Skip to main content

Opinión

Hacer periodismo en tiempos de incertidumbre

Diciembre 14 – 2025

Por Michael Saportas Peláez
Periodismo

¿Cómo hacer periodismo en tiempos de incertidumbre? fue la pregunta que se planteó la periodista Yolanda Ruiz en un discurso bellísimo al recibir el Premio a la Vida y Obra 2025 y que deberíamos hacernos todos quienes nos dedicamos a esta noble y casi siempre desagradecida labor.

En 1955 el mundo se debatía en autoritarismos marcados por la Guerra Fría. Los métodos de censura iban desde el cierre de periódicos hasta la persecución, vigilancia y limitación de recursos. Hoy es igual con la diferencia de que los regímenes son financiados por poderes económicos con altas capacidades tecnológicas para ocultar o manipular información.

“Nunca había sido tan difícil diferenciar la verdad de la mentira”, fueron algunas de las palabras que nos dejó Yolanda Ruiz y que caen con fuerza en esta época de incertidumbre. Ahora que vivimos en la dictadura de los algoritmos cada vez es más complejo verificar el contenido en redes. Ordenan la agenda de los medios con base en clics. En las escuelas de periodismo convirtieron a la IA en el dios de las ventas en un intento inútil por resolver la crisis, sin entender que la empeoran.

En este contexto de incertidumbre también crece la desconfianza en los medios. Cada vez menos usuarios consumen contenido de noticias. Un estudio de la agencia Reuters del 2024 señala que el 40% de los usuarios de redes a nivel mundial desconfían de los medios de comunicación. Son los influencers los que captan la mayor parte de la credibilidad y atención del público. Esto ha supuesto un desafío para el sostenimiento económico de los medios. Muchos se resisten a pagar por noticias, sobre todo debido a la abundancia de información gratuita. El mismo estudio indica que el 55% de los encuestados no pagarían por una suscripción. Esta tendencia ha obligado a los medios a buscar alternativas de bajo costo y a depender del contenido que premian los algoritmos.

Lo que más necesitamos para hacer periodismo en estos tiempos es resistir, tal como lo hicieron nuestros colegas el siglo pasado, héroes y heroínas que le mostraron al mundo el horror en Vietnam y la barbarie de la Guerra Civil Española. Como lo han hecho cientos de periodistas colombianos que se han internado en la selva para documentar la verdad de nuestro conflicto, algunos de los cuales se encuentran ahora mismo esquivando el fuego y para colmo sin comer, mal pagos y durmiendo poco.

No permitamos que los algoritmos sigan imponiendo su agenda mediática. Salgamos a la calle a buscar las noticias, pues el verdadero periodismo se fabrica con la gente desde los territorios y no detrás de las pantallas como se ha vuelto costumbre para las nuevas generaciones. Volvamos a enseñar ética periodística en las universidades. Los valores de nuestra profesión, tan fundamentales para el sostenimiento de las democracias, están siendo aplastados por las lógicas del mercado. Hoy valen más los rumores, los clics y las tendencias que una investigación bien fundamentada.

Retomemos el pensamiento crítico. Los usuarios no se están preguntando por el contenido que consumen. Podemos transformar estas dinámicas al promover, por ejemplo, contenido pedagógico que brinde herramientas prácticas para detectar desinformación en textos y material audiovisual alterado con IA.

Tomemos partido frente a las mentiras e injusticias. No podemos ser imparciales frente a todo lo que presenciamos hoy; inmigrantes tratados como animales, genocidios expuestos como material de entretenimiento en los móviles de millones de personas, manipulación mediática a niveles alarmantes y delirios colonialistas. Albert Camus, Nobel de Literatura franco argelino, lo advirtió hace cincuenta años; decía que el periodista es un historiador inmediato de su tiempo cuyo único objetivo es la verdad. “Lo esencial (…) es que estemos sobre aviso. La tarea de cada uno de nosotros es pensar bien lo que se propone decir, ir moldeando poco a poco cuál es la esencia de su periódico, escribir con atención y no perder nunca de vista esta inmensa necesidad en que nos hallamos de devolver a un país su voz profunda”, escribió en una de sus columnas el entonces director de la revista Combat. “Si hacemos que esa voz siga siendo la de la energía más que la del odio, la de la orgullosa objetividad y no la de la retórica, la de la humanidad más que la de la mediocridad, entonces quedarán a salvo muchas cosas y habremos estado a la altura”, agregó.

No nos dejemos derrotar por la desesperanza. Al contrario y siguiendo el llamado de Camus, transformemos esta crisis en una excusa para resistir.