{"id":2150,"date":"2026-04-05T15:36:48","date_gmt":"2026-04-05T15:36:48","guid":{"rendered":"https:\/\/hechoencali.com\/periodismo\/?p=2150"},"modified":"2026-04-05T16:01:36","modified_gmt":"2026-04-05T16:01:36","slug":"narrativa-afrocolombiana-del-siglo-xix-una-tradicion-que-sobrevivio-fuera-de-la-escritura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hechoencali.com\/periodismo\/2026\/04\/05\/narrativa-afrocolombiana-del-siglo-xix-una-tradicion-que-sobrevivio-fuera-de-la-escritura\/","title":{"rendered":"Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradici\u00f3n que sobrevivi\u00f3 fuera de la escritura"},"content":{"rendered":"<body><p><\/p>\n<h3>Rese\u00f1as literarias<\/h3>\n<h1><strong>Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradici\u00f3n que sobrevivi\u00f3 fuera de la escritura\u00a0<\/strong><\/h1>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-narrativa-afro.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><span><strong>Abril 5 \u2013 2026<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span><strong>Por Mariela Ibarra<br><\/strong>Periodista y escritora<\/span><\/p>\n<p><span>Cuando se piensa en literatura o narrativa afrocolombiana del siglo XIX el nombre que se viene a la mente es el de Candelario Obeso, sin embargo, la historia literaria colombiana cont\u00f3 una versi\u00f3n incompleta.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Mientras que com\u00fanmente cuando se refiere a la literatura decimon\u00f3nica se habla de romanticismo, costumbrismo y modernismo, una parte de la producci\u00f3n narrativa del pa\u00eds se qued\u00f3 fuera del papel. No porque no existiera, sino porque no ten\u00eda acceso a la imprenta. Te contamos como en el siglo XIX la narrativa afrocolombiana sobrevivi\u00f3 en la oralidad, el territorio y la memoria.<\/span><\/p>\n<p><span>Vale la pena aclarar que la historia literaria colombiana del siglo XIX ha sido tradicionalmente narrada desde un canon criollo, letrado y andino, que privilegi\u00f3 la producci\u00f3n escrita asociada a las \u00e9lites pol\u00edticas, terratenientes e intelectuales. En ese marco, las expresiones culturales afrodescendientes han sido interpretadas como marginales, minoritarias o inexistentes dentro del campo literario. Sin embargo, esta percepci\u00f3n responde menos a una ausencia de producci\u00f3n narrativa que a una diferencia en los soportes de transmisi\u00f3n y, puntualmente, el soporte escrito.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Mientras la literatura nacional se consolidaba a trav\u00e9s de la imprenta, las comunidades afrocolombianas desarrollaron sistemas narrativos complejos basados en la oralidad, la m\u00fasica, la danza y el performance.<\/span><span><\/span><\/p>\n<\/div>\n<h2><strong>Contexto hist\u00f3rico y pol\u00edtico de inicios del siglo XIX<\/strong><\/h2>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Abolicion-2.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><span>Posterior a la reconquista espa\u00f1ola de Nueva Granada, Sim\u00f3n Bol\u00edvar se comprometi\u00f3 con la idea de liberar a las personas esclavizadas durante su campa\u00f1a independentista, en particular como parte de un acuerdo con el presidente haitiano Alexandre P\u00e9tion, quien en 1816 le ofreci\u00f3 armas, hombres y recursos a cambio de que aboliera la esclavitud en las nuevas rep\u00fablicas que surgieran de la guerra de independencia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Bol\u00edvar acept\u00f3 este pacto y lo reflej\u00f3 en sus discursos, por ejemplo, en el <\/span><i><span>Congreso de Angostura<\/span><\/i><span> en 1819 donde abog\u00f3 por la libertad absoluta de las personas sometidas a esclavitud, y en medidas como el reclutamiento de personas esclavizadas en su ej\u00e9rcito con la promesa de libertad y la posterior Ley de <\/span><i><span>Libres de Vientre<\/span><\/i><span> de 1821, que emancipaba a los hijos de mujeres esclavizadas al cumplir los 18 a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span>No obstante, esa promesa no se cumpli\u00f3 de manera generalizada e inmediata, debido a varias razones, principalmente, la necesidad de mantener el apoyo pol\u00edtico y econ\u00f3mico de las \u00e9lites esclavistas para sostener la guerra y la joven rep\u00fablica, la preferencia por una emancipaci\u00f3n gradual m\u00e1s que inmediata, la afectaci\u00f3n a la producci\u00f3n agr\u00edcola y dem\u00e1s industrias que se sosten\u00edan por la mano de obra esclavizada y las profundas limitaciones institucionales para imponer la libertad plena en todas las regiones bajo el control de la naciente rep\u00fablica.<\/span><\/p>\n<p><span>En este contexto se adoptaron medidas parciales y la emancipaci\u00f3n definitiva solo se consolid\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s, en un proceso legislativo separado de las campa\u00f1as independentistas.