{"id":631,"date":"2024-06-27T03:17:51","date_gmt":"2024-06-27T03:17:51","guid":{"rendered":"https:\/\/hechoencali.com\/periodismo\/?p=631"},"modified":"2024-06-29T16:01:26","modified_gmt":"2024-06-29T16:01:26","slug":"memorias-de-la-bichota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hechoencali.com\/periodismo\/2024\/06\/27\/memorias-de-la-bichota\/","title":{"rendered":"Memorias de La Bichota"},"content":{"rendered":"<body><p><\/p>\n<h3>Reportajes<\/h3>\n<h1><strong>Memorias de La Bichota<\/strong><\/h1>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Movil-Bichota.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><br>\n<img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Banner-pagina-Bichota.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><strong>Junio 26 -2024<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Cr\u00f3nica en los manglares colombianos, trinchera contra el cambio clim\u00e1tico<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por G. Jaramillo Rojas desde Nueva Venecia, Buenavista y Bocas de Cataca<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Este texto fue publicado en <a href=\"https:\/\/www.desdeabajo.info\/\">www.desdeabajo.info<\/a>\u00a0 y hace parte de una alianza entre medios Alternativos <br><\/em><\/strong><\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-en-el-caribe-colombiano-tres-pueblos-palafiticos-ubicados-en-medio-de-la-cienaga-grande-de-santa-marta-se-apoyan-en-la-identidad-ecologica-de-los-manglares-para-hacer-frente-al-cambio-climatico-una-historia-de-multiples-resistencias\">En el Caribe colombiano, tres pueblos palaf\u00edticos ubicados en medio de la Ci\u00e9naga Grande de Santa Marta se apoyan en la identidad ecol\u00f3gica de los manglares para hacer frente al cambio clim\u00e1tico. Una historia de m\u00faltiples resistencias.<\/h4>\n<p>\u00abSolo si fuera una pel\u00edcula, creer\u00eda que todo esto es real\u00bb<br>Werner Herzog<\/p>\n<p>Llegamos a La Bendici\u00f3n de Dios el mediod\u00eda de un martes. Treinta y cinco grados de temperatura. Dos horas antes hab\u00edamos partido de Pueblo Viejo, una humilde poblaci\u00f3n de pescadores que posee una fortuna tan pero tan grande que tiene mucho de desgracia: hacia el norte, costa de agua salada, hacia el sur, ribera de agua dulce. Las olas del mar Caribe permanecen divorciadas artificialmente de la corriente de la Ci\u00e9naga Grande de Santa Marta. En medio, una carretera, un cementerio de manglar y cientos de casitas sostenidas por latas y palos.<\/p>\n<p>\u00cdbamos con la ilusi\u00f3n de encontrar un para\u00edso y el calor era m\u00e1s bien la antesala de un infierno. Sorteamos zonas de pesca de r\u00f3balo, camar\u00f3n y jaiba. Las lisas, peque\u00f1os peces plateados con \u00ednfulas de vuelo, nos escoltan todo el trayecto con sus fugaces y enceguecedores brillos. Las poblaciones de Tasajeras y Palmira son el \u00faltimo esbozo de tierra firme. La eterna romer\u00eda consiste en la venta de los frutos que regalan el mar y la ci\u00e9naga. Productos frescos que en nada ya est\u00e1n en los mercados de Santa Marta, Barranquilla, Riohacha y Cartagena con su valor inicial multiplicado por diez.<\/p>\n<p>Ya en el primer quil\u00f3metro de navegaci\u00f3n se pueden ver los primeros palafitos. Casas sostenidas con estacas que flotan sobre el agua como los pensamientos lo hacen en la mente. La fortuna de tener las dos aguas tan cerca se convirti\u00f3 en desgracia cuando en 1956 fueron separadas por la construcci\u00f3n de la v\u00eda Ci\u00e9naga-Barranquilla. Un corredor vial de 64 quil\u00f3metros que rompi\u00f3 abruptamente con la armon\u00eda del ecosistema del manglar, unos arbolitos et\u00e9reos que forman insumergibles y estirados bosques que saben crecer exclusivamente en \u00e1reas inundadas de agua dulce con presencia de mareas.<\/p>\n\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Photo-1.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\/strong><\/em><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>M\u00e1s que ingresar a una ci\u00e9naga lo que atravesamos fue un enorme paisaje de sacrificio humano: los cuerpos sudorosos de incontables pescadores brillaban castigados por el sol. \u00bfY si pensamos que esta agua moderadamente salada se debe m\u00e1s a la transpiraci\u00f3n de sus anfibios habitantes que a su proximidad con el mar? Mi mente empezaba a jugar en favor de fantas\u00edas deshaci\u00e9ndose de las pesadeces de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Colombia se adhiri\u00f3 a la Convenci\u00f3n Ramsar el 18 de junio de 1998. El primer \u00abhumedal de importancia internacional\u00bb que inscribi\u00f3 all\u00ed fue el sistema delta estuarino del r\u00edo Magdalena, m\u00e1s conocido como Ci\u00e9naga Grande de Santa Marta. Para que un humedal sea considerado de importancia internacional debe ostentar gran variedad de especies vegetales y animales, poseer comunidades ecol\u00f3gicas representativas, raras o \u00fanicas, y, esencialmente, albergar una extensa diversidad biogeogr\u00e1fica. Hoy hay 12 sitios Ramsar, solo el 3 por ciento de todas las \u00e1reas de humedales que tiene el pa\u00eds. El 52,6 por ciento de este 3 por ciento es la ci\u00e9naga que navegamos.<\/p>\n<p>Nuestro hospedaje se llama La Bendici\u00f3n de Dios. Es una casa de madera, sostenida por gruesos palos de manglar rojo y pintada de azul y blanco. Estamos 37 quil\u00f3metros adentro de la ci\u00e9naga, en Nueva Venecia, el centro neur\u00e1lgico de la cultura palaf\u00edtica del Caribe colombiano. Mi tel\u00e9fono registra una sensaci\u00f3n t\u00e9rmica que sobrepasa los 40 grados. La ci\u00e9naga despide el delgado vapor de una sopa caliente, los pescadores regresan de faenar ce\u00f1idos a una frugalidad semejante a la que despliegan las carrozas f\u00fanebres y un estrepitoso vallenato de Diomedes D\u00edaz que airea \u00abmenos mal que yo he sido un hombre valiente\/ que aunque sangre no me duelen las heridas\/ porque tengo mi experiencia conseguida\/ mantendr\u00e9 siempre levantada la frente\u00bb anega a\u00fan m\u00e1s la monoton\u00eda del lugar. El almuerzo consiste en trozos de carne asada con patacones, arroz blanco y ensalada de cebolla y tomate. En Nueva Venecia hay cerca de 3 mil personas y las 3 mil personas viven, de una u otra manera, de la pesca.<\/p>\n<p>Si nos disgustamos, me dice Pau, cada uno se va a una punta del bote. Me hace gracia esa acotaci\u00f3n, pero me parece injusta porque, de suceder un enojo entre los dos, alguno deber\u00eda irse para la punta de atr\u00e1s, donde est\u00e1 Luis, nuestro capit\u00e1n, morocho de enorme sonrisa blanca que, aunque casi no habla, seguramente al percibir la incomodidad de sus tripulantes preguntar\u00e1 por algo as\u00ed como si el tel\u00e9fono es iPhone, si el reloj es resistente al agua o por qu\u00e9 nos complicamos tanto armando tabacos si en la tienda ya los venden hechos. En cambio, el otro s\u00ed podr\u00eda irse lejos del sonido del motor y conectarse de forma solitaria con el panorama lagunar y, as\u00ed, olvidarse de todo mientras su rostro choca con la sutileza de un viento que arrastra chispitas de agua ambiguas, a veces dulces, a veces saladas.<\/p>\n<p>Si el disgusto llegara a pasar, que se vaya Pau para adelante a sacar sus fotos. Yo me voy a responder el interrogatorio del capit\u00e1n. De hecho, adelant\u00e1ndome a esa posibilidad, ya le hab\u00eda curioseado a Luis, a prop\u00f3sito de su comida preferida: camar\u00f3n en cualquier presentaci\u00f3n. Coincidimos, si bien esa no es mi comida preferida, s\u00ed que me gusta mucho.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY all\u00e1 en tu tierra s\u00ed comes harto camar\u00f3n? \u2013pregunta Luis.<\/p>\n<p>\u2014No, ya quisiera. En Bogot\u00e1 1 quilogramo de camar\u00f3n sale hasta 15 veces m\u00e1s caro que ac\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014Ac\u00e1 tampoco es que comamos tanto camar\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY eso por qu\u00e9, si es lo que abunda?<\/p>\n<p>\u2014Eso es pa\u2019 fuera, pa\u2019 vend\u00e9, pal\u2019 que paga.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>Juanca es nuestro gu\u00eda. Pescador y actor de 45 a\u00f1os, nacido y criado en Nueva Venecia. Hizo un par de escenas en la pel\u00edcula colombiana\u00a0<em>Los viajes del viento<\/em>. De aquellos d\u00edas recuerda la buena atenci\u00f3n y el lujo cinematogr\u00e1fico. Juanca habla pausadamente y su tono de voz es sumamente bajo, en un contexto en el que cualquier forastero puede imaginar que va a quedar sordo en cualquier momento. La facilidad con la que los locales sobrepasan los niveles normales de audici\u00f3n no solo es sorprendente, sino apabullante. En sus ef\u00edmeros d\u00edas de actor, Juanca conoci\u00f3 a Jes\u00fas. Desde entonces son buenos amigos. Jes\u00fas vive en un palafito completamente blanco que sabe llamar la atenci\u00f3n en Nueva Venecia, donde la gran mayor\u00eda de los palafitos lucen colores provocadores, tipo amarillo pollito, verde aguamarina, azul celeste y rosa Barbie.<\/p>\n<p>El palafito que habita Jes\u00fas est\u00e1 situado en la mitad del pueblo que, a su vez, est\u00e1 ubicado en un lugar muy cercano al ombligo de los 3.812 quil\u00f3metros cuadrados que tiene la ci\u00e9naga. De esta dimensi\u00f3n, una tercera parte forma espejos de agua adheridos a un veintenar de lagunas interconectadas entre s\u00ed por una vasta red de humedales y ca\u00f1os (cursos de agua cuya profundidad cambia en funci\u00f3n de las mareas). Jes\u00fas Su\u00e1rez, de 55 a\u00f1os, nos recibe en su sala, una tarde de luz cer\u00falea y tranquilo oleaje. Hombre menudo de mirada fija y palabra elegante, vive solo y trabaja en Invemar (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras Jos\u00e9 Benito Vives de Andr\u00e9is) como una especie de cient\u00edfico y arque\u00f3logo local en temas de cosmogon\u00eda anfibia y valoraci\u00f3n y aprovechamiento de recursos h\u00eddricos. Desde 2008 tiene su propio blog, donde comparte pensamientos, cuentos, cr\u00f3nicas y poemas alrededor de la cultura palaf\u00edtica: Cienagamachete.<\/p>\n<p>\u2014Ac\u00e1 lo que hay es una comunidad que vive de, por y para el agua. Una comunidad sostenida por palos de mangle, botes y atarrayas. Una comunidad de hombres y mujeres que son la mezcla de lo afro, lo ind\u00edgena y lo blanco. Una comunidad dulce y salada. Venir a Nueva Venecia, a Buenavista y a Bocas de Cataca, este \u00faltimo al borde de la disipaci\u00f3n, es enterarse de que los territorios no solo se refieren a la tierra, sino que tambi\u00e9n son agua, porque los r\u00edos, las lagunas y los mares son sujetos de derecho, territorios que, en lugar de tener tierra, tienen agua.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 peligros tiene la ci\u00e9naga?<\/p>\n<p>\u2014Todos los imaginables. Los manglares est\u00e1n muriendo y con esto el desequilibrio cada vez es mayor. La construcci\u00f3n de la carretera lo cambi\u00f3 todo. Para construirla, sacrificaron 20 mil hect\u00e1reas de manglar, casi la mitad del existente, y, desde entonces, este n\u00famero sigue escalando. Antes esta era una bah\u00eda abierta. Hoy estamos encerrados y luchamos contra la sedimentaci\u00f3n de este h\u00e1bitat patrocinado por el delta del r\u00edo Magdalena.