La niñez de la periferia 

Desnutrición

Abril 22 - 2018

Por Laura Carolina Cruz Soto
Comunicadora Social-Periodista

El siglo XXI ha sido uno de los períodos en el que, para muchos, la civilización ha alcanzado su punto más álgido. El siglo del internet, las redes sociales, la cibernética, los automóviles que se conducen solos, las casas inteligentes, las autopistas cuatro g, para muchos muestran el avance de la humanidad, sin embargo, estos son avances nada tienen que ver con lo humano sino con lo mecánico, son avances que no se alcanzan a ver desde la periferia de las ciudades. 

Según las estadísticas vitales del DANE, la tasa de mortalidad infantil en Colombia para el 2015 fue de 17,12 de cada mil nacidos vivos. Para 2016, 7.082 bebés menores de un año fallecieron, de los cuales 89 tenían como madre a una niña entre los 10 y los 14 años (en un gran porcentaje víctima de abuso sexual), y 1.518 tenían una madre entre los 15 y los 19 años.

La mayoría de las muertes de menores de edad en el país es causada por desnutrición y muchos no alcanzan ni siquiera el primer año de vida. En Cali, según el Secretario de Salud Alexander Durán, en el 2017 se registraron 71 casos de desnutrición aguda, 16 de ellos severos y 55 moderados en barrios de la Comuna Uno. Sin embargo, en la ciudad no se registró ninguna muerte por desnutrición, enfatizó Durán.

Además, señaló que desde la Secretaría cuentan con un banco de leche en el Hospital Universitario para incentivar la lactancia materna, también un programa de nutrición para las madres y 53 comedores comunitarios en la ciudad. No hay que desconocer los esfuerzos de la Secretaría de Salud en materia de nutrición en la primera infancia; no obstante, cabría preguntarse qué se está haciendo en la ciudad en cuestión de educación sexual y oportunidades para que menores de escasos recursos ingresen a la educación superior, ya que el problema de desnutrición de recién nacidos, radica en quienes son sus madres y sobre todo en qué lugar viven.

Según cifras del DANE, en dónde nacer y de quién ser hijo, influye directamente en los indicadores sobre lo que pasará con cada niño y niña que acaba de llegar al mundo. Por ejemplo, en 2016 fallecieron 7.082 bebés menores de un año. Entre ellos y ellas, 89 tenían como madre a una niña entre los 10 y los 14 años, y 1.518 tenían una madre entre los 15 y los 19 años. Es decir la educación y las oportunidades que se les den a estas adolescentes determinan la vida de las próximas generaciones.

No obstante, en el país y en Cali, el gobierno da soluciones paliativas, cuando el problema de desnutrición radica, en gran medida, en educar a las adolescentes de las periferias para que tengan una vida distinta a la que vienen repitiendo generación por generación, que no ha visto los avances del siglo XXI y de ningún siglo.

Según el Ministerio de Hacienda, el presupuesto de la Nación para 2018 es de 235 billones de pesos, 10 billones más que en 2017 (224 billones). Dinero que reparte así: mayor incidencia son:

o Salud, educación, agua potable y propósito general a través del SGP: $36,7 billones.
o Aseguramiento en salud: $14,1 billones.
o Víctimas, población vulnerable y grupos étnicos: $1,9 billones.

Cifras, cifras y cifras de un presupuesto económico que responde a un sistema capitalista más no humano, porque si fuera humano, no bastaría con decir que en Cali sólo se registraron 71 casos de desnutrición, sino que nos daría vergüenza, ya que los niños de las periferias son los que sufren las consecuencias.

Consecuencias de la desnutrición 

Desnutrición infantil

Según la médica Erika Andrea Bastidas, egresada de la Universidad San Martín, los niños que sufren de desnutrición en la mayoría de los casos presentan disminución en la talla, el peso y la estatura, además un crecimiento en el perímetro encefálico y pueden sufrir Ascitis, que es acumulación de líquido en el abdomen. Viven constantemente tristes, una tristeza que han heredado de la desigualdad. 

A largo y corto plazo el menor puede sufrir problemas de aprendizaje y en el desarrollo sicomotriz. Niños que terminan convertidos en una cifra más, en un insignificante 71; 71 que si no le ha agrega la palabra vida pierde valor, y termina siendo parte de estadísticas no muy diferentes a las que usan las empresas para medir las ventas.

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