\u00a0 La abolici\u00f3n total de la esclavitud en el territorio que hoy es Colombia no lleg\u00f3 hasta el 21 de mayo de 1851, d\u00e9cadas despu\u00e9s de la muerte de Bol\u00edvar.<\/span><\/p>\n<p><span>La abolici\u00f3n, no obstante, no implic\u00f3 integraci\u00f3n social ni igualdad de oportunidades. Las comunidades afrodescendientes quedaron excluidas del acceso generalizado a la educaci\u00f3n, de la propiedad de la tierra y de los circuitos culturales formales. Esta exclusi\u00f3n estructural tuvo efectos directos sobre la posibilidad de consolidar una tradici\u00f3n literaria escrita afrodescendiente durante ese siglo, y gener\u00f3 una migraci\u00f3n interna que reconfigur\u00f3 profundamente el mapa demogr\u00e1fico y cultural del pa\u00eds.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Tras 1851, numerosos grupos afrodescendientes se desplazaron hacia territorios perif\u00e9ricos, como el litoral Pac\u00edfico, las riberas del r\u00edo Magdalena, el Caribe interior y enclaves como San Basilio de Palenque, primer pueblo liberto del continente, donde era posible ejercer mayores grados de autonom\u00eda econ\u00f3mica y social.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Estos asentamientos no s\u00f3lo respondieron a la subsistencia, en un escenario en el que a pesar de abolirse la esclivitud algunos terratenientes continuaron persiguiendo, acosando o secuestrando a los reci\u00e9n liberados; sino tambi\u00e9n a la necesidad de preservar formas propias de organizaci\u00f3n comunitaria, pr\u00e1cticas rituales, lengua, lenguajes musicales, herencia gastron\u00f3mica y sistemas narrativos heredados de la tradici\u00f3n oral. De este modo, la marginaci\u00f3n del espacio letrado durante el siglo XIX coincidi\u00f3 con la consolidaci\u00f3n de territorios culturales de comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, en las cuales la memoria colectiva, el canto y el relato oral funcionaron como soportes fundamentales de la producci\u00f3n narrativa.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<h1><span><strong>La escritura afrocolombiana: una presencia excepcional<\/strong><\/span><\/h1>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Candelario-Obeso-1.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><span>A pesar de estas limitaciones, algunos autores afrodescendientes lograron producir una obra escrita significativa que sobrevivi\u00f3 a lo largo de la historia.<\/span><\/p>\n<p><span>Una de las m\u00e1s conocidas es la de Candelario Obeso (1849\u20131884), quien con <\/span><i><span>Cantos populares de mi tierra<\/span><\/i><span> (1877) traslad\u00f3 al libro impreso la cadencia, el humor, la melancol\u00eda y la visi\u00f3n del mundo de los pescadores y trabajadores ribere\u00f1os afrodescendientes del Caribe colombiano. Su escritura se caracteriza justamente por hacer de esa oralidad presente en la jerga de los <\/span><i><span>bogueros <\/span><\/i><span>su materia est\u00e9tica.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Al legitimar giros ling\u00fc\u00edsticos, ritmos y sensibilidades asociadas a la tradici\u00f3n oral afrodescendiente, Obeso desestabiliz\u00f3 la idea de que la literatura nacional deb\u00eda escribirse \u00fanicamente desde modelos europeos y desde el castellano normativo, justamente por eso se lo considera un autor fundacional del modernismo colombiano. Su obra puede leerse, as\u00ed, como un punto de encuentro entre oralidad y escritura, y como uno de los primeros gestos conscientes de inscripci\u00f3n literaria de la experiencia afrodescendiente en Colombia.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Juan-Jose-Nieto.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><span>Un caso distinto, aunque igualmente revelador dentro de la literatura y la pol\u00edtica del siglo XIX colombiano es el de Juan Jos\u00e9 Nieto Gil (1804\/1805\u20131866), figura excepcional cuyo acceso al campo pol\u00edtico e intelectual escasamente disponible para la mayor\u00eda de afrodescendientes de su \u00e9poca le permiti\u00f3 ocupar cargos relevantes e incluso llegar a la presidencia del pa\u00eds. Nieto Gil fue elegido gobernador de Cartagena y posteriormente presidente del Estado Soberano de Bol\u00edvar, y el 25 de enero de 1861 se proclam\u00f3 en ejercicio del poder ejecutivo de la entonces Confederaci\u00f3n Granadina, cargo que desempe\u00f1\u00f3 hasta el 18 de julio de ese a\u00f1o, convirti\u00e9ndose en el primer y hasta ahora \u00fanico presidente afrodescendiente de Colombia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Adem\u00e1s de su trayectoria pol\u00edtica, Nieto Gil fue autor de obras literarias como <\/span><i><span>Ingermina o la hija de Calamar<\/span><\/i><span>, publicada durante su exilio en Jamaica en 1844. Una de las primeras novelas modernas colombianas de las que se tiene registro. Durante siglos su contribuci\u00f3n fue sistem\u00e1ticamente invisibilizada; su retrato fue blanqueado y marginado de los espacios oficiales de la historia nacional y su identidad afrodescendiente se diluy\u00f3 en los relatos escolares y en las representaciones iconogr\u00e1ficas hasta que, en a\u00f1os recientes, ha sido restaurada y reivindicada como parte de la memoria afrocolombiana.