El rezago en la estabilización de los territorios se refleja en el indicador del Registro Único de Víctimas (RUV) con corte a abril de 2026, el cual reporta que el desplazamiento forzado acumula históricamente más de 9 millones de víctimas. El informe de HRW complementa esta realidad con los datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), indicando que más de 137.000 personas sufrieron confinamiento obligatorio por combates y amenazas, mientras que la región del Catatumbo registró la salida forzada de 64.000 personas debido a las disputas territoriales del ELN.
Frente a este estancamiento humanitario, la plataforma programática de De la Espriella plantea la sustitución de las mesas de diálogo por una política de control territorial directo y la reconstrucción operativa de la Fuerza Pública. La propuesta del candidato contempla la creación de frentes de seguridad local, un Bloque de Búsqueda contra la extorsión y una Primera Línea de Seguridad conformada por reservistas y veteranos de las fuerzas militares.
Este enfoque de seguridad privada y despliegue militar se cruza con la trayectoria del abogado, quien ha mantenido vínculos estrechos con la reserva activa y sectores institucionales de la seguridad nacional. Asimismo, el informe de HRW advierte sobre los desafíos en la rendición de cuentas de la Fuerza Pública, mencionando eventos como el uso de bombardeos donde fallecieron menores de edad reclutados forzosamente, y la persistencia de limitaciones en la jurisdicción de la justicia penal militar para procesar violaciones a los derechos humanos.