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Febrero 24 - 2019

Por Laura Cruz

Llego al municipio de Suárez, Cauca. Desayuno en el único local que abre en una terminal improvisada. El pueblo está sumido en silencio, las voces de unos estudiantes que marchan por la paz lo interrumpen: "Ser líder social, no es un delito".

De fondo, aparece la voz de Gilberto Valencia, de 32 años, padre de una niña, líder social, músico de Los Herederos, asesinado el primero de enero de un tiro mientras celebraba la llegada del 2019. Él buscaba construir paz a través de la música, socializando con canciones los acuerdos logrados en los diálogos de paz con las FARC en La Habana.

Por las mismas vías que recorro, hace menos de quince días asesinaron a Dilio Corpus Gueitio, quien pertenecía a la Asociación Campesina Asocordillera, filial Fensuagro-Cauca. Dos hombres hicieron caer al líder de su motocicleta, al verlo en la carretera derribado le propinaron varios disparos. Corpus trabajaba por defender su territorio.

Dilio Corpus Guetio

Me recoge una camioneta blindada, me subo, saludo y un hombre negro de un metro 81 me saluda con cordialidad, pero su esquema de seguridad es reticente y comienzan a indagarme. Todos están armados, todos están pendientes, todos tienen miedo, creo, sobre todo yo. Descubro que Suárez está olvidado por el estado, sí, estado con minúscula. Olvidado también por los medios, pero no por la violencia.

Herley Ibarra, representante legal de la Asociación de Consejos Comunitarios, comunidades negras de Suárez, es el líder social que me recibe. Comprendo la razón del esquema de seguridad, entiendo el recelo.

Él ha sido amenazado en múltiples ocasiones por decir la verdad, verdad que no favorece a los empresarios ni al estado. Ibarra señala que la represa La Salvajina es responsable de varias problemáticas del municipio. El desplazamiento, la pérdida de identidad, la vulneración de derechos fundamentales como la vida y el trabajo; y aunque en 1986 se firmó un acuerdo para reivindicar a las comunidades, éste solo quedó en el papel, porque Suárez está sumido, no solo en la pobreza, sino en algo más grave: la desesperanza.

El embalse, el principio del fin

Suárez tiene montañas de lado a lado, como si el pueblo estuviera enmarcado por un verde que a veces parece pálido. El recorrido se hace en buses destartalados que paran cada cinco minutos, como si algo impidiera el arribo al pueblo, quizás las carreteras a medio construir o el abandono estatal que al parecer borró a Suárez del mapa. Cuando uno llega encuentra casas prefabricadas y pescadores tejiendo redes y esperanzas, "para pescar lo que se pueda".

Pescando en La Salvajina

El río Cauca atraviesa todo el pueblo, pero el río parece que no tuviera voz, se le fue debilitando, se la quitaron más arriba. A diez minutos de la cabecera municipal, se encuentra la hidroeléctrica La Salvajina, construida en 1985, cuatro años antes de que Suárez fuera declarado municipio. Previo a mi llegada, transito por una carretera a medio construir, un lado está pavimentando, el otro es trocha; como si el pueblo se dividiera en dos. El embalse tiene una extensión de 31 kilómetros. Es de una belleza que desborda. Es entre azulado y verde, un color que no parece creado por Dios. Arriba todo es silencio, un silencio aterrador. Al voltear, se encuentra una bestia de cemento que mide mil 155 metros de altura. La bestia encierra al mono, al gigante, al río Cauca, volteo y hay un pequeño letrerito, que de una forma casi cínica dice: "Cuidemos la Naturaleza y el agua". La represa interrumpe el paisaje, pero sobretodo la vida.

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A pesar de que en Suárez esté la represa La Salvajina, según cifras del último censo del DANE, solo el 69 por ciento de sus habitantes cuenta con servicio eléctrico y el 24 por ciento de las casas cuenta con alcantarillado. En cuanto a la educación, el 56,4% de su población ha alcanzado el nivel básico de primaria y el 18,2% secundaria, el 0,5% es profesional y el 0,2% ha realizado estudios de especialización, maestría o doctorado. La población residente sin ningún nivel educativo representa el 18,4%. El progreso que La Salvajina prometía está muy lejos del pueblo.

Casa Suarez

La represa fue construida en 1985 por la Corporación Regional Autónoma del Valle del Cauca (CVC) e instalada por la empresa EPSA, con la promesa de contener al río y que dejara de desbordarse, para generar progreso. Pero esas promesas fueron muriendo junto al río, y los habitantes que fueron desplazados, no solo perdiendo sus tierras, sus cultivos, también su cultura.