<\/span><\/p>\n<p><span>As\u00ed, tanto Obeso como Nieto Gil encarnan trayectorias excepcionales que evidencian, no porque hayan sido las \u00fanicas sino precisamente por su rareza en el archivo actual, la magnitud de las barreras estructurales que separaban a la mayor\u00eda de las comunidades afrodescendientes de la cultura escrita, y c\u00f3mo apenas hacia finales del siglo XIX es que estas voces empiezan a abrirse espacio entre el registro escrito y difundido del pa\u00eds.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<h2><span><strong>La oralidad como sistema literario y narrativo<\/strong><\/span><\/h2>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"\/periodismo\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IIustracion-parrafo.jpg\" alt=\"\" loading=\"lazy\"><\/p>\n<div>\n<p><span>Durante el siglo XIX, la mayor parte de la producci\u00f3n narrativa afrocolombiana no fue escrita, sino vivida, cantada y transmitida de boca en boca. Esta literatura oral funcion\u00f3 como un sistema de memoria colectiva que preservaba historia, emoci\u00f3n, valores y cosmovisi\u00f3n en contextos comunitarios, familiares o rituales, m\u00e1s all\u00e1 de los circuitos de escritura formales dominados por \u00e9lites criollas. En diferentes regiones del pa\u00eds, estas pr\u00e1cticas se convirtieron en veh\u00edculos de transmisi\u00f3n de saberes que superan la noci\u00f3n reductiva de \u201cfolclor\u201d para constituirse en pr\u00e1cticas culturales centrales de identidad.<\/span><\/p>\n<p><span>Entre estas encontramos los <\/span><i><span>cantos de trabajo,<\/span><\/i><span> que son fuente estructural de la obra de Candelario Obeso, vinculados a la navegaci\u00f3n fluvial, la pesca y la miner\u00eda, y que formaron parte de la vida cotidiana en territorios como el Pac\u00edfico y las riberas del Magdalena. En estos contextos, las canciones no solo marcaban el ritmo de la labor, sino que tambi\u00e9n narraban historias de esfuerzo, resistencia y pertenencia a un entorno natural y la apropiaci\u00f3n del territorio. La m\u00fasica basada en instrumentos como la <\/span><i><span>marimba de chonta<\/span><\/i><span>, el <\/span><i><span>bombo<\/span><\/i><span>, <\/span><i><span>cununos<\/span><\/i><span> y <\/span><i><span>guas\u00e1<\/span><\/i><span> articulan ritmos complejos que son inseparables de los cantos narrativos, y en muchas comunidades estos repertorios combinaban una funci\u00f3n l\u00fadica, ritual y memorial.<\/span><\/p>\n<p><span>En el Pac\u00edfico colombiano, expresiones como los alabaos y arrullos emergieron como formas rituales de acompa\u00f1amiento en momentos de duelo, celebraci\u00f3n y transici\u00f3n social. Los <\/span><i><span>alabaos<\/span><\/i><span>, cantos tradicionales asociados a velorios y despedidas de difuntos, articulaban relatos emotivos sobre la muerte, el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n, operando como mecanismos comunitarios para procesar dolor y memoria compartida. Los <\/span><i><span>arrullos<\/span><\/i><span>, por su parte, eran entonados principalmente por mujeres como parte del cuidado comunitario de ni\u00f1os y enfermos, que formaban parte de la transmisi\u00f3n de afectos dentro de la familia y la comunidad, integrando elementos cat\u00f3licos e influencias africanas en su estructura narrativa.<\/span><\/p>\n<p><span>En el Caribe colombiano, los <\/span><i><span>bullerengues<\/span><\/i><span> y los denominados <\/span><i><span>sones de negro<\/span><\/i><span> constituyeron manifestaciones musicales y narrativas profundamente arraigadas en la experiencia comunitaria afrodescendiente. El bullerengue, tradicionalmente cantado por mujeres en fiestas y celebraciones, articula letras y ritmos que pueden interpretarse como relatos colectivos de vida, trabajo, resistencia y solidaridad, y su estructura vocal y percusiva arrastra siglos de memoria hist\u00f3rica. Los sones de negro, por su parte, son expresiones musicales tradicionales nacidas en la costa Caribe, mezclando influencias africanas con elementos ind\u00edgenas y europeos.<\/span><\/p>\n<p><span>Adem\u00e1s de estas formas musicales, las leyendas, relatos m\u00edticos, de espantos y narraciones sobre esp\u00edritus, animales y fuerzas de la naturaleza que circularon oralmente en m\u00faltiples regiones de Colombia son de origen afrocolombiano.