Periodismo de Derechos Humanos

Actualidad

Siloé 2

Junio 10 - 2022 

Por Laura Cruz 

Carlos, el indio, como es conocido en la Comuna 20 por su trabajo como líder social, me espera en la panadería Las Delicias que está ubicada en la glorieta a la entrada de Siloé. En uno de sus corredores se agrupan vendedores informales que venden cosas de segunda y se rebuscan la papa, como ellos mismos lo dicen. Cuando llueve, deben recoger sus productos rápidamente para que no se mojen y por estos días, ha sido una constante montar y desmontar los puestos improvisados en el andén.

Nos sentamos con Carlos en la panadería a tomar tinto, mientras las Gualas, como se les llama a los Jeep, suben y bajan personas del barrio ya que el transporte informal aún es necesario en este sector. Le pregunto a mi guía ¿Qué tanto ha afectado el invierno al barrio? Para él, este problema viene desde hace mucho tiempo y “algunas personas que representan la Alcaldía solo van al sector y lo único que hacen es un murito de contención, en lugares que no se necesitaban, entonces cuando llega la ola invernal la lluvia destroza principalmente las viviendas que están construidas en los lugares de alto riesgo que tienen un material que no es de calidad” dice. Y esta situación se repite cada año. Llo peor es que se ven afectadas familias trabajadoras que les ha costado toda una vida construir su vivienda.

Lo que empeora la situación es que muchas familias de Siloé, sobre todo las que viven en la parte alta, construyeron en un sector de alto riesgo, llevadas por la necesidad de resguardar a sus familias. Cabe recordar que es un barrio que se fundó, en gran medida, por familias que tuvieron que abandonar sus tierras y llegar a la urbe y que encontraron en esta zona minera, un territorio para comenzar de nuevo que, si bien no era apto para construir se vieron obligadas a hacerlo por necesidad.

Carlos llama y subimos como parrilleros en dos motos. El tráfico de la zona es pesado, un conductor que no tenga destreza o la malicia indigena como dicen, se estrellaría a las dos cuadras. Mientras subimos, pienso que las casas parecen estar colgadas en las montañas, las calles son coloridas, con huecos que tienen rastro de la lluvia. Me imagino el sonido de los techos de zinc cuando la lluvia arremete con fuerza en la ciudad. Hay ropa tendida, grafitis que representan la resistencia, también otros que son el reflejo del sabor de los caleños.

Nuestra primera parada es en una casa que no tiene fachada porque se la llevó la lluvia, es pequeña, humilde, preguntamos por su dueño, pero los vecinos dicen que se encuentra trabajando y que ya la casa no es habitable, así que se queda en otro lado. Bajamos por una calle estrella a pie, las motos quedan recomendadas, son callejones que si una va sola, seguro se vuelven laberintos. Carlos saluda a todos, llama a la gente desde la entrada, “Doña Teresa salga”, una mujer negra muy ajada, y fuerte nos abre la puerta oxidada de su casa, dos perras la acompañan, nos ladran como una advertencia.

Al entrar a la casa hay barro, es una casa que está rodeada por tierra. Teresa me dice que vaya al patio y mire como el terreno se está viniendo abajo. Atravieso la casa y veo bolsas que forman un camino, preguntó qué son esos paquetes, la familia se dedica a revender ropa de segunda mano. En el patio bajo un muro que está detrás de un lavadero de cemento,” Cuidado se cae, con como diez metros y va a parar en esa carretera” me dice Teresa en tono preocupado. Bajo sosteniéndome por las ramas, se puede ver como el terreno sede, y un alud de tierra amenaza con caer a una pequeña vía, que es una de las principales de esa zona. Desde allí Carlos me señala que vea las piedras grandes que ya han caído a la vía.