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hace puntualmente el manglar?<\/p>\n<p>\u2014Es un filtro natural. Los manglares limpian el agua, b\u00e1sicamente, de la contaminaci\u00f3n, de los metales pesados que arrastran los r\u00edos, por la miner\u00eda, por ejemplo. Tambi\u00e9n protegen la ci\u00e9naga de la erosi\u00f3n costera, son un refugio de peces, un espacio de reproducci\u00f3n y prolongaci\u00f3n de las especies.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHay una palabra que defina el manglar?<\/p>\n<p>\u2014Adaptaci\u00f3n. Creo que funciona perfectamente. Los manglares, al tener la capacidad de existir entre el agua salada y el agua dulce, al resistir fuertes calores y vientos o temperaturas m\u00e1s moderadas, son maestros de la adaptaci\u00f3n, muy parecidos a nosotros, los anfibios, como nos bautiz\u00f3 el soci\u00f3logo Orlando Fals Borda, que por generaciones nos hemos adaptado a vivir sobre el agua. Dif\u00edcilmente podr\u00edamos ajustarnos con plenitud a la vida en tierra firme, un fen\u00f3meno directamente impensable para el manglar, que en tierra muere.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de nuestro encuentro con Jes\u00fas hicimos una peque\u00f1a gran expedici\u00f3n con el objetivo de poder entender mejor aquello del delta del r\u00edo Magdalena. Salimos de Nueva Venecia sobre las dos de la tarde, con una marea libertina en direcci\u00f3n al Ca\u00f1o Aguas Negras. Luis cantaba empalagosos vallenatos mientras Juanca sorteaba la loter\u00eda de troncos con los que nuestra embarcaci\u00f3n se topaba. El agua mutaba de una forma progresiva del verde y azul oscuro al marr\u00f3n, es decir, de una suerte de tonalidades oce\u00e1nicas a la gama parda que ostentan la gran mayor\u00eda de los afluentes.<\/p>\n<p>Lentamente abandonamos la rudeza de las olas para entrar en aguas apacibles y bajas sobre las cuales flotaban guijos de flora nativa. A nuestro alrededor un sinf\u00edn de plantas se mov\u00edan dignas de medallas ol\u00edmpicas en nado. El paisaje de mangle disminu\u00eda y se hac\u00eda cada vez m\u00e1s esquel\u00e9tico, hasta que desapareci\u00f3 por completo. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua salada, chao. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua dulce, chao. Naveg\u00e1bamos entre adioses. El mangle es un \u00e1rbol que sobrevive gracias a la mesura perfecta entre las dos aguas. El mangle es un \u00e1rbol que tiene dos vidas. Una como algod\u00f3n flotador que absorbe lo que le llega y lo higieniza hasta m\u00e1s no poder y otra como efigie de la cat\u00e1strofe de la contaminaci\u00f3n y el calentamiento global.<\/p>\n<p>En ambas orillas del Ca\u00f1o Aguas Negras, osarios de mangle: tristes figuras arb\u00f3reas completamente secas con barbas que cuelgan como delicadas telara\u00f1as a punto de quebrarse. Hect\u00e1reas enteras de esqueletos carcomidos por el bosque seco. En la ci\u00e9naga, la aparici\u00f3n de bosque seco es una suerte de sentencia de muerte. Es la sedimentaci\u00f3n, la tierra firme en difusos cascajos de expiraci\u00f3n amarilla y caf\u00e9 con intrascendentes brochazos de verde. Lodo por todos lados. Muchas, much\u00edsimas iguanas, tiesas y fisgonas. Lentamente fueron revel\u00e1ndose campos de palma y arroz y grandes extensiones de tierra ganadera. Los terratenientes son los due\u00f1os de todo esto, incluida el agua que usan sin regla para sacar adelante sus negocios, afirma Juanca.<\/p>\n<p>El Ca\u00f1o Aguas Negras es apenas un ligero ap\u00e9ndice de la ci\u00e9naga que se va secando, retra\u00eddamente, hasta volverse campo del Magdalena, el r\u00edo m\u00e1s importante de Colombia. Despu\u00e9s de cuatro horas de navegaci\u00f3n y de haber visto el enorme caudal del r\u00edo, las palabras de Jes\u00fas retumban en la cabeza de la tripulaci\u00f3n. La ci\u00e9naga es un corredor ecol\u00f3gico que comunica el r\u00edo Magdalena con la Sierra Nevada de Santa Marta, un afluente que trae consigo absolutamente todos los desperdicios de medio pa\u00eds. Ya en la desembocadura del Ca\u00f1o Aguas Negras se puede divisar, a lo lejos, el mar, que oficia como el gran testigo al cual, tambi\u00e9n, va a parar todo el desastre.<\/p>\n<p>El viaje de vuelta estuvo presidido por el silencio. De vez en cuando, Luis silbaba alguna tersa melod\u00eda que ten\u00eda el poder de recordarnos que, en medio de la desolaci\u00f3n, la ci\u00e9naga estaba viva y, al adentrarnos en ella, nos recib\u00eda como propios. P\u00e1jaros volaban sin rumbo, con el sol bien bajo, expandiendo sus alas. El final de la tarde rociaba los montes, antes inundados, con pesadez y humedad. Descubrimos la obstinaci\u00f3n de algunos pescadores que no agarraron nada durante el d\u00eda y continuaban aferrados a sus mallas. Estaban ah\u00ed, levitando sobre el agua, est\u00e1ticos, cubiertos como momias para resguardarse de los ej\u00e9rcitos de mosquitos. Solo se les ve\u00eda el cansancio y, arriba, el cielo crepitaba de tensiones. \u00abEsta noche llueve\u00bb, dice Juanca. La ci\u00e9naga invita a dos cosas: a contemplarla y a trabajarla. Nueva Venecia se anida en sus peque\u00f1as luces nocturnas.<\/p>\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Photo-2.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\/strong><\/em><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Somos un pueblo de pescadores \u2013dice Chichi, 37 a\u00f1os, piel azabache y brazos macizos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo alguien decidi\u00f3 vivir en la mitad de una ci\u00e9naga?\u00a0<\/p>\n<p>\u2014Buscando trabajo y comida los antiguos llegaron hasta ac\u00e1 y echaron ra\u00edces.\u00a0<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe imaginas viviendo en tierra firme?<\/p>\n<p>\u2014No, mi tierra es esta. En medio de tantas cosas uno vive tranquilo.\u00a0<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo es una jornada tuya?<\/p>\n<p>\u2014Desde las cuatro o cinco de la ma\u00f1ana hasta las dos o tres de la tarde. A veces sale bien, a veces no tan bien. La realidad es que el pescado escasea. Pero bueno, el s\u00f3lo hecho de estar vivos ya es pa\u2019 agradecerle a Dios.\u00a0<\/p>\n<p>Si no hay explicaciones formales, s\u00ed que hay leyendas para suplantarlas. Los pescadores, como los agricultores, buscan las mejores zonas para trabajar. As\u00ed, se dice que hace m\u00e1s de dos siglos algunos pescadores descubrieron la frondosa ci\u00e9naga y, por supuesto, sus selectos frutos.\u00a0<\/p>\n<p>Como la ci\u00e9naga estaba tan lejos como para ir a faenar y volver a los pueblos costeros, esos algunos empezaron a pensar en la posibilidad de pasar noches en las islitas de mangle. Pero los mangles escond\u00edan animales peligrosos como caimanes y serpientes. Tachado.\u00a0<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, esos mismos algunos, al lado de los mangles, construyeron sobre troncos peque\u00f1os espacios al nivel del agua para descansar y amarrar sus botes. Pero los mangles son plet\u00f3ricos en mosquitos. Tachado.\u00a0<\/p>\n<p>Entonces, un alguien se fue hasta el centro de la ci\u00e9naga porque las aguas all\u00ed eran calmosas y bajas, no hab\u00eda animales peligrosos y los mosquitos no llegaban. Visto bueno.\u00a0<\/p>\n<p>Este alguien enterr\u00f3 all\u00ed cuatro palos de mangle y, sobre los palos m\u00e1s palos que, bien amarrados, le permitieron conseguir un suelo y un techo. Sobre la audaz arquitectura su cuerpo descans\u00f3.\u00a0<\/p>\n<p>Las faenas duraban d\u00edas, semanas, hasta que la mujer de ese alguien fue picada por el bicho de la duda y cuando su esposo volvi\u00f3 a tierra firme le exigi\u00f3 ir con \u00e9l para ver por qu\u00e9 se demoraba tanto. El alguien accedi\u00f3 y la se\u00f1ora empez\u00f3 a quedarse con \u00e9l el tiempo de trabajo para cocinarle y ayudarle y despu\u00e9s se trajo a los hijos y la arquitectura se fue agrandando y optimizando.\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed fue que familias enteras de pescadores empezaron a pasar m\u00e1s tiempo sobre el agua que en tierra firme: se quedaron a vivir. Ten\u00edan comida, resguardo, trabajo, serenidad y, lo m\u00e1s importante: botes para desplazarse.\u00a0<\/p>\n<p>Adaptaci\u00f3n, dijo Jes\u00fas Su\u00e1rez.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>Efectivamente, la noche que volvimos de la expedici\u00f3n al r\u00edo Magdalena, llueve a c\u00e1ntaros. La niebla se apropia de cada palafito. Es una bruma, t\u00edpica de p\u00e1ramo, pero en el medio de la ci\u00e9naga. En mi habitaci\u00f3n de 5 metros cuadrados me dejo soplar por los ecos de la tormenta. Se va la luz. La actividad el\u00e9ctrica se siente como el rugir de un volc\u00e1n. No s\u00e9 si lo sue\u00f1o o es verdad. Sue\u00f1o que me salen alas y que me voy volando hasta las nieves perpetuas de la Sierra Nevada. Al despertar lamento que nadie vaya a saber lo que signific\u00f3 mi viaje.<\/p>\n<p>Salimos antes del amanecer. Una brisa indeciblemente d\u00f3cil. Sobre la calle acu\u00e1tica de nuestro palafito una t\u00fanica vegetal. Los p\u00e1jaros a\u00fan duermen. Cuando pasamos por debajo del puentecito de la escuela el motor suena hueco. Juanca, Luis, Pau y yo cuidamos cada movimiento como si fu\u00e9ramos animales que tantean alternativas para no despertar la bestia. Las huellas del silencio son muy profundas. Juanca dice que la tormenta trajo las aguas del r\u00edo. El agua es parda y empuja troncos. Los perros, af\u00f3nicos, siguen la estela de nuestro bote. Una mujer vieja, envuelta por el humo de un fog\u00f3n nos suministra arepas para el camino. Un hombre bebe caf\u00e9 y nos franquea con su mirada yerma. Pienso en si ya habr\u00e1 pronunciado la primera palabra del d\u00eda. La noche sigue larga y nos sumergimos en sus sobras de oscuridad. Corren vahos entre nosotros hasta que una rendija se abre en el cielo. Es un rojo profundo el que nace. Es el inicio del que ser\u00e1 un sol sangriento, como de batalla.\u00a0<\/p>\n<p>Armando Retamos y \u00c1vila tiene sesenta y siete a\u00f1os, pero parece de noventa. Va con su hijo, Dar\u00edo Jos\u00e9 Retamos, de veintis\u00e9is. Ambos llevan desgastadas gorras de los New York Yankees. Son las 6:30 de la ma\u00f1ana y en su bote de madera, llamado Tenampa, adem\u00e1s de dos hachas y algunos cuchillos, llevan un recipiente con el arroz y las arepas de yuca suficientes para hacer cara a la jornada laboral. Los brazos de Armando son firmes. Sus jadeos d\u00e9biles, vidriados. La vieja embarcaci\u00f3n llega al manglar El olivo. Estaciona en un microsc\u00f3pico trecho de esa l\u00ednea verde que conforma el horizonte de la ci\u00e9naga. Armando le aprendi\u00f3 a su padre el oficio de cortar madera. Cuando est\u00e1 frente al mangle lo troza con la fuerza de un bisonte. Cuando descansa, reposa como una monta\u00f1a. Dar\u00edo escucha la historia de su padre mientras corta y el sudor le funciona como repelente natural para lidiar con los mosquitos.