¿Qué dice la naturaleza de la guerra en Colombia?

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Las dinámicas del conflicto armado afectaron tanto a individuos y colectividades como al entorno que daba sentido y sustento a sus vidas. Foto por: Javier Díaz - CNMH

Noviembre 26 - 2018

Por Christiam Chaparro / @christiamchapar

"Los paisajes contienen historias que relatan o callan la memoria del conflicto armado y que, en muchas ocasiones, basta con agudizar los sentidos para descifrar los mensajes que en ellos se esconden", dice el más reciente informe sobre la guerra y la naturaleza del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH): Narrativas de la guerra a través del paisaje.

En 123 páginas, la investigación nos da pistas sobre los mensajes que se esconden en los árboles, los ríos, los puentes, los caminos y de cómo estos entornos fueron testigos y víctimas de la violencia en Colombia. "Los paisajes son movimientos, relaciones y conflictos. Si logramos entender lo que tienen para contarnos daremos pasos significativos para comprender los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado, dignificar a las víctimas y poner en marcha medidas de reparación, tanto materiales como simbólicas que tengan en cuenta las condiciones diferenciales de cada población y territorio", reza el documento.

María Luisa Moreno y Javier Rodrigo Díaz, los principales investigadores del proyecto, como primera instancia construyeron una base de datos, a partir de la revisión de fuentes secundarias como la prensa nacional, informes del CNMH, datos del Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH y cifras de la Fiscalía General de la Nación, de 741 lugares del territorio nacional.

En estas zonas las dinámicas del conflicto armado irrumpieron de manera sistemática y dejaron su huella tanto en la memoria de la población, como en el espacio mismo. Eligieron 12 lugares y los recorrieron con sus pobladores para comprender las maneras en las que las comunidades entienden el territorio.

"Entendimos por paisajes de la violencia un conjunto de lugares de la geografía colombiana donde el conflicto armado hizo su aparición y cuyo análisis e interpretación supone la necesidad de prestar atención al diálogo entre naturaleza, sociedad y observador, del que emerge una polifonía de voces que dan pistas para construir la historia y la memoria a partir de imágenes, sonidos, relatos, entre otros", dice la investigación del CNMH.

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El puente del río La Pala en el Consejo Comunitario de La Larga y Tumaradó, en Chocó, fue un lugar donde se hicieron retenes, combates y asesinatos. Foto: Javier Díaz - CNMH

Los árboles

Por muchos años, han sido fuentes de vida, desde proveer alimentos hasta ayudarnos a escribir en las hojas de papel. Sin embargo, durante la guerra los árboles fueron testigos y víctimas de los actores armados, debido a que varias escenas de horror quedaron condensadas en sus ramas o troncos. Tal es el caso del Tamarindo y el Pipirigallo, quienes fueron escogidos por el grupo paramilitar Bloque Héroes de los Montes de María para cometer dos de las masacres más recordadas en la historia colombiana: la de El Salado (entre el 16 y el 21 de febrero de 2000) y la de Las Brisas (el 11 de marzo del mismo año).

"Del pipirigallo se cuenta que brotó de manera espontánea junto a la cancha de microfútbol después de la primera masacre que vivió el corregimiento de El Salado en marzo de 1997. Y en la vereda Las Brisas, el Bloque eligió al tamarindo para torturar y masacrar a doce campesinos de la zona acusados de hacer parte de las filas de la insurgencia".

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El frente Sur Andaquíes del Bloque Central Bolívar de las AUC conformó una escuela de la muerte, la cual estuvo cerca al árbol de mango del colegio Gerardo Valencia Cano en Puerto Torres, en Belén de los Andaquíes, (Caquetá). Foto: María Luisa Moreno – CNMH.

El agua

Fuente de vida, así definen muchos pobladores al agua. A través de ella reposan ideas ligadas al alimento, el amor, la salud, el transporte, la unidad, la fiesta y el trabajo. No obstante, el rostro de la guerra encontró en el agua una forma de causar daño, de desestructurar poblaciones, de alterar sentidos, y de esconder sus horrores.

