlén no se equivoca en su análisis. La organización Global Witness, expone que entre 2012 y 2024 han sido asesinadas 2.253 personas defensoras ambientales en el mundo, e informa que 509 casos ocurrieron en Colombia. La ONG especializada en reportar crímenes a defensores ambientales, también reporta que en 2024 fueron asesinadas 146 personas por defender sus derechos a sus territorios y a un ambiente limpio, sano y sostenible, 120 de ellas en Latinoamérica. Casi un tercio de los homicidios se perpetraron en Colombia, donde a 48 personas les quitaron la vida por defender la vida, 4 de ellas mujeres:

Fuente: Global Witness

Colombia es de lejos el país más peligroso para ser líder social. En el informe sobre la Situación de las Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, reportó que entre 2016 y 2025, asesinaron en Colombia a 972 personas defensoras de derechos humanos: 112 mujeres, 843 hombres y 17 personas LGTBI+.

Fuente: OACNUDH

Este informe, aunque no discrimina si el liderazgo de las víctimas era social y/o ambiental, si aclara que, en el caso de las lideresas ambientales: Las agresiones suelen estar vinculadas a conflictos socioambientales y a la oposición frente a proyectos extractivos.

Nombrar lo que el Estado no ve

A un par de horas de Tumaco, en la vía que comunica con Pasto, está ubicado el municipio de Ricaurte, y en este lugar del piedemonte andino que conecta con el pacífico, son mujeres las que componen gran parte los procesos de transformación socioambiental y podría ser mayor su participación a la media nacional, solo en dos organizaciones ambientalistas del municipio más del 90% de sus integrantes son mujeres: Mujeres Recicla Ricaurte por la Paz y Guardabosques los Gualpantes.

Lea: Recicla Ricaurte detiene la muerte antes de que llegue al mar

Lea: Sembrar vida en tiempos de conflicto

Estas organizaciones, junto con la Fundación Bitácora Ciudadana, en el marco del proyecto “Sembrando paz y resiliencia” financiado por el Banco de proyectos para las comunidades del Ministerio del Interior, asumieron reflexionar sobre las amenazas que enfrentan como ambientalistas e invitaron a El Turbión a participar de una serie de encuentros con ellas para compartirlas. Los hallazgos sorprenden, porque reflejan que las personas ambientalistas enfrentan amenazas a su integridad mental y física no solo por parte de los actores armados, sino de la sociedad en general y propias de las crisis climática, al ser la primera línea de acción ambiental.

Somos violentos con las mujeres que defienden la vida

Mujeres articipantes de los encuentros “Sembrando paz y resiliencia” – Foto: Ximena Dorado

Cuando las mujeres de la asociación Mujeres Recicla Ricaurte salen a las calles o a las veredas del municipio a recuperar materiales reciclables, no siempre reciben reconocimiento por el trabajo ambiental que realizan. Varias de ellas contaron que, además de recolectar y recorrer largas distancias para luego separar y compactar, también deben soportar burlas o comentarios humillantes de algunos vecinos, así lo comentó Pilar*, una de las mujeres que recicla:

Hay personas que digamos que nos nos tratan mal (…) que dicen a veces: «Ahí vienen las basureras, vienen las recoge basura.

Otras veces la humillación está ligada a la idea de que su trabajo es remunerado por la empresa de gestión de residuos Ecoopar, ante la confusión, algunas personas no separan los orgánicos de los materiales reciclables a propósito:

Siempre las personas piensan que nosotras somos unas empleadas de Ecoopar. Entonces desde ahí ha venido como esa crítica y muchas veces dicen: ‘No, es que ustedes para eso les pagan’.

Las palabras humillantes y las acciones mezquinas lastiman, pero las mujeres que se han organizado para evitar que la basura del municipio afecte la biodiversidad del chocó biogeográfico o alcance el mar, saben de la importancia del trabajo ambiental que hacen, y con el poco dinero que ganan recolectando, separando y comprimiendo la basura que recolectan en las calles y áreas rurales del municipio, hoy tienen más autonomía financiera, algo vital en un territorio que ofrece pocas alternativas lícitas para las mujeres indígenas y campesinas.

Otras personas víctimas de la baja educación ambiental son las mujeres que restauran los potreros sin árboles que han dejado economías de la coca y el ganado. Algunos vecinos de las mujeres que han traído de vuelta agua a los cauces de quebradas y ríos no les creen que hagan las cosas sin ánimo de lucro, así lo afirma Alexander*, miembro de Los Gualpantes:

Confunden el trabajo social, ambiental con la parte de dinero. El hecho de estar nosotros trabajando en este tema que estamos aquí, le dicen, ‘¿Cuánto le dieron a ustedes por estar con la doctora aquí en este proyecto?’

La incomprensión no siempre proviene de desconocidos. Ambas organizaciones de mujeres también enfrentan que las familias les digan que pierden el tiempo. Así lo aseguró Sandra*, participante y voluntaria de Recicla Ricaurte por la Paz.

Pues en en la en mi familia prácticamente sí tuvimos inconvenientes cuando recién iniciamos. Porque pues se puede decir esto es como una locura, ¿no? Hicieron algo loco, o sea, tú dejas de hacer tu trabajo en tu casa y te vas a a un trabajo, como lo mencionaba, que no es remunerado.

Y lo mismo relató Lina* en uno de los talleres con la Fundación Bitácora Ciudadana, una de las mujeres Guardabosque que es enfermera:

Mis amistades, mis compañeras de trabajo sí me lo han dicho. Que es lo que haces allá metida perdiendo el tiempo, vos.

En los diálogos entre las mujeres ambientalistas, surgió el respaldo solidario entre compañeras, y los encuentros sirvieron además para diseñar estrategias y mitigar la afectación en los procesos organizativos que la descalificación provoca, como lo explica una de las participantes, una de las principales acciones de mitigación frente a la estigmatización es escucharse:

Cuidar nuestra salud emocional compartiendo con nuestras compañeras la situación desagradable.

Espacios de cuidado mutuo – Foto: Andrés Gómez

Ese respaldo mutuo también fortalece la convicción de que su trabajo tiene sentido, así lo afirmó Pilar*:

Creo que lo mejor que podemos hacer es apoyarnos entre las compañeras de la organización y también reconocer las otras iniciativas de liderazgo y de conservación que se están desarrollando en el municipio,

Defender la naturaleza en medio de economías ilícitas y violencia

El trabajo ambiental de las organizaciones de mujeres en Ricaurte ocurre en un territorio con alta biodiversidad pero que está atravesado por estos riesgos, por lo que varias de sus actividades como recoger reciclables en veredas o restaurar zonas degradadas, implican recorrer caminos rurales donde también están presentes economías ilícitas, actores armados legales e ilegales, e incluso minas antipersonal o municiones sin explotar.

En algunos casos, los senderos de las guardabosques pasan cerca de predios donde existen cultivos de uso ilícito. Por ello Clara*, miembro de las Gualpantes y una de las participantes de los encuentros, explica que esa cercanía ha generado tensiones con quienes controlan esos espacios:

Cerca de los predios de la reserva hay personas que tienen cultivos ilícitos. Entonces, como algunos de nuestros senderos pasan cerca de esos lugares, sí ha habido como un cierto choque.

