La lucha de un papá por la custodia de su hija 

Portada mes del Padre 1

Junio 10 - 2018 

Por: Christiam Chaparro
@christiamchapar

José Eliécer Vásquez mira con detenimiento el cuaderno que tiene entre sus inmensas manos. Con el dedo índice de su mano derecha busca información relevante. El cuaderno, que está prácticamente nuevo, pertenece a su hija María Camila*, de 10 años, quien cursa cuarto de primaria en el Colegio Diana Oese de Cali. 

José hace énfasis en las notas de su primogénita. "En este ciclo ocupó el segundo puesto en el salón ya que sacó muy buenas notas" dice con gran orgullo. "Lo malo es saber que al final del año el resultado de la nota global va a descender, debido a que María Camila entró a mitad del curso". Esa es su rutina desde hace dos meses. Una historia de amor paternal que José ha venido tejiendo junto a ella. Cuando la niña tenía tres años, este ingeniero químico tomó la decisión de llevársela –en medio de un acuerdo con la madre– de Bogotá a Pasto.

Los ojos verdes de José quedan bailando en el limbo. No la ha tenido fácil. A él –como a muchos hombres que anhelan ejercer a plenitud su papel como papá– debió lidiar contra la estigmatización de que el padre es un ser inerte, que los hijos pueden salir adelante sin la presencia paterna. Y cuando de manera constante sale a flote la frase que madre solo hay una y padre es cualquiera.

A sus 50 años José se ha tropezado con varias piedras en su andar. El primer obstáculo que se encontró en su camino fue en mayo de 2011, cuando Nidia, la madre de María Camila, amenazó con llevarse a su hija para la capital. Para fortuna de José, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) que, dictaminó en medio de una conciliación entre las partes, la custodia de la niña quedaba en manos de la abuela paterna. 

"Mire, fíjese usted, prefirieron darle la custodia de María Camila a mi madre que a mí. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiese ido con mi papá? A lo mejor ni volvería a ver a mi hija". Es la tarde de un soleado martes. José le dice a María Camila que empaque en su maleta la vestimenta y los implementos que va a utilizar para su clase de natación. La acaricia. Le da consejos. Antes de salir, se cerciora que todo esté en orden.

El golpe más fuerte, comenta José, llegó el 4 de diciembre del 2013, cuando un juez de Pasto decidió enviar a María Camila donde su madre, sin siquiera tener en cuenta el punto de vista de la menor, luego de que Nidia interpusiera una demanda contra la custodia que había obtenido la abuela paterna.

José se sentía con los brazos atados. Nada podía hacer. Incluso, la autoridad competente había pasado por encima de un estudio realizado por el ICBF, el cual arrojó que se debía realizar una custodia compartida: María Camila estaría con su padre en tiempos de estudio y pasaría sus vacaciones al lado de su madre. No obstante, el juez falló al contrario. 

"Ni siquiera constató –teniendo las facultades para hacerlo– las condiciones de calidad en las cuales iba a estar mi hija. Él, a última hora, tomó la decisión de que María Camila se iba con la mamá". Era la primera batalla judicial que perdía. La vida de José estaba envuelta en mil pedazos. No volvió a ver el rostro de María Camila hasta octubre del 2014, época en la que la menor salió a sus vacaciones. 

Zully Milena Ortiz, psicóloga de la Universidad de Manizales, especializada en psicología clínica infanto – juvenil, afirma que la concepción de los padres autoritarios y que dejan a un lado los lazos afectivos se ha ido desdibujando con el paso de los años.

"El papá contemporáneo es un ser más comprometido con la crianza de sus hijos. Ha perdido –en cierta medida– el establecimiento de las normas, pues ahora quien las imparte es la madre. Sin embargo, –de manera instintiva– cuando el papá da una orden, se le obedece más que cuando es mamá. En efecto, la figura del padre es clave", recalca Ortiz.

Agrega lo siguiente: "Los hijos que crecen sin la figura paterna –en contados casos– pueden seguir con su vida sin ningún problema, pero el hecho de no tener conexión con el padre, genera traumatismos en la crianza y en el desarrollo de varias habilidades especiales, como lo son la seguridad y la autoridad".

En el diccionario de José no estaba la palabra rendirse. Para nada. El amor de papá lo llevó a tocar diferentes puertas. Bucear entre las leyes colombianas para tener soportes jurídicos. Para el primer proceso judicial, este ingeniero químico había contactado a tres abogados con el fin de obtener la custodia de su hija. El resultado: perdieron el caso.

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José, luego de este proceso, llegó a la conclusión de que era mejor emprender esta batalla judicial de manera solitaria. Él mismo, durante dos meses, escribió una tutela de 25 páginas en letra pequeña sobre los motivos y los errores que habían existido en este primer litigio. "Una abogada de Pasto me dijo que había que voltear a la niña. Es decir, decirle a mi hija que expresara que solo quería vivir con su papá y hacer que ella solo me quisiera a mí".

Ante esta situación, José comenta que tomó la decisión de cambiar de abogada. "No me pareció justo que se llegara a esos extremos. Esta acción, a su vez, repercutió en que se fuera al traste el proceso judicial que había en curso, porque el juez percibió en mí a una persona que cambiaba de opinión". Luego añade "Como experiencia aprendí que no debes de cambiar de abogado, aunque en su oficio utilice prácticas poco convencionales".

Sonríe.

