La paz se construye en el oriente de Cali

Portada presentación de niños de Potrero grande

Diciembre 5 - 2018

Por Laura Cruz

Al Orquideorama de la segunda norte, llegaron diferentes buses con mujeres, jóvenes y niños de las diferentes comunas de Cali, para celebrar el "Encuentro por la Paz y la Convivencia". En el lugar habían reincorporados de diferentes grupos armados, víctimas de la guerra, madres de familia, ex pandilleros, líderes sociales, padres, niños. En total, más de 600 personas que hacen parte de una sola familia, que ha intentado forjar la Vicaría para la Reconciliación y la Paz que hace parte de la Arquidiócesis de Cali.

El trabajo de la Vicaría comenzó hace ochos años con la llegada del Arzobispo Darío de Jesús Monsalve Mejía. Gracias a la labor de facilitadores, la Arquidiócesis ha logrado formar espacios de reconciliación y paz, en barrios de la comuna veinte, veintiuno, trece, catorce, y quince; impactando aproximadamente a más de cuarenta barrios, y logrando derrumbar las fronteras invisibles. Además de restablecer derechos fundamentales, como el derecho al trabajo, a tener una vida digna, también derechos a la cultura y a la recreación como logran hacerlo, a través de actividades lúdicas y espacios de recreación.

El padre José González, Vicario para la reconciliación y la paz, señaló que gracias a jóvenes facilitadores y gestores de vida, se logra romper las barreras y logran cercanía con las personas de los diferentes barrios. Muchos jóvenes que hicieron parte de uno de los procesos de reconciliación de Barrios en paz y Jóvenes de la violencia urbana a la paz obtuvieron en una alianza estratégica, un contrato por el DAGMA desempeñándose como gestores de paz o gestores de bienestar.

Actualmente, muchos gestores de paz trabajan para el bienestar de sus propias comunidades. Además, la vicaría cuenta con cinco psicólogos, cinco trabajadores sociales, un comunicador social, entre otros profesionales que han logrado aportar a la reconciliación de los diferentes sectores, de tal manera que el proyecto podría ser replicado en ciudades como Quibdó y Buenaventura.

El proceso de intervención

Portada presentación niños  Potrero

Yesid Perlaza, quien antes era parte de la problemática de barrios como Petecuy, hoy es un gestor de paz y facilitador, quien además está encargado del acercamiento y la sensibilización con la comunidad, relató los procesos que se desarrollan dentro de la Vicaría.

Hechoencali ¿Cómo logran que un joven que está permeado por la violencia la cambie por proyectos sociales?

Yesid Perlaza: Uno ve cómo estos jóvenes pasan de la violencia a volverse líderes sociales, y esto es resultado de un arduo trabajo con el individuo y también vinculamos a la familia, porque ahí está su arraigo. Si él no cuenta con una red de apoyo difícilmente va a tener una transformación en su vida, porque la mayoría de veces los jóvenes han tenido una ruptura y esto los lleva al consumo de sustancias psicoactivas, entonces nosotros tratamos de que se integre de nuevo, de reconstruir ese vínculo.

Como resultado de eso llegamos a un tercer nivel que es la comunidad, entonces se empiezan a tejer redes comunitarias y ellos reconocen que se han equivocado, y así ellos se integran con su territorio. Entonces cambian las familias, en el sector por ejemplo muchas zonas eran vedadas para la institucionalidad y cuando intervinimos el territorio fue posible que la Alcaldía llegara a realizar procesos de infraestructura para el desarrollo.

HEC: ¿Con qué instituciones está articulada la Vicaría?

HEC: ¿Qué falta para que estos procesos logren consolidarse?

Y.P: Tuvimos un caso que es macabro para la ciudad de Santiago de Cali, en Chapinero ¿comuneros? uno la zona suburbana, Haití uno, Haití dos, nosotros prendimos las alarmas, porque dos jóvenes fueron asesinados, uno de ellos desmembrado y luego jugaron fútbol con la cabeza y es un crimen terrible. Luego de intervenir la zona, nos dimos cuenta que en el sector no hay servicios públicos, las condiciones de pobreza son tremendas; un abandono de la institucionalidad tremenda. Hicimos un pequeño festival y eso fue una maravilla, nos demandan deporte recreación, cultura, no exigen nada, entonces uno ve que en Cali los jóvenes están cansados de hacer violencia, pero las instituciones no responden.

Armitage hace una apuesta grande: tener titulados mil 500 gestores. Sin embargo, si Cali no invierte es muy difícil que vayamos a cambiar estas dinámicas de violencia, porque es muy complicado que la fuerza pública pueda garantizar la seguridad y la convivencia.