Cocales en Nariño – Foto: Andrés Gómez

Recorrer el territorio también significa moverse en zonas donde persisten riesgos asociados al conflicto armado. Ante esto, durante las jornadas de recolección o restauración ecológica, las mujeres saben que pueden encontrarse con combates, minas antipersonal o artefactos sin detonar. Pilar*, de Recicla Ricaurte, sabe de ese peligro: Al hacer recolección o recorrer los territorios, siempre estamos enfrentadas a ese riesgo cuando hay enfrentamientos o minas antipersona. Siempre hay que tener cuidado.

En ocasiones, incluso reciben advertencias directas para no ingresar a determinados lugares. Cuando eso ocurre, deben abandonar temporalmente sus actividades ambientales, así lo afirma Pilar*: Se han presentado situaciones donde a veces nos advierten, dicen nos dicen que pues a esa zona no podemos ingresar, no podemos hacer esa recuperación en ciertas zonas, entonces nos toca dejar, nos toca tratar de no hacer esa recuperación en esos lugares.

Talleres sobre minas antipersonal o artefactos sin detonar – Foto: Andrés Gómez

El conflicto armado también ocasiona el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, y en departamentos como Nariño, Cauca, Antioquia y el Catatumbo, la oficina del ACNUDH verificó en 2025 al menos 150 casos de reclutamiento: 98 niños y 52 niñas, pero la cifra representa solo una pequeña parte de este crimen, debido al miedo a denunciar.

Uno de los modos empleados con las niñas y adolescentes es el enamoramiento. En el mismo informe, OACNUDH expone que sistemáticamente, integrantes de grupos armados coquetean en espacios comunitarios con las menores de edad para luego manipularlas con promesas de protección o apoyo económico, pero una vez reclutadas, enfrentan aislamiento, traslado forzado, coerción sexual y la imposición de tareas de cuidado o logísticas. Estas situaciones no son ajenas a los riesgos que enfrentan las organizaciones de mujeres de “Sembrando paz y resiliencia”, Clara no duda en ratificarlo: Muchas de de las personas o de los participantes de la organización o de los que trabajamos somos mujeres y en ocasiones se presenta de que pues esas personas empiezan como a molestar o a querer pretender a las niñas, con comentarios, a veces alusivos a nuestra parte física, y eso que nosotros no nos podemos ir cómodas.

El informe realizado por la OACNUDH sobre la Situación de las personas defensoras de derechos humanos en Colombia (2022-2025), también aclara que estas violencias no solo afectan a las mujeres, niñas y adolescentes que las sufren, sino a las comunidades: Para las mujeres de Pueblos Indígenas y comunidades afrodescendientes, las violencias de género se inscriben además en contextos de racismo estructural y despojo territorial, afectando no solo a las personas directamente atacadas, sino también las dinámicas colectivas de cuidado, gobernanza y transmisión de la cultura.

Ante los riesgos que trae el conflicto armado, las organizaciones han tomado medidas de seguridad para reducir riesgos durante los recorridos, y una de las reglas principales es evitar desplazarse solas, así lo expresa Milena, otra miembro de los Gualpantes*: Cuando realizamos recorridos y pues en ocasiones como hay presencia de diferentes grupos en nuestros predios y si vamos a hacer un recorrido, pues lo hacemos acompañados.

También han aprendido a moverse únicamente por rutas conocidas y cuando circula información sobre posibles combates o presencia de artefactos explosivos suspenden toda actividad de reciclaje, así lo cuenta Pilar: “Cuando hay alertas de que hay cilindros bomba o esto, tratamos de no acercarnos”.

La crisis climática también amenaza a quienes restauran el territorio

Reserva forestal Los Gualpantes – Foto: Andrés Gómez

Las lluvias intensas y prolongadas han incrementado los riesgos de deslizamientos, avalanchas e inundaciones en el municipio, lo que afecta tanto los ecosistemas como la seguridad de quienes realizan recorridos en las montañas y en las vías del municipio.

En la reserva tenemos dos quebradas. Esa es una de las principales como riesgos que tenemos porque eh se crecen las quebradas… la reserva tiene un puente y pues eso es muy es un riesgo gravísimo… nos afectó parte de nuestras instalaciones… llevándose el puente por el cual nosotros accedemos.» Afirmó Clara*.

Durante las jornadas de recolección de reciclables, las mujeres de Recicla Ricaurte también enfrentan riesgos asociados a altas temperaturas, lluvias extremas o crecientes súbitas que dificultan sus desplazamientos por el territorio, y por ello Pilar explica que no salen a recuperar materiales cuando las lluvias son intensas: Tratamos de que cuando hay deslizamientos, cuando hay lluvias fuertes, entonces no no se salga a hacer esos recorridos o cuando hay pues avalanchas y esto eh están taponadas las vías, pues no, también se suspende

Las mujeres Guardabosques, sin embargo, enfrentan riesgos asociados a la deforestación y la contaminación que poco se hablan, y que afectan su proyecto ecológico. Uno es la contaminación: los cultivos ilícitos se utilizan muchos químicos… Todos esos químicos que están en lo alto de la montaña bajan hacia la parte baja de la reserva y en la reserva se siembran forrajes que estos son utilizados para los animalitos. Eso es un riesgo por la contaminación de toda las fumigadas porque consumimos el agua, es un riesgo bien alto.

Otro riesgo es la presencia de grandes felinos empujados hacia la reserva, lo que representa un riesgo adicional durante las actividades de monitoreo o restauración ecológica, como lo afirma Clara

Eh, tenemos la presencia de un puma… eso ha sido, pues digamos en nuestras zona es peligroso, ¿no?… hemos presenciado muertes de vacas… y como estamos en la reserva, van niños, van jóvenes, van adultos, hacen recorrido y pues eso puede ser peligroso para nosotros.

Las ambientalistas también han desarrollado medidas de prevención frente a eventos climáticos extremos que afectan sus recorridos y las zonas de conservación. Tratamos de que cuando hay deslizamientos, cuando hay lluvias fuertes, entonces no se salga a hacer esos recorridos o cuando hay avalanchas y están taponadas las vías, pues no, también se suspende lo que hace la asociación.

Sin embargo, es el monitoreo permanente del territorio la forma de anticipar riesgos ambientales. Nosotros como estamos siempre haciendo los recorridos y estamos en los procesos de restauración ecológica, pues hacemos como un monitoreo de cómo están esos afluentes, de que si se ha presentado algún deslizamiento o algo, entonces estamos nosotros mismos previniendo esas situaciones.

Sin datos sobre las defensoras no hay prevención

Cuidarse para cuidar – Foto: Andrés Gómez

Mujeres Recicla Ricaurte por la Paz y la Reserva Natural Los Gualpantes muestran que las organizaciones ambientalistas lideradas por mujeres enfrentan riesgos derivados del conflicto armado, estigmatización, crisis climática, pero también que intercambiando experiencias se construye de forma comunitaria formas de cuidado que les permiten continuar defendiendo el territorio y sostener sus procesos ambientales en el municipio.