Para segundo proceso, explica José, utilizó varias armas a su favor. Volvió a contratar a tres abogados, entre los cuales se destacaba Aroldo Quiroz, el mejor abogado del país y quien en la actualidad es magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Uno de ellos atinó lo siguiente: "Es el primer papá que, en mi ejercicio profesional, se me acerca para pedir la custodia". José tenía a la mano la tutela que él mismo había redactado. Varios informes que Medicina Legal, luego de practicarle pruebas psicológicas a María Camila, dictaminaron que el ambiente más apto y sano para la menor era el que proveía el padre. 

Fueron tres años tortuosos. Tiempo en el cual una niña crecía sin la figura de su padre, una niña a la que le estaban vulnerando sus derechos El resultado: La jueza 31 de Familia de Bogotá negó la demanda de José contra Nidia, madre de María Camila, aduciendo que era un simple pleito entre papá y mamá. 

Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), 14 consultas, de cada 20 que se realizan en un juzgado de familia colombiano, las realizan padres. En julio del 2017 José llegó a la Fundación Padres por Siempre, una organización que alberga a más de 900 padres colombianos a nivel nacional, entre los 30 y los 55 años, de todas las condiciones sociales que, a pesar de que responden económicamente por sus hijos, se les niega el derecho a disfrutarlos.

Allí recibió asesoramiento jurídico. Volvió a contratar a tres abogados. Escuchaba las críticas de cada uno de los licenciados. Corregía errores. Y hojeaba entre las leyes para saber a qué derecho podía apelar. "Los criterios de fondo en la justicia son muy poco justos. La voz del papá vale no tiene ningún valor frente a la de la madre. En efecto, los procesos judiciales son tan lentos, que terminan atentando contra los derechos de los niños", anota Vásquez.

Para Fabio Sánchez, abogado de la Universidad Católica de Bogotá, quien desde hace 20 años se dedica a temas de derecho de familia, dice que "la Ley establece igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Esa igualdad de derechos, que también está representada en el Código de Infancia y Adolescencia, señala que el niño tiene derecho a que tanto el padre como la madre ejerzan conjuntamente su custodia. Eso es claro".

Y agrega que: "Pero cuando se accede a la administración de justicia, que está conformada por personas que tienen sus criterios, se encuentran con muchos prejuicios –que pecan de ilegales– por parte de algunos funcionarios, en donde –en primera instancia– rechazan que el hombre obtenga la custodia de su hijo o que sea compartida".

Sánchez señala que en el país se tiene la creencia cultural de que la madre es la que debe tener la custodia. "En varias audiencias algunas mamás se atreven a decir que el niño o la niña es solo de ella, como si fuera una propiedad privada. Esto, por ejemplo, perjudica al hombre para que pueda obtener la custodia".

En diciembre del 2017 José emprende su tercer proceso judicial, interponiendo una demanda en la ciudad de Cali con el fin de obtener la custodia compartida, teniendo en cuenta el tiempo escolar con el padre. Dicha demanda nunca floreció porque el lugar de residencia de María Camila no era la capital del Valle. El caso se cerró y fue remitido a Bogotá. 

Por aquellos días José había recibido un mensaje de texto a su teléfono móvil. Era de Sergio Ruiz, un padre en las mismas condiciones que él, quien había obtenido la custodia de hija. Las lágrimas invadieron su cuerpo. José aún tiene muy presente aquel día. Incluso, saca su celular y empieza a leer dicho escrito, aquel que guarda como uno de sus más preciados tesoros. Se le quiebra un poco la voz. 

A los ocho días siguientes tomó un vuelo hacia Bogotá, se reunió con Sergio, quien –en un momento de júbilo– se pasó un día entero explicando con lujo de detalle su proceso judicial y las noches que duró en vela revisando y corrigiendo cada fragmento de su litigio. 

Las cifras del ICBF dan cuenta de que en Colombia, un 10 % de los niños crecen al cuidado del papá. En este instante María Camila acaba de terminar su clase de natación. José la espera a las afueras de los baños mientras ella se cambia. Las manecillas del reloj marcan las 5:00 de la tarde. Algunas luciérnagas bailan enloquecidas frente a la llegada de la noche. Ya tiene el tiempo medido. José le dice a María Camila que apure el paso, pues en la casa ya se encuentra

Aura María Yepes, quien le da clases personalizadas de inglés a su hija.
"En el Colegio Diana Oese los profesores imparten sus clases en inglés. María Camila entró hace poco a esta institución. Ha tenido dificultades. Por eso, decidí ponerle una docente de inglés, para que así reforzara sus conocimientos en este idioma".

En marzo de 2018, a través de una conciliación, José y Nidia firman un documento para que la custodia completa de María Camila quede en manos del padre. Fueron ocho años de lucha. Ocho años en los cuales los abrazos y los besos de papá a hija e hija a papá fueron vedados. Ocho años de tortura tanto para él como para su hija. "No fue para nada fácil", dice.

Sonríe.

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Hoy en día disfruta al máximo su rol como padre. Las mañanas las destina para atender Cibercol, la compañía que creó hace 15 años, en donde desarrolla softwares para computadores. "Haber tenido solventada mi parte económica, me dio la posibilidad de emprender esta lucha, porque muchos padres anhelan tener sus hijos a su lado, pero viven del día a día y le es imposible". 

Le da un beso a María Camila. Dice que su lucha no ha terminado, pues José es consciente de que hay muchos padres a quienes como a él, se les está negando el derecho de ver a sus hijos. Se pone en los zapatos del otro. 

Por eso, él aúna esfuerzos desde la Fundación Padres por Siempre para que las leyes se cumplan, se respeten los derechos de los niños y, de una buena vez por todas, se tire al bote de basura aquella frase que dice "madre solo hay una y padre es cualquier individuo de la calle".

Nota: *Los nombres originales fueron modificados debido a la Ley de Infancia y Adolescencia.

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