<\/span><\/p>\n<p><span>Igual de representativas son las <\/span><i><span>memorias orales de cimarronaje y resistencia<\/span><\/i><span>, las historias transmitidas sobre fugas de la esclavitud, la formaci\u00f3n de comunidades libres y los actos de rebeld\u00eda contra el sistema colonial, constituyeron un eje central de la identidad afrodescendiente y se conservaron a trav\u00e9s de generaciones como relatos fundacionales de autonom\u00eda y dignidad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Los cimarrones, personas esclavizadas que escaparon de las haciendas para organizarse en territorios inaccesibles, desarrollaron formas de vida aut\u00f3nomas que se expresaron tanto en la pr\u00e1ctica territorial como en la narraci\u00f3n comunitaria: los palenques en la regi\u00f3n del Caribe colombiano ejemplifican este proceso hist\u00f3rico de resistencia, donde las l\u00f3gicas de evasi\u00f3n y autogobierno se convirtieron en material narrativo que se transmiti\u00f3 oralmente durante siglos posteriores a su establecimiento.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Estudios etnogr\u00e1ficos e hist\u00f3ricos han documentado c\u00f3mo la oralidad de comunidades como San Basilio de Palenque no solo conservan la memoria de las fugas y confrontaciones, sino que articula una visi\u00f3n del mundo h\u00edbrida y resistente que contiene elementos narrativos africanos, ind\u00edgenas.<\/span><\/p>\n<p><span>La oralidad que emerge de estos procesos no puede entenderse como un mero residuo del pasado, sino como un sistema narrativo completo que desempe\u00f1\u00f3, y en muchos casos sigue desempe\u00f1ando, una funci\u00f3n social y epistemol\u00f3gica central: preservar constancias de lucha, trazar genealog\u00edas de libertad y ofrecer marcos interpretativos propios para comprender la esclavitud, la huida y la construcci\u00f3n de territorios aut\u00f3nomos. En este sentido, las narrativas de cimarronaje constituyen un archivo vivo, una memoria activa que sostuvo comunidades enteras en un siglo marcado por la exclusi\u00f3n del espacio letrado y por la persistencia de desigualdades raciales profundas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span>Estas expresiones orales, y las no mencionadas en este art\u00edculo, funcionaron como archivos culturales colectivos, en los que se preservaban conocimientos hist\u00f3ricos, normas \u00e9ticas y visiones del mundo de ra\u00edz africana, reconfiguradas en el contexto americano.<\/span><\/p>\n<p><span>En este sentido, la literatura afrocolombiana del siglo XIX no puede evaluarse exclusivamente desde el criterio de la producci\u00f3n escrita. Su desarrollo estuvo condicionado por un sistema de exclusi\u00f3n racial que limit\u00f3 el acceso a la educaci\u00f3n y a los circuitos editoriales. No obstante, las comunidades afrodescendientes sostuvieron una tradici\u00f3n narrativa robusta a trav\u00e9s de la oralidad, que funcion\u00f3 como mecanismo de preservaci\u00f3n cultural y construcci\u00f3n de memoria hist\u00f3rica.<\/span><\/p>\n<p><span>Las obras de autores como Candelario Obeso y Juan Jos\u00e9 Nieto Gil representan manifestaciones visibles de una tradici\u00f3n m\u00e1s amplia, cuya dimensi\u00f3n principal se encuentra en pr\u00e1cticas orales, musicales y performativas. Reconocer esta producci\u00f3n implica ampliar la noci\u00f3n de la narrativa y la invitaci\u00f3n que se les hace desde este art\u00edculo es a reconsiderar los marcos desde los cuales se ha construido la historia literaria colombiana.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p><!--more--><br>\n<!-- {\"type\":\"layout\",\"children\":[{\"type\":\"section\",\"props\":{\"css\":\".el-section {\\n\\n\\tbackground:#1dbbfc;\\n}\",\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"Rese\\u00f1as literarias\",\"text_align\":\"center\",\"title_decoration\":\"line\",\"title_element\":\"h3\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<strong>Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradici\\u00f3n que sobrevivi\\u00f3 fuera de la escritura\\u00a0<\\\/strong>\",\"text_align\":\"center\",\"title_element\":\"h1\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/04\\\/Portada-narrativa-afro.jpg\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":3000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><span><strong>Abril 5 - 2026<\\\/strong><\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span><strong>Por Mariela Ibarra<br \\\/><\\\/strong>Periodista y escritora<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Cuando se piensa en literatura o narrativa afrocolombiana del siglo XIX el nombre que se viene a la mente es el de Candelario Obeso, sin embargo, la historia literaria colombiana cont\\u00f3 una versi\\u00f3n incompleta.