Lo que no es poco, especialmente en un territorio donde la violencia, la degradación ambiental y la crisis climática se superponen. Pero mientras el Estado no produzca información clara sobre quiénes defienden el ambiente, qué riesgos enfrentan y cómo se diferencian esos riesgos entre las personas defensoras: hombres, mujeres, Lgbtiq+, la prevención seguirá siendo insuficiente.

Las mujeres que restauran bosques, recuperan ríos y evitan que los residuos lleguen al mar ya están nombrando esas violencias y construyendo sus propias estrategias de cuidado. Lo que aún falta es que el Estado las escuche, reconozca sus saberes y actúe, y una herramienta que podría incluir sus reflexiones para incidir en la vida cotidiana es el Acuerdo de Escazú, pero a un año de que Colombia se suscribiera, todavía no se incorpora a la institucionalidad, y para las defensoras no debe demorar, así lo exige Marlene Arévalo: Entonces, para nosotros es fundamental y era fundamental que eh se aprobara el Acuerdo de Escazú, se acogiera el Acuerdo de Escazú acá en Colombia. Pero al día de hoy, mira, ya llevamos más de 1 año y no se ha hecho nada con el Acuerdo de Escazú.

El reclamo de Marlene es apenas justo. El informe de 2016 a 2025 sobre la Situación de las Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia, realizado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, expone una cifra aterradora. Casi 100 personas han muerto cada año durante los últimos 9 años; y por ello recomendó poner en práctica la red institucional de protección de personas defensoras del derecho al medio ambiente y profundizar la implementación del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe: el Acuerdo de Escazú.

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60 proyectos comunales comienzan a transformar regiones de Colombia

60 proyectos comunales empiezan a transformar regiones en Colombia

Marzo 2026

Por PANAL MEDIOS 

En Colombia, donde la organización comunitaria ha sido históricamente uno de los pilares de la vida social en barrios, veredas y municipios, las Juntas de Acción Comunal continúan demostrando que la participación ciudadana no es solo un principio constitucional, sino una práctica cotidiana de construcción colectiva. En esa dirección, el Ministerio del Interior anunció el inicio de la ejecución de 60 proyectos comunitarios que hacen parte del Banco de Proyectos Comunales – Fase III, una estrategia que busca fortalecer el liderazgo territorial y apoyar soluciones construidas desde las propias comunidades.

La iniciativa cuenta con una inversión de 2.210 millones de pesos y beneficiará a 39 municipios en 18 departamentos del país, con el acompañamiento técnico de Findeter, entidad que actúa como banca de desarrollo para apoyar proyectos regionales. Más que una cifra presupuestal, el programa representa una apuesta por reconocer el papel de las organizaciones comunales como actores fundamentales en el desarrollo local y en la consolidación de la democracia participativa.

Las Juntas de Acción Comunal han sido, durante décadas, una de las estructuras organizativas más extendidas en el territorio colombiano. Desde pequeñas veredas hasta barrios populares de las grandes ciudades, estas organizaciones han permitido que las comunidades gestionen proyectos colectivos, defiendan intereses comunes y generen soluciones frente a necesidades locales.

En el marco de esta nueva fase del Banco de Proyectos Comunales, el viceministro general del Interior, Jaime Berdugo, resaltó que el fortalecimiento de estas organizaciones es clave para construir territorios más participativos.

Según explicó el funcionario, cuando una Junta de Acción Comunal resulta beneficiada con este tipo de iniciativas no solo se materializa una obra o un programa comunitario. También se fortalece la participación ciudadana, entendida como la base de una democracia que se construye desde lo local.

“Cuando una Junta de Acción Comunal resulta beneficiada, se fortalece la participación ciudadana como base de nuestra democracia. Estos proyectos permiten que las comunidades tengan incidencia en las decisiones que impactan su entorno y que la inversión pública responda a sus prioridades”, señaló.

La estrategia parte de un principio sencillo pero profundo: las comunidades conocen mejor que nadie sus necesidades y también sus potencialidades. Por eso, los proyectos no son diseñados exclusivamente desde las instituciones, sino formulados por las propias organizaciones comunales mediante procesos de diagnóstico participativo.

El Banco de Proyectos Comunales contempla cinco líneas de financiación que buscan responder a diversas necesidades de las organizaciones de base. Los recursos asignados a cada iniciativa oscilan entre 25 y 80 millones de pesos, dependiendo del tipo de proyecto y su alcance.

  1. Mantenimiento, mejora o adecuación de recintos comunales, espacios que funcionan como centros de reunión, formación y encuentro para las comunidades.
  2. Reconstrucción de la memoria y la cultura comunal, orientada a rescatar procesos históricos, saberes colectivos y experiencias organizativas.
  3. Soberanía alimentaria y fortalecimiento de unidades productivas, que incluye apoyo a mercados campesinos y ferias populares.
  4. Dotaciones para el fortalecimiento organizativo, que facilitan herramientas para mejorar la gestión comunitaria.
  5. Mitigación del riesgo de desastres, cambio climático y conservación ambiental.

Dentro de los 60 proyectos seleccionados, la mayor parte corresponde a iniciativas de dotación para organizaciones comunales (24 proyectos) y a acciones relacionadas con la mitigación de riesgos ambientales (19 proyectos). También se incluyen propuestas de reconstrucción cultural (8), soberanía alimentaria (6) y mantenimiento de casetas comunales (3).

Tecnología para cerrar brechas en el campo

Entre los proyectos seleccionados se encuentra el presentado por la Junta de Acción Comunal de la vereda Nemoga, ubicada en el sector de Siberia, en el municipio de Fúquene (Cundinamarca). Allí, la comunidad decidió apostar por una iniciativa que busca reducir la brecha digital en zonas rurales.

El proyecto contempla la dotación de computadores, impresoras, un video beam y un televisor, equipos que permitirán habilitar espacios de formación tecnológica para habitantes de la vereda.

Para Yesenia Marqués, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Nemoga, el acceso a herramientas digitales puede marcar una diferencia significativa en la vida cotidiana de las comunidades rurales.

Según explicó, uno de los objetivos centrales del proyecto es facilitar el aprendizaje de nuevas tecnologías, especialmente para los adultos mayores, quienes muchas veces enfrentan mayores dificultades para acceder al mundo digital.

“Gracias a la postulación de nuestro proyecto tendremos tres computadores, un video beam, dos impresoras y un televisor que le permitirá a la gente, sobre todo a los adultos mayores, familiarizarse con el uso de internet y conectarse con la familia que no vive cerca”, afirmó.

Este tipo de iniciativas evidencian cómo la organización comunitaria puede contribuir a cerrar brechas tecnológicas y generar espacios de aprendizaje colectivo en territorios donde el acceso a infraestructura digital sigue siendo limitado.