Según la Alianza de la Biodiversidad -biodiversidadla.org- la construcción de Salvajina dejó como damnificados a más de 6000 personas, entre campesinos, indígenas y afrocolombianos de los municipios de Suárez, Morales y Buenos Aires y provocó el desplazamiento de cientos de familias que perdieron sus viviendas, fincas y minas. Muchas de las víctimas han señalado que pese a que en 1986 se hizo un acuerdo de indemnización con la empresa, ninguno de los puntos se ha cumplido. Muchas de las personas que vivían en Suárez tuvieron que dejarlo todo, y viajar a la ciudad para encontrarse con otras bestias de cemento y enfrentarlas para poder comer.

Los últimos pescadores

De las fincas, los cultivos de café, maíz y frijol queda poco, el suelo fue cambiando y las comunidades se quedaron sin donde cultivar. Las fincas fueron compradas a bajo precio por el proyecto de La Salvajina. Me subo a la canoa, no me asusta el caudal porque no tiene, me recuerda al Magdalena. Pero el Cauca no era así, el Cauca estaba acostumbrado a gritar, ahora parece un río dormido, no hay pescadores porque no hay peces, solo un musgo verde que proviene de La Salvajina. 

Hermeo el pescador

Hermeo Vargas, se hace en la esquina de la canoa, con un remo en su mano, como si fuera el capitán de un barco sin destino, "allá quedaban las fincas", me señala, pero de las fincas no queda nada, todo alrededor del río parece un cementerio.

Pedro, otro pescador, va manejando el motor. El sol hace brillar su piel negra, curtida de tanto trabajo. Los dos pescadores miran al río como si fuera un recuerdo de algo que se les fue borrando y que ya no es posible ni de recordar. "Cuando cierran las compuertas de La Salvajina, uno puede andar a pie, es como si nunca hubiera habido río, y eso va deteriorando los sedimentos. Otras veces, abren las compuertas y el río se crece, entonces se vuelve peligroso. Antes uno sabía los cambios del río porque estaba vivo, pero ahora lo maneja el hombre, entonces el río se está acabando".

En la zona no vemos ningún pescador, ninguna atarraya toca la piel del Cauca, no vemos peces, ni otros animales, solo unos patos silvestres que vuelan al vernos, como si temer al ser humano fuera lo más lícito.

Cuando se fueron los peces o los mataron, la vida también murió. Ya casi no se fabrican atarrayas, no hay cultivos de café y la mayoría de gente se dedica al rebusque o se va del pueblo, por eso cada vez más Suárez parece uno de esos lugares que relata Rulfo en sus cuentos.

Atarraya

No solo la pesca y la agricultura desapareció del municipio. Los areneros han tenido que "echar pala", como ellos dicen, sin ver resultados. Antes sacaban varias camionadas de arena, ahora si tienen suerte logran sacar una, y lo que ganan no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Suárez, que antes era reconocido por la agricultura y la piscicultura, ahora se dedica a la industria, pero no se sabe industria de qué o en qué manos está. Según el DANE, el 7,5% de los establecimientos se dedican a la industria, el 74,6% al comercio, el 14,2% a servicios y el 3,7% a otra actividad.

Sin embargo, en todo mi recorrido pude contar escasamente diez negocios, en Suárez no hay taxis y los pocos jóvenes que quedan en el pueblo se dedican al mototaxismo. Las tardes son calurosas, a veces si uno se detiene puede oír el río desde el puente, un puente que en ocasiones parece desértico. El pueblo se detuvo, desde que el cauce del río mermó, como si el río y el pueblo fueran uno solo, como si al pueblo le hubieran tapado su principal arteria y por eso hoy parece que no tuviera corazón, no por sus habitantes, sino porque Suárez parece que nunca se hubiera convertido en municipio, porque de municipio sólo tiene el nombre, un nombre heredado de uno de los tantos políticos, políticos que los ha sumido en el olvido.

Me despido como si fuera haber retorno y espero que lo haya. Me subo al bus de regreso con testimonios que no entiendo del todo. Miro por la ventana, desde lejos se ve el Cauca, imagino y me duele que si no se hace nada, algún día los abuelos se sentarán en medio de lo que quede del pueblo y les contarán que en ese pedazo de tierra alguna vez existió el Río Cauca.

Sobre Hidroituango

Hidroituango es otro ejemplo de cómo las hidroeléctricas acaban con la vida. Si no fuera por la emergencia que se vivió hace algunos meses, con la amenaza de inundación en el municipio de Ituango, Antioquía, por las fallas en la presa, nadie conocería los innumerables derechos que se les han vulnerado a las comunidades desde que empezó ese megaproyecto.