\u00a0<\/p>\n<p>La madera es el sustento de la familia. El envejecimiento una amenaza. Ellos cortan y reman tres, cuatro, cinco viajes diarios entre el palafito y el mangle para descargar la materia prima. La esposa de Armando, madre de Dar\u00edo, es la encargada de venderla en el pueblo para dar vida a las cocinas locales. El Tenampa cada vez tiene que ir m\u00e1s lejos para conseguir buena madera. No se corta el mangle vivo, se corta el mangle que va cayendo, entre otras cosas porque as\u00ed es m\u00e1s combustible. Padre e hijo saben que la intranquilidad de la naturaleza es el ser humano y por eso no atentan contra ella. Del mangle El olivo van a El rinc\u00f3n de Solano.\u00a0<\/p>\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Photo-3.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\/strong><\/em><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Los ojos de Armando est\u00e1n recubiertos por un fino velo blanco. En 1999 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia lo acusaron de ser colaborador de la guerrilla del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional. Pas\u00f3 un a\u00f1o de zozobra y resistencia, hasta la madrugada del 22 de noviembre del 2000, cuando los mismos hombres que lo hab\u00edan imputado por algo sin sentido, ingresaron a Nueva Venecia y asesinaron a 37 personas. Armando se desplaz\u00f3 con toda su familia a la comunidad ribere\u00f1a de Palmira. No dur\u00f3 ni seis meses. La tierra firme lo expuls\u00f3. Decidi\u00f3 regresar y se qued\u00f3 entregado a la suerte.<\/p>\n<p>\u2014Un hombre es varias cosas: su memoria, su tierra y su trabajo \u2013dice Armando, con los pies sumergidos entre el lodo del mangle y su hacha entre las manos.<\/p>\n<p>\u2014Dar\u00edo \u00bfcu\u00e1l es tu sue\u00f1o?<\/p>\n<p>\u2014Mi sue\u00f1o es la vida.<\/p>\n<p>Dani Cervantes tiene 42 a\u00f1os y, desde que tiene uso de raz\u00f3n, trabaja la madera. Su padre le transmiti\u00f3 el oficio de astillero y es quien repara y construye los botes de Nueva Venecia y Buenavista. En el patio de su casa, mont\u00edculo de tierra forjado a punta de desechos comprimidos, tiene su taller. All\u00ed, media docena de largos botes en reparaci\u00f3n, una caja llena de herramientas y cuatro perritas macilentas.<\/p>\n<p>\u2014La madera se corta cuando hay luna llena. Si no se hace as\u00ed no sirve: se pudre, se quiebra. Ahora el material que m\u00e1s se usa por econom\u00eda y duraci\u00f3n es la fibra. Son pocas las personas que quieren hacer botes de madera. Yo uso mangle porque es fuerte.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA qui\u00e9n le transmites tu oficio?<\/p>\n<p>\u2014Tengo un hijo chiquito, pero no creo que se vaya a interesar por esto. La verdad no hay mucho futuro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA qu\u00e9 te gustar\u00eda que se dedicara tu hijo?<\/p>\n<p>\u2014A lo que \u00e9l quiera, pero ac\u00e1 s\u00f3lo est\u00e1 la posibilidad de la pesca. Aunque me gustar\u00eda que fuera futbolista, mi sue\u00f1o frustrado.<\/p>\n<p>Cinco de la ma\u00f1ana. Luis, Juanca y Chichi pasan a buscarnos a La bendici\u00f3n de Dios para ir a pescar. El lugar estaba puntualizado en el mapa que lleva Juanca en su cerebro: ci\u00e9naga Alfandoque. Pau y yo no entendemos nada. Son laberintos de ca\u00f1os y humedales y lagunas los que transitamos. Luis es una br\u00fajula andante. Nos movemos entre en\u00e9rgicos y exuberantes manglares, con el silencio del alba apenas entrecortado por el canto diverso de las aves lindantes. El sol no se decide a salir y las aguas templadas de la ci\u00e9naga alargan el poema sensitivo de estar navegando entre nubes.<\/p>\n<p>Mangles rojos, blancos y amarillos. Los va se\u00f1alando Juanca. Este es el m\u00e1s fuerte de los tres, este es el campe\u00f3n de la filtraci\u00f3n, este es el m\u00e1s delicado, este el m\u00e1s inflamable. Los manglares son arboledas que crecen en todas direcciones y se reconocen porque sus ra\u00edces est\u00e1n a la vista, disipadas entre el agua y el cielo. Son como las barbas de un viejo gigante y bondadoso que exhibe su experiencia a partir de naturaleza flotante y vaporosa.<\/p>\n<p>Juanca tira una atarraya. Solo alevinos. Uno a uno dice sus nombres. Una treintena de frutos que no pasan de la primera infancia. Todos vuelven al agua. Estamos en el coraz\u00f3n de la ci\u00e9naga Alfandoque. El motor se apaga. El nivel del agua no supera los 30 cent\u00edmetros. En alg\u00fan momento Pau le hab\u00eda preguntado a Juanca por el cambio clim\u00e1tico. \u00bfSi esto no es el cambio clim\u00e1tico entonces qu\u00e9 es? Pregunta, mirando a Pau. Luis apoya sus remos entre el agua que r\u00e1pidamente se convierte en barro. Chichi forcejea con el fango. Tenemos que salir de la Alfandoque a menos de que el objetivo sea pescar congojas. A lo lejos se ven los botes de los pescadores est\u00e1ticos. No los de m\u00e1s paciencia, sino los que persiguen la cantidad.<\/p>\n<p>Cuando era ni\u00f1o la profundidad de esta ci\u00e9naga era de cinco o seis metros, comenta Juanca. Nadar ac\u00e1 era muy rico, le responde Chichi. La ci\u00e9naga agoniza. Nos recluimos en uno de los arroyos que custodia el manglar. La luz primera del d\u00eda aumenta la temperatura de forma calamitosa y, con esta, surgen de la espesura arduos trazados de basura: recipientes y espumas de pl\u00e1stico, envolturas de alimentos, pedazos de chancletas, botellas de vidrio, bombillos, toallas higi\u00e9nicas y hasta un televisor marca Sanyo de 20 pulgadas. El agua clara de la ci\u00e9naga disiente con sus m\u00faltiples orillas echadas a perder. Juanca y Chichi callan. Luis nos aleja del hundimiento an\u00edmico y nos lleva a la ci\u00e9naga del Tigre.<\/p>\n<p>Otro tipo de pesca consiste en encerrar una parte de la ci\u00e9naga con holgadas redes y, despu\u00e9s de zapatear el bote y golpear con fuerza el agua, ver qu\u00e9 se amontona. Despu\u00e9s de una hora de implementaci\u00f3n del artesanal plan y ya con el sol haciendo la suya sobre nuestras espaldas, empezamos a recoger las redes. Tres bagres de libra y cinco cangrejos. Luis pidi\u00f3 los pescados para su almuerzo y los cangrejos fueron devueltos a la profundidad del agua no sin antes ser advertidos de que no pod\u00edamos irnos sin probar el arroz de jaiba, una delicia local que tiene como principal materia prima las blandas y blancas entra\u00f1as de esos cangrejos que dejamos escapar.<\/p>\n<p>Sol, esa es la sorpresa que guarda la ci\u00e9naga para todos los d\u00edas. Los bosques de mangle son un refugio perfecto, pero los mosquitos no dejan que uno medio se asome. La naturaleza sabe salvaguardar su virginidad. Pau imparte una clase de geograf\u00eda a Juanca. Le ense\u00f1a a manejar Google Maps. Juanca alucina al ver en la pantalla de su dispositivo c\u00f3mo el punto azul que somos se zarandea entre la ci\u00e9naga Pajaral. Luis y Chichi se fascinan con la idea de que en la lejana tierra de Pau ya es la tarde. Los tres albergan un \u00fanico pensamiento omnipresente: hacer lo posible por quedarse ac\u00e1.<\/p>\n<p>Vamos a ver a \u00c1ngela Donado. Es la madre de Luis. Tiene 42 a\u00f1os y cuatro hijos. Pero tambi\u00e9n tiene otros diez a lo largo y ancho del pueblo. Es la madre comunitaria de Nueva Venecia. Todos los d\u00edas, desde hace 26 a\u00f1os, recibe un grupo de ni\u00f1os en su palafito. All\u00ed los alimenta con lo que le entrega semanalmente el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y tambi\u00e9n les ense\u00f1a cosas esenciales para la vida como los colores, los n\u00fameros, las vocales, los animales, los tipos de pesca. Los padres dejan a sus hijos all\u00ed a las 8 de la ma\u00f1ana y vuelven por ellos a las 4 de la tarde. La se\u00f1o, le dicen en la comunidad, y se conmueve al contar que, de vez en cuando, pasan a visitarla adultos que en alg\u00fan momento fueron sus hijitos adoptivos.<\/p>\n<p>\u00c1ngela teme que los ni\u00f1os se le caigan al agua, no tanto porque se ahoguen, finalmente ya forma parte del gen local el reflejo del nado, sino porque ha venido descubriendo una lenta, pero alarmante degradaci\u00f3n del agua de la ci\u00e9naga que, al contacto con la suave piel de sus ni\u00f1os, genera sarpullidos, brotes y hasta llagas. Como si de una paradoja se tratara, otra de sus preocupaciones tambi\u00e9n tiene que ver con el agua: rodeada de agua, lo que menos tiene es agua. Diariamente le llega al muellecito de su casa un tesoro que consiste en un tanque con 50 litros potables que debe tazar inteligentemente para garantizar la dieta de sus ni\u00f1os.<\/p>\n<p>El funesto 22 de noviembre del 2000, \u00c1ngela vio c\u00f3mo asesinaron a su marido en la sala de su casa. Antes del amanecer, un grupo de paramilitares tumb\u00f3 la puerta del palafito y se dirigi\u00f3 hasta la habitaci\u00f3n matrimonial en busca de Ever Julio Rodr\u00edguez. \u00c9l se neg\u00f3 a irse con ellos y les dej\u00f3 claro que si lo iban a matar deb\u00edan hacerlo ah\u00ed. Recibi\u00f3 un balazo en la frente, ante la tribulaci\u00f3n de su esposa e hijas que no pod\u00edan echarse a correr. Con el cuerpo de su esposo desparramado e intentando que sus hijas salieran lo m\u00e1s pronto posible de ese abismo, clausur\u00f3 la puerta de su casa, se lanz\u00f3 al agua hasta dar con el bote de su hermana, regres\u00f3 por sus hijas y se fue.<\/p>\n<p>Se desplaz\u00f3 a Sitionuevo, la municipalidad de la cual Nueva Venecia es un corregimiento. Como \u00c1ngela, el 90 por ciento del pueblo abandon\u00f3 sus palafitos, para regresar paulatinamente en el transcurso de los siguientes diez a\u00f1os. \u00c1ngela fue una de las primeras retornadas. No se acomod\u00f3 en tierra firme. Volvi\u00f3, limpi\u00f3 su casa, se par\u00f3 firme con sus hijas y con los ni\u00f1os que le llegaban y emergi\u00f3 de esa fosa que le cavaron en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>No salimos nunca despu\u00e9s de las seis de la ma\u00f1ana. Intentamos esquivar el mediod\u00eda. Nadie quiere convertirse en un chicharr\u00f3n ambulante. Vamos a Bocas de Cataca, hora y media de navegaci\u00f3n. Este pueblo fue el palafito m\u00e1s pr\u00f3spero y grande de la ci\u00e9naga. Eso a finales del siglo pasado, hasta que la guerra hiri\u00f3. Antonio Guerrero, de 81 a\u00f1os y su esposa, Evangelina Moreno de 62, recuerdan el 11 de febrero de 2000. Once personas asesinadas. Lo cuentan todo, con sus voces quebradizas, en la sala de su casa que est\u00e1 tutelada por los retratos de dos familiares de Evangelina y un amigo cercano que pagaron con su vida el haber nacido ah\u00ed.<\/p>\n<p>Se refieren al momento de la masacre como \u00abla mala hora\u00bb. Evangelina recuerda que el pueblo se desocup\u00f3. S\u00f3lo quedaron ella y Antonio. Los perros aullaron por semanas y meses reclamando a sus due\u00f1os, hasta que fueron muriendo, no de hambre, sino de pena moral. Eso fue muy feo, sella Evangelina.