Reforestar para proteger el agua y la vida

Otro de los proyectos destacados se desarrolla en la vereda Alto Cuembí, en el municipio de Puerto Asís, Putumayo, donde la Junta de Acción Comunal impulsa una iniciativa ambiental orientada a la recuperación de fuentes hídricas.

Durante años, parte de esta zona fue utilizada para la siembra de cultivos ilícitos, lo que provocó procesos de degradación ambiental y pérdida de cobertura vegetal. Frente a esta situación, la comunidad decidió emprender un proyecto de restauración ecológica que incluye la siembra de especies nativas como nacederos y chiparos.

La iniciativa busca no solo reforestar el territorio, sino también promover procesos de educación ambiental entre los habitantes de la vereda.

Julio Mesa Rivera, presidente de la Junta de Acción Comunal de Alto Cuembí, explicó que el proyecto contempla actividades de capacitación comunitaria sobre la importancia de proteger los humedales y nacimientos de agua.

“Vamos a realizar talleres y capacitaciones a la comunidad sobre la importancia de la conservación, la recuperación y el mantenimiento de los humedales y nacederos de agua para el equilibrio de nuestro ecosistema”, señaló.

Este tipo de acciones demuestran cómo las organizaciones comunitarias pueden convertirse en protagonistas de procesos de restauración ambiental y defensa del territorio.

Participación para construir soluciones colectivas

Uno de los aspectos más relevantes del Banco de Proyectos Comunales es el proceso participativo que acompaña la formulación de cada iniciativa. Antes de presentar un proyecto, las organizaciones deben desarrollar espacios de diálogo comunitario en los que se identifican necesidades, se priorizan soluciones y se definen metas de manera colectiva.

Durante este proceso, las comunidades también elaboran presupuestos participativos y construyen acuerdos sobre la ejecución de las iniciativas.

Este enfoque busca garantizar que los proyectos respondan realmente a las problemáticas del territorio y no a decisiones externas alejadas de la realidad local.

Además, el programa se articula con la estrategia nacional de economía popular y solidaria, que promueve el fortalecimiento de iniciativas productivas comunitarias y el impulso de empleos locales.

Convenios solidarios: comunidades que ejecutan sus propios proyectos

Un elemento clave de la estrategia es la implementación de convenios solidarios, un mecanismo mediante el cual las propias organizaciones comunitarias pueden ejecutar los proyectos aprobados.

Este modelo rompe con la lógica tradicional de contratación pública, en la que las obras y programas suelen ser ejecutados por terceros. En cambio, permite que las comunidades participen directamente en la gestión de los recursos y en la implementación de las iniciativas.

La modalidad busca aprovechar el conocimiento territorial que tienen las organizaciones de base y fortalecer sus capacidades administrativas y organizativas.

De esta manera, además de generar empleo local y dinamizar las economías regionales, los proyectos también contribuyen a consolidar procesos de autonomía comunitaria.

Democracia desde los territorios

El Banco de Proyectos Comunales se inscribe dentro de una visión más amplia del desarrollo territorial, en la que la democracia no se limita a los procesos electorales, sino que se expresa en la participación cotidiana de la ciudadanía en las decisiones públicas.

En un país marcado por profundas desigualdades regionales, fortalecer la organización comunitaria puede ser una herramienta clave para avanzar hacia modelos de desarrollo más incluyentes y sostenibles.

Los 60 proyectos que comienzan a ejecutarse en diferentes regiones del país son, en ese sentido, ejemplos concretos de cómo las comunidades pueden convertirse en protagonistas de las transformaciones de sus propios territorios.

Desde la dotación tecnológica en una vereda de Cundinamarca hasta la restauración ambiental en Putumayo, las iniciativas reflejan una diversidad de apuestas comunitarias que comparten un mismo objetivo: construir bienestar colectivo desde lo local.

En un contexto donde las comunidades enfrentan retos como la pobreza rural, el cambio climático, la brecha digital o la falta de oportunidades económicas, programas como el Banco de Proyectos Comunales buscan abrir caminos para que las soluciones nazcan desde los territorios.

Porque, como lo han demostrado históricamente las organizaciones comunales en Colombia, cuando la comunidad participa, el desarrollo deja de ser una promesa y comienza a convertirse en realidad.

Para Carlos Alberto Saad Llinás, presidente de Findeter, este tipo de iniciativas no solo fortalecen la organización comunitaria, sino que también contribuyen a dinamizar las economías locales.

Desde su perspectiva, se trata de proyectos que permiten mejorar infraestructura social, reactivar procesos productivos y fortalecer el tejido social, todo ello mediante inversión pública que llega directamente a los territorios en Colombia.

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Top 3 libros que me definieron como feminista

Reseñas literarias

TOP 3 libros que me definieron como feminista

Marzo 22 – 2026

Por María Josefa Avilés Ch

Cuando hablamos de feminismo nos referimos a una lucha contra las injusticias sociales hacia las mujeres como la brecha salarial, la despenalización del aborto, la violencia de género, entre tantas duras realidades que nos toca vivir a las mujeres. Es por esto que, como feminista, quiero aportar mi granito de arena con este texto dedicado al feminismo.

Antes que todo soy feminista y aunque a veces no milite de manera activa como me gustaría, sé que es importante formarse para recordar que nuestra lucha sigue más vigente que nunca.

Debemos recordar que el feminismo es un movimiento político y cultural que busca alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por eso comenzaré hablando de tres libros que, creo, son fundamentales en una biblioteca feminista.

EL SEGUNDO SEXO DE Simone de Beauvoir

Es un tratado filosófico, existencialista y feminista. El Segundo sexo es uno de los libros más importantes que se han escrito en la segunda mitad del siglo XX.

Publicado en 1949 por la grandiosa Simone de Beauvoir, se divide en dos volúmenes “Hechos y mitos” y “La experiencia vivida”. En ellos vemos cómo Simone de Beauvoir entiende la posición de la mujer en la sociedad por lo que en sus letras se hace un llamado a la acción.

Una de las frases icónicas de este libro es “No se nace mujer se llega a serlo”

FEMINISMO PARA PRINCIPIANTES de Nuria Varela

Libro indispensable en toda biblioteca feminista. Nuria Varela repasa tres siglos de lucha feminista y a partir de interrogantes como: ¿Quiénes eran las sufragistas? ¿De dónde sale el feminismo radical? nos lleva por un viaje de este movimiento para conocerlo desde sus inicios.

Al mismo tiempo la periodista y escritora Nuria Varela nos muestra las diferentes posturas que tiene el feminismo, por lo que en mi opinión, es perfecto para todas las mujeres que quieran adentrarse en el movimiento o quieran aprender más de él.