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Mientras que com\\u00fanmente cuando se refiere a la literatura decimon\\u00f3nica se habla de romanticismo, costumbrismo y modernismo, una parte de la producci\\u00f3n narrativa del pa\\u00eds se qued\\u00f3 fuera del papel. No porque no existiera, sino porque no ten\\u00eda acceso a la imprenta. Te contamos como en el siglo XIX la narrativa afrocolombiana sobrevivi\\u00f3 en la oralidad, el territorio y la memoria.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Vale la pena aclarar que la historia literaria colombiana del siglo XIX ha sido tradicionalmente narrada desde un canon criollo, letrado y andino, que privilegi\\u00f3 la producci\\u00f3n escrita asociada a las \\u00e9lites pol\\u00edticas, terratenientes e intelectuales. En ese marco, las expresiones culturales afrodescendientes han sido interpretadas como marginales, minoritarias o inexistentes dentro del campo literario. Sin embargo, esta percepci\\u00f3n responde menos a una ausencia de producci\\u00f3n narrativa que a una diferencia en los soportes de transmisi\\u00f3n y, puntualmente, el soporte escrito.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Mientras la literatura nacional se consolidaba a trav\\u00e9s de la imprenta, las comunidades afrocolombianas desarrollaron sistemas narrativos complejos basados en la oralidad, la m\\u00fasica, la danza y el performance.<\\\/span><span><\\\/span><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<strong>Contexto hist\\u00f3rico y pol\\u00edtico de inicios del siglo XIX<\\\/strong>\",\"text_align\":\"center\",\"title_element\":\"h2\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/04\\\/Abolicion-2.jpg\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":3000,\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"center\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><span>Posterior a la reconquista espa\\u00f1ola de Nueva Granada, Sim\\u00f3n Bol\\u00edvar se comprometi\\u00f3 con la idea de liberar a las personas esclavizadas durante su campa\\u00f1a independentista, en particular como parte de un acuerdo con el presidente haitiano Alexandre P\\u00e9tion, quien en 1816 le ofreci\\u00f3 armas, hombres y recursos a cambio de que aboliera la esclavitud en las nuevas rep\\u00fablicas que surgieran de la guerra de independencia.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Bol\\u00edvar acept\\u00f3 este pacto y lo reflej\\u00f3 en sus discursos, por ejemplo, en el <\\\/span><i><span>Congreso de Angostura<\\\/span><\\\/i><span> en 1819 donde abog\\u00f3 por la libertad absoluta de las personas sometidas a esclavitud, y en medidas como el reclutamiento de personas esclavizadas en su ej\\u00e9rcito con la promesa de libertad y la posterior Ley de <\\\/span><i><span>Libres de Vientre<\\\/span><\\\/i><span> de 1821, que emancipaba a los hijos de mujeres esclavizadas al cumplir los 18 a\\u00f1os.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>No obstante, esa promesa no se cumpli\\u00f3 de manera generalizada e inmediata, debido a varias razones, principalmente, la necesidad de mantener el apoyo pol\\u00edtico y econ\\u00f3mico de las \\u00e9lites esclavistas para sostener la guerra y la joven rep\\u00fablica, la preferencia por una emancipaci\\u00f3n gradual m\\u00e1s que inmediata, la afectaci\\u00f3n a la producci\\u00f3n agr\\u00edcola y dem\\u00e1s industrias que se sosten\\u00edan por la mano de obra esclavizada y las profundas limitaciones institucionales para imponer la libertad plena en todas las regiones bajo el control de la naciente rep\\u00fablica.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>En este contexto se adoptaron medidas parciales y la emancipaci\\u00f3n definitiva solo se consolid\\u00f3 a\\u00f1os despu\\u00e9s, en un proceso legislativo separado de las campa\\u00f1as independentistas.\\u00a0 La abolici\\u00f3n total de la esclavitud en el territorio que hoy es Colombia no lleg\\u00f3 hasta el 21 de mayo de 1851, d\\u00e9cadas despu\\u00e9s de la muerte de Bol\\u00edvar.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>La abolici\\u00f3n, no obstante, no implic\\u00f3 integraci\\u00f3n social ni igualdad de oportunidades. Las comunidades afrodescendientes quedaron excluidas del acceso generalizado a la educaci\\u00f3n, de la propiedad de la tierra y de los circuitos culturales formales. Esta exclusi\\u00f3n estructural tuvo efectos directos sobre la posibilidad de consolidar una tradici\\u00f3n literaria escrita afrodescendiente durante ese siglo, y gener\\u00f3 una migraci\\u00f3n interna que reconfigur\\u00f3 profundamente el mapa demogr\\u00e1fico y cultural del pa\\u00eds.