<\/p>\n<p>El televisor de 14\u2019 pulgadas de la vieja casa que en alg\u00fan momento supo mantenerse estable sobre el agua, transmite el Giro de Italia. La carrera va llegando a la ciudad de Torino. Antonio pregunta si conocemos por all\u00e1. Negamos. Por ac\u00e1 ya podr\u00eda pasar una carrera de esas, bromea, con el hecho de que estamos sobre tierra firme. Algunas casas alrededor tienen ganado. El que fluye pegado a las puertas de las viviendas es un bracito del r\u00edo Aracataca, que baja de la sierra, fr\u00edo y pr\u00f3digo, pero que a esta altura ya es una historia que Antonio prefiere no recordar. Luis se ba\u00f1a en el r\u00edo. Antonio lo mira. La soledad llena su pecho. La tristeza sus ojos.<\/p>\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Photo-4.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\/strong><\/em><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>En Bocas de Cataca viven aproximadamente 20 familias cuyos integrantes m\u00e1s j\u00f3venes han ido perdiendo la idiosincrasia anfibia: piensan en comprar motos y van al agua solo cuando es rotundamente necesario. Cuando, por ejemplo, hay hambre y en tierra no se consigue nada porque no hay dinero. Dora Gariz\u00e1balo tiene ocho hijos y todos se han ido. Vive con su hermano Rafael y su esposo, Candelario. A sus 65 a\u00f1os, Dora ha desarrollado un car\u00e1cter luchador. Tiene muy claro que los trances que vive su pueblo se deben a muchos factores y que tanto la pobreza adyacente como la crisis ambiental tienen nombre propio.<\/p>\n<p>\u2014En cinco a\u00f1os, si no antes, Bocas de Cataca ser\u00e1 monte. Ac\u00e1 detr\u00e1s tenemos a los terratenientes apropi\u00e1ndose de la tierra despu\u00e9s de cada inundaci\u00f3n. De metro en metro han ido acaparando el terreno que supuestamente est\u00e1 protegido por ser reserva. Hacen lo que les da la gana y nadie les dice nada. El agua de los r\u00edos la desv\u00edan para sus fincas y ac\u00e1 lo que nos llega es basura o agua contaminada por los qu\u00edmicos esos que usan para sembrar. Ya ni pescado baja y la parte de la ci\u00e9naga que nos toca se est\u00e1 sedimentando. La ganader\u00eda es un problema gigantesco, \u00bfpero uno c\u00f3mo le dice al vecino que no tenga sus vaquitas si eso ya es una cuesti\u00f3n de supervivencia? Es la ganader\u00eda de ellos la que nos amenaza. Salir a pescar ac\u00e1 es exponerse al hambre. Nosotros queremos volver a ser un palafito, pero sin agua eso no ser\u00e1 posible ni en los sue\u00f1os. Hace 30 a\u00f1os \u00e9ramos casi 300 familias y ahora, mire, casi un pueblo fantasma. La \u00fanica forma de hacernos respetar es a la brava, pero aqu\u00ed nadie quiere exponerse y mucho menos cuando tenemos el antecedente ese de la masacre, el miedo es una cosa jodida. Ac\u00e1 necesitamos al gobierno, porque si no nos morimos ahogados, nos morimos de sed o directamente intoxicados y si abrimos la boca, nos morimos asesinados. El pueblo est\u00e1 sedimentado en un 70 por ciento. Lo que antes era agua y vida hoy es barro, tierra infecunda. Es verdad, vamos a desaparecer: \u00bfuno por qu\u00e9 va a negar la luz del d\u00eda? \u2013dice Dora, sentada en el p\u00f3rtico de tierra negra que funciona de entrada a su humilde casa que, al igual que la de Antonio y Evangelina, hace no mucho tiempo fue palafito.<\/p>\n<p>Bocas de Cataca se muerde los nervios ante la inminencia de su extinci\u00f3n. Los p\u00f3mulos de sus \u00faltimos manglares est\u00e1n negros y ya nunca m\u00e1s podr\u00e1n desplegarse con la espontaneidad de una sonrisa. Dora es una madre que protege a su hijo, no porque su hijo lo requiera, sino para olvidarse ella misma de que ambos un d\u00eda no estar\u00e1n. Su hijo es su pueblo: Bocas de Cataca existe porque resiste, grita, mientras nos vamos alejando.<\/p>\n<p>Las ra\u00edces de los manglares, largos zancos entrelazados entre s\u00ed, no solo son sitios de refugio, reproducci\u00f3n y alimentaci\u00f3n para muchas plantas y animales (peces, moluscos, crust\u00e1ceos, reptiles, aves y mam\u00edferos), sino que tambi\u00e9n brindan importantes beneficios ecol\u00f3gicos para las comunidades humanas que conviven con \u00e9l, ya que son un aliado importante en la lucha contra el cambio clim\u00e1tico: poseen la capacidad de secuestrar los gases de CO<sub>2<\/sub>\u00a0de la atm\u00f3sfera hasta cinco veces m\u00e1s que los bosques regulares. Este CO<sub>2<\/sub>\u00a0lo almacenan en forma de carbono en sus hojas, troncos, ra\u00edces y suelo.<\/p>\n<p>En Buenavista, pueblo palafito de aproximadamente 800 habitantes, ubicado a 30 minutos de regata de Nueva Venecia, hay un vivero de manglar. Javier de la Cruz, de 57 a\u00f1os, Dinson Cordon\u00f3, de 45, y Luis Obeso, de 52, son los anfitriones. Trabajan para Parques Nacionales Naturales y est\u00e1n gestionando este jard\u00edn de manglar desde el 2000. Aseguran que, entre 2021 y 2022, han sembrado 40 mil pl\u00e1ntulas de mangle en las zonas m\u00e1s cr\u00edticas de la ci\u00e9naga.<\/p>\n<p>\u2014Cuando se destruye un manglar, se liberan enormes cantidades de CO<sub>2<\/sub>\u00a0a la atm\u00f3sfera y, as\u00ed, se aceleran procesos como el calentamiento global. Los manglares no solo representan una barrera natural y din\u00e1mica que hace frente a fuertes tormentas, huracanes y oleajes, sino que tambi\u00e9n combaten positivamente la erosi\u00f3n y la inundaci\u00f3n en \u00e1reas costeras, y, ante el aumento del nivel del mar, brindan protecci\u00f3n por su capacidad de acumular sedimentos e incrementar los niveles del suelo marino. Los manglares son la armon\u00eda de la ci\u00e9naga, los reguladores y los coladores naturales de las aguas dulces y las aguas saladas, sin ellos estamos expuestos a todo \u2013dice Javier, con sus manos hundidas entre una de las tinas de mangles.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es todo, Javier?<\/p>\n<p>\u2014Todo es la desaparici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los bosques de manglar, Juanca puede ver m\u00e1s all\u00e1. Los \u00e1rboles se mecen unos contra otros, las garzas vuelan contra la luz, sin avanzar ni un poquito. Luis direcciona el bote con la sabidur\u00eda del instinto y atr\u00e1s van quedando Nueva Venecia y Buenavista, meci\u00e9ndose sobre sus grandes espigas de mangle. Una turba de cuadros fant\u00e1sticos me abre los ojos: una zanja llena de agua repleta de largos pastos recostados es atravesada por un chig\u00fciro. La silueta de la Sierra Nevada de Santa Marta brota del mar y me empotra en sus picos m\u00e1s altos. Un grupo de flamencos rosados forman una V y vuelan por encima de nosotros para una foto que Pau no saca. El agua es tan cristalina que me asombra que no sea de hielo. De cualquier forma, seguro en su fondo habr\u00e1 alg\u00fan zapato. La Bichota, as\u00ed se llama el bote que suplant\u00f3 nuestras piernas por estos d\u00edas, nos deja en tierra firme.<\/p>\n<p>Abrazo de la tripulaci\u00f3n y selfi de despedida.<\/p>\n<p>En breve descubro que caminar me resulta doloroso.<\/p>\n<\/div>\n<h1><strong>Conozca a los medios de la Alianza<\/strong><\/h1>\n<ul>\n<li>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Logo-Quira-Blanco-2024.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<h3> Quira Medios<\/h3>\n<div>\n<div class=\"el-content uk-panel uk-margin-top\">\n<div class=\"el-content uk-panel uk-margin-top\">\n<p><strong>D<\/strong><span>ivulgaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n de contenidos amplios de la cultura con tem\u00e1ticas art\u00edsticas, acad\u00e9micas, comunitarias, sociales y medioambientales de la ciudad y la regi\u00f3n. <span lang=\"ES\" xml:lang=\"ES\">La l\u00ednea editorial de Quira Medios vincula interculturalidad, cohesi\u00f3n social y comunicaci\u00f3n para la vida, identific\u00e1ndose en este sentido con los procesos e innovaci\u00f3n social.<\/span><br><\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/www.quira-medios.com\/\">viste su portal<\/a><\/p>\n<\/li>\n<li>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Logo_En_El_Medio-removebg-preview-transformed.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<h3>En el Medio<\/h3>\n<div>\n<p>Incentivar la participaci\u00f3n ciudadana y hacer de la informaci\u00f3n la herramienta id\u00f3nea para la difusi\u00f3n de convocatorias, programas, actividades y eventos de inter\u00e9s comunitario y general, que propendan por la construcci\u00f3n de la democracia, en t\u00e9rminos de equidad y que contribuya al fortalecimiento de la paz y el crecimiento personal y colectivo.<\/p>\n<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/enelmedio.org\/\">Visite su portal<\/a><\/p>\n<\/li>\n<li>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Logo-Desde-Abajo.png\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<h3>Desde Abajo<\/h3>\n<div>\n<p><strong>Desde abajo<\/strong> se hizo propuesta comunicativa por estimar que es la manera m\u00e1s pr\u00e1ctica de discutir y contarle a otros cada iniciativa popular que se est\u00e9 concretando. Es en este proceso que, consideramos, se logra elaborar un pensamiento com\u00fan y unas l\u00edneas b\u00e1sicas de acci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/www.desdeabajo.info\/\">visite su portal<\/a><\/p>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><!--more--><br>\n<!-- {\"type\":\"layout\",\"children\":[{\"type\":\"section\",\"props\":{\"css\":\".el-section {\\n\\n\\tbackground:#F8921E;\\n}\",\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"Reportajes\",\"text_align\":\"center\",\"title_decoration\":\"line\",\"title_element\":\"h3\"}}]}]}],\"name\":\"TITULO ARTICULO\"},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"small\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<strong>Memorias de La Bichota<\\\/strong>\",\"text_align\":\"center\",\"title_decoration\":\"bullet\",\"title_element\":\"h1\"}}]}]}],\"name\":\"TITULO ARTICULO\"},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"props\":{\"margin_remove_bottom\":false,\"margin_remove_top\":false},\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"class\":\"uk-hidden@s\",\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Movil-Bichota.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"center\"},\"name\":\"FOTO MOBILE\"},{\"type\":\"image\",\"props\":{\"class\":\"uk-visible@s\",\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Banner-pagina-Bichota.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"margin\":\"default\",\"margin_remove_top\":true,\"text_align\":\"center\"},\"name\":\"FOTO ESCRITORIO\"}]}]}],\"name\":\"FOTO-PORTADA-ARTICULO\"},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"small\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><strong>Junio 26 -2024<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><strong>Cr\\u00f3nica en los manglares colombianos, trinchera contra el cambio clim\\u00e1tico<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p><strong>Por G. Jaramillo Rojas desde Nueva Venecia, Buenavista y Bocas de Cataca<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><strong><em>Este texto fue publicado en <a href=\\\"https:\\\/\\\/www.desdeabajo.info\\\/\\\">www.desdeabajo.info<\\\/a>\\u00a0 y hace parte de una alianza entre medios Alternativos <br \\\/><\\\/em><\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<h4 class=\\\"wp-block-heading\\\" id=\\\"h-en-el-caribe-colombiano-tres-pueblos-palafiticos-ubicados-en-medio-de-la-cienaga-grande-de-santa-marta-se-apoyan-en-la-identidad-ecologica-de-los-manglares-para-hacer-frente-al-cambio-climatico-una-historia-de-multiples-resistencias\\\">En el Caribe colombiano, tres pueblos palaf\\u00edticos ubicados en medio de la Ci\\u00e9naga Grande de Santa Marta se apoyan en la identidad ecol\\u00f3gica de los manglares para hacer frente al cambio clim\\u00e1tico. Una historia de m\\u00faltiples resistencias.