Por ejemplo, el río Catatumbo, ubicado en el corregimiento de La Gabarra, las AUC instalaron retenes, lugares de tortura, bodegas y puestos de vigilancia. Las aguas del Catatumbo dejaron de ser transitadas por sus habitantes, ya que el horror y la muerte pasaron a ser parte de la cotidianidad.

Por otro lado, el curso río Vaupés fue utilizado por las guerrillas de las Farc para separar a las familias de las comunidades indígenas de Bocas del Yi a partir del reclutamiento de niñas, niños y adolescentes.

El evento

El Centro Nacional de Memoria Histórica lanzó en Cali el libro 'Narrativas de la guerra a través del paisaje' y el especial web "Recorridos por los paisajes de la violencia en Colombia".

Con estos insumos, el CNMH busca mostrar, a partir de imágenes, ilustraciones, sonidos, videos, cartografías y relatos, que los paisajes han sido víctimas y testigos de la violencia en Colombia y que en ellos es posible hallar una valiosa herramienta para comprender los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado, dignificar a las víctimas y poner en marcha medidas de reparación que tengan en cuenta las condiciones diferenciales de cada población y territorio.

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Ruinas de la hacienda El Recreo, en La Macarena, Meta. Foto: Luisa Moreno Rodríguez – CNMH.

La entrevista

María Luisa Moreno, investigadora del proyecto 'Narrativas de la guerra a través del paisaje' del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), conversó con HechoenCali.com sobre los pormenores de este trabajo:

Hechoencali.com: ¿Cómo surgió el proyecto 'Recorridos por los paisajes de la violencia de Colombia'?

María Luisa Moreno: El proyecto surgió hace tres años, cuando el CNMH se interesó por entender los paisajes que han estado inmersos en la guerra en Colombia, y que aún no habían sido contados. En ese orden de ideas, a través de los 12 recorridos construimos distintas capas de los paisajes no solo de la guerra, sino también de la vida cotidiana antes, durante y después de la violencia, que aún siguen reconstruyendo.

En estos recorridos nos dimos cuenta que estos paisajes, aunque están silenciados, todavía falta entenderlos y, sobre todo, comprender el paisaje desde los sentidos de las comunidades que están diciendo que los observemos.

Uno de los recorridos que más me marcó, por ejemplo, fue cuando estuvimos en el río Bojayá. En este lugar un abuelo nos dice que el río está enfermo, y que por esta razón ellos también lo están.

HEC: ¿Cuál es la relación entre paisaje, guerra y memoria?

MLM: Siempre quisimos de la idea del lugar, porque no queríamos caer en el error de decir que los lugares son los únicos que han evidenciado las huellas del conflicto armado. En efecto, con este trabajo siempre quisimos narrar, desde una perspectiva amplia, que nos diera esa conexión y relación entre paisaje, guerra y memoria.

Entonces, cuando hablamos de paisaje no nos estamos enfocando en un solo actor armado en específico, porque la guerra es dinámica, y el paisaje nos ha dado esa mirada.

HEC: El paisaje de convierte en un sujeto de derecho...

MLM: Claro. En el país hay varias sentencias, como por ejemplo la del río Atrato. El reclamo de las comunidades no solo está ligado a la reparación de ellos como seres humanos, sino también al impacto de su relación con su entorno.

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Ruinas del campamento William Manjarrés. Foto: María Luisa Moreno

Una mirada desde la experiencia de Argentina

Para Ana Guglielmucci, antropóloga de la Universidad de Buenos Aires, después de la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina (1976 y 1981), la desaparición forzada fue recordada a través de los espacios donde habitaban, trabajaban, estudiaban y frecuentaban.

"Las organizaciones de Derechos Humanos levantaban las imágenes de los desaparecidos a través de la esfera pública, sobre todo desde una memoria que transita distintas esferas", dice.

Uno de lugares, según cuenta Guglielmucci, donde son expuestas las imágenes de los desaparecidos, es en la Plaza Mayor de Buenos Aires. Allí las Abuelas de la Plaza de Mayo hacen un ritual, con el fin de generar un espacio de resistencia y memoria con cada una de las personas que está ausente, para que este tipo acontecimientos no vuelvan a ocurrir.

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