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Tras 1851, numerosos grupos afrodescendientes se desplazaron hacia territorios perif\\u00e9ricos, como el litoral Pac\\u00edfico, las riberas del r\\u00edo Magdalena, el Caribe interior y enclaves como San Basilio de Palenque, primer pueblo liberto del continente, donde era posible ejercer mayores grados de autonom\\u00eda econ\\u00f3mica y social.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Estos asentamientos no s\\u00f3lo respondieron a la subsistencia, en un escenario en el que a pesar de abolirse la esclivitud algunos terratenientes continuaron persiguiendo, acosando o secuestrando a los reci\\u00e9n liberados; sino tambi\\u00e9n a la necesidad de preservar formas propias de organizaci\\u00f3n comunitaria, pr\\u00e1cticas rituales, lengua, lenguajes musicales, herencia gastron\\u00f3mica y sistemas narrativos heredados de la tradici\\u00f3n oral. De este modo, la marginaci\\u00f3n del espacio letrado durante el siglo XIX coincidi\\u00f3 con la consolidaci\\u00f3n de territorios culturales de comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, en las cuales la memoria colectiva, el canto y el relato oral funcionaron como soportes fundamentales de la producci\\u00f3n narrativa.<\\\/span><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<span><strong>La escritura afrocolombiana: una presencia excepcional<\\\/strong><\\\/span>\",\"text_align\":\"center\",\"title_element\":\"h1\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/04\\\/Candelario-Obeso-1.jpg\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":3000,\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"center\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><span>A pesar de estas limitaciones, algunos autores afrodescendientes lograron producir una obra escrita significativa que sobrevivi\\u00f3 a lo largo de la historia.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Una de las m\\u00e1s conocidas es la de Candelario Obeso (1849\\u20131884), quien con <\\\/span><i><span>Cantos populares de mi tierra<\\\/span><\\\/i><span> (1877) traslad\\u00f3 al libro impreso la cadencia, el humor, la melancol\\u00eda y la visi\\u00f3n del mundo de los pescadores y trabajadores ribere\\u00f1os afrodescendientes del Caribe colombiano. Su escritura se caracteriza justamente por hacer de esa oralidad presente en la jerga de los <\\\/span><i><span>bogueros <\\\/span><\\\/i><span>su materia est\\u00e9tica.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Al legitimar giros ling\\u00fc\\u00edsticos, ritmos y sensibilidades asociadas a la tradici\\u00f3n oral afrodescendiente, Obeso desestabiliz\\u00f3 la idea de que la literatura nacional deb\\u00eda escribirse \\u00fanicamente desde modelos europeos y desde el castellano normativo, justamente por eso se lo considera un autor fundacional del modernismo colombiano. Su obra puede leerse, as\\u00ed, como un punto de encuentro entre oralidad y escritura, y como uno de los primeros gestos conscientes de inscripci\\u00f3n literaria de la experiencia afrodescendiente en Colombia.<\\\/span><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/04\\\/Juan-Jose-Nieto.jpg\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":3000,\"margin\":\"default\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"middle\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><span>Un caso distinto, aunque igualmente revelador dentro de la literatura y la pol\\u00edtica del siglo XIX colombiano es el de Juan Jos\\u00e9 Nieto Gil (1804\\\/1805\\u20131866), figura excepcional cuyo acceso al campo pol\\u00edtico e intelectual escasamente disponible para la mayor\\u00eda de afrodescendientes de su \\u00e9poca le permiti\\u00f3 ocupar cargos relevantes e incluso llegar a la presidencia del pa\\u00eds. Nieto Gil fue elegido gobernador de Cartagena y posteriormente presidente del Estado Soberano de Bol\\u00edvar, y el 25 de enero de 1861 se proclam\\u00f3 en ejercicio del poder ejecutivo de la entonces Confederaci\\u00f3n Granadina, cargo que desempe\\u00f1\\u00f3 hasta el 18 de julio de ese a\\u00f1o, convirti\\u00e9ndose en el primer y hasta ahora \\u00fanico presidente afrodescendiente de Colombia.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Adem\\u00e1s de su trayectoria pol\\u00edtica, Nieto Gil fue autor de obras literarias como <\\\/span><i><span>Ingermina o la hija de Calamar<\\\/span><\\\/i><span>, publicada durante su exilio en Jamaica en 1844. Una de las primeras novelas modernas colombianas de las que se tiene registro. Durante siglos su contribuci\\u00f3n fue sistem\\u00e1ticamente invisibilizada; su retrato fue blanqueado y marginado de los espacios oficiales de la historia nacional y su identidad afrodescendiente se diluy\\u00f3 en los relatos escolares y en las representaciones iconogr\\u00e1ficas hasta que, en a\\u00f1os recientes, ha sido restaurada y reivindicada como parte de la memoria afrocolombiana.