Aire y agua 

contaminación-2

Noviembre 8 -2017

Por Benjamin Barney Caldas 
Arquitecto Universidad de los Andes
Magíster en Historia de la Universidad del Valle

Columna publicada originalmente en caliescribe.com y amablemente cedida a Hechoencali.com por su autor

Finalmente nos comenzamos a enterar de que la contaminación del aire mata más gente en el mundo que el tabaquismo y el sida, y no pocas otras enfermedades como la malaria. Contaminación debida, en los países industrializados, al uso de combustibles de origen fósil y, en los más pobres por la quema de leña y similares. Y aunque en Cali, gracias a sus refrescantes brisas vespertinas, el problema sea menor que en otras ciudades colombianas, la realidad es que irresponsablemente aquí no hay mayor preocupación por la calidad del aire que se respira, y no suficiente sobre el agua potable, con la que todavía se lavan suelos, carros y andenes.

Por eso hay que insistir en que se piense de una vez en que deben circular menos carros y que más pronto que tarde estos sean eléctricos, y de contera menos ruidosos, otra contaminación y, por lo contrario, más bicicletas, lo que si está haciendo carrera en Cali y hay que apoyar decididamente. Y mover los horarios una hora hacia atrás para aprovechar mejor la luz del día: casi doce horas todos los días del año, lo que se envidiaría en muchas partes del mundo, y sería tan fácil de hacer en un año: un cuarto de hora cada trimestre, o de una, una hora y ya. ¿qué será lo que impide hacerlo?.

Al mismo tiempo, que es necesario que más caleños caminen mucho más (lo que muchos ya lo hacen) y de ahí que en lugar de más vías lo que habría que hacer es andenes, amplios, llanos y arborizados; y ciclovías de verdad y estacionamientos para bicicletas. Por otro lado, además de densificar el centro, hay que ocupar las construcciones y lotes desocupados, generadores de más contaminación, inseguridad y fealdad; e impedir que se siga extendiendo la ciudad creando varias centralidades más densas y básicamente peatonales: el Centro ampliado, otra al norte, dos al sur y otra al este.

Que los que insisten en irse a vivir en un apartamento en un octavo piso "en medio de la naturaleza" después de Jamundí, tengan acceso a un tren de cercanías pero que paguen peaje si igual insisten en pasar por Cali en sus carros particulares para todo. Y por supuesto es necesario otro tren de cercanías para los que inteligentemente prefieran vivir en Palmira, a donde se llega más rápido desde el Centro que a las universidades, todas en el sur, y todas aun con muchas horas presenciales y con semestres en lugar de trimestres, en contra de la tendencia en el mundo.

Y desde luego hay pensar igualmente en el agua que estamos bebiendo en Cali, en su abastecimiento en unos pocos años, y en lo que cuesta descontaminarla para volverla suficientemente potable, como también después de usarla y antes de verterla a los ríos para no generar más contaminación aguas abajo, de donde se toma para otros acueductos. Como es el caso del río Cauca, el que se ubicó en el peor sitio seguramente pensando, contra toda evidencia, que la ciudad no iba a crecer tanto hacia el sur.

De todo esto ya se ha hablado antes pero poco caso se ha hecho, acostumbrados en este benigno trópico de clima casi templado, a que aquí no pasa nada grave: como si no respiráramos aire, como si el aire acondicionado no fuera nocivo para la salud, ni que no aplacáramos la sed con agua. La incapacidad de ver a dónde puede conducir lo que hoy pasa, y buscar un Plan urbano arquitectónico a largo plazo, con alternativas por si se necesitan, ha sido la constante en esta ciudad desde que se constituyó su oficina de Planeación va para un siglo.

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