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Ocaso rojo sobre el campo 2da parte

Reseña de la novela "Siervo sin tierra"

Eduardo Caballero Calderon

Abril 9 - 2018

Por: Laura Carolina Cruz Soto

Portada Siervo Sin Tierra 



 Lea aquí la primera parte

 

 

 
Aspecto económico

La economía del pueblo se basa en el cultivo de maíz y tabaco, y algunos campesinos ven el futuro en ser conductores de bus. El sustento de Siervo Joya, depende de sus dos cabras, dos gallinas y de que la tierra sea fértil. Cultivan en menguante, toman mazamorra y aguapanela; trabajan la tierra con sus manos y su alma, aunque son cristianas, la tierra es una especie de Dios que puede ser desagradecido y que también se cansa. 

El argumento que atraviesa el libro como un río es el conflicto por la tierra, que parece ser una constante en la historia de Colombia, como si todas las generaciones heredaran esta maldición.

- "Don Floro dice que los patrones piensan parcelar toda la hacienda.
- ¿Y eso qué es?
- Destrozar, volverla trizas, para venderla por pedazos a quien quiera comprarla"

Han pasado 64 años desde que Caballero escribió Siervo Sin tierra, y el problema de la distribución de la tierra sigue siendo el mismo. Asesinatos, injusticias, guerrillas, gobiernos, campesinos, todos tras el mismo objetivo, que sólo ha dejado una tierra estéril, que ya no se sabe si es negra o roja, por tantos campesinos que han caído en ella y han muerto por su causa. 

En Colombia, el gobierno de López Pumarejo (1934-1938) implementó la Ley 200 de 1936 conocida como el Proyecto de Ley sobre Tierras que buscaba reducir el plazo de posesión continúa de los colonos sobre las tierras a 5 años. El mismo presidente, en su segundo periodo, presentaría la Ley 100 de 1994, conocida como Ley de aparcerías, que extendería el tiempo de apropiación del dominio a 15 años.

En 1961, Lleras Camargo instaura la Ley 135, donde nace el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA). Además, la formación del Fondo Nacional Agrario, que en ese momento se le destinó un presupuesto anual de trescientos millones de pesos que debía estar contemplado en el presupuesto nacional para su aprobación.

Luego vendrá la Ley de Arrendatarios y Aparceros, en el Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) que sirvió para legislar la Unidad Agrícola Familiar (UAF), buscando proteger y regular explotación de las tierras de los campesinos beneficiarios, en lo relacionado con su venta o transferencia (Balcazar, López, Orrozco, & Vega, 2001, pág. 12). 

Samper (1994-1998) en medio del escándalo del proceso ocho mil, saca de debajo de la manga la Ley 60 de 1994., el énfasis de las instituciones era el de facilitar la negociación directa entre propietarios y campesinos, debido a que pretendía disminuir la intervención del Estado. El gobierno de Pastrana no implementó ninguna ley, por suerte. 

Posteriormente, en su gobierno, Álvaro Uribe Vélez, lleva a cabo la creación del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (INCODER), además de la Ley 1133 de 2007 con la que se implementó el programa Agro Ingreso Seguro (AIS). A través del cual los grandes hacendados recibieron subsidios por más de mil millones de pesos, mientras campesinos, siguen repitiendo la historia de Siervo Joya: cuidado una tierra ajena que quieren tanto como si fuera propia. 

En el país, aproximadamente han habido más de trece reformas agrarias, con nombres muy suntuosos que quizás Siervo Joya no comprendería. Ninguna ha tenido éxito por lo menos para los pobres, cientos de campesinos han tenido que migrar a las ciudades, otros han muerto con la ilusión de tener un pedazo de tierra donde poner la cabeza.

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Aspectos políticos

El libro también aborda los conflictos de la época. "Los molineros con pañuelos azules venían a refugiarse en el tienda, perseguidos por los cachiporras de la Vega que llevaban pañuelos amarillos y rojos. Todos eran cortados por las mismas tijeras: tenían las mismas jipas mugrientas en la cabeza, las mismas ruanas piojosos sobre los hombres, los mismos calzones bordados de remiendos, pero entre ellos se atacaban como gozques de vecindario". Así, describe Calderón la violencia bipartidista que vivió el país entre 1946-1966, por los enfrentamientos entre conservadores y liberales, dejando 130.000 mil muertos, según cifras del Tiempo. Para muchos esta época fue considera como una guerra civil.

La violencia se intensificó en 1948 durante el Bogotazo y cuando Mariano Ospina Pérez llegó a la presidencia. Siervo Joya, verá su rancho arder bajo la mandato del partido conservador, que roba sus cosechas sus terrenos y hasta sus vidas. Joya tendrá que huir a trabajar en la construcción del Ferrocarril, en una mano llevando sus sueños, y en la otra al hambre y lo que queda de su familia.

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Actualmente, en Colombia hay reformas agrarias como partidos políticos, la mayoría han tenido escándalos de corrupción, vínculos con los paramilitares y guerrilla, con los carteles de narcotráfico. Esta pluralidad sólo ha servido para parcelar a Colombia, al campo, al pueblo. Que siguen teniendo piojos, hambres y siguen luchando por un color que cree que los representa. Que se siguen matando ya no a machete, sino a bala.

Leer a Calderón es ver un ocaso rojo sobre el campo, un ocaso desesperador. Cuando se termina la obra uno descubre, con vergüenza y dolor, que Colombia es la misma de hace 70 años, una Colombia ramera que siempre ha actuado llevada por el hambre y la ignorancia. Que su violencia es cíclica, y su hambre también. Los mismos hacendados, la misma política corrupta, los mismos apellidos, las mismas víctimas, el mismo Siervo Joya, que intenta tener "un pedazo de tierra".

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