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>As\\u00ed, tanto Obeso como Nieto Gil encarnan trayectorias excepcionales que evidencian, no porque hayan sido las \\u00fanicas sino precisamente por su rareza en el archivo actual, la magnitud de las barreras estructurales que separaban a la mayor\\u00eda de las comunidades afrodescendientes de la cultura escrita, y c\\u00f3mo apenas hacia finales del siglo XIX es que estas voces empiezan a abrirse espacio entre el registro escrito y difundido del pa\\u00eds.<\\\/span><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"secondary\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"headline\",\"props\":{\"content\":\"<span><strong>La oralidad como sistema literario y narrativo<\\\/strong><\\\/span>\",\"text_align\":\"center\",\"title_element\":\"h2\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"none\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"image\",\"props\":{\"image\":\"wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/04\\\/IIustracion-parrafo.jpg\",\"image_svg_color\":\"emphasis\",\"image_width\":3000,\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"center\"}}]}]}]},{\"type\":\"section\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"padding\":\"xsmall\",\"style\":\"default\",\"title_breakpoint\":\"xl\",\"title_position\":\"top-left\",\"title_rotation\":\"left\",\"vertical_align\":\"\",\"width\":\"default\"},\"children\":[{\"type\":\"row\",\"children\":[{\"type\":\"column\",\"props\":{\"image_position\":\"center-center\",\"position_sticky_breakpoint\":\"m\"},\"children\":[{\"type\":\"text\",\"props\":{\"column_breakpoint\":\"m\",\"content\":\"\n\n<p><span>Durante el siglo XIX, la mayor parte de la producci\\u00f3n narrativa afrocolombiana no fue escrita, sino vivida, cantada y transmitida de boca en boca. Esta literatura oral funcion\\u00f3 como un sistema de memoria colectiva que preservaba historia, emoci\\u00f3n, valores y cosmovisi\\u00f3n en contextos comunitarios, familiares o rituales, m\\u00e1s all\\u00e1 de los circuitos de escritura formales dominados por \\u00e9lites criollas. En diferentes regiones del pa\\u00eds, estas pr\\u00e1cticas se convirtieron en veh\\u00edculos de transmisi\\u00f3n de saberes que superan la noci\\u00f3n reductiva de \\u201cfolclor\\u201d para constituirse en pr\\u00e1cticas culturales centrales de identidad.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Entre estas encontramos los <\\\/span><i><span>cantos de trabajo,<\\\/span><\\\/i><span> que son fuente estructural de la obra de Candelario Obeso, vinculados a la navegaci\\u00f3n fluvial, la pesca y la miner\\u00eda, y que formaron parte de la vida cotidiana en territorios como el Pac\\u00edfico y las riberas del Magdalena. En estos contextos, las canciones no solo marcaban el ritmo de la labor, sino que tambi\\u00e9n narraban historias de esfuerzo, resistencia y pertenencia a un entorno natural y la apropiaci\\u00f3n del territorio. La m\\u00fasica basada en instrumentos como la <\\\/span><i><span>marimba de chonta<\\\/span><\\\/i><span>, el <\\\/span><i><span>bombo<\\\/span><\\\/i><span>, <\\\/span><i><span>cununos<\\\/span><\\\/i><span> y <\\\/span><i><span>guas\\u00e1<\\\/span><\\\/i><span> articulan ritmos complejos que son inseparables de los cantos narrativos, y en muchas comunidades estos repertorios combinaban una funci\\u00f3n l\\u00fadica, ritual y memorial.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>En el Pac\\u00edfico colombiano, expresiones como los alabaos y arrullos emergieron como formas rituales de acompa\\u00f1amiento en momentos de duelo, celebraci\\u00f3n y transici\\u00f3n social. Los <\\\/span><i><span>alabaos<\\\/span><\\\/i><span>, cantos tradicionales asociados a velorios y despedidas de difuntos, articulaban relatos emotivos sobre la muerte, el perd\\u00f3n y la reconciliaci\\u00f3n, operando como mecanismos comunitarios para procesar dolor y memoria compartida. Los <\\\/span><i><span>arrullos<\\\/span><\\\/i><span>, por su parte, eran entonados principalmente por mujeres como parte del cuidado comunitario de ni\\u00f1os y enfermos, que formaban parte de la transmisi\\u00f3n de afectos dentro de la familia y la comunidad, integrando elementos cat\\u00f3licos e influencias africanas en su estructura narrativa.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>En el Caribe colombiano, los <\\\/span><i><span>bullerengues<\\\/span><\\\/i><span> y los denominados <\\\/span><i><span>sones de negro<\\\/span><\\\/i><span> constituyeron manifestaciones musicales y narrativas profundamente arraigadas en la experiencia comunitaria afrodescendiente. El bullerengue, tradicionalmente cantado por mujeres en fiestas y celebraciones, articula letras y ritmos que pueden interpretarse como relatos colectivos de vida, trabajo, resistencia y solidaridad, y su estructura vocal y percusiva arrastra siglos de memoria hist\\u00f3rica. Los sones de negro, por su parte, son expresiones musicales tradicionales nacidas en la costa Caribe, mezclando influencias africanas con elementos ind\\u00edgenas y europeos.