Teresa 2

Subimos y nos sentamos en dos troncos. Teresa me presenta a su nieto y me dice que él será quien me me cuente lo que han vivido por las lluvias. Se llama Cristian Zambrano, es un muchacho bromista, vende todo y negocia todo. Cristian vive en el sector, entre “Calle Caliente y los Caleños. Dice que su abuela paterna compró el lote hace 80 años y sembró un palo de mango y uno de caucho que son la columna vertebral de la casa hoy. También dice que hay múltiples charcos en su casa y se está llenando de humedad y que la parte de atrás ya se ha deslizado dos veces. Cuando le pregunté si es posible que su casa pueda derrumbarse, me respondió “Nosotros sabemos que es posible, pero tratamos de no pensar en eso para poder dormir”.

Cristian me señala un árbol que queda en la parte de atrás de su casa “Los árboles son los principales cimientos que sostienen a las construcciones, es un error cortarlos. “Ese (àrbol de caucho) que usted ve allí es el que ayuda a sostener todo. Es la viga principal de esto y lo querían tumbar, pero no se puede porque nos vamos abajo”.

Árbol 1

Nos despedimos de Teresa, su nieto y sus perros y vamos hasta una pequeña cascada que hay en la zona. Tomó fotos debajo de un puente para ver como el agua se va comiendo los cimientos. Luego me dirán que esa zona es complicada, que allí no se pueden tomar fotografías ni estar mucho tiempo. Me parece mágico que Siloé pueda tener este paisaje, es decir que una salga de la casa y encuentre una mini cascada a la entrada, que pueda oír el agua caminar por al frente de su vivienda, es mágico, pero también peligroso, porque el agua se come las paredes. Y es que Siloé es un barrio con características geográficas muy particulares como los yacimientos de agua pura que nacen y bajan por las laderas de la comuna 20 de la ciudad de Cali, una zona donde hay algunas minas aún por lo que algunas casas están construidas en terrenos casi huecos.

Cascada 2

El problema del invierno no es algo que los habitantes de Siloé tengan que enfrentar ahora es un problema que viene desde 1920, cuando las familias que en su mayoría venían de Caldas, se asentaron en la zona que está ubicada en la Ladera o como lo expresa el himno mundial de la salsa caleña, “Qué noches, qué noches tan bonitas, Siloé en sus callecitas, al fondo mi Valle en risa, ¡Ay! todito se divisa “ Cali Pachanguero”, entre los cerros de Cristo Rey Bataclán, un lugar que era conocido por la explotación minera.

La zona siempre ha sido considerada de alto riesgo, debido a las fuertes lluvias el peligro ha aumentado puesto que se presentó el desbordamiento de las quebradas La Cristalina e Isabel Perez, y muchas casas se han venido abajo, una situación que si bien no afecta a los más de 4 mil habitantes del barrio si a la mayoría, ya que se suma que la infraestructura de las alcantarillas obsoleta, por lo tanto cuando llueven muchos lugares se inundan.

Callejón 1

En estos momentos no hay una cifra exacta de los entes oficiales de cuántas personas se han visto afectadas por el invierno en Siloé, sin embargo, el año pasado según datos de la alcaldía, se vieron afectadas 135 familias que tuvieron que dormir en albergues en el colegio Juana Caicedo, esta suerte de sobrevivir al invierno y a un abandono estatal visible, no la tuvieron Jackeline Sandoval de 26 años y su hija, Sara Michelle Mosquera Sandoval, de cuatro años, quienes murieron debido a que un muro de su vivienda les cayó encima.

Las familias como la de Cristian Zambrano, la persona que entrevisté siguen trabajando, tratando de dormir, y no temer cuando la lluvia suena en las tejas de zinc pero es muy difícil olvidar una realidad que está, no solo afuera de sus casas, sino dentro, representada por la humedad, por los charcos, por problemas de alcantarilla. Mientras tanto los funcionarios de la Alcaldía esperan que vuelva a presentarse graves inundaciones para hacer albergues que son solo un paliativo para la problemática de fondo que enfrentan las familias, que viven con miedo y angustia constante.

  • Visto: 529
Joomla Social by OrdaSoft!

Hechoencali.com © Todos los derechos reservados