“Así todas las mujeres son educadas desde su niñez en la creencia de que el ideal de su carácter es absolutamente opuesto al del hombre; se les enseña atener iniciativa y a no conducirse según su voluntad consiente, sino a someterse y a consentir en la voluntad de los demás. Todos los principios del buen comportamiento les dicen que el deber de la mujer es vivir para los demás y el sentimentalismo corriente que su naturaleza así lo requiere debe negarse completamente así misma y no vivir más que para sus afectos”

Tomado del libro feminismo para principiantes

NOSOTRAS de Rosa Montero

Esta es una de las mejores antologías que he leído ya que rescata la vida de mujeres memorables a lo largo de la historia, reivindicándolas y sacándolas del olvido y está dividido en tres partes:

  • Escupieron fuego
  • Historia de mujeres
  • Un hervor de mujeres

En Escupiendo fuego leemos las quince primeras biografías en las que conocemos a personajes tan famosas como Simone de Beauvoir y a otras invisibilizadas Laura Riding.

En la última parte del libro, Hervor de mujeres, Rosa Montero nos trae las biografías de noventa mujeres diferentes; desde valientes hasta algunas malvadas, pero que comparten algo: todas hicieron historia.

Este libro fue ilustrado por María Herreros

Estos fueron solo tres de los muchos libros que han hecho de mí la feminista que soy ahora. Aunque quedan muchos por fuera, estos han marcado un antes y un después en mi vida como mujer y feminista.

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Iván Cepeda-Aida Quilcué: la firmeza ideológica contra el cálculo electoral

Opinión

Iván Cepeda-Aida Quilcué: firmeza ideológica frente al cálculo electoral

Marzo 15-2026

Por Michael Saportas Peláez
Periodista  

Iván Cepeda apeló a sus convicciones ideológicas por encima del cálculo electoral para escoger a la lideresa indígena Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial.

La decisión del candidato del Pacto Histórico no fue bien recibida por ciertos sectores de la izquierda. Se ha dicho que Quilcué no es una figura relevante que pueda ayudar a jalar votos en otros sectores; que no marca la diferencia por fuera de su territorio en el Cauca, donde la victoria está prácticamente asegurada.

Mientras los otros candidatos hacian cálculos políticos con café y calculadora en mano Cepeda, guiado por sus principios progresistas, revisaba cada detalle de la hoja de vida de la lideresa caucana. Quilcué es la antítesis de Paloma Valencia. Nació en la periferia del departamento del Cauca en Páez, y Valencia en la capital Popayán; una sin formación universitaria y la otra egresada de la Universidad de Los Andes y nieta de un expresidente que mantuvo fuertes diferencias con los pueblos originarios que Quilcué representa.

El Pacto escogió a la lideresa indígena con el único propósito de reforzar sus pilares ideológicos de izquierda en un momento en que muchos votantes todavía tienen dudas sobre las posturas de ciertos candidatos. Cepeda gana puntos al dar claridad en medio de este panorama incierto que han sembrado sus rivales en su afán de llegar al poder posando de “alternativos” e “inclusivos”.

Los colombianos, desde múltiples sectores políticos, estamos exigiendo tomar posición frente a temas complejos como la seguridad, el conflicto armado, los diálogos de paz y las relaciones internacionales. La elección de Quilcué deja un mensaje de confianza a las comunidades indígenas y sectores populares que buscan darle continuidad al actual Gobierno.

Ya en otra columna que publiqué en noviembre (Léala aquí) había mencionado la necesidad de Cepeda de encontrar una fórmula vicepresidencial que le permitiera conectar con jóvenes en redes sociales y en las calles, y así mismo refrescar el debate en temas de interés nacional; una estrategia que Oviedo ejecutó a la perfección hasta ahora que se adhirió al uribismo. Oviedo pudo ser, sin lugar a dudas, el Mamdani colombiano pero lo derrotó su confusión ideológica.

De igual forma, la derrota de Oviedo en primera vuelta era previsible, y acaba de aterrizar en la campaña de Paloma Valencia para arrastrarla a la hoguera. Algunos uribistas radicales pregonan que Oviedo llegó a “mariquear” al uribismo, y sus más de un millón de votantes de la consulta se le están bajando del tren.

Ya no funciona la idea del “centro” en la política de hoy, ya no convence a nadie o sino que lo diga Fajardo. No es gratuito que sean justamente Cepeda y De La Espriella los dos candidatos punteros en las encuestas; uno símbolo de la izquierda petrista y el otro representante de un sector de la extrema derecha que se cansó de sus viejos patrones.

Según la última encuesta de Atlas Intel, Cepeda lidera la intención de voto con el 36,4%, logrando una ventaja de casi 10 puntos porcentuales sobre De La Espriella que registra un 27,9%, pero habría que ver cuántos de los votos de uribistas y oviedistas decepcionados terminarán en las urnas de uno y del otro.

Todo indica que estos dos podrían disputarse la Presidencia en segunda vuelta. Juegan a la par en el caótico parqués de la política colombiana. Ambos fueron tímidos al escoger su ficha vicepresidencial y optaron por personajes como Aida Quilcué y José Manuel Restrepo, férreos defensores de sus respectivos proyectos de país. Mientras Paloma y Oviedo se queman mutuamente, ellos aguardan a la primera vuelta apenas moviendo el tablero.

En últimas, Colombia necesitará un Presidente seguro de sus objetivos de país. Si en algo se equivocó el Gobierno Petro en estos cuatro años fue en perder el rumbo de su principal proyecto, el de la Paz Total. Como resultado: la inseguridad desbordada como consecuencia de la expansión de los grupos ilegales, que venían fortaleciéndose desde la pandemia, y aprovecharon la falta de carácter del Gobierno para consolidarse. Ya muy tarde y con la presión de Estados Unidos por fin se dieron cuenta que ninguna de estas estructuras ha tenido voluntad de diálogo y paz.

La elección de Quilcué demuestra que Cepeda es un hombre decidido y con personalidad. Ojalá así mismo sea un eventual gobierno suyo, y que no le tiemblen las piernas como a Petro cuando Mordisco y otros personajes le tiren la mesa en medio de las negociaciones.

Amanecerá y veremos.

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Hay Futuro si Hay Verdad: historia del conflicto armado

Hay Futuro si Hay Verdad: historia del conflicto armado

Marzo 12-2026

Por Jorge Luis Galeano 

En este nuevo episodio de nuestro podcast, recorremos la exposición Hay Futuro si hay Verdad que significa enfrentarse a una realidad que aún hoy, muchos intentan negar. Escuchar, leer y ver las barbaries cometidas por más de 60 años en marco del conflicto armado colombiano, nos invita a reflexionar sobre el papel que debemos jugar para que nada eso se repita. El mensaje es claro: buscar la paz es, y debe ser un proyecto de sociedad.

La invitación está para que asistan y aprendan de los 6 momentos que hacen parte de ese camino que ayudará a comprender mejor lo que ha significado la violencia armada en el país, lo que han hecho las personas directamente afectadas para superarlo a pesar de las heridas y los compromisos que se deben asumir, tanto desde los Gobiernos como desde la Sociedad Civil.

