Sociedad justa: ciudad segura

atracos

Febrero 5-2014

 

Por Mauricio Vásquez 
Coordinador Programa Cali Cómo Vamos 

Mauro VásquezLa seguridad se ha convertido en el tema con los retos más difíciles de superar en los últimos años en Cali, entre diversos aspectos determinantes del bienestar colectivo. Lo dicen los caleños, lo dicen las cifras oficiales y los rankings internacionales.

Son varios los factores que dan cuenta del nivel de seguridad de una ciudad. El primero de ellos, los homicidios. Cali tenía a mediados de los noventa, una tasa de homicidios superior a los 100 casos por cien mil habitantes. Es decir, que de cada mil personas, una era asesinada. Eran los tiempos finales de la guerra de los grandes carteles del narcotráfico del país.

Los grandes carteles fueron desmantelados, pero el negocio se reorganizó entre más bandas de menor tamaño. Así mismo, la dinámica de los homicidios bajó, pues la mayoría de casos son atribuidos a los ajustes de cuentas entre dichas bandas.

La tasa de homicidios bajó de 91 por cien mil en el año 2000 a una de 67 en 2008. No obstante la gran reducción, Cali seguía siendo una de las ciudades capitales con índices más altos en Colombia y el continente. Lastimosamente, al día de hoy se ha perdido parte del terreno ganado, pues entre 2009 y 2011 la tasa se estancó en 81, bajando solo a 80 en 2012, a pesar de los esfuerzos de la actual Administración Municipal y la Policía.

En 2013, los homicidios, de hecho, aumentaron de 1.839 en 2012 a 1.962, a pesar de la reducción en los últimos meses del año. Por ello no sorprende que rankings vuelvan a ubicar a Cali entre las 10 ciudades más violentas del mundo.

Es cierto que, como afirman los expertos, la seguridad de una ciudad debe contemplar los indicadores de hurtos, lesiones personales, entre otros delitos de mayor impacto, más allá de los homicidios, que, en el caso de Cali, no involucran directamente al grueso de la población, al ser una guerra de bandas.

Pero más allá de los tecnicismos, el ciudadano al conocer las cifras de homicidios, al haber presenciado alguno de estos crímenes o conocer testimonios en los medios, ya le genera intranquilidad y prevención cotidiana, lo que deteriora su calidad de vida. Igualmente, una ciudad con esa imagen no tendrá la misma atracción de inversiones que si fuera una ciudad más segura.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana 2013 de Cali Cómo Vamos, solo 34% de los caleños dice sentirse seguro en la ciudad y 51% en su barrio, para calificaciones promedio de 3,0 y 3,4 sobre 5, respectivamente. Aunque han mejorado frente a 2012, en parte por la aceptación y resultados del Plan Cuadrantes de la Policía en los barrios (46% lo conoce y lo califica con 3,2), la percepción de inseguridad continúa y la sensación de impunidad también, pues en esta encuesta se sigue mostrando bajo el nivel de denuncia (34%) y de confianza en la justicia para sancionar los delitos.

Solo el impacto de los homicidios en la vida de la ciudad, va mucho más allá del presente. Además de vidas perdidas, la mayoría de jóvenes entre 18 y 25 años, se está deteriorando el tejido social y el futuro de muchas familias, la mayoría residentes en las comunas más marginales y vulnerables. La vinculación de pandillas juveniles al negocio del microtráfico y a la misma guerra de bandas está negando alternativas y proyectos de vida de muchos jóvenes, además de mantener la cultura del dinero fácil, y en general el irrespeto a la vida.

Según las características de los homicidios en Cali, -90% se cometen con arma de fuego, con jóvenes como principales víctimas y concentrados en un 60% en Aguablanca y Ladera- las autoridades vienen realizando intervenciones focalizadas, a través de medidas preventivas como el Plan Desarme y el Toque de Queda para Menores. Así mismo se ha lanzado el programa Colectivo de Oriente, que apoya a jóvenes del Distrito en sus proyectos de vida. También se ha fortalecido el pie de fuerza de la Policía en los últimos dos años e incluso se ha apelado a extender el Plan Desarme a 16 comunas y a la intervención militar en las comunas críticas. De hecho, la Alcaldía y otros actores de ciudad han solicitado implementar el desarme de forma permanente en toda la ciudad. Pero todo esto no es suficiente.

Y no es suficiente por factores relacionados tanto en la parte operativa, como con la parte social. En lo operativo, Cali ha evidenciado tener una inversión en seguridad mucho más baja que en otras ciudades como Bogotá y Medellín –reflejo también del escaso presupuesto municipal en general-. Y en lo social, pues la exclusión y la ausencia del Estado en ciertos territorios es el caldo de cultivo para que impere la ley del más fuerte.

Una ciudad: con un desempleo del 14,2% cuando el nacional está en 8,4%, con 52,3% de informalidad laboral entre quienes están ocupados, con un alto coeficiente de Gini (concentración del ingreso) de 0,515 -alto en un país con una de las más altas desigualdades del continente-, que está entre las primeras del país con trabajo infantil, con una cobertura en educación media del 59%, una ciudad donde homicidios, la mortalidad materna e infantil y desempleo, entre otros, se concentran en unas pocas comunas, es claramente una ciudad excluyente y que ante una crisis de valores, abre el camino para que la delincuencia organizada, cuya dinámica es regional y nacional, encuentre en Cali un punto estratégico y el caldo de cultivo para reclutar jóvenes marginados.

Lo anterior ilustra que la inseguridad de Cali no es reciente, que es multidimensional, que lo causa la exclusión y lo potencia una guerra delincuencial. Por ello, las soluciones sociales tomarán años en materializarse, pero deben ser abordadas desde ahora. El compromiso de todos los actores sociales, porque las soluciones radican en la voluntad de cada uno y en su sinergia. Solo cuando Cali sea y haga parte de una sociedad más justa, podrá ser más segura.

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