Hay trabajo fuerte en el territorio, hay compromiso de los jóvenes. Falta que la institucionalidad llegue hasta allá, pero lo estamos logrando. Al final de mes, tendremos unas comisiones de todas las ciudades de las gobernaciones, vienen a conocer el modelo de prevención de violencia que estamos manejando, porque, pese a tener dificultades, somos la única ciudad que actualmente trabajamos de manera articulada.

HEC: ¿Qué derechos por medio del trabajo de la Vicaría se han recuperado en estas comunidades?

Y.P: Dignidad, la dignidad del ser, escuchándolos. El papa Francisco no se equivocó cuando dijo escuchen más y hablen menos. Por ejemplo, una dinámica tan sencilla que realizamos una vez fue el auto concepto y el autoestima. La dinámica proponía a los participantes escribir una cualidad de sus compañeros de banda. Al final comenzaron a leer uno, uno, entonces una niña dijo: "¿en serio muchachos ustedes opinan esto de mí, ustedes creen que yo tengo todo eso bueno en mí? Yo no sabía eso". Y esa niña dejó el consumo, solamente con que alguien le dijera: tú no eres mala; entonces se le devolvió la dignidad, pero esa dignidad hay que devolvérsela con oportunidad, con formación.

Dejando atrás la memoria

Portada Johatan

No le pregunté cuántos años había pasado en la cárcel, porque se notaba que muchos, porque hablaba como si hubiera perdido algo. Jonathan tiene una apariencia osca, parece gastado por los años y al mismo tiempo, es igual a un niño grande, con algunos temores, sobre todo parece un niño grande cuando sonríe. Jonathan Gómez, tiene 31 años, es padre, residente de Potrero Grande; para algunos, ex presidario; para otros, líder social, un ejemplo para otros, pero sobretodo Jonathan es la esperanza de que un cambio en las comunas es posible.

"Cuando yo salí de la cárcel me encuentro con el líder social Carlos Eder Mina, él me dijo que no le apostara más a la guerra y que lo ayudara a construir paz, entonces empecé a trabajar. Yo he dado testimonio en los diferentes barrios y he demostrado que si hay una salida de la violencia. Y ya hemos atraído a muchos jóvenes que pertenecían a diferentes pandillas y que hoy le están apostando a la comunidad".

Jonathan lleva dos años trabajando hombro a hombro con la Vicaría de reconciliación y paz, y dice que han sido los dos años más útiles de su vida. "La Vicaría nos da las formaciones para poder enrutar a los jóvenes, también tenemos apoyo del SENA de Comfenalco, donde traen formadores y personas como yo, que han salido de la cárcel o no han podido seguir sus estudios logran un certificado y se certifican como tecnólogos".

Antes, en el barrio Potrero Grande según Gómez, había aproximadamente ocho muertos semanales, a causa de las fronteras invisibles y las rencillas de venganza. No obstante, gracias al trabajo de los gestores de paz, de la Vicaría a diferentes instituciones, y sobre todo al cambio de la comunidad, las cifras de homicidios han disminuido.

En el proceso de salir de la cárcel, Jonathan tuvo que vivir con el estigma que deben cargar miles de personas que salen y quieren retormar y cambiar su vida, sin embargo, muchas veces no encuentran trabajo, gracias a las ganas de querer cambiar obtuvo un trabajo "Yo recibo un aporte económico, un salario mínimo, ahora el dinero lo conseguimos haciendo el bien y aportándole a nuestros territorios".

Jonathan usa casi siempre gorra, es amable, está pendiente de todo en los eventos, es difícil creer que alguna vez le haya hecho daño a alguien. Yo era un joven que pertenecía a un grupo armado, Los rastrojos, y estando ahí hice mucho daño, perdí a mi familia por mi forma de ser, los vecinos me tenían miedo. El mismo joven que se ve tan fuerte y feliz, en la mitad de la cancha, ahora lloró y le tiemblan las manos, como si una parte suya rechazara el pasado, como si una parte suya dejara atrás la memoria o al menos así lo deseara.

"Ahora con los vecinos hacemos sancocho y frijolada. La gente ya no me mira con miedo, sino que lo invitan a almorzar, y la gente pasa de tenerte odio a darte amor. Estos dos años, son los que más he aprovechado mi vida, tal vez de niño si hubiera tenido personas así como las que están en la Vicaría quizás no hubiera llegado a ser lo que hice, porque yo hice mucho daño. Ahora, le apuesto a que mis hijos me vean como una persona fortalecida, que mis hijos me vean bien y que no vayan a seguir el camino de la violencia. Sino que todos los niños del barrio puedan tener otras oportunidades, otras formas de ver la vida".

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