De la tragedia a la esperanza

Simón Cabezas

Noviembre 12-2013

Por Alexandra Serrano

Golpeado como muchos por el conflicto armado, pero con la tenacidad y la ilusión que se ve en sus ojos, Simón Cabezas, un hombre de Dagua – Valle, es un líder comunitario del asentamiento de Brisas de las Palmas y Juez de Paz de la comuna 15 al oriente de Cali.

En su labor recorre día y noche el sector sin importar el calor. Escucha las necesidades de su gente que habita una comunidad en la que el 70% de las personas es desplazada. Brisas de las Palmas es un asentamiento constituido por 1230 viviendas. En cada una, pueden vivir hasta tres familias. “Yo no dirijo solamente a los desplazados, dirijo el barrio como tal, todos los que estén aquí son parte de mi comunidad y son la gente a la que yo me debo a diario” – afirma con convicción Simón.

Simón sabe perfectamente lo que significa ser vulnerado en sus derechos humanos a causa de la violencia. A finales de 1999, se traslada con su familia la tierra de su padre: Tumaco – Nariño. Al llegar allá se encontró con una dura realidad. Vivió en carne propia la violencia que ejerce la guerrilla en Llorente y buscando escapar luego, se va para el km 18 Cajapi en donde se tropieza nuevamente con la violencia por parte de los paramilitares.

Simón se sentía extraño en todos lados. A donde iba, era considerado enemigo, auxiliador de un bando u otro. Los grupos armados ilegales, se adueñaban de su casa para guardar dinero sucio, pero todo empeoró cuando se fijaron en sus hijas e hijos; sin embargo, lo que lo obligó a desplazarse fue su negativa de prestar a las AUC una moto con la que trabajaba en una fábrica de chorizos. Recibió el ultimátum de que en tres días debía abandonar Tumaco, dejando allí a la suerte por un tiempo a su familia pues no contaba con el dinero para llevarla con él

Simón, uno más

Según la Personería Municipal de Cali al 30 de octubre de 2012, se habían recibido 1793 declaraciones de personas que se consideran víctimas del conflicto armado. 68% mujeres y 32% hombres (descargar informe). Todos, sufriendo desterritorialización o desplazamiento por parte de los grupos armados ilegales que operan en el país. Simón quien es una víctima más de este flagelo, ha contado con la ayuda humanitaria de Acción Social y de la Personería Municipal de Cali acogiendo su declaración y ayudándole para que trajera a su familia de regreso.

Cali, una vieja conocida

Siendo desplazado de Tumaco, Simón llega a Cali porque es una ciudad que él ya conocía y que sabía que no le iba a cerrar las puertas, sin embargo siente que se le hace un nudo en la garganta y recuerda con gran nostalgia esta situación por la que ha atravesado, de la que le ha quedado el sabor amargo de un medio hermano que se lo llevó la guerrilla y que en estos momentos no se sabe nada de su paradero y de un hijo que quedó parapléjico por intentar escapársele a la violencia.

Este hombre, quien además tiene a su esposa discapacitada con una prótesis bilateral de cadera con voz entrecortada dice “es muy duro levantarse en las mañanas y reglarle al hijo un pancito o un ‘borracho’ (como se dice aquí en Cali) con agua para irse a estudiar y luego llegar del colegio a la casa y no encontrar que comer, son tantas cosas nostálgicas que recordar”

Ahora en Cali y en su papel de Juez de Paz, lucha por sacar adelante a su comunidad y por defenderle sus derechos, ya que es consciente que el Gobierno poco se ha preocupado por la situación de los desplazados de Brisas de las Palmas, esta comunidad en donde también se ha perpetuado el conflicto armado interno por parte de bandas emergentes y en la que muchas personas han tenido que huir por las amenazas que han recibido y por las balas perdidas.

Una vecina de Simón, *Olga, es sólo un ejemplo. Tuvo que salir hace 15 años de Buenaventura luego de que las fuerzas armadas le mataran a su hermana. Hoy, la zozobra vuelve pues hace una semana,  varios hombres la tienen amenazada de muerte por no haber permitido que robaran a su hijo menor. Hoy vive con el temor constante de encontrarse con la muerte para sus hijos o para ella porque no tiene dinero para salir de allí.

Esta mujer, que se encierra en su casa y habla bajito para evitar ser escuchada, deposita en Simón las esperanzas de tener el respaldo y el apoyo para sobreponerse a la realidad de violencia que vuelve a vivir. Él, por su parte, anhela que a través de su trabajo, el Gobierno preste más atención a ésta y toda la situación de los desplazados en Brisas de las Palmas. Sueña que en este territorio en donde muchas viviendas han quedado deshabitadas por la presencia de las bandas emergentes, sea posible la construcción de una cancha para actividades deportivas y la unión entre todas las personas del sector.

*Nombre cambiado por seguridad de la fuente

 

 
 
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