Aquí una muestra de parte de la exposición:

  • Cronología del conflicto armado colombiano

  • Más de 60 años de dolor y sangre

  • Recorrer las épocas más difíciles de la guerra

Y aquí el episodio. Bienvenidas y bienvenidos

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Guerra EEUU-Israel contra Irán: el fin de la retórica

Guerra EEUU-Israel contra Irán: el fin de la retórica

Marzo 4-2026

Por Alianza de Medios Alternativos PANAL MEDIOS 

El tablero geopolítico mundial se encuentra en su punto más crítico. En este episodio de Qohesión, analizamos la escalada bélica entre Estados Unidos e Israel frente a Irán. ¿Es este “el fin de la retórica”? Dejamos atrás las advertencias diplomáticas para entrar en un escenario de repercusiones globales impredecibles. Bajo el sello analítico de Quira Medios y la potencia informativa de Frecuencia Q, desglosamos el escenario regional, la crisis de derechos humanos y, fundamentalmente, cómo este conflicto a miles de kilómetros impacta la economía y la estabilidad de Colombia.

Puntos clave de este análisis: El paso de la guerra fría regional al enfrentamiento directo. Repercusiones globales: Petróleo, mercados y diplomacia. Consecuencias para Colombia: ¿Cómo nos afecta el conflicto en el bolsillo y en la política exterior? El papel de los organismos internacionales frente a la violación de DDHH.

Bienvenidas y bienvenidos 

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Cuando la escuela se cuida, el territorio florece

Cuando la escuela se cuida, el territorio florece

Febrero 2026

Panal Medios 
Red de Comunicación Alternativa y Comunitaria

En el Chocó, la escuela no es solo un lugar para aprender a leer y escribir. Es punto de encuentro, refugio frente a la lluvia, espacio de palabra y memoria, y, muchas veces, el corazón mismo de la comunidad. Por eso, cuando una escuela se cae a pedazos, no solo se deterioran las paredes: se resiente la esperanza colectiva. En contraste, cuando una institución educativa se fortalece, el territorio respira y la vida comunitaria encuentra nuevos caminos para florecer.

Más de 1.100 niñas, niños y jóvenes de los municipios de Bajo Baudó y Quibdó hoy vuelven a sus clases en espacios renovados, más seguros y dignos, luego de la entrega de obras de mejoramiento en cuatro sedes educativas del departamento. Estas intervenciones, realizadas con una inversión cercana a los $981 millones, llegan a zonas urbanas y rurales donde la educación ha resistido históricamente en medio del abandono, la precariedad y las difíciles condiciones climáticas.

Para muchas familias, madres comunitarias, docentes y liderazgos locales, estas obras significan algo muy concreto: aulas que ya no se inundan cuando llueve, techos que no filtran agua, baños que funcionan y comedores escolares donde la alimentación puede brindarse con mayor cuidado. Son cambios que, aunque puedan parecer pequeños desde afuera, transforman profundamente la cotidianidad de quienes habitan y sostienen la escuela día a día.

Bajo Baudó: escuelas que sostienen la vida comunitaria

En el municipio de Bajo Baudó (Pizarro), las obras se realizaron en tres sedes educativas fundamentales para la vida del territorio: la Institución Educativa Indígena Embera de Pizarro – sede principal, la Institución Educativa Francisco Pizarro – sede principal y la sede María Isabel Mosquera. En conjunto, estas intervenciones benefician a 987 estudiantes, en su mayoría niñas y niños pertenecientes a comunidades indígenas y afrodescendientes.

Las mejoras incluyeron la adecuación interior y exterior de las aulas, la reposición de cubiertas con canales y bajantes —una necesidad urgente en una región donde la lluvia acompaña casi todo el año—, el arreglo de pisos, la renovación de baterías sanitarias y la instalación de puertas y ventanas. También se modernizaron las redes eléctricas y los sistemas de iluminación, logrando que varios bloques quedaran completamente habilitados.

Para las comunidades, estas obras no solo representan infraestructura nueva, sino la posibilidad de enseñar y aprender con mayor tranquilidad. “La escuela es donde se reúne la comunidad, donde se hacen reuniones, mingas y celebraciones”, comentan líderes locales, quienes reconocen que contar con espacios adecuados fortalece el tejido social y reafirma el sentido de pertenencia territorial.

Tagachí: aprender del campo y para el territorio

En la zona rural de Quibdó, la Institución Educativa Técnica Agropecuaria de Tagachí también fue intervenida, beneficiando a 193 estudiantes que se forman en saberes ligados a la tierra, la producción de alimentos y el cuidado del entorno. Con una inversión cercana a los $92 millones, se mejoraron las cubiertas con teja termoacústica, se adecuaron aulas, se cambiaron pisos de madera y se fortalecieron las baterías sanitarias y el restaurante escolar.

Para esta comunidad educativa, el mejoramiento del restaurante escolar es especialmente significativo, ya que la alimentación es un pilar fundamental para la permanencia de niñas, niños y jóvenes en el sistema educativo. Además, al tratarse de una institución técnica agropecuaria, estos espacios fortalecen procesos de formación que dialogan con la soberanía alimentaria y el conocimiento ancestral del territorio.

Educar con dignidad es un derecho, no un privilegio

Desde Panal Medios, red de comunicación alternativa y comunitaria, insistimos en que hablar de infraestructura educativa en el Chocó es hablar de dignidad, justicia territorial y derechos colectivos. Durante años, las comunidades han sostenido las escuelas con esfuerzo propio, autogestión y trabajo comunitario, a pesar de la falta de inversión pública suficiente.

La entrega de estas obras, impulsadas por el Ministerio de Educación Nacional y Findeter, se suma a la necesidad de avanzar hacia procesos más integrales, donde la infraestructura vaya acompañada de dotación, fortalecimiento pedagógico y participación real de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios.

En un departamento donde educar ha sido también un acto de resistencia, estas escuelas renovadas se convierten en espacios para sembrar futuro, cuidar la vida y fortalecer la organización comunitaria. Porque cuando la escuela se cuida, no solo aprenden las niñas y los niños: se fortalece el territorio y se reafirma la esperanza colectiva.

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Gentrificación en Cali: construir sobre la miseria

Opinión

Gentrificación en Cali: construir sobre la miseria

Febrero 28 – 2026

Por Michael Saportas Peláez 
Periodista 

El proceso de gentrificación que se adelanta en el centro de Cali mediante proyectos de empresarialismo urbano, ha llevado al desplazamiento progresivo de las familias que habitan esta zona de la ciudad. El búnker de la Fiscalía y los elegantes conjuntos residenciales ubicados sobre El Calvario conforman un desolador contraste de desigualdad en medio de la miseria que rodea al sector.

Bajo la primera administración de Jorge Iván Ospina en 2009, iniciaron los proyectos de Ciudad Paraíso y Megaobras, ambos fueron fundamentales para la transformación estética y de infraestructura que se dio en los años siguientes. Desde entonces, la ciudad ha sufrido importantes cambios entre los que se destaca la intervención en los barrios populares del centro histórico, la construcción del Bulevar del Río y el túnel de la Avenida Colombia. Sin embargo, estos avances han sido el resultado de políticas dirigidas especialmente a la promoción del consumo y el turismo, poco centradas en el bienestar de las comunidades.