Ahora, con el cierre de la compuerta número uno, Empresas Municipales de Medellín –EPM- e Hidroituango han causado múltiples daños a las comunidades y al medio ambiente como lo afirma Isabel Cristina Zuleta, vocera del Movimientos Ríos Vivos de Antioquia. Zuleta indica que las comunidades afectadas por Hidroituango no sólo están situadas en el occidente, norte y bajo Cauca antioqueño, también se suman, aguas abajo, los departamentos de Sucre, Bolívar y Córdoba, hasta la desembocadura del río Cauca en el Magdalena; en total son 25 municipios afectados que hoy viven en una situación de incertidumbre permanente.

Zuleta es muy enfática al expresar que la destrucción del río Cauca es también la destrucción de la vida. "Acabaron con los medios de subsistencia de cientos de familias, barequeros, pescadores, agricultores. Si bien ha vuelto el caudal del agua, se notan los procesos erosivos en sus riveras y no han vuelto los peces. Además, hay una grave preocupación por las nuevas especies que están llevando que pueden destruir lo poco que haya quedado de la sequía que provocaron. Aguas arriba, las comunidades están en albergues de la empresa EPM en Sabanalarga, sin ningún tipo de respuesta".

Francia Márquez, ganadora del premio Goldman, considerada el Nobel del Medio Ambiente, señala que el río Cauca es un todo y que matar un ecosistema afecta desproporcionalmente el país. "El río Cauca es el segundo más importante de Colombia, nace en el macizo y hoy muere en Hidroituango, ha soportado bastantes afectaciones, la contaminación, La Salvajina. El gran vertimiento de agua que desde La Salvajina se está haciendo al río para llenar la presa de Hidroituango, tendrá consecuencias irreparables en el ecosistema".

Por otra parte, comenta que la intención de desviar al río Ovejas a La Salvajina y el proyecto de construir una represa sobre el río Timba terminaría afectando no sólo a Cali, también al país, pues terminaría por destruir al Cauca. ¡Debemos revisarnos cómo civilización, cómo seres humanos! ¡Esto es un llamado a proteger nuestros ríos!, enfatiza Márquez.

¿Qué tanto las hidroeléctricas han afectado al río Cauca?

EPM ha indicado que gracias a su banco biológico está realizando un repoblamiento de peces. Al respecto, Hechoencali.com consultó al biólogo Mauricio Quimbaya, egresado de la Universidad Nacional, magíster en biotecnología, actualmente profesor de la Pontificia Universidad Javeriana. Quimbaya explica que "intentar restaurar el equilibrio del río es algo que va llevar décadas porque hay una cantidad de factores dentro de la cadena alimenticia, la cadena trófica. Hubo un desbalance brutal, los alevinos que murieron, la parte biológica y geológica tampoco se ha tenido en cuenta. No es solamente los peces, es todo, porque todo es una cadena que se demoró millones de años en ser construida para generar un ambiente medianamente robusto, que fue destruido en un par de días y que se demorará décadas en recuperarse".

Diagnóstico del río Cauca según CINARA

Inés Restrepo Tarquino, coordinadora del grupo de Saneamiento Ambiental de la Universidad del Valle, señala que desde hace más de 30 años, la Universidad viene realizado investigaciones sobre el río Cauca, también sobre las repercusiones que las hidroeléctricas han generado en él y en sus comunidades. Restrepo indica que desde el año 2000 hay un movimiento mundial contra este tipo de mega estructuras, "porque a pesar de que dicen que la energía que producen es limpia; la realidad, es que de limpia no tiene nada".

Restrepo alude a algunas repercusiones que ha traído La Salvajina para las comunidades. "Cuando se tiene una mega-estructura, cambia todo, el ecosistema, la humedad del aire. La Salvajina les cortó los caminos a las comunidades, ahora deben transportarse en un ferri y ahora EPSA quiere cobrarles el transporte".

De igual manera, habla del impacto que la hidroeléctrica puede causar aguas abajo. Explica que cuando cierran compuertas de la presa, el río queda casi seco, "a veces ni siquiera se respeta el caudal ecológico para que los peces vivan y las comunidades tienen limitaciones para desarrollar sus actividades como la pesca, para usar el río como transporte. Prácticamente, todo el ecosistema puede ser destruido de un día para otro por ésta hidroeléctrica". Situación que también se ve en Hidroituango.

El Ministerio de Ambiente, después de un clamor nacional por salvar el río Cauca, puso sus ojos en Hidroituango, señaló que verificará el cumplimiento de las acciones de EPM para mitigar el daño causado por el cierre de la compuerta número uno, pues ésta empresa es responsable de llevar el afluente a su mínima expresión en toda su historia.

