Los datos oficiales del RUV de abril de 2026 reflejan que el desplazamiento forzado es el hecho victimizante con mayor impacto acumulado en el país, registrando más 9 millones de personas afectadas desde 1985. Aunque entre 2013 y 2017 se presentó una tendencia a la baja, las estadísticas muestran un repunte a partir de 2018, identificando cifras críticas en 2021 (62,268 víctimas) y 2022 (72,696 víctimas). El 2025 se situó como el periodo con mayor afectación por desplazamientos masivos dentro del registro histórico analizado, sumando 82.118 personas civiles afectadas en 133 eventos de confinamiento o expulsión.
La evaluación de HRW complementa este panorama al reportar que sólo entre enero y agosto de 2025, más de 79,500 personas sufrieron desplazamientos masivos, concentrados en gran medida en el Catatumbo por disputas territoriales del ELN, una cifra que superó en un 53% el total registrado en todo el 2024. Asimismo, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) reveló que 137,000 personas permanecieron bajo la condición de confinamiento por amenazas o combates armados en el mismo lapso, al tiempo que las víctimas por artefactos explosivos aumentaron en un 145% y los ataques con drones con explosivos crecieron en un 138%. El informe de HRW añade que, a la fecha de corte, solo el 17 % de los más de 10 millones de víctimas registradas en Colombia ha recibido la correspondiente indemnización administrativa por parte del Estado.
Frente a la persistencia de la crisis humanitaria y la saturación de las capacidades locales para atender a la población desplazada, la plataforma de Cepeda plantea como solución jurídica la prórroga por cuatro años más del periodo de implementación del Acuerdo de Paz de 2016, bajo el argumento de subsanar los tiempos de ejecución que la campaña considera interrumpidos en mandatos previos. Este enfoque guarda relación con su trayectoria en el Senado, donde impulsó la transformación de la Comisión de Paz en una Comisión Legal Permanente de la Ley 5ta, orientada al seguimiento técnico y presupuestal de las obligaciones del Estado con las comunidades afectadas.
Además se plantean tres acciones que, para el candidato, son fundamentales para luchar en contra del desplazamiento forzado y el confinamiento de las comunidades:
- Soluciones duraderas y retorno digno: ejecución de un documento CONPES específico de soluciones duraderas que contemple inversiones por un valor de 10 billones de pesos, distribuidos en los próximos diez años, destinado a asegurar las condiciones de voluntariedad, seguridad y dignidad en los procesos de retorno de las poblaciones afectadas. Asimismo, plantea la inclusión formal del exilio y el desplazamiento transfronterizo dentro del catálogo de hechos victimizantes sujetos a los derechos de verdad, justicia y reparación.
En materia de restitución de tierras, se establece el compromiso de agilizar la devolución de predios despojados a familias campesinas, comunidades indígenas y afrodescendientes, mediante la transferencia directa a las víctimas de los bienes administrados por la Sociedad de Activos Especiales (SAE) y el Fondo de Reparación.
- Implementación de la Seguridad Humana: Esta línea contempla la optimización de los sistemas de alerta temprana y la instauración de mecanismos de monitoreo participativo para anticipar la ocurrencia de desplazamientos.
Para contener el accionar de los grupos armados ilegales que generan el abandono de los territorios, se plantea el funcionamiento de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad encaminado a desarticular las estructuras sucesoras del paramilitarismo. Adicionalmente, el programa busca unificar iniciativas como “Jóvenes en Paz” para vincular a la población juvenil a ofertas de educación y empleo como estrategia de prevención frente al reclutamiento forzado, fenómeno que según datos de la Defensoría del Pueblo y Naciones Unidas registró incrementos entre 2024 y 2025.
- Transformación del territorio y reparación colectiva: la propuesta establece la atención prioritaria sobre cerca de 40 pueblos indígenas identificados en riesgo de extinción debido a las dinámicas sistémicas de violencia y despojo de sus territorios ancestrales, articulando el programa bajo la premisa de centrar la gestión gubernamental en la dignidad y el testimonio de las víctimas como eje de las garantías de no repetición.