Y es que la informalidad y la pobreza monetaria siguen siendo barreras persistentes. Esto sumado a la construcción de viviendas de alto avalúo en zonas marginales del centro y oriente como Sucre, El Calvario, Petecuy y Aguablanca está arrastrando a las familias de estos sectores a una condición socioeconómica todavía más precaria.

Este modelo de empresarialismo urbano no es nuevo en la ciudad. Los consorcios inmobiliarios llevan años consolidándose en Cali con la construcción de lujosas residencias en barrios de estratos 1 y 2. Lo más lamentable es ver cómo estas obras de desarrollo urbano van ganando terreno, cómo se desplaza a estas familias de un barrio a otro y se les va quitando espacio poco a poco en una ciudad que les pertenece cada vez menos.

Cali está lejos de consolidarse como una urbe inclusiva al estilo de ciudades como Medellín y Bogotá. Medellín ha sido escogida por Naciones Unidas como ejemplo internacional de urbanismo y su comunidad recibe cada vez mayores beneficios en transporte, educación y salud gracias a la implementación de proyectos de infraestructura y arquitectura urbana con enfoque social. Mientras Bogotá se está consolidando como referente de inclusión y sostenibilidad en América Latina.

Un ejemplo clarísimo de cómo el mismo modelo arrebata incluso los entornos conquistados por la comunidad ha sido la privatización de la Feria de Cali y ahora quieren hacer lo mismo con la Calle del Sabor; ya hay advertencias de que este espacio que se consolidó como epicentro de la salsa ahora está en la mira de Bavaria y de la Licorera del Valle quienes, según denuncias en el Concejo, serìan los responsables de la instalación de palcos vip.

Por fortuna no todo está perdido. La apertura de los nuevos Multi Campus universitarios de la Ladera y Agua Blanca representa un paso importante hacia la consolidación de un nuevo modelo de desarrollo urbano social, iniciando un camino de inclusión junto a poblaciones históricamente marginadas del oriente y periferia de la ciudad.

En todo caso, Cali necesita replantear con urgencia sus políticas de urbanismo. La ciudad se hunde cada vez más en la desigualdad y la pobreza mientras administraciones como la de Eder continúan priorizando sus intereses particulares a costa de la precarización de las familias que habitan los sectores intervenidos. Urge un plan que cobije a estas familias como ya se está haciendo en la comuna 20 en Siloé con la Ruta de la Esperanza, un espacio de diálogo intercultural para promover el respeto, diversidad e inclusión con el turismo como motor de desarrollo.

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Findeter destinó $4,2 billones al desarrollo territorial en 2025, con impacto directo en municipios históricamente rezagados

FINDETER:

destinó $4,2 billones al desarrollo territorial en 2025, con impacto directo en municipios históricamente rezagados

Febrero 24-2026

Panal Medios
Red de Medios Alternativos y Comunitarios

Desde los territorios y para los territorios, la Financiera de Desarrollo Territorial (Findeter) cerró el año 2025 con desembolsos por $4,2 billones, recursos que permitieron financiar 551 proyectos en 443 municipios de 27 departamentos y Bogotá, con un énfasis claro en las regiones con mayores necesidades sociales y menor capacidad fiscal.

De acuerdo con la información conocida, el 87 % de los municipios beneficiados pertenecen a las categorías 3, 4, 5 y 6, es decir, territorios históricamente marginados del acceso a financiación estructural y con altos retos en materia de desarrollo social, infraestructura y servicios básicos. Esta orientación se alinea con los sectores priorizados en el Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno del presidente Gustavo Petro, que busca cerrar brechas y fortalecer la justicia territorial.

Uno de los ejes más relevantes fue la línea de Vivienda Popular VIS–VIP, a través de la cual se desembolsaron $994.882 millones para la financiación de 4.320 unidades de vivienda en 184 municipios, de los cuales 127 corresponden a categorías con profundas desigualdades sociales. Este componente representa un avance concreto en el derecho a la vivienda digna para miles de familias en zonas urbanas y rurales.

En el marco de la transición energética justa, Findeter destinó $1,43 billones a proyectos de eficiencia energética en 120 municipios, 90 de ellos de categorías 3 a 6. Estos recursos respaldaron iniciativas orientadas a mejorar el acceso, la cobertura y la modernización energética, especialmente en regiones apartadas del país, donde la precariedad del servicio ha sido una constante.

Otro componente estratégico fue el fortalecimiento institucional, mediante el cual se desembolsaron $613.847 millones para apoyar a 165 entidades territoriales en procesos de saneamiento fiscal, modernización administrativa, fortalecimiento de la gestión pública y cumplimiento de sus planes de desarrollo. Esta línea resulta clave para garantizar gobiernos locales más sólidos y con mayor capacidad de respuesta a las necesidades comunitarias.

Durante 2025, Findeter también profundizó su trabajo con intermediarios financieros del sector solidario, como cooperativas, cajas de compensación, fondos de empleados y compañías de financiamiento. A través de estos actores se canalizaron $80.817 millones, con impacto en 83 municipios, principalmente en proyectos de desarrollo urbano y del sector minero-energético.

“El alcance de estas cifras demuestra una banca de desarrollo conectada con los desafíos reales del territorio y comprometida con el cierre de brechas en los municipios con mayores necesidades del país”, señaló Carlos Alberto Saad Llinás, presidente de Findeter.

Desde Panal Medios, red de medios alternativos y comunitarios, destacamos la importancia de que estos recursos lleguen efectivamente a los territorios, se traduzcan en mejoras reales para las comunidades y cuenten con seguimiento ciudadano y veeduría social. El fortalecimiento de la infraestructura social, el acceso a vivienda, la eficiencia energética y la gestión institucional son pilares fundamentales para avanzar hacia un modelo de desarrollo más justo, equitativo y con enfoque territorial.

Panal Medios continuará informando desde una mirada comunitaria y popular sobre el impacto real de estas inversiones en la vida cotidiana de las comunidades del país.

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Encuentro Petro-Trump: clave para la región

Encuentro Petro-Trump: clave para la región

Enero 30 – 2026

Por Jorge Luis Galeano 

Aquí un resumen de la charla que sostuvimos con el analista político Germán Ayala acerca de lo que se puede esperar de la reunión entre los presidentes Petro y Trump el próximo 3 de febrero en Estados Unidos. Germán habla de la necesidad de mostrarle a la administración norteamericana y, en particular, a Marco Rubio que la narrativa de la oposición colombiana está basada en mentiras y exageraciones, por lo que, si se maneja con inteligencia, se puede obtener un gran apoyo para lo que resta del gobierno Petro y una posible continuación del proyecto Progesista.

Esta charla se dio en un nuevo episodio de Qohesión Podcast, proyecto de la Alianza PANAL MEDIOS, que reúne a periodistas y medios alternativos de toda Colombia.

Aquí puede ver la entrevista  completa aquí 

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El Trump criollo

Opinión

El Trump criollo

Enero 25 – 2026

Por Michael Saportas Peláez
Periodista 

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, inició una guerra arancelaria absurda con Colombia en su intento por ocultar el fracaso de su política de seguridad.