Cabe anotar que las entidades verificaron cuál fue el impacto ambiental y los posibles responsables y la Contraloría abrió una investigación en contra de los directivos de EPM, quienes señalaron en una rueda de prensa que el río volvería a ser el mismo. Sin embargo, voceros del movimiento Ríos Vivos de Antioquia han explicado que el río jamás será igual, porque la avaricia de la empresa acabó con un ecosistema y afectó a más de 120.000 personas.

Recursos jurídicos

Hechoencali.com quiso saber si los afectados pueden apelar a recursos legales para reparar las afectaciones causadas por Hidroituango. Al respecto, el abogado Leónidas Pino, afirma que en Colombia el Ministerio de Medio Ambiente y el código de recursos naturales son los entes encargados de regular y sancionar a las empresas por violación a los derechos del medio ambiente, pero cuando dichos entes no operan, la Jurisdicción Contenciosa Administrativa está en capacidad de intervenir por fallas del estado. "Las comunidades están en todo su derecho de demandar al Estado, en este caso sería al municipio de Medellín y sus empresas municipales EPM, por las fallas presentadas y el perjuicio ambiental que están generando. Ese perjuicio tiene que ser indemnizable a las comunidades".

Marcha en Cali por la protección del agua

En Cali, en la Plaza de las Banderas, se reunieron activistas, estudiantes, profesores y la comunidad en general para protestar por el crimen ambiental que se está cometiendo en Ituango. La marcha llegó hasta la gobernación y en sus arengas pedían que se investigara a los responsables de éstos hechos. Para los manifestantes es imposible que el Estado le dé la potestad a una empresa, para secar un río solo por el beneficio económico de unos pocos.

La politóloga y activista Ana Erazo, se refirió al tema argumentando que desde el 2010 expresaron que el proyecto era inviable, primero por las fallas técnicas, pero sobre todo por los impactos ambientales, sin mencionar los económicos que recaen directamente en los pescadores, porque el río comienza a tornarse peligroso por la variabilidad que presente el cauce, esto sujeto a la apertura o cierre de compuertas.

Erazo afirmó que además de la angustia que vivió la comunidad de Ituango por la amenaza de una posible avalancha, "este proyecto tiene muertos encima, han asesinado líderes que protegían su territorio. La decisión de haber cerrado la compuerta tiene por encima intereses económicos".

Aunado a lo anterior, Erazo expresa que todo lo que ocurra en Hidroituango repercute directamente en Cali, porque genera que el cauce del río cambie. Y añade: "los ambientalistas hemos sido muy enfáticos: los ríos deben dejarse quietos, si no se van a presentar daños más graves de los que estamos viendo".

Alerta por la protección de los ríos

Juan Manuel Torres Erazo, egresado de la Universidad del Valle y oriundo de Argelia, señaló que el río San Juan del Micay, que tiene un valor invaluable para el mundo por ser una fuente hídrica primordial en el municipio, y por su flora y fauna, podría estar en grave peligro por un proyecto conocido como Arrieros del Micay, que comenzó a fundarse en los 80. Sin embargo, en 1992 le fue negada la licencia ambiental.

Gobernador Cauca

No obstante, hace cinco años el exsenador caucano, Luis Fernando Velazco, puso los ojos en el río San Juan de Micay, en el Patía, y en Guapi que se llama Brazo Seco. Erazo explica que tiempo después, "el Senador Velazco conformó un grupo llamado las Fuerzas Vivas del Cauca, élites políticas de Popayán que ya se reunieron con inversionistas extranjeros y han comenzado a darle factibilidad a este proyecto.

Además, éste podría tener el apoyo del gobernador del Cauca Oscar Campo, quien ha manifestado su apoyo a Hidroituango y se comprometió a sacar adelante los arrieros del Micay. Por ello, pienso que las comunidades del Valle del Cauca deben estar atentas a lo que pasa con nuestros ríos, porque en aras de la prosperidad estamos perdiendo la vida".

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Comentarios   

+1 #1 Mariana Ariza 26-02-2019 09:09
El río Cauca es una muestra fehaciente de los errores políticos de un Estado desinteresado por el medio ambiente, el bienestar social, la calidad de vida... un Estado fallido que solo desea abrir sus puertas al conflicto y a todo lo que de él se desprenda. No obstante, el gobierno no es el directo responsable, es la ciudadanía quien no se interesa por elegir propuestas alternativas y sigue sumida en la extrema derecha colombiana.
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