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Adem\\u00e1s de estas formas musicales, las leyendas, relatos m\\u00edticos, de espantos y narraciones sobre esp\\u00edritus, animales y fuerzas de la naturaleza que circularon oralmente en m\\u00faltiples regiones de Colombia son de origen afrocolombiano.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Igual de representativas son las <\\\/span><i><span>memorias orales de cimarronaje y resistencia<\\\/span><\\\/i><span>, las historias transmitidas sobre fugas de la esclavitud, la formaci\\u00f3n de comunidades libres y los actos de rebeld\\u00eda contra el sistema colonial, constituyeron un eje central de la identidad afrodescendiente y se conservaron a trav\\u00e9s de generaciones como relatos fundacionales de autonom\\u00eda y dignidad.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Los cimarrones, personas esclavizadas que escaparon de las haciendas para organizarse en territorios inaccesibles, desarrollaron formas de vida aut\\u00f3nomas que se expresaron tanto en la pr\\u00e1ctica territorial como en la narraci\\u00f3n comunitaria: los palenques en la regi\\u00f3n del Caribe colombiano ejemplifican este proceso hist\\u00f3rico de resistencia, donde las l\\u00f3gicas de evasi\\u00f3n y autogobierno se convirtieron en material narrativo que se transmiti\\u00f3 oralmente durante siglos posteriores a su establecimiento.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Estudios etnogr\\u00e1ficos e hist\\u00f3ricos han documentado c\\u00f3mo la oralidad de comunidades como San Basilio de Palenque no solo conservan la memoria de las fugas y confrontaciones, sino que articula una visi\\u00f3n del mundo h\\u00edbrida y resistente que contiene elementos narrativos africanos, ind\\u00edgenas.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>La oralidad que emerge de estos procesos no puede entenderse como un mero residuo del pasado, sino como un sistema narrativo completo que desempe\\u00f1\\u00f3, y en muchos casos sigue desempe\\u00f1ando, una funci\\u00f3n social y epistemol\\u00f3gica central: preservar constancias de lucha, trazar genealog\\u00edas de libertad y ofrecer marcos interpretativos propios para comprender la esclavitud, la huida y la construcci\\u00f3n de territorios aut\\u00f3nomos. En este sentido, las narrativas de cimarronaje constituyen un archivo vivo, una memoria activa que sostuvo comunidades enteras en un siglo marcado por la exclusi\\u00f3n del espacio letrado y por la persistencia de desigualdades raciales profundas.\\u00a0<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Estas expresiones orales, y las no mencionadas en este art\\u00edculo, funcionaron como archivos culturales colectivos, en los que se preservaban conocimientos hist\\u00f3ricos, normas \\u00e9ticas y visiones del mundo de ra\\u00edz africana, reconfiguradas en el contexto americano.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>En este sentido, la literatura afrocolombiana del siglo XIX no puede evaluarse exclusivamente desde el criterio de la producci\\u00f3n escrita. Su desarrollo estuvo condicionado por un sistema de exclusi\\u00f3n racial que limit\\u00f3 el acceso a la educaci\\u00f3n y a los circuitos editoriales. No obstante, las comunidades afrodescendientes sostuvieron una tradici\\u00f3n narrativa robusta a trav\\u00e9s de la oralidad, que funcion\\u00f3 como mecanismo de preservaci\\u00f3n cultural y construcci\\u00f3n de memoria hist\\u00f3rica.<\\\/span><\\\/p>\\n\n\n<p><span>Las obras de autores como Candelario Obeso y Juan Jos\\u00e9 Nieto Gil representan manifestaciones visibles de una tradici\\u00f3n m\\u00e1s amplia, cuya dimensi\\u00f3n principal se encuentra en pr\\u00e1cticas orales, musicales y performativas. Reconocer esta producci\\u00f3n implica ampliar la noci\\u00f3n de la narrativa y la invitaci\\u00f3n que se les hace desde este art\\u00edculo es a reconsiderar los marcos desde los cuales se ha construido la historia literaria colombiana.<\\\/span><\\\/p>\",\"margin\":\"default\",\"text_align\":\"justify\"}}]}]}]}],\"version\":\"4.4.8\"} --><\/p>\n<\/body>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1as literarias Narrativa afrocolombiana del siglo XIX: una tradici\u00f3n que sobrevivi\u00f3 fuera de la escritura\u00a0 Abril 5 \u2013 2026 Por Mariela IbarraPeriodista y escritora Cuando se piensa en literatura o narrativa afrocolombiana del siglo XIX el nombre que se viene a la mente es el de Candelario Obeso, sin embargo, la historia literaria colombiana cont\u00f3 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