<\\\/h4>\\n\n\n<p>\\u00abSolo si fuera una pel\\u00edcula, creer\\u00eda que todo esto es real\\u00bb<br \\\/>Werner Herzog<\\\/p>\\n\n\n<p>Llegamos a La Bendici\\u00f3n de Dios el mediod\\u00eda de un martes. Treinta y cinco grados de temperatura. Dos horas antes hab\\u00edamos partido de Pueblo Viejo, una humilde poblaci\\u00f3n de pescadores que posee una fortuna tan pero tan grande que tiene mucho de desgracia: hacia el norte, costa de agua salada, hacia el sur, ribera de agua dulce. Las olas del mar Caribe permanecen divorciadas artificialmente de la corriente de la Ci\\u00e9naga Grande de Santa Marta. En medio, una carretera, un cementerio de manglar y cientos de casitas sostenidas por latas y palos.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u00cdbamos con la ilusi\\u00f3n de encontrar un para\\u00edso y el calor era m\\u00e1s bien la antesala de un infierno. Sorteamos zonas de pesca de r\\u00f3balo, camar\\u00f3n y jaiba. Las lisas, peque\\u00f1os peces plateados con \\u00ednfulas de vuelo, nos escoltan todo el trayecto con sus fugaces y enceguecedores brillos. Las poblaciones de Tasajeras y Palmira son el \\u00faltimo esbozo de tierra firme. La eterna romer\\u00eda consiste en la venta de los frutos que regalan el mar y la ci\\u00e9naga. Productos frescos que en nada ya est\\u00e1n en los mercados de Santa Marta, Barranquilla, Riohacha y Cartagena con su valor inicial multiplicado por diez.<\\\/p>\\n\n\n<p>Ya en el primer quil\\u00f3metro de navegaci\\u00f3n se pueden ver los primeros palafitos. Casas sostenidas con estacas que flotan sobre el agua como los pensamientos lo hacen en la mente. La fortuna de tener las dos aguas tan cerca se convirti\\u00f3 en desgracia cuando en 1956 fueron separadas por la construcci\\u00f3n de la v\\u00eda Ci\\u00e9naga-Barranquilla. Un corredor vial de 64 quil\\u00f3metros que rompi\\u00f3 abruptamente con la armon\\u00eda del ecosistema del manglar, unos arbolitos et\\u00e9reos que forman insumergibles y estirados bosques que saben crecer exclusivamente en \\u00e1reas inundadas de agua dulce con presencia de mareas.<\\\/p>\\n\n\n<p><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Photo-1.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":2000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\\\/strong><\\\/em><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p>M\\u00e1s que ingresar a una ci\\u00e9naga lo que atravesamos fue un enorme paisaje de sacrificio humano: los cuerpos sudorosos de incontables pescadores brillaban castigados por el sol. \\u00bfY si pensamos que esta agua moderadamente salada se debe m\\u00e1s a la transpiraci\\u00f3n de sus anfibios habitantes que a su proximidad con el mar? Mi mente empezaba a jugar en favor de fantas\\u00edas deshaci\\u00e9ndose de las pesadeces de la raz\\u00f3n.<\\\/p>\\n\n\n<p>Colombia se adhiri\\u00f3 a la Convenci\\u00f3n Ramsar el 18 de junio de 1998. El primer \\u00abhumedal de importancia internacional\\u00bb que inscribi\\u00f3 all\\u00ed fue el sistema delta estuarino del r\\u00edo Magdalena, m\\u00e1s conocido como Ci\\u00e9naga Grande de Santa Marta. Para que un humedal sea considerado de importancia internacional debe ostentar gran variedad de especies vegetales y animales, poseer comunidades ecol\\u00f3gicas representativas, raras o \\u00fanicas, y, esencialmente, albergar una extensa diversidad biogeogr\\u00e1fica. Hoy hay 12 sitios Ramsar, solo el 3 por ciento de todas las \\u00e1reas de humedales que tiene el pa\\u00eds. El 52,6 por ciento de este 3 por ciento es la ci\\u00e9naga que navegamos.<\\\/p>\\n\n\n<p>Nuestro hospedaje se llama La Bendici\\u00f3n de Dios. Es una casa de madera, sostenida por gruesos palos de manglar rojo y pintada de azul y blanco. Estamos 37 quil\\u00f3metros adentro de la ci\\u00e9naga, en Nueva Venecia, el centro neur\\u00e1lgico de la cultura palaf\\u00edtica del Caribe colombiano. Mi tel\\u00e9fono registra una sensaci\\u00f3n t\\u00e9rmica que sobrepasa los 40 grados. La ci\\u00e9naga despide el delgado vapor de una sopa caliente, los pescadores regresan de faenar ce\\u00f1idos a una frugalidad semejante a la que despliegan las carrozas f\\u00fanebres y un estrepitoso vallenato de Diomedes D\\u00edaz que airea \\u00abmenos mal que yo he sido un hombre valiente\\\/ que aunque sangre no me duelen las heridas\\\/ porque tengo mi experiencia conseguida\\\/ mantendr\\u00e9 siempre levantada la frente\\u00bb anega a\\u00fan m\\u00e1s la monoton\\u00eda del lugar. El almuerzo consiste en trozos de carne asada con patacones, arroz blanco y ensalada de cebolla y tomate. En Nueva Venecia hay cerca de 3 mil personas y las 3 mil personas viven, de una u otra manera, de la pesca.<\\\/p>\\n\n\n<p>Si nos disgustamos, me dice Pau, cada uno se va a una punta del bote. Me hace gracia esa acotaci\\u00f3n, pero me parece injusta porque, de suceder un enojo entre los dos, alguno deber\\u00eda irse para la punta de atr\\u00e1s, donde est\\u00e1 Luis, nuestro capit\\u00e1n, morocho de enorme sonrisa blanca que, aunque casi no habla, seguramente al percibir la incomodidad de sus tripulantes preguntar\\u00e1 por algo as\\u00ed como si el tel\\u00e9fono es iPhone, si el reloj es resistente al agua o por qu\\u00e9 nos complicamos tanto armando tabacos si en la tienda ya los venden hechos. En cambio, el otro s\\u00ed podr\\u00eda irse lejos del sonido del motor y conectarse de forma solitaria con el panorama lagunar y, as\\u00ed, olvidarse de todo mientras su rostro choca con la sutileza de un viento que arrastra chispitas de agua ambiguas, a veces dulces, a veces saladas.<\\\/p>\\n\n\n<p>Si el disgusto llegara a pasar, que se vaya Pau para adelante a sacar sus fotos. Yo me voy a responder el interrogatorio del capit\\u00e1n. De hecho, adelant\\u00e1ndome a esa posibilidad, ya le hab\\u00eda curioseado a Luis, a prop\\u00f3sito de su comida preferida: camar\\u00f3n en cualquier presentaci\\u00f3n. Coincidimos, si bien esa no es mi comida preferida, s\\u00ed que me gusta mucho.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfY all\\u00e1 en tu tierra s\\u00ed comes harto camar\\u00f3n? \\u2013pregunta Luis.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014No, ya quisiera. En Bogot\\u00e1 1 quilogramo de camar\\u00f3n sale hasta 15 veces m\\u00e1s caro que ac\\u00e1.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Ac\\u00e1 tampoco es que comamos tanto camar\\u00f3n.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfY eso por qu\\u00e9, si es lo que abunda?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Eso es pa\\u2019 fuera, pa\\u2019 vend\\u00e9, pal\\u2019 que paga.<\\\/p>\\n\n\n<p class=\\\"has-text-align-center\\\"><strong>***<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p>Juanca es nuestro gu\\u00eda. Pescador y actor de 45 a\\u00f1os, nacido y criado en Nueva Venecia. Hizo un par de escenas en la pel\\u00edcula colombiana\\u00a0<em>Los viajes del viento<\\\/em>. De aquellos d\\u00edas recuerda la buena atenci\\u00f3n y el lujo cinematogr\\u00e1fico. Juanca habla pausadamente y su tono de voz es sumamente bajo, en un contexto en el que cualquier forastero puede imaginar que va a quedar sordo en cualquier momento. La facilidad con la que los locales sobrepasan los niveles normales de audici\\u00f3n no solo es sorprendente, sino apabullante. En sus ef\\u00edmeros d\\u00edas de actor, Juanca conoci\\u00f3 a Jes\\u00fas. Desde entonces son buenos amigos. Jes\\u00fas vive en un palafito completamente blanco que sabe llamar la atenci\\u00f3n en Nueva Venecia, donde la gran mayor\\u00eda de los palafitos lucen colores provocadores, tipo amarillo pollito, verde aguamarina, azul celeste y rosa Barbie.<\\\/p>\\n\n\n<p>El palafito que habita Jes\\u00fas est\\u00e1 situado en la mitad del pueblo que, a su vez, est\\u00e1 ubicado en un lugar muy cercano al ombligo de los 3.812 quil\\u00f3metros cuadrados que tiene la ci\\u00e9naga. De esta dimensi\\u00f3n, una tercera parte forma espejos de agua adheridos a un veintenar de lagunas interconectadas entre s\\u00ed por una vasta red de humedales y ca\\u00f1os (cursos de agua cuya profundidad cambia en funci\\u00f3n de las mareas). Jes\\u00fas Su\\u00e1rez, de 55 a\\u00f1os, nos recibe en su sala, una tarde de luz cer\\u00falea y tranquilo oleaje. Hombre menudo de mirada fija y palabra elegante, vive solo y trabaja en Invemar (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras Jos\\u00e9 Benito Vives de Andr\\u00e9is) como una especie de cient\\u00edfico y arque\\u00f3logo local en temas de cosmogon\\u00eda anfibia y valoraci\\u00f3n y aprovechamiento de recursos h\\u00eddricos. Desde 2008 tiene su propio blog, donde comparte pensamientos, cuentos, cr\\u00f3nicas y poemas alrededor de la cultura palaf\\u00edtica: Cienagamachete.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Ac\\u00e1 lo que hay es una comunidad que vive de, por y para el agua. Una comunidad sostenida por palos de mangle, botes y atarrayas. Una comunidad de hombres y mujeres que son la mezcla de lo afro, lo ind\\u00edgena y lo blanco. Una comunidad dulce y salada. Venir a Nueva Venecia, a Buenavista y a Bocas de Cataca, este \\u00faltimo al borde de la disipaci\\u00f3n, es enterarse de que los territorios no solo se refieren a la tierra, sino que tambi\\u00e9n son agua, porque los r\\u00edos, las lagunas y los mares son sujetos de derecho, territorios que, en lugar de tener tierra, tienen agua.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfQu\\u00e9 peligros tiene la ci\\u00e9naga?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Todos los imaginables. Los manglares est\\u00e1n muriendo y con esto el desequilibrio cada vez es mayor. La construcci\\u00f3n de la carretera lo cambi\\u00f3 todo. Para construirla, sacrificaron 20 mil hect\\u00e1reas de manglar, casi la mitad del existente, y, desde entonces, este n\\u00famero sigue escalando. Antes esta era una bah\\u00eda abierta. Hoy estamos encerrados y luchamos contra la sedimentaci\\u00f3n de este h\\u00e1bitat patrocinado por el delta del r\\u00edo Magdalena.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfQu\\u00e9 hace puntualmente el manglar?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Es un filtro natural. Los manglares limpian el agua, b\\u00e1sicamente, de la contaminaci\\u00f3n, de los metales pesados que arrastran los r\\u00edos, por la miner\\u00eda, por ejemplo. Tambi\\u00e9n protegen la ci\\u00e9naga de la erosi\\u00f3n costera, son un refugio de peces, un espacio de reproducci\\u00f3n y prolongaci\\u00f3n de las especies.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfHay una palabra que defina el manglar?