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Opinión

Iván Cepeda-Aida Quilcué: firmeza ideológica frente al cálculo electoral

Marzo 15-2026

Por Michael Saportas Peláez
Periodista  

Iván Cepeda apeló a sus convicciones ideológicas por encima del cálculo electoral para escoger a la lideresa indígena Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial.

La decisión del candidato del Pacto Histórico no fue bien recibida por ciertos sectores de la izquierda. Se ha dicho que Quilcué no es una figura relevante que pueda ayudar a jalar votos en otros sectores; que no marca la diferencia por fuera de su territorio en el Cauca, donde la victoria está prácticamente asegurada.

Mientras los otros candidatos hacian cálculos políticos con café y calculadora en mano Cepeda, guiado por sus principios progresistas, revisaba cada detalle de la hoja de vida de la lideresa caucana. Quilcué es la antítesis de Paloma Valencia. Nació en la periferia del departamento del Cauca en Páez, y Valencia en la capital Popayán; una sin formación universitaria y la otra egresada de la Universidad de Los Andes y nieta de un expresidente que mantuvo fuertes diferencias con los pueblos originarios que Quilcué representa.

El Pacto escogió a la lideresa indígena con el único propósito de reforzar sus pilares ideológicos de izquierda en un momento en que muchos votantes todavía tienen dudas sobre las posturas de ciertos candidatos. Cepeda gana puntos al dar claridad en medio de este panorama incierto que han sembrado sus rivales en su afán de llegar al poder posando de “alternativos” e “inclusivos”.

Los colombianos, desde múltiples sectores políticos, estamos exigiendo tomar posición frente a temas complejos como la seguridad, el conflicto armado, los diálogos de paz y las relaciones internacionales. La elección de Quilcué deja un mensaje de confianza a las comunidades indígenas y sectores populares que buscan darle continuidad al actual Gobierno.

Ya en otra columna que publiqué en noviembre (Léala aquí) había mencionado la necesidad de Cepeda de encontrar una fórmula vicepresidencial que le permitiera conectar con jóvenes en redes sociales y en las calles, y así mismo refrescar el debate en temas de interés nacional; una estrategia que Oviedo ejecutó a la perfección hasta ahora que se adhirió al uribismo. Oviedo pudo ser, sin lugar a dudas, el Mamdani colombiano pero lo derrotó su confusión ideológica.

De igual forma, la derrota de Oviedo en primera vuelta era previsible, y acaba de aterrizar en la campaña de Paloma Valencia para arrastrarla a la hoguera. Algunos uribistas radicales pregonan que Oviedo llegó a “mariquear” al uribismo, y sus más de un millón de votantes de la consulta se le están bajando del tren.

Ya no funciona la idea del “centro” en la política de hoy, ya no convence a nadie o sino que lo diga Fajardo. No es gratuito que sean justamente Cepeda y De La Espriella los dos candidatos punteros en las encuestas; uno símbolo de la izquierda petrista y el otro representante de un sector de la extrema derecha que se cansó de sus viejos patrones.

Según la última encuesta de Atlas Intel, Cepeda lidera la intención de voto con el 36,4%, logrando una ventaja de casi 10 puntos porcentuales sobre De La Espriella que registra un 27,9%, pero habría que ver cuántos de los votos de uribistas y oviedistas decepcionados terminarán en las urnas de uno y del otro.

Todo indica que estos dos podrían disputarse la Presidencia en segunda vuelta. Juegan a la par en el caótico parqués de la política colombiana. Ambos fueron tímidos al escoger su ficha vicepresidencial y optaron por personajes como Aida Quilcué y José Manuel Restrepo, férreos defensores de sus respectivos proyectos de país. Mientras Paloma y Oviedo se queman mutuamente, ellos aguardan a la primera vuelta apenas moviendo el tablero.

En últimas, Colombia necesitará un Presidente seguro de sus objetivos de país. Si en algo se equivocó el Gobierno Petro en estos cuatro años fue en perder el rumbo de su principal proyecto, el de la Paz Total. Como resultado: la inseguridad desbordada como consecuencia de la expansión de los grupos ilegales, que venían fortaleciéndose desde la pandemia, y aprovecharon la falta de carácter del Gobierno para consolidarse. Ya muy tarde y con la presión de Estados Unidos por fin se dieron cuenta que ninguna de estas estructuras ha tenido voluntad de diálogo y paz.

La elección de Quilcué demuestra que Cepeda es un hombre decidido y con personalidad. Ojalá así mismo sea un eventual gobierno suyo, y que no le tiemblen las piernas como a Petro cuando Mordisco y otros personajes le tiren la mesa en medio de las negociaciones.

Amanecerá y veremos.