Fiel a su amo del norte el presidente ecuatoriano acató órdenes desde Davos de subir un 30% los aranceles a Colombia, uno de sus mayores socios comerciales. La excusa no podía ser otra que el narcotráfico, el mismo argumento que le ha servido a Trump para invadir Venezuela y amenazar a sus vecinos del sur. Con esta medida Noboa podría desatar una nueva crisis en su propio país más allá de la que ya viven por la inseguridad causada por bandas criminales locales en alianza con las colombianas.

No es la primera vez que el gobierno de Noboa pone en riesgo las relaciones internacionales con sus vecinos aludiendo a razones de seguridad y narcotráfico. Basta recordar la violenta irrupción de las autoridades ecuatorianas en la Embajada de México que derivó en la captura del ex vicepresidente Jorge Glass, quien se encontraba tramitando su exilio político.

Noboa viene de culminar un 2025 mediocre marcado por el rechazo de los ecuatorianos a su Asamblea Constituyente con la que pretendía, entre otras cosas, instalar bases militares extranjeras en su país. Con el 61,58% de votos en contra, al Presidente le tocó agachar la cabeza y aceptar la decisión de su gente. Esto y sus peleas con los magistrados de las altas cortes a quienes ha calificado de “activistas políticos” por interponerse en sus intentos de torpedear la Constitución, han creado un clima de desaprobación hacia su gobierno.

Ecuador vive una de las peores olas de violencia de su historia. Antes de que el presidente ecuatoriano asumiera funciones en 2023 se registraron 5893 muertes violentas y en 2025 esta misma cifra ascendió a 904 homicidios más, según datos del portal Lupamedia.

El remedio fue peor que la enfermedad. Los ecuatorianos que pusieron sus esperanzas en un gobierno que prometía reducir la inseguridad ya en aumento desde años anteriores hoy se sienten doblemente decepcionados tras su reelección y el poco avance reflejado en otros sectores como empleo y educación.

Noboa quiere cargarle la responsabilidad a Colombia de los ríos de sangre que hoy corren en su país y en la frontera, como si el problema del narcotráfico no fuera un asunto de interés bilateral. Muy al estilo Trump sube los aranceles de forma arbitraria y amenaza con hacer lo mismo con el crudo, desviando la atención a otros horizontes mientras se incendia su propia casa.

Ninguno de los dos países tiene cartas para pelear una batalla económica. El sector energético ecuatoriano es débil. La crisis de apagones del 2024 no fue peor gracias al respaldo de Colombia, así lo demostró el informe más reciente del Fondo Monetario Internacional. Las regiones del suroccidente colombiano como Nariño, Putumayo y el Valle del Cauca serían las más afectadas si esta guerra arancelaria sigue escalando. En Cali sólo en 2024 el comercio con Ecuador superó los USD 150 millones, la mayor parte proveniente de productos como medicinas, jabones, azúcar y aceites, según estimaciones de la Secretaría de Desarrollo Económico.

Lo cierto es que con las malas decisiones del gobierno de Ecuador perdemos todos. Pierden los comerciantes y sobre todo los consumidores de ambos lados de la frontera. Y mientras escala la guerra arancelaria los narcos siguen haciendo de las suyas, porque a todo el mundo le afectan estas medidas menos a ellos.

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EE.UU. ataca a Venezuela y captura a Maduro (I)

Opinión

EE.UU. ataca a Venezuela y captura a Maduro (I)

Enero 3 – 2026

Por German Ayala Osorio
Analista político 

Los ataques “quirúrgicos” de Estados Unidos contra unidades militares venezolanas y la captura de Nicolás Maduro Moros constituyen una flagrante violación del derecho internacional. La acción temeraria de USA golpea la legitimidad e incluso la viabilidad de la ONU como institución multilateral garante de un orden internacional dominado por potencias militares y económicas que en el pasado y en mutuo acuerdo modificaron fronteras, crearon Estados y negociaron recursos.

El genocidio en Gaza es quizás el punto de inflexión (in) moral más reciente con el que se validarán en adelante ataques e intervenciones militares, estigmatizaciones y persecuciones étnicas y la apropiación de recursos estratégicos para un mundo que, con sus lógicas de consumo, necesita asegurar nuevas fuentes de energía y el control en pocas manos del petróleo y el gas.

Los gringos entraron a Venezuela no tanto para desmontar el régimen de Maduro, sino para garantizar una transición política, ojalá lo menos traumática posible que les permita controlar la producción de crudo y gas como lo hacían hasta antes de la irrupción de Chávez Frías. Eso de “reestablecer la democracia” es el parapeto ideológico sobre el que se justifica la violación de la soberanía. 

Llama la atención las reacciones de los escuderos de Maduro, entre ellos Diosdado Cabello y las declaraciones de un alto oficial: condenan la incursión armada sin la beligerancia y el patriotismo exhibidos meses atrás cuando Trump atracó sus barcos de guerra frente a las costas venezolanas. La mesura y la prudencia con la que salieron a informar sobre los hechos sobrevinientes hacen pensar en la posibilidad de que la “captura” del presidente Maduro haya sido fruto de una negociación directa del mandatario venezolano con agentes de Donald Trump.

Negociada o no la salida de Maduro de Miraflores, se confirma y se legitima a  Estados Unidos como el Gran Sheriff dispuesto a poner orden en la América Latina que se acercó peligrosamente a China a través de la Nueva Ruta de la Seda.

En el ámbito doméstico, la acción armada de USA podría jugar un papel clave en las elecciones presidenciales en Colombia. Recordemos la amenaza de Trump sobre el ya saliente presidente colombiano: ¡serás el próximo! Si el proyecto político progresista logra una victoria, ese ultimátum recaerá sobre Iván Cepeda. Ya veremos si una vez instalado en la Casa de Nariño modifica su discurso y asume que estamos solos ante la nueva doctrina Monroe que promueve el convicto presidente norteamericano: los recursos de América Latina, paras los americanos. 

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La búsqueda que nació de un sueño: Ángela Carabalí y la memoria de su padre

La búsqueda que nació de un sueño: Ángela Carabalí y la memoria de su padre

Diciembre 19  – 2025

Por Jorge Luis Galeano 

“Soñé que mi papá me pedía que lo buscara. Y decidí hacerlo a través de una película”. El padre de Ángela Carabalí desapareció forzadamente en el Cauca y durante tres décadas, no hubo búsqueda ni activismo. Solo silencio y ausencia, hasta que un sueño lo cambió todo.

En este episodio de nuestro podcast conversamos con ella, realizadora audiovisual y directora del documental Soñé su nombre, sobre cómo transformó ese sueño en una búsqueda cinematográfica junto a su hermana Juliana, quien escribió el guion. 

La película ha recorrido festivales en Canadá, Estados Unidos, Brasil y Colombia, ganando becas, premios del público y reconocimientos internacionales. En febrero de 2026 llegará a salas de cine en todo el país.

Esta es una conversación sobre memoria, duelo, arte y las formas íntimas de resistir al olvido.

Bienvenidas y bienvenidos 

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