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Opinión

Gentrificación en Cali: construir sobre la miseria

Febrero 28 – 2026

Por Michael Saportas Peláez 
Periodista 

El proceso de gentrificación que se adelanta en el centro de Cali mediante proyectos de empresarialismo urbano, ha llevado al desplazamiento progresivo de las familias que habitan esta zona de la ciudad. El búnker de la Fiscalía y los elegantes conjuntos residenciales ubicados sobre El Calvario conforman un desolador contraste de desigualdad en medio de la miseria que rodea al sector.

Bajo la primera administración de Jorge Iván Ospina en 2009, iniciaron los proyectos de Ciudad Paraíso y Megaobras, ambos fueron fundamentales para la transformación estética y de infraestructura que se dio en los años siguientes. Desde entonces, la ciudad ha sufrido importantes cambios entre los que se destaca la intervención en los barrios populares del centro histórico, la construcción del Bulevar del Río y el túnel de la Avenida Colombia. Sin embargo, estos avances han sido el resultado de políticas dirigidas especialmente a la promoción del consumo y el turismo, poco centradas en el bienestar de las comunidades.

Y es que la informalidad y la pobreza monetaria siguen siendo barreras persistentes. Esto sumado a la construcción de viviendas de alto avalúo en zonas marginales del centro y oriente como Sucre, El Calvario, Petecuy y Aguablanca está arrastrando a las familias de estos sectores a una condición socioeconómica todavía más precaria.

Este modelo de empresarialismo urbano no es nuevo en la ciudad. Los consorcios inmobiliarios llevan años consolidándose en Cali con la construcción de lujosas residencias en barrios de estratos 1 y 2. Lo más lamentable es ver cómo estas obras de desarrollo urbano van ganando terreno, cómo se desplaza a estas familias de un barrio a otro y se les va quitando espacio poco a poco en una ciudad que les pertenece cada vez menos.

Cali está lejos de consolidarse como una urbe inclusiva al estilo de ciudades como Medellín y Bogotá. Medellín ha sido escogida por Naciones Unidas como ejemplo internacional de urbanismo y su comunidad recibe cada vez mayores beneficios en transporte, educación y salud gracias a la implementación de proyectos de infraestructura y arquitectura urbana con enfoque social. Mientras Bogotá se está consolidando como referente de inclusión y sostenibilidad en América Latina.

Un ejemplo clarísimo de cómo el mismo modelo arrebata incluso los entornos conquistados por la comunidad ha sido la privatización de la Feria de Cali y ahora quieren hacer lo mismo con la Calle del Sabor; ya hay advertencias de que este espacio que se consolidó como epicentro de la salsa ahora está en la mira de Bavaria y de la Licorera del Valle quienes, según denuncias en el Concejo, serìan los responsables de la instalación de palcos vip.

Por fortuna no todo está perdido. La apertura de los nuevos Multi Campus universitarios de la Ladera y Agua Blanca representa un paso importante hacia la consolidación de un nuevo modelo de desarrollo urbano social, iniciando un camino de inclusión junto a poblaciones históricamente marginadas del oriente y periferia de la ciudad.

En todo caso, Cali necesita replantear con urgencia sus políticas de urbanismo. La ciudad se hunde cada vez más en la desigualdad y la pobreza mientras administraciones como la de Eder continúan priorizando sus intereses particulares a costa de la precarización de las familias que habitan los sectores intervenidos. Urge un plan que cobije a estas familias como ya se está haciendo en la comuna 20 en Siloé con la Ruta de la Esperanza, un espacio de diálogo intercultural para promover el respeto, diversidad e inclusión con el turismo como motor de desarrollo.