Opinión
La mejor publicidad para las drogas ha sido la prohibición
Septiembre 28 – 2025
Por Michael Saportas Peláez
Periodista
La decisión del gobierno estadounidense de descertificar a Colombia en la lucha contra el narcotráfico debería hacernos replantear la manera como hemos enfrentado este flagelo en el que ya hemos desperdiciado infinidad de recursos y vidas.
Al presidente Petro lo llaman loco por decir la verdad ante el mundo, que la política antidrogas ha sido un fraude. Y no es el primero que lo dice. Nuestro querido Eduardo Galeano ya había advertido a comienzos del siglo que la legalización era el único camino para solucionar el problema del narcotráfico. Y es que en cuarenta años de prohibicionismo hemos visto cómo los cárteles se hacen cada vez más ricos con la subida de los precios de la droga, pues la gente es capaz de pagar lo que sea con tal de consumir.
En la década de los 70 el gobierno de Richard Nixon inició una guerra absurda para desviar la atención de las atrocidades que cometían sus soldados en Vietnam, la cual más adelante se convirtió en la excusa perfecta para justificar intervenciones militares en toda América Latina. Y, sin embargo, los muertos los hemos puesto los pueblos del sur global. Hoy el gobierno de Trump busca culpables y descertifica a Colombia en esta lucha que ya el mundo está dando por perdida, pues cada vez se avanza más hacia la despenalización.
Mucho antes, a principios del siglo XX, el Congreso estadounidense aprobó modificar la Constitución para prohibir el consumo de alcohol. Esta medida tenía como propósito acabar con la delincuencia, sobre todo en la población migrante. Pero ocurrió todo lo contrario, pues se crearon mafias que se adueñaron de la industria y estas se hicieron millonarias con el aumento de los precios. Además, la gente empezó a consumir incluso más que antes de la prohibición.
El gobierno dejó de percibir impuestos y desperdició millones de dólares en seguridad. No fue hasta 1930, en medio de la crisis del crack, que se vieron obligados a reconsiderar la medida. Fue Franklin D. Rooselvet quien sugirió al Congreso legalizar nuevamente la fabricación y venta de alcohol y para 1933 más de 40 Estados ya habían aprobado la enmienda.
Actualmente la industria licorera forma parte fundamental de la economía de Estados Unidos. De acuerdo con el portal de datos estadísticos Horizon Grand View Research, en 2023 este sector generó ganancias de USD 470.696,5 millones en 2023 y se pronostican USD 1.006.255,3 para el 2030.
En Colombia la mayor parte de los impuestos pagados por las licoreras a los departamentos se destina a los sectores de salud, educación y deporte. Pero suponiendo que existiera su prohibición este sería el negocio perfecto para los grupos delincuenciales, que hoy perciben millones de dólares sólo con el narcotráfico y la minería ilegal.
Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en 2018 el 80% de las víctimas de homicidio en el marco del conflicto armado colombiano vivían en zonas de cultivo de hoja de coca. En el último año el Gobierno de Gustavo Petro destinó $42 mil millones en tecnología para enfrentar al narcotráfico. Estas cifras reflejan el alto costo que genera esta renta ilícita al país no solo en lo económico sino en vidas.
Mientras el Estado siga sin tener control sobre este mercado las rentas ilícitas continuarán financiando al crimen. Países Bajos, República Checa y Portugal ya dieron un paso adelante en la legalización total de las drogas, eso sí con una fuerte inversión en programas de prevención, cuidado y rehabilitación. Los resultados hablan por sí solos pues las cifras de consumo en estos países son bajísimas.
Países Bajos es el principal productor y distribuidor de drogas en Europa. En este país la fabricación de drogas como cannabis, cocaína, éxtasis, anfetaminas e incluso heroína está en manos de fabricantes autorizados. A los dueños de los Coffee Shops se les permite vender la droga, pero no fabricarla. Sin embargo, la fabricación ilegal ha convertido a este país en el paraíso del crimen organizado nacional e internacional, quienes han encontrado un mejor negocio en la exportación a países como Estados Unidos y Australia. Esto ha llevado a que, tras más de treinta años de legalización, hoy el gobierno se esté replanteando su política de drogas.
Pero que haya redes criminales detrás no es una consecuencia de la legalización. La delincuencia siempre encontrará la forma de auto financiarse ya sea con drogas, armas, alcohol de contrabando o lo que sea.
En Colombia merecemos una discusión seria sobre nuestra política de drogas. Lastimosamente a ciertos sectores económicos y políticos les interesa seguir llenando los bolsillos de los capos. Desde la extrema derecha llaman a “defender la juventud y a nuestros niños” de la droga, pero poco les importa que estos caigan en manos de la delincuencia financiada con el lucrativo negocio de los narcos, que se enriquecen en nuestras narices. No les importa tampoco criminalizar a los jóvenes, ni que el país avance en tratar este flagelo como una problemática de salud pública.