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Adaptaci\\u00f3n. Creo que funciona perfectamente. Los manglares, al tener la capacidad de existir entre el agua salada y el agua dulce, al resistir fuertes calores y vientos o temperaturas m\\u00e1s moderadas, son maestros de la adaptaci\\u00f3n, muy parecidos a nosotros, los anfibios, como nos bautiz\\u00f3 el soci\\u00f3logo Orlando Fals Borda, que por generaciones nos hemos adaptado a vivir sobre el agua. Dif\\u00edcilmente podr\\u00edamos ajustarnos con plenitud a la vida en tierra firme, un fen\\u00f3meno directamente impensable para el manglar, que en tierra muere.<\\\/p>\\n\n\n<p>Al d\\u00eda siguiente de nuestro encuentro con Jes\\u00fas hicimos una peque\\u00f1a gran expedici\\u00f3n con el objetivo de poder entender mejor aquello del delta del r\\u00edo Magdalena. Salimos de Nueva Venecia sobre las dos de la tarde, con una marea libertina en direcci\\u00f3n al Ca\\u00f1o Aguas Negras. Luis cantaba empalagosos vallenatos mientras Juanca sorteaba la loter\\u00eda de troncos con los que nuestra embarcaci\\u00f3n se topaba. El agua mutaba de una forma progresiva del verde y azul oscuro al marr\\u00f3n, es decir, de una suerte de tonalidades oce\\u00e1nicas a la gama parda que ostentan la gran mayor\\u00eda de los afluentes.<\\\/p>\\n\n\n<p>Lentamente abandonamos la rudeza de las olas para entrar en aguas apacibles y bajas sobre las cuales flotaban guijos de flora nativa. A nuestro alrededor un sinf\\u00edn de plantas se mov\\u00edan dignas de medallas ol\\u00edmpicas en nado. El paisaje de mangle disminu\\u00eda y se hac\\u00eda cada vez m\\u00e1s esquel\\u00e9tico, hasta que desapareci\\u00f3 por completo. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua salada, chao. Cuando el mangle deja de recibir la dosis necesaria de agua dulce, chao. Naveg\\u00e1bamos entre adioses. El mangle es un \\u00e1rbol que sobrevive gracias a la mesura perfecta entre las dos aguas. El mangle es un \\u00e1rbol que tiene dos vidas. Una como algod\\u00f3n flotador que absorbe lo que le llega y lo higieniza hasta m\\u00e1s no poder y otra como efigie de la cat\\u00e1strofe de la contaminaci\\u00f3n y el calentamiento global.<\\\/p>\\n\n\n<p>En ambas orillas del Ca\\u00f1o Aguas Negras, osarios de mangle: tristes figuras arb\\u00f3reas completamente secas con barbas que cuelgan como delicadas telara\\u00f1as a punto de quebrarse. Hect\\u00e1reas enteras de esqueletos carcomidos por el bosque seco. En la ci\\u00e9naga, la aparici\\u00f3n de bosque seco es una suerte de sentencia de muerte. Es la sedimentaci\\u00f3n, la tierra firme en difusos cascajos de expiraci\\u00f3n amarilla y caf\\u00e9 con intrascendentes brochazos de verde. Lodo por todos lados. Muchas, much\\u00edsimas iguanas, tiesas y fisgonas. Lentamente fueron revel\\u00e1ndose campos de palma y arroz y grandes extensiones de tierra ganadera. Los terratenientes son los due\\u00f1os de todo esto, incluida el agua que usan sin regla para sacar adelante sus negocios, afirma Juanca.<\\\/p>\\n\n\n<p>El Ca\\u00f1o Aguas Negras es apenas un ligero ap\\u00e9ndice de la ci\\u00e9naga que se va secando, retra\\u00eddamente, hasta volverse campo del Magdalena, el r\\u00edo m\\u00e1s importante de Colombia. Despu\\u00e9s de cuatro horas de navegaci\\u00f3n y de haber visto el enorme caudal del r\\u00edo, las palabras de Jes\\u00fas retumban en la cabeza de la tripulaci\\u00f3n. La ci\\u00e9naga es un corredor ecol\\u00f3gico que comunica el r\\u00edo Magdalena con la Sierra Nevada de Santa Marta, un afluente que trae consigo absolutamente todos los desperdicios de medio pa\\u00eds. Ya en la desembocadura del Ca\\u00f1o Aguas Negras se puede divisar, a lo lejos, el mar, que oficia como el gran testigo al cual, tambi\\u00e9n, va a parar todo el desastre.<\\\/p>\\n\n\n<p>El viaje de vuelta estuvo presidido por el silencio. De vez en cuando, Luis silbaba alguna tersa melod\\u00eda que ten\\u00eda el poder de recordarnos que, en medio de la desolaci\\u00f3n, la ci\\u00e9naga estaba viva y, al adentrarnos en ella, nos recib\\u00eda como propios. P\\u00e1jaros volaban sin rumbo, con el sol bien bajo, expandiendo sus alas. El final de la tarde rociaba los montes, antes inundados, con pesadez y humedad. Descubrimos la obstinaci\\u00f3n de algunos pescadores que no agarraron nada durante el d\\u00eda y continuaban aferrados a sus mallas. Estaban ah\\u00ed, levitando sobre el agua, est\\u00e1ticos, cubiertos como momias para resguardarse de los ej\\u00e9rcitos de mosquitos. Solo se les ve\\u00eda el cansancio y, arriba, el cielo crepitaba de tensiones. \\u00abEsta noche llueve\\u00bb, dice Juanca. La ci\\u00e9naga invita a dos cosas: a contemplarla y a trabajarla. Nueva Venecia se anida en sus peque\\u00f1as luces nocturnas.<\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Photo-2.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":2000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\\\/strong><\\\/em><\\\/p>\",\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p class=\\\"has-text-align-center\\\"><strong>***<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Somos un pueblo de pescadores \\u2013dice Chichi, 37 a\\u00f1os, piel azabache y brazos macizos.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfC\\u00f3mo alguien decidi\\u00f3 vivir en la mitad de una ci\\u00e9naga?\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Buscando trabajo y comida los antiguos llegaron hasta ac\\u00e1 y echaron ra\\u00edces.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfTe imaginas viviendo en tierra firme?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014No, mi tierra es esta. En medio de tantas cosas uno vive tranquilo.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfC\\u00f3mo es una jornada tuya?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Desde las cuatro o cinco de la ma\\u00f1ana hasta las dos o tres de la tarde. A veces sale bien, a veces no tan bien. La realidad es que el pescado escasea. Pero bueno, el s\\u00f3lo hecho de estar vivos ya es pa\\u2019 agradecerle a Dios.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Si no hay explicaciones formales, s\\u00ed que hay leyendas para suplantarlas. Los pescadores, como los agricultores, buscan las mejores zonas para trabajar. As\\u00ed, se dice que hace m\\u00e1s de dos siglos algunos pescadores descubrieron la frondosa ci\\u00e9naga y, por supuesto, sus selectos frutos.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Como la ci\\u00e9naga estaba tan lejos como para ir a faenar y volver a los pueblos costeros, esos algunos empezaron a pensar en la posibilidad de pasar noches en las islitas de mangle. Pero los mangles escond\\u00edan animales peligrosos como caimanes y serpientes. Tachado.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Despu\\u00e9s, esos mismos algunos, al lado de los mangles, construyeron sobre troncos peque\\u00f1os espacios al nivel del agua para descansar y amarrar sus botes. Pero los mangles son plet\\u00f3ricos en mosquitos. Tachado.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Entonces, un alguien se fue hasta el centro de la ci\\u00e9naga porque las aguas all\\u00ed eran calmosas y bajas, no hab\\u00eda animales peligrosos y los mosquitos no llegaban. Visto bueno.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Este alguien enterr\\u00f3 all\\u00ed cuatro palos de mangle y, sobre los palos m\\u00e1s palos que, bien amarrados, le permitieron conseguir un suelo y un techo. Sobre la audaz arquitectura su cuerpo descans\\u00f3.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Las faenas duraban d\\u00edas, semanas, hasta que la mujer de ese alguien fue picada por el bicho de la duda y cuando su esposo volvi\\u00f3 a tierra firme le exigi\\u00f3 ir con \\u00e9l para ver por qu\\u00e9 se demoraba tanto. El alguien accedi\\u00f3 y la se\\u00f1ora empez\\u00f3 a quedarse con \\u00e9l el tiempo de trabajo para cocinarle y ayudarle y despu\\u00e9s se trajo a los hijos y la arquitectura se fue agrandando y optimizando.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>As\\u00ed fue que familias enteras de pescadores empezaron a pasar m\\u00e1s tiempo sobre el agua que en tierra firme: se quedaron a vivir. Ten\\u00edan comida, resguardo, trabajo, serenidad y, lo m\\u00e1s importante: botes para desplazarse.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Adaptaci\\u00f3n, dijo Jes\\u00fas Su\\u00e1rez.<\\\/p>\\n\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><strong>***<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p>Efectivamente, la noche que volvimos de la expedici\\u00f3n al r\\u00edo Magdalena, llueve a c\\u00e1ntaros. La niebla se apropia de cada palafito. Es una bruma, t\\u00edpica de p\\u00e1ramo, pero en el medio de la ci\\u00e9naga. En mi habitaci\\u00f3n de 5 metros cuadrados me dejo soplar por los ecos de la tormenta. Se va la luz. La actividad el\\u00e9ctrica se siente como el rugir de un volc\\u00e1n. No s\\u00e9 si lo sue\\u00f1o o es verdad. Sue\\u00f1o que me salen alas y que me voy volando hasta las nieves perpetuas de la Sierra Nevada. Al despertar lamento que nadie vaya a saber lo que signific\\u00f3 mi viaje.<\\\/p>\\n\n\n<p>Salimos antes del amanecer. Una brisa indeciblemente d\\u00f3cil. Sobre la calle acu\\u00e1tica de nuestro palafito una t\\u00fanica vegetal. Los p\\u00e1jaros a\\u00fan duermen. Cuando pasamos por debajo del puentecito de la escuela el motor suena hueco. Juanca, Luis, Pau y yo cuidamos cada movimiento como si fu\\u00e9ramos animales que tantean alternativas para no despertar la bestia. Las huellas del silencio son muy profundas. Juanca dice que la tormenta trajo las aguas del r\\u00edo. El agua es parda y empuja troncos. Los perros, af\\u00f3nicos, siguen la estela de nuestro bote. Una mujer vieja, envuelta por el humo de un fog\\u00f3n nos suministra arepas para el camino. Un hombre bebe caf\\u00e9 y nos franquea con su mirada yerma. Pienso en si ya habr\\u00e1 pronunciado la primera palabra del d\\u00eda. La noche sigue larga y nos sumergimos en sus sobras de oscuridad. Corren vahos entre nosotros hasta que una rendija se abre en el cielo. Es un rojo profundo el que nace. Es el inicio del que ser\\u00e1 un sol sangriento, como de batalla.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>Armando Retamos y \\u00c1vila tiene sesenta y siete a\\u00f1os, pero parece de noventa. Va con su hijo, Dar\\u00edo Jos\\u00e9 Retamos, de veintis\\u00e9is. Ambos llevan desgastadas gorras de los New York Yankees. Son las 6:30 de la ma\\u00f1ana y en su bote de madera, llamado Tenampa, adem\\u00e1s de dos hachas y algunos cuchillos, llevan un recipiente con el arroz y las arepas de yuca suficientes para hacer cara a la jornada laboral. Los brazos de Armando son firmes. Sus jadeos d\\u00e9biles, vidriados. La vieja embarcaci\\u00f3n llega al manglar El olivo. Estaciona en un microsc\\u00f3pico trecho de esa l\\u00ednea verde que conforma el horizonte de la ci\\u00e9naga. Armando le aprendi\\u00f3 a su padre el oficio de cortar madera. Cuando est\\u00e1 frente al mangle lo troza con la fuerza de un bisonte. Cuando descansa, reposa como una monta\\u00f1a. Dar\\u00edo escucha la historia de su padre mientras corta y el sudor le funciona como repelente natural para lidiar con los mosquitos.