El Acuerdo tiene un plazo de 15 años, hasta 2031. A diez años del plebiscito, el balance está lejos de lo prometido. Según el más reciente informe del Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, encargado de medir la implementación, a noviembre de 2025 solo el 36 % de las 578 disposiciones estaba completo. El 21 % estaba en estado intermedio, el 35 % en estado mínimo y el 8 % ni siquiera había empezado.
Lo más preocupante es que el atraso se concentra en los puntos que atacan las raíces de la guerra. De acuerdo con el Instituto Kroc, en la Reforma Rural Integral apenas el 9 % de los compromisos está completo y el 67 % sigue en estado mínimo. La adjudicación de tierras con registro formal llegaba a 72.880 hectáreas, apenas el 2,4 % de la meta de tres millones. Además, solo el 8,9 % de lo adjudicado en 2025 quedó en municipios PDET, los más golpeados por el conflicto.
La participación política está aún peor en arranque: según el mismo informe, el 22 % de sus disposiciones no ha iniciado, el porcentaje más alto de todo el Acuerdo. En los últimos dos años se archivaron cuatro proyectos de ley, entre ellos la reforma política y la ley de protesta social. En sustitución de cultivos ilícitos, solo el 17 % de las 99.097 familias inscritas en el PNIS logró completar el programa.
El suroccidente refleja esas brechas. Revisando datos del Instituto Kroc, en Nariño solo el 10,5 % de las familias terminó el proceso de sustitución, frente al 41,1 % en Putumayo. Las comunidades negras, concentradas en un 93 % en Tumaco, registraron la tasa más baja: 10,1 %. Hubo avances puntuales, como la Zona de Reserva Campesina del río Las Piedras en el Cauca y viviendas para firmantes en el ETCR Los Monos, también en el Cauca.
La Misión de Verificación de la ONU ofrece una mirada complementaria. Según el informe del Secretario General de marzo de 2026, se habían entregado 323.579 hectáreas y formalizado más de 3,9 millones, el 56 % de la meta de siete millones. La inversión en los PDET suma 8.800 millones de dólares, aunque los proyectos de alto impacto avanzan poco. Y de los más de 13.000 excombatientes que dejaron las armas, 11.031 siguen activos en la reincorporación.
El desgaste también se siente en la calle. De acuerdo con un estudio del Observatorio de la Democracia citado por El País, el apoyo al Acuerdo cayó a 36,5 % en 2025, el nivel más bajo en diez años. Quienes creen que el acceso de los campesinos a la tierra mejoró pasaron del 61,3 % en 2018 al 34 %. Los que perciben más seguridad en su municipio bajaron de 47,5 % a 24,1 %. La confianza en la JEP cayó de 37,5 % en 2023 a 27,2 % en 2025.
Para el profesor Miguel García, de la Universidad de los Andes, citado por el diario, las expectativas de la gente no resisten bien diez o quince años. En 2018 los colombianos evaluaban el Acuerdo pensando en el futuro; hoy lo juzgan mirando atrás. Y el fracaso de la Paz Total, añade, terminó cargándose sobre el Acuerdo de 2016.
No todo es retroceso. La consejera de Paz de Bogotá, Isabelita Mercado, dijo a El País que se ha implementado más de lo que la gente cree, y puso como ejemplo la búsqueda de desaparecidos en el cementerio de Palmira, cerca de Cali. Según una encuesta de la Alcaldía de Bogotá, más del 70 % reconoce que hoy existen mecanismos para conocer la verdad del conflicto.