La foto de la discordia

Abril 6 - 2017

Por: Joan Camilo Bolaños
Economista

Tras la publicación del Diario El Espectador de una foto de la tragedia de Mocoa de un rescatista que tiene en sus manos a un niño cubierto del lodo de la avalancha y presumiblemente muerto, surgió un fuerte debate sobre el papel que deben jugar los medios de comunicación en estos escenarios. De allí surgieron dos posiciones irreconciliables entre sí: una de ellas afirmaba que la libertad de prensa no tenía límites, mientras que la otra hablaba de cómo se usaba la 'pornomiseria' como estrategia de mercadeo para vender más periódicos.

Lo primero que hay que decir acá es que no estaríamos en este debate si el Gobierno hubiera actuado. Tristemente, en Colombia pululan las tragedias anunciadas. Esta no es la excepción. Mientras que los organismos encargados de evaluar el riesgo llevaban mucho tiempo advirtiendo lo que podía suceder, las autoridades fueron incapaces de prevenir esta situación. Historia que seguiremos repitiendo eternamente por culpa de los corruptos e incompetentes que manejan este país a su antojo. Es allí en donde se debería situar la lupa de la sociedad.

Sin embargo, no por eso los medios de comunicación están exentos de dar explicaciones de su accionar. Evidentemente, la libertad de prensa es uno de los pilares de la democracia. Pero no puede ser posible que actitudes irresponsables se escuden en ella para no responder. La profesión periodística debe estar regida por principios éticos claros, tan fuertes como los que deberían regir una labor de gran valor público.

Por eso, me remito a un simple criterio de justicia rawlsiano. Suponga que ese niño hubiera sido su hijo, ¿sería válido que lo mostraran así? ¿qué habría sentido usted? Es una simple cuestión de empatía. Además, comparto la opinión de una institución periodística como Jorge Orozco, quien afirma "llevo unos 26 años como reportero gráfico y la mayoría cubriendo conflicto armado en el suroccidente de Colombia. He visto escenas de mucho dolor que nunca publiqué, no necesité hacerlo para mostrar la barbarie de la guerra que, al final, es igual en cualquier parte del mundo. O para mostrarme y hacerme famoso por publicar una imagen de dolor, que dé mucho de qué hablar". Fidel Cano, director de El Espectador, dice que se trata de "una imagen fuerte, igual que lo que pasa en Mocoa", ¿pero era necesario mostrarla? ¿Le agrega algún valor distinto al relato al de una foto que diera una perspectiva de la magnitud de la crisis?

Finalmente, resta por decir que El Espectador es el diario que más valoro en este país, pues presenta una visión equilibrada de los hechos y eso lo convierte en un medio confiable. Por tal motivo, hago esas recomendaciones como lector. Evidentemente, la intención del director al publicar la imagen no fue la de vender más periódicos. Pero, aunque parezca obvio, para retratar el dolor no hace falta recurrir al amarillismo.

Portada Mocoa

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