\\u00a0<\\\/p>\\n\n\n<p>La madera es el sustento de la familia. El envejecimiento una amenaza. Ellos cortan y reman tres, cuatro, cinco viajes diarios entre el palafito y el mangle para descargar la materia prima. La esposa de Armando, madre de Dar\\u00edo, es la encargada de venderla en el pueblo para dar vida a las cocinas locales. El Tenampa cada vez tiene que ir m\\u00e1s lejos para conseguir buena madera. No se corta el mangle vivo, se corta el mangle que va cayendo, entre otras cosas porque as\\u00ed es m\\u00e1s combustible. Padre e hijo saben que la intranquilidad de la naturaleza es el ser humano y por eso no atentan contra ella. Del mangle El olivo van a El rinc\\u00f3n de Solano.\\u00a0<\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Photo-3.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":2000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\\\/strong><\\\/em><\\\/p>\",\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"small\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p>Los ojos de Armando est\\u00e1n recubiertos por un fino velo blanco. En 1999 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia lo acusaron de ser colaborador de la guerrilla del Ej\\u00e9rcito de Liberaci\\u00f3n Nacional. Pas\\u00f3 un a\\u00f1o de zozobra y resistencia, hasta la madrugada del 22 de noviembre del 2000, cuando los mismos hombres que lo hab\\u00edan imputado por algo sin sentido, ingresaron a Nueva Venecia y asesinaron a 37 personas. Armando se desplaz\\u00f3 con toda su familia a la comunidad ribere\\u00f1a de Palmira. No dur\\u00f3 ni seis meses. La tierra firme lo expuls\\u00f3. Decidi\\u00f3 regresar y se qued\\u00f3 entregado a la suerte.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Un hombre es varias cosas: su memoria, su tierra y su trabajo \\u2013dice Armando, con los pies sumergidos entre el lodo del mangle y su hacha entre las manos.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Dar\\u00edo \\u00bfcu\\u00e1l es tu sue\\u00f1o?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Mi sue\\u00f1o es la vida.<\\\/p>\\n\n\n<p>Dani Cervantes tiene 42 a\\u00f1os y, desde que tiene uso de raz\\u00f3n, trabaja la madera. Su padre le transmiti\\u00f3 el oficio de astillero y es quien repara y construye los botes de Nueva Venecia y Buenavista. En el patio de su casa, mont\\u00edculo de tierra forjado a punta de desechos comprimidos, tiene su taller. All\\u00ed, media docena de largos botes en reparaci\\u00f3n, una caja llena de herramientas y cuatro perritas macilentas.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014La madera se corta cuando hay luna llena. Si no se hace as\\u00ed no sirve: se pudre, se quiebra. Ahora el material que m\\u00e1s se usa por econom\\u00eda y duraci\\u00f3n es la fibra. Son pocas las personas que quieren hacer botes de madera. Yo uso mangle porque es fuerte.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfA qui\\u00e9n le transmites tu oficio?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Tengo un hijo chiquito, pero no creo que se vaya a interesar por esto. La verdad no hay mucho futuro.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfA qu\\u00e9 te gustar\\u00eda que se dedicara tu hijo?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014A lo que \\u00e9l quiera, pero ac\\u00e1 s\\u00f3lo est\\u00e1 la posibilidad de la pesca. Aunque me gustar\\u00eda que fuera futbolista, mi sue\\u00f1o frustrado.<\\\/p>\\n\n\n<p>Cinco de la ma\\u00f1ana. Luis, Juanca y Chichi pasan a buscarnos a La bendici\\u00f3n de Dios para ir a pescar. El lugar estaba puntualizado en el mapa que lleva Juanca en su cerebro: ci\\u00e9naga Alfandoque. Pau y yo no entendemos nada. Son laberintos de ca\\u00f1os y humedales y lagunas los que transitamos. Luis es una br\\u00fajula andante. Nos movemos entre en\\u00e9rgicos y exuberantes manglares, con el silencio del alba apenas entrecortado por el canto diverso de las aves lindantes. El sol no se decide a salir y las aguas templadas de la ci\\u00e9naga alargan el poema sensitivo de estar navegando entre nubes.<\\\/p>\\n\n\n<p>Mangles rojos, blancos y amarillos. Los va se\\u00f1alando Juanca. Este es el m\\u00e1s fuerte de los tres, este es el campe\\u00f3n de la filtraci\\u00f3n, este es el m\\u00e1s delicado, este el m\\u00e1s inflamable. Los manglares son arboledas que crecen en todas direcciones y se reconocen porque sus ra\\u00edces est\\u00e1n a la vista, disipadas entre el agua y el cielo. Son como las barbas de un viejo gigante y bondadoso que exhibe su experiencia a partir de naturaleza flotante y vaporosa.<\\\/p>\\n\n\n<p>Juanca tira una atarraya. Solo alevinos. Uno a uno dice sus nombres. Una treintena de frutos que no pasan de la primera infancia. Todos vuelven al agua. Estamos en el coraz\\u00f3n de la ci\\u00e9naga Alfandoque. El motor se apaga. El nivel del agua no supera los 30 cent\\u00edmetros. En alg\\u00fan momento Pau le hab\\u00eda preguntado a Juanca por el cambio clim\\u00e1tico. \\u00bfSi esto no es el cambio clim\\u00e1tico entonces qu\\u00e9 es? Pregunta, mirando a Pau. Luis apoya sus remos entre el agua que r\\u00e1pidamente se convierte en barro. Chichi forcejea con el fango. Tenemos que salir de la Alfandoque a menos de que el objetivo sea pescar congojas. A lo lejos se ven los botes de los pescadores est\\u00e1ticos. No los de m\\u00e1s paciencia, sino los que persiguen la cantidad.<\\\/p>\\n\n\n<p>Cuando era ni\\u00f1o la profundidad de esta ci\\u00e9naga era de cinco o seis metros, comenta Juanca. Nadar ac\\u00e1 era muy rico, le responde Chichi. La ci\\u00e9naga agoniza. Nos recluimos en uno de los arroyos que custodia el manglar. La luz primera del d\\u00eda aumenta la temperatura de forma calamitosa y, con esta, surgen de la espesura arduos trazados de basura: recipientes y espumas de pl\\u00e1stico, envolturas de alimentos, pedazos de chancletas, botellas de vidrio, bombillos, toallas higi\\u00e9nicas y hasta un televisor marca Sanyo de 20 pulgadas. El agua clara de la ci\\u00e9naga disiente con sus m\\u00faltiples orillas echadas a perder. Juanca y Chichi callan. Luis nos aleja del hundimiento an\\u00edmico y nos lleva a la ci\\u00e9naga del Tigre.<\\\/p>\\n\n\n<p>Otro tipo de pesca consiste en encerrar una parte de la ci\\u00e9naga con holgadas redes y, despu\\u00e9s de zapatear el bote y golpear con fuerza el agua, ver qu\\u00e9 se amontona. Despu\\u00e9s de una hora de implementaci\\u00f3n del artesanal plan y ya con el sol haciendo la suya sobre nuestras espaldas, empezamos a recoger las redes. Tres bagres de libra y cinco cangrejos. Luis pidi\\u00f3 los pescados para su almuerzo y los cangrejos fueron devueltos a la profundidad del agua no sin antes ser advertidos de que no pod\\u00edamos irnos sin probar el arroz de jaiba, una delicia local que tiene como principal materia prima las blandas y blancas entra\\u00f1as de esos cangrejos que dejamos escapar.<\\\/p>\\n\n\n<p>Sol, esa es la sorpresa que guarda la ci\\u00e9naga para todos los d\\u00edas. Los bosques de mangle son un refugio perfecto, pero los mosquitos no dejan que uno medio se asome. La naturaleza sabe salvaguardar su virginidad. Pau imparte una clase de geograf\\u00eda a Juanca. Le ense\\u00f1a a manejar Google Maps. Juanca alucina al ver en la pantalla de su dispositivo c\\u00f3mo el punto azul que somos se zarandea entre la ci\\u00e9naga Pajaral. Luis y Chichi se fascinan con la idea de que en la lejana tierra de Pau ya es la tarde. Los tres albergan un \\u00fanico pensamiento omnipresente: hacer lo posible por quedarse ac\\u00e1.<\\\/p>\\n\n\n<p>Vamos a ver a \\u00c1ngela Donado. Es la madre de Luis. Tiene 42 a\\u00f1os y cuatro hijos. Pero tambi\\u00e9n tiene otros diez a lo largo y ancho del pueblo. Es la madre comunitaria de Nueva Venecia. Todos los d\\u00edas, desde hace 26 a\\u00f1os, recibe un grupo de ni\\u00f1os en su palafito. All\\u00ed los alimenta con lo que le entrega semanalmente el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y tambi\\u00e9n les ense\\u00f1a cosas esenciales para la vida como los colores, los n\\u00fameros, las vocales, los animales, los tipos de pesca. Los padres dejan a sus hijos all\\u00ed a las 8 de la ma\\u00f1ana y vuelven por ellos a las 4 de la tarde. La se\\u00f1o, le dicen en la comunidad, y se conmueve al contar que, de vez en cuando, pasan a visitarla adultos que en alg\\u00fan momento fueron sus hijitos adoptivos.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u00c1ngela teme que los ni\\u00f1os se le caigan al agua, no tanto porque se ahoguen, finalmente ya forma parte del gen local el reflejo del nado, sino porque ha venido descubriendo una lenta, pero alarmante degradaci\\u00f3n del agua de la ci\\u00e9naga que, al contacto con la suave piel de sus ni\\u00f1os, genera sarpullidos, brotes y hasta llagas. Como si de una paradoja se tratara, otra de sus preocupaciones tambi\\u00e9n tiene que ver con el agua: rodeada de agua, lo que menos tiene es agua. Diariamente le llega al muellecito de su casa un tesoro que consiste en un tanque con 50 litros potables que debe tazar inteligentemente para garantizar la dieta de sus ni\\u00f1os.<\\\/p>\\n\n\n<p>El funesto 22 de noviembre del 2000, \\u00c1ngela vio c\\u00f3mo asesinaron a su marido en la sala de su casa. Antes del amanecer, un grupo de paramilitares tumb\\u00f3 la puerta del palafito y se dirigi\\u00f3 hasta la habitaci\\u00f3n matrimonial en busca de Ever Julio Rodr\\u00edguez. \\u00c9l se neg\\u00f3 a irse con ellos y les dej\\u00f3 claro que si lo iban a matar deb\\u00edan hacerlo ah\\u00ed. Recibi\\u00f3 un balazo en la frente, ante la tribulaci\\u00f3n de su esposa e hijas que no pod\\u00edan echarse a correr. Con el cuerpo de su esposo desparramado e intentando que sus hijas salieran lo m\\u00e1s pronto posible de ese abismo, clausur\\u00f3 la puerta de su casa, se lanz\\u00f3 al agua hasta dar con el bote de su hermana, regres\\u00f3 por sus hijas y se fue.<\\\/p>\\n\n\n<p>Se desplaz\\u00f3 a Sitionuevo, la municipalidad de la cual Nueva Venecia es un corregimiento. Como \\u00c1ngela, el 90 por ciento del pueblo abandon\\u00f3 sus palafitos, para regresar paulatinamente en el transcurso de los siguientes diez a\\u00f1os. \\u00c1ngela fue una de las primeras retornadas. No se acomod\\u00f3 en tierra firme. Volvi\\u00f3, limpi\\u00f3 su casa, se par\\u00f3 firme con sus hijas y con los ni\\u00f1os que le llegaban y emergi\\u00f3 de esa fosa que le cavaron en su coraz\\u00f3n.<\\\/p>\\n\n\n<p>No salimos nunca despu\\u00e9s de las seis de la ma\\u00f1ana. Intentamos esquivar el mediod\\u00eda. Nadie quiere convertirse en un chicharr\\u00f3n ambulante. Vamos a Bocas de Cataca, hora y media de navegaci\\u00f3n. Este pueblo fue el palafito m\\u00e1s pr\\u00f3spero y grande de la ci\\u00e9naga. Eso a finales del siglo pasado, hasta que la guerra hiri\\u00f3. Antonio Guerrero, de 81 a\\u00f1os y su esposa, Evangelina Moreno de 62, recuerdan el 11 de febrero de 2000. Once personas asesinadas. Lo cuentan todo, con sus voces quebradizas, en la sala de su casa que est\\u00e1 tutelada por los retratos de dos familiares de Evangelina y un amigo cercano que pagaron con su vida el haber nacido ah\\u00ed.<\\\/p>\\n\n\n<p>Se refieren al momento de la masacre como \\u00abla mala hora\\u00bb. Evangelina recuerda que el pueblo se desocup\\u00f3. S\\u00f3lo quedaron ella y Antonio. Los perros aullaron por semanas y meses reclamando a sus due\\u00f1os, hasta que fueron muriendo, no de hambre, sino de pena moral. Eso fue muy feo, sella Evangelina.<\\\/p>\\n\n\n<p>El televisor de 14\\u2019 pulgadas de la vieja casa que en alg\\u00fan momento supo mantenerse estable sobre el agua, transmite el Giro de Italia. La carrera va llegando a la ciudad de Torino. Antonio pregunta si conocemos por all\\u00e1. Negamos. Por ac\\u00e1 ya podr\\u00eda pasar una carrera de esas, bromea, con el hecho de que estamos sobre tierra firme. Algunas casas alrededor tienen ganado. El que fluye pegado a las puertas de las viviendas es un bracito del r\\u00edo Aracataca, que baja de la sierra, fr\\u00edo y pr\\u00f3digo, pero que a esta altura ya es una historia que Antonio prefiere no recordar. Luis se ba\\u00f1a en el r\\u00edo. Antonio lo mira. La soledad llena su pecho. La tristeza sus ojos.<\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Photo-4.png\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":2000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p style=\\\"text-align: center;\\\"><em><strong>RUIDO PHOTO, PAU COLL<\\\/strong><\\\/em><\\\/p>\",\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p class=\\\"has-text-align-center\\\"><strong>***<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p>En Bocas de Cataca viven aproximadamente 20 familias cuyos integrantes m\\u00e1s j\\u00f3venes han ido perdiendo la idiosincrasia anfibia: piensan en comprar motos y van al agua solo cuando es rotundamente necesario. Cuando, por ejemplo, hay hambre y en tierra no se consigue nada porque no hay dinero. Dora Gariz\\u00e1balo tiene ocho hijos y todos se han ido. Vive con su hermano Rafael y su esposo, Candelario. A sus 65 a\\u00f1os, Dora ha desarrollado un car\\u00e1cter luchador. Tiene muy claro que los trances que vive su pueblo se deben a muchos factores y que tanto la pobreza adyacente como la crisis ambiental tienen nombre propio.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014En cinco a\\u00f1os, si no antes, Bocas de Cataca ser\\u00e1 monte. Ac\\u00e1 detr\\u00e1s tenemos a los terratenientes apropi\\u00e1ndose de la tierra despu\\u00e9s de cada inundaci\\u00f3n. De metro en metro han ido acaparando el terreno que supuestamente est\\u00e1 protegido por ser reserva. Hacen lo que les da la gana y nadie les dice nada. El agua de los r\\u00edos la desv\\u00edan para sus fincas y ac\\u00e1 lo que nos llega es basura o agua contaminada por los qu\\u00edmicos esos que usan para sembrar. Ya ni pescado baja y la parte de la ci\\u00e9naga que nos toca se est\\u00e1 sedimentando. La ganader\\u00eda es un problema gigantesco, \\u00bfpero uno c\\u00f3mo le dice al vecino que no tenga sus vaquitas si eso ya es una cuesti\\u00f3n de supervivencia? Es la ganader\\u00eda de ellos la que nos amenaza. Salir a pescar ac\\u00e1 es exponerse al hambre. Nosotros queremos volver a ser un palafito, pero sin agua eso no ser\\u00e1 posible ni en los sue\\u00f1os. Hace 30 a\\u00f1os \\u00e9ramos casi 300 familias y ahora, mire, casi un pueblo fantasma. La \\u00fanica forma de hacernos respetar es a la brava, pero aqu\\u00ed nadie quiere exponerse y mucho menos cuando tenemos el antecedente ese de la masacre, el miedo es una cosa jodida. Ac\\u00e1 necesitamos al gobierno, porque si no nos morimos ahogados, nos morimos de sed o directamente intoxicados y si abrimos la boca, nos morimos asesinados. El pueblo est\\u00e1 sedimentado en un 70 por ciento. Lo que antes era agua y vida hoy es barro, tierra infecunda. Es verdad, vamos a desaparecer: \\u00bfuno por qu\\u00e9 va a negar la luz del d\\u00eda? \\u2013dice Dora, sentada en el p\\u00f3rtico de tierra negra que funciona de entrada a su humilde casa que, al igual que la de Antonio y Evangelina, hace no mucho tiempo fue palafito.<\\\/p>\\n\n\n<p>Bocas de Cataca se muerde los nervios ante la inminencia de su extinci\\u00f3n. Los p\\u00f3mulos de sus \\u00faltimos manglares est\\u00e1n negros y ya nunca m\\u00e1s podr\\u00e1n desplegarse con la espontaneidad de una sonrisa. Dora es una madre que protege a su hijo, no porque su hijo lo requiera, sino para olvidarse ella misma de que ambos un d\\u00eda no estar\\u00e1n. Su hijo es su pueblo: Bocas de Cataca existe porque resiste, grita, mientras nos vamos alejando.<\\\/p>\\n\n\n<p>Las ra\\u00edces de los manglares, largos zancos entrelazados entre s\\u00ed, no solo son sitios de refugio, reproducci\\u00f3n y alimentaci\\u00f3n para muchas plantas y animales (peces, moluscos, crust\\u00e1ceos, reptiles, aves y mam\\u00edferos), sino que tambi\\u00e9n brindan importantes beneficios ecol\\u00f3gicos para las comunidades humanas que conviven con \\u00e9l, ya que son un aliado importante en la lucha contra el cambio clim\\u00e1tico: poseen la capacidad de secuestrar los gases de CO<sub>2<\\\/sub>\\u00a0de la atm\\u00f3sfera hasta cinco veces m\\u00e1s que los bosques regulares. Este CO<sub>2<\\\/sub>\\u00a0lo almacenan en forma de carbono en sus hojas, troncos, ra\\u00edces y suelo.<\\\/p>\\n\n\n<p>En Buenavista, pueblo palafito de aproximadamente 800 habitantes, ubicado a 30 minutos de regata de Nueva Venecia, hay un vivero de manglar. Javier de la Cruz, de 57 a\\u00f1os, Dinson Cordon\\u00f3, de 45, y Luis Obeso, de 52, son los anfitriones. Trabajan para Parques Nacionales Naturales y est\\u00e1n gestionando este jard\\u00edn de manglar desde el 2000. Aseguran que, entre 2021 y 2022, han sembrado 40 mil pl\\u00e1ntulas de mangle en las zonas m\\u00e1s cr\\u00edticas de la ci\\u00e9naga.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Cuando se destruye un manglar, se liberan enormes cantidades de CO<sub>2<\\\/sub>\\u00a0a la atm\\u00f3sfera y, as\\u00ed, se aceleran procesos como el calentamiento global. Los manglares no solo representan una barrera natural y din\\u00e1mica que hace frente a fuertes tormentas, huracanes y oleajes, sino que tambi\\u00e9n combaten positivamente la erosi\\u00f3n y la inundaci\\u00f3n en \\u00e1reas costeras, y, ante el aumento del nivel del mar, brindan protecci\\u00f3n por su capacidad de acumular sedimentos e incrementar los niveles del suelo marino. Los manglares son la armon\\u00eda de la ci\\u00e9naga, los reguladores y los coladores naturales de las aguas dulces y las aguas saladas, sin ellos estamos expuestos a todo \\u2013dice Javier, con sus manos hundidas entre una de las tinas de mangles.<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014\\u00bfQu\\u00e9 es todo, Javier?<\\\/p>\\n\n\n<p>\\u2014Todo es la desaparici\\u00f3n.<\\\/p>\\n\n\n<p class=\\\"has-text-align-center\\\"><strong>***<\\\/strong><\\\/p>\\n\n\n<p>A trav\\u00e9s de los bosques de manglar, Juanca puede ver m\\u00e1s all\\u00e1. Los \\u00e1rboles se mecen unos contra otros, las garzas vuelan contra la luz, sin avanzar ni un poquito. Luis direcciona el bote con la sabidur\\u00eda del instinto y atr\\u00e1s van quedando Nueva Venecia y Buenavista, meci\\u00e9ndose sobre sus grandes espigas de mangle. Una turba de cuadros fant\\u00e1sticos me abre los ojos: una zanja llena de agua repleta de largos pastos recostados es atravesada por un chig\\u00fciro. La silueta de la Sierra Nevada de Santa Marta brota del mar y me empotra en sus picos m\\u00e1s altos. Un grupo de flamencos rosados forman una V y vuelan por encima de nosotros para una foto que Pau no saca. El agua es tan cristalina que me asombra que no sea de hielo. De cualquier forma, seguro en su fondo habr\\u00e1 alg\\u00fan zapato. La Bichota, as\\u00ed se llama el bote que suplant\\u00f3 nuestras piernas por estos d\\u00edas, nos deja en tierra firme.<\\\/p>\\n\n\n<p>Abrazo de la tripulaci\\u00f3n y selfi de despedida.<\\\/p>\\n\n\n<p>En breve descubro que caminar me resulta doloroso.<\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"small\",\"style\":\"primary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<strong>Conozca a los medios de la Alianza<\\\/strong>\",\"text_align\":\"center\",\"title_element\":\"h1\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"grid\",\"props\":{\"content_column_breakpoint\":\"m\",\"filter_align\":\"left\",\"filter_all\":true,\"filter_grid_breakpoint\":\"m\",\"filter_grid_width\":\"auto\",\"filter_position\":\"top\",\"filter_style\":\"tab\",\"grid_default\":\"1\",\"grid_medium\":\"4\",\"icon_width\":80,\"image_align\":\"top\",\"image_grid_breakpoint\":\"m\",\"image_grid_width\":\"1-2\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"item_animation\":true,\"link_style\":\"default\",\"link_text\":\"Read more\",\"margin\":\"default\",\"meta_align\":\"below-title\",\"meta_element\":\"div\",\"meta_style\":\"text-meta\",\"show_content\":true,\"show_image\":true,\"show_link\":true,\"show_meta\":true,\"show_title\":true,\"title_align\":\"top\",\"title_element\":\"h3\",\"title_grid_breakpoint\":\"m\",\"title_grid_width\":\"1-2\",\"title_hover_style\":\"reset\"},\"children\":[{\"type\":\"grid_item\",\"props\":{\"content\":\"\n\n<div class=\\\"el-content uk-panel uk-margin-top\\\">\\n\n\n<div class=\\\"el-content uk-panel uk-margin-top\\\">\\n\n\n<p><strong>D<\\\/strong><span>ivulgaci\\u00f3n y comunicaci\\u00f3n de contenidos amplios de la cultura con tem\\u00e1ticas art\\u00edsticas, acad\\u00e9micas, comunitarias, sociales y medioambientales de la ciudad y la regi\\u00f3n. <span lang=\\\"ES\\\" xml:lang=\\\"ES\\\">La l\\u00ednea editorial de Quira Medios vincula interculturalidad, cohesi\\u00f3n social y comunicaci\\u00f3n para la vida, identific\\u00e1ndose en este sentido con los procesos e innovaci\\u00f3n social.<\\\/span><br \\\/><\\\/span><\\\/p>\\n<\\\/div>\\n<\\\/div>\",\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Logo-Quira-Blanco-2024.png\",\"link\":\"https:\\\/\\\/www.quira-medios.com\\\/\",\"link_text\":\"viste su portal\",\"panel_style\":\"tile-secondary\",\"title\":\" Quira Medios\"}},{\"type\":\"grid_item\",\"props\":{\"content\":\"\n\n<p>Incentivar la participaci\\u00f3n ciudadana y hacer de la informaci\\u00f3n la herramienta id\\u00f3nea para la difusi\\u00f3n de convocatorias, programas, actividades y eventos de inter\\u00e9s comunitario y general, que propendan por la construcci\\u00f3n de la democracia, en t\\u00e9rminos de equidad y que contribuya al fortalecimiento de la paz y el crecimiento personal y colectivo.<\\\/p>\",\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/06\\\/Logo_En_El_Medio-removebg-preview-transformed.png\",\"link\":\"https:\\\/\\\/enelmedio.org\\\/\",\"link_text\":\"Visite su portal\",\"panel_style\":\"tile-secondary\",\"title\":\"En el Medio\"}},{\"type\":\"grid_item\",\"props\":{\"content\":\"\n\n<p><strong>Desde abajo<\\\/strong> se hizo propuesta comunicativa por estimar que es la manera m\\u00e1s pr\\u00e1ctica de discutir y contarle a otros cada iniciativa